08/01/2024

 Rogerio Velásquez: un pionero, un precursor 

*Rogerio Velásquez Murillo (Sipí, 1908-Quibdó 1965)* 
FOTOS: Archivo fotográfico y fílmico del Chocó
Archivo El Guarengue - Corporación Cuenta Chocó

El 7 de enero de 1965 falleció en Quibdó uno de los más grandes intelectuales chocoanos de la historia regional y nacional: Rogerio Velásquez Murillo. Nacido en la histórica población de Sipí, el 9 de agosto de 1908, su vida fue tan corta biológicamente como fructífera intelectualmente: vivió 57 años, pero escribió como si hubiera vivido más de un siglo.

Sin los recursos que actualmente proveen la internet y las bibliotecas digitales de los centros de investigación, las universidades, los archivos y las instituciones culturales públicas y privadas, Rogerio Velásquez creó y dejó una obra sólida y maravillosa, copiosa y variada, sobre aspectos claves de la vida y la cultura de las comunidades afrodescendientes de Colombia, particularmente en el Chocó y en el Pacífico colombiano; una obra rigurosa, siempre fundamentada en estudios serios y de actualidad, a tono con el momento teórico de las ciencias sociales y humanas; y apoyada e inspirada en los datos obtenidos a través de su infaltable trabajo de campo y de su admirable capacidad de observación y etnografía.

Si Quibdó aún hoy es una ciudad aislada del país y del propio resto del Chocó, basta imaginarse las condiciones de los tiempos en los que Rogerio Velásquez investigó, escribió y publicó sus invaluables trabajos, a mediados del siglo XX, para comprender la magnitud de su talento admirable y la grandiosidad de sus esfuerzos, su disciplina, su dedicación, su agudeza y su clarividencia como investigador; traducidas a una escritura envidiablemente certera y clara, intachable y lúcida, altamente creativa.

“El Profesor Rogerio Velásquez Murillo fue un distinguido exponente de la cultura nacional y se destacó en las disciplinas pedagógicas, etnohistóricas y literarias no menos que en otras ramas de las ciencias como la antropología y el folclor en cuyos campos realizó una fecunda y meritoria labor investigativa; como fruto de sus pacientes investigaciones, dejó varias obras y escritos de importancia científica y literaria… fuera de eminentes cargos públicos como Representante Suplente a la Cámara, Diputado a la Asamblea del Chocó, Director de Educación Pública del Chocó, Rector del Colegio "Carrasquilla" de Quibdó, -el Profesor Velásquez sirvió también la cátedra universitaria y de segunda enseñanza con abnegado patriotismo y decoro moral e intelectual, habiendo sido catedrático de la Universidad Pedagógica Nacional de Tunja y de varios colegios del país”.[1]

Pionero porque sus pasos intelectuales fueron los primeros en transitar múltiples y desconocidos caminos de las ciencias sociales y humanas en Colombia y en América, precursor porque sus huellas no solamente trazaron y mostraron dichos caminos, sino que los hicieron posibles, ya que su producción académica mostró cómo transitarlos; Rogerio Velásquez merece el homenaje que aún no se le ha hecho y el reconocimiento que el Chocó y Colombia le adeudan, y que con el rescate, reedición, publicación y difusión de su obra empezaría a dársele. “Cuando cruzo la producción de Rogerio Velásquez con los cargos que desempeñó, las circunstancias y limitaciones de la época, y la edad a la que murió, no puedo menos que maravillarme del genio que fue este pionero”, me escribió Jesús Elías Córdoba Valencia, hace menos de un mes, el pasado 20 de diciembre. Estamos de acuerdo.

Maestro

Pionero fue Rogerio Velásquez cuando formó parte del grupo de los primeros maestros del Chocó formados profesionalmente como institutores, con técnicas y modelos pedagógicos modernos, en la histórica Escuela Normal Superior, que funcionó en Tunja un año y después en Bogotá.

Rogerio Velásquez fue parte de un talentoso contingente chocoano patrocinado por el programa de becas de la Intendencia Nacional del Chocó, a partir de 1934, siendo Intendente Nacional Adán Arriaga Andrade y Director de Educación Pública de la Intendencia Vicente Barrios Ferrer; para que recibieran en Bogotá la formación indispensable para el desarrollo de la educación pública en la región, a instancias de la Revolución en marcha del gobierno de Alfonso López Pumarejo.

Nicolás Rojas Mena, Marcos Maturana Chaverra, Ramiro Álvarez Cuesta, Saulo Sánchez Córdoba, Vicente Ferrer Serna y Nicolás Castro Aluma, también formaron parte de dicho grupo. Al igual que las primeras mujeres del Chocó que irrumpieron en la escena de la educación pública: María Dualiby Maluf, Judith Ferrer, Carmen Isabel Andrade, Eyda Castro Aluma y Margarita Ferrer Cuesta, que también estudiaron en Bogotá; y un grupo que posteriormente fue enviado a Popayán: Tulia Moya Guerrero, Edelmira Cañadas, Julia Sánchez, Clara Rosa Perea, Tita Quejada, Visitación Murillo, Teresa Campo, Digna Asprilla y Josefina Rodríguez[2].

¿Quiénes eran los alumnos que circulaban por los corredores espaciosos y sobrios del edificio de la Escuela Normal? Se trataba de un grupo de jóvenes entusiastas provenientes de diversas partes del país, los cuales eran seleccionados rigurosamente en orden a sus cualidades académicas, pertenecientes la mayoría de las veces a las clases media y media baja, no siempre con clara vocación hacia la docencia, pero la mayoría de ellos incentivados por las becas que les eran otorgadas por el Estado para adelantar los estudios gratuitamente en la institución. Una mirada a los registros de matrícula permite ver la diversidad en cuanto a la procedencia regional, encontrándose estudiantes de los departamentos de Antioquia, Boyacá, Cundinamarca, Santanderes, Cauca, Valle, Magdalena, Chocó, entre otros.[3]

Antropólogo

Pionero fue Rogerio Velásquez cuando decidió completar la formación sociohumanística que había recibido en la Normal Superior e ingresar al Instituto Etnológico del Cauca para convertirse en etnólogo y, a partir de ahí, con fina intuición y genuino compromiso, dedicar su vida profesional al entonces inexplorado campo de la etnografía de las comunidades negras del Chocó y del Pacífico colombiano; contribuyendo así, de modo significativo, al progreso epistemológico y metodológico de la antropología en Colombia.

“Rogerio Velásquez se graduó en 1948 como etnólogo en el Instituto Etnológico del Cauca (Popayán). Para ese entonces, el instituto estaba bajo la dirección de Gregorio Hernández de Alba. Velásquez introdujo a las comunidades negras como objeto de estudio en la antropología en una época dominada por el indigenismo. Perteneció a las primeras generaciones de etnólogos graduados en el país y estuvo afiliado como investigador auxiliar en el Instituto Etnológico Nacional, tuvo a cargo la sección de folclore del Instituto Colombiano de Antropología”[4].

El rescate, reedición y publicación de la obra de Rogerio Velásquez
sería un merecido reconocimiento a su memoria y a su trabajo académico y literario.
FOTOS: Archivo El Guarengue.

Fue también pionero cuando en su diario de campo, cuyas notas debieron ser una joya de la etnografía nacional, consignó día a día observaciones sobre la cotidianidad que había vivido desde niño en Sipí, en Condoto, en Istmina y en Quibdó. Notas acerca de cómo se vestía la gente, su música y las fiestas que celebraba; los velorios y los entierros, las novenas y los cantos fúnebres con los que la gente negra despedía y celebraba a sus muertos; los cuentos que se contaban, las coplas que se recitaban y las adivinanzas que se echaban, en las noches largas de la orillera oscuridad de los pueblos o de sus lunas esplendorosas peinándose en los espejos multitudinarios de sus ríos… Pionero porque pensó que lo consignado en aquellas notas merecía documentarse, escribirse y publicarse, para que el país empezara a conocer las identidades y estructuras culturales propias de comunidades y sujetos que también formaban parte de la nacionalidad plural de Colombia.

Poniendo al servicio de la preservación de la historia, de la memoria y de la tradición, de su gente y de su pueblo, el acervo teórico y metodológico que había aprendido en la Normal Superior y en el Instituto Etnológico, Rogerio Velásquez produjo los primeros textos etnográficos y analíticos de la vida de las comunidades negras en Colombia. Dichos textos son artículos clásicos de la antropología colombiana de la época, como "Ritos de la muerte en la costa del Pacífico", "Instrumentos musicales de la costa del Pacífico”, "Vestidos de trabajo en el Alto y Bajo Chocó", "La fiesta de San Francisco de Asís en Quibdó", "Leyendas y cuentos de la raza negra", "Adivinanzas del Alto y Bajo Chocó", "Cantares de los tres ríos"; cuál más, cuál menos, magistrales todos.

Historiador

Y pionero fue cuando emprendió el monumental trabajo de documentar la participación de “El Chocó en la Independencia de Colombia”, investigación con la cual, desde una perspectiva etnohistórica, Rogerio Velásquez le mostró al país la importancia de la participación de la región chocoana, su gente y su territorio, en la causa independentista de la cual había surgido la república que cada 20 de julio se celebraba.

Igualmente, fue pionero Velásquez en trabajos panorámicos e interdisciplinarios, como el de documentar el Atrato Medio hace 60 años, mediante un recorrido fluvial de 50 kilómetros por el trayecto comprendido entre Las Mercedes y Lloró, es decir, río abajo y río arriba de Quibdó, incluyendo áreas de los ríos Neguá, Munguidó y Quito, afluentes del Atrato. Un trabajo en el cual, además de su rigurosidad en el manejo de los datos y de la información obtenida mediante un impecable desempeño etnográfico y de investigación, son notorias la capacidad narrativa y literaria de Rogerio Velásquez, su capacidad de síntesis, la riqueza de sus descripciones y la concreción de sus conceptos y opiniones[5]; conceptos y opiniones entre los cuales resalta su enfoque prionero de corte etnoeducativo: “En su detallado trabajo sobre el Atrato Medio chocoano, Rogerio Velásquez dejó significativas aportaciones acerca de lo que actualmente se conoce como etnoeducación, currículos propios y otros conceptos asociados; así como sobre el papel del maestro, la importancia del contexto sociocultural y económico local en los procesos educativos, y el desfase entre las orientaciones curriculares oficiales del orden nacional y las culturas locales y regionales”[6].

Pionero fue también en el uso de recursos literarios para documentar la historia del Chocó. Su enorme capacidad narrativa y su talento para ficcionar son evidentes en Las memorias del odio, una versión literaria de la vida y el fusilamiento de Manuel Saturio Valencia, ejecutado en mayo de 1907, que Rogerio Velásquez relata con lenguaje crudo y áspero, por momentos desapacible. Esta novela confirma, en el campo de la ficción, la ardentía de la pluma de Velásquez en los temas referentes a raza y clase, ampliamente exhibida en sus trabajos etnográficos, etnohistóricos, culturales y socioeconómicos; con la diferencia de que aquí -aprovechando la libertad del género de las memorias- llega casi hasta al pronunciamiento personal y la denuncia tempestuosa y ruda de la acerba e inocultable división de la sociedad quibdoseña de entonces, de modo que el conjunto de la obra más pareciera la panorámica de ese sórdido cuadro de racismo, machismo y clasismo de la población de Berenjenal, como se llama el lugar donde transcurren los hechos, que una reivindicación de Saturio como héroe local y regional.[7]

Promotor

Excursión folclórica al Chocó. Rogerio Velásquez 
y otros investigadores, con músicos de Quibdó (1959).
FOTOS: Revista Colombiana de Folclor.

Pionero fue también Rogerio Velásquez en promocionar y posicionar de la mejor manera las riquezas culturales del Chocó, como lo hizo al motivar, propiciar y asesorar la primera excursión folclórica regional del entonces recién creado Centro de Estudios Folclóricos y Musicales (CEDEFIM), del Conservatorio Nacional de Música, de la Universidad Nacional de Colombia[8], en conjunto con el Instituto Colombiano de Antropología y la Radiotelevisora Nacional; una excursión que se realizó del 1° al 15 de octubre de 1959 y cuyo itinerario fue diseñado por el propio Velásquez e incluyó trabajos en Quibdó, Istmo de San Pablo, Alto San Juan y Alto Atrato. “La Comisión que viajó al Chocó se integró en la siguiente forma: por el Conservatorio Nacional de Música, Fabio González Zuleta, Jesús Pinzón, Horacio Gallego y Andrés Pardo Tovar; por el Instituto Colombiano de Antropología, Rogerio Velásquez y José María Enríquez Girón, y por la Radiotelevisora Nacional, don Guillermo Díaz. Y el trabajo se distribuyó así: González Zuleta y Pinzón se encargaron de las transcripciones musicales; Gallego y Pardo Tovar, de las fichas organográficas; Guillermo Díaz, de las grabaciones; Enríquez Girón, de las filmaciones y fotografías; Velásquez, de las relaciones públicas y asesoría, y Pardo Tovar de las fichas coreográficas, del diario de la excursión y de la dirección general de la misma”.[9]

Precursor

Mediante su ejercicio profesional en los diferentes campos de las ciencias humanas y sociales, sus artículos científicos y su producción literaria, así como en su trabajo de maestro y profesor, Rogerio Velásquez Murillo sembró conciencia sobre la condición de sujetos históricos de los hombres negros y de las mujeres negras del Chocó y de Colombia, abrió caminos claros y conducentes a las ciencias sociales y humanas para que miraran realidades hasta ese momento invisibilizadas, negadas y excluidas dentro del panorama académico y sociocultural de la nación.

La obra completa de Rogerio Velásquez Murillo (Sipí, 9 de agosto de 1908 - Quibdó, 7 de enero de 1965) debería ser parte, en Colombia, de la biblioteca básica de formación universitaria en carreras como Antropología y otras de las ciencias sociales y humanas. Sus aportes precursores y pioneros a la etnohistoria, al igual que su enorme contribución al conocimiento de dinámicas y realidades socioeconómicas, artísticas, folclóricas, religiosas y festivas de los pueblos negros, que eran prácticamente ignotas, desconocidas e ignoradas por el sector académico en Colombia hasta que él las investigó, las documentó y las publicó; convierten a Rogerio Velásquez en uno de los fundadores de los estudios afrocolombianos en la antropología nacional y continental.

Si la brillante generación de políticos del medio siglo XX, que consiguió el sueño de convertir en Departamento a la Intendencia del Chocó, llevó el nombre y los derechos de la región hasta los escenarios públicos e institucionales del ámbito nacional; Rogerio Velásquez Murillo le mostró a Colombia la existencia del pueblo afrochocoano como sujeto histórico y cultural. Todo un pionero, todo un precursor.


[1] República de Colombia - Ministerio de Educación Nacional – Instituto Colombiano de Antropología. Resolución número 0001 de 1965 (enero 15), por la cual se deplora el deceso de un destacado investigador colombiano y se rinde homenaje a su memoria.

[2] Ver: El Guarengue, lunes 8 de marzo de 2021. De excluidas a pioneras: Mujeres y educación en el Chocó. https://miguarengue.blogspot.com/2021/03/deexcluidas-pioneras-mujeres-y.html

[3] Herrera C., Martha Cecilia. La Escuela Normal Superior 1936-1951: avatares en la construcción de un proyecto intelectual. Instituto para la Investigación Educativa y el Desarrollo Pedagógico, IDEP, Bogotá. Historia de la educación en Bogotá - Tomo II. Pp. 95-132. Diciembre 2011. https://core.ac.uk/download/pdf/326433901.pdf

[4] Hurtado-Garcés, Rudy Amanda (2020). “Quítate de mi escalera, no me hagás oscuridad”: imágenes de lo “negro” en la antropología colombiana 1930-1970. Revista CS, 30, 141-172. https://doi.org/10.18046/recs.i30.3516

[5] Ver en El Guarengue: En sus propias palabras. Recordando a Rogerio Velásquez (2ª Parte): https://miguarengue.blogspot.com/2021/01/en-suspropias-palabras-rogerio.html

[6] Ver en El Guarengue: Recordando a Rogerio Velásquez. 

https://miguarengue.blogspot.com/2021/01/recordando-rogeriovelasquez-rogerio.html

[7] Un completo análisis al respecto puede leerse en: Leal, Claudia. Recordando a Saturio. Memorias del racismo en el Chocó (Colombia). Revista de Estudios Sociales N° 27, agosto de 2007: Pp. 230. ISSN 0123-885X: Bogotá, Pp.76-93. 

https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/res/article/view/5472/5280

[8] En ese momento, el Rector de la Universidad Nacional de Colombia era Mario Laserna Pinzón, quien posteriormente fundaría la hoy prestigiosa Universidad de los Andes.

[9] Pardo Tovar, Andrés Experiencias de una excursión folclórica. En: Revista Colombiana de Folklore (1960), Volumen 2, Número 4, Segunda Época. Pp. 127-136.

➡PUBLICACIONES ANTERIORES EN EL GUARENGUE SOBRE ROGERIO VELÁSQUEZ MURILLO:

Lecturas de vacaciones. El día de La Ola En Tumaco y El milagro de San Buenaventura. 2 textos de Rogerio Velásquez. https://miguarengue.blogspot.com/2023/12/lecturas-de-vacaciones-el-dia-de-la-ola.html

Cuando la historia hace su agosto. Unas cuantas efemérides..."de la historia nuestra, caballero". https://miguarengue.blogspot.com/2023/08/cuando-la-historia-hace-su-agosto-unas.html

“Cantares de los tres ríos”. https://miguarengue.blogspot.com/2021/11/cantares-delos-tres-rios-rogerio.html

Quibdó 1960. https://miguarengue.blogspot.com/2021/06/quibdo-1960-por-rogerio-velasquez-asi.html

En sus propias palabras. https://miguarengue.blogspot.com/2021/01/en-suspropias-palabras-rogerio.html

Recordando a Rogerio Velásquez. https://miguarengue.blogspot.com/2021/01/recordando-rogeriovelasquez-rogerio.html

Deberes de Chocoanidad. https://miguarengue.blogspot.com/2019/09/deberes-de-chocoanidad-crepusculo-de.html

Tras las huellas de la negredumbre. https://miguarengue.blogspot.com/2019/09/tras-las-huellas-de-la-negredumbre.html

Efemérides. https://miguarengue.blogspot.com/2019/08/efemerides-crepusculo-en-quibdo.html

01/01/2024

 Hablando de Teddy con Nabuco
-El nuevo alcalde de Quibdó 
a través de los ojos de su padre-

Rafael Andrés Bolaños Pino (Teddy),
Alcalde de Quibdó 2024-2027, y su padre
Rafael de Jesús Bolaños Henao (Nabuco).
FOTOS: cortesía Nabuco.
Nabuco y yo somos felices herederos de la amistad de Astrid y Teresa, nuestras madres, que también comenzó en la infancia. Nos conocemos desde que teníamos cinco o seis años. Empezamos a ser amigos poco después, en la Escuela Anexa a la Normal de Quibdó, donde estudiamos juntos la primaria; y en la propia Normal, donde estudiamos juntos la secundaria. Tanto en la Anexa como en la Normal, cada año, sin falta, fuimos premiados por ser bastante buenos estudiantes. Y nos graduamos como parte de la primera promoción de Maestros Bachilleres, junto a veintidós compañeros del grupo de 6°A, que en la mayoría de los casos han sido parte de los buenos hermanos que hemos tenido en nuestras vidas… Nabuco es Rafael de Jesús Bolaños Henao, el papá de Rafael Andrés Bolaños Pino, quien este 1° de enero de 2024 se posesiona como alcalde de Quibdó 2024-2027.

En aquella infancia quibdoseña, la casa de Nabuco en el Barrio Las Margaritas fue la mía cada vez que allá fui. También su mamá, que siempre me acogió allí con cariño natural y sincero, por el simple y llano hecho de ser hijo de su amiga Teresita. De hecho, debo decir que la primera muerte en la vida que sentí como propia, y por la cual lloré de tristeza durante horas y días, fue la muerte de la mamá de Nabuco, la señora Astrid Henao Mosquera, a cuyo funeral no pude llegar porque me lo impidió un derrumbe de dos días en la carretera entre El Carmen de Atrato y Quibdó, cuando llevábamos menos de un año de habernos graduado en la Normal y ni cédula teníamos aún. Así como la primera vez que sentí lo cruda y cruel que puede ser la muerte fue aquella noche en la que, con Jesús Alito, otro entrañable amigo de la infancia, asistimos al velorio del señor Rafael Enrique Bolaños Andrade, el papá de Nabuco, quien murió antes que la mamá, cuando todavía estudiábamos en la Normal.

De modo que la entrevista que hoy publicamos en El Guarengue es primordialmente una conversación entre dos amigos de toda la vida, como las que sostenemos cada vez que nos vemos y nos preguntamos sobre la familia, sobre los hijos. En este caso, sobre un hijo en particular, Rafael Andrés Bolaños Pino, Teddy, hijo de Rafael de Jesús Bolaños Henao y de Isabel Pino Moya, de quien heredó Teddy su sonrisa amplia y luminosa, que esperamos sea la misma con la que el futuro le sonría a Quibdó en sus manos.

Teddy se posesiona hoy como Alcalde de Quibdó para el periodo 2024-2027, razón por la cual era importante saber sobre él ciertas cosas, de las cuales Nabuco, su papá, es una buena fuente.[1] 

Aquí está la conversación sobre Teddy, entre su papá y yo.

Julio César Uribe Hermocillo-El Guarengue: Hermano, me imagino lo contento que estás por la elección de tu hijo como alcalde de Quibdó. Aparte de alegría y de la satisfacción por un logro en cuya concreción vos también trabajaste paso a paso, ¿qué sentís sabiendo que tu hijo es el nuevo alcalde de Quibdó?

Nabuco (Rafael de Jesús Bolaños Henao): Aparte de alegría y satisfacción, siento un gran agradecimiento con Dios y con la Virgen del Carmen; y con el pueblo de Quibdó. También siento que es un gran compromiso, un gran reto que él tiene, y que no puede defraudar a la gente ni a él mismo. Hay un gran compromiso, porque la gente tiene mucha esperanza.

★DE CONSEJOS, VIRTUDES Y HERENCIAS

JCUH-El Guarengue: ¿Cuáles son los principales consejos que le has dado a tu hijo para su ejercicio como alcalde?

Nabuco: Que siga creyendo en él. Así como creyó que lo iba a lograr y convenció a todo el mundo, que siga confiando y creyendo, que siga confiando en que los propósitos que tiene para Quibdó y la forma de lograrlos son acertados. Que no se olvide de los amigos de siempre y los que estuvieron con él en todo momento y creyeron en su proyecto. Que no se crea de esos nuevos amigos que aparecen, pues ahora que él ya logró la alcaldía aparecen muchas personas ofreciendo cosas y queriendo ser los salvadores. Que siga rodeado de su familia: así como fue el soporte principal de su campaña, que también siga siendo el soporte y su refugio y sus consejeros. Que se rodee de un gran equipo que sienta lo mismo que él, que tenga los mismos propósitos de servirle a la gente, que se identifique con lo de recuperar a Quibdó… Esos han sido los principales consejos que le he dado hasta ahora.

JCUH-El Guarengue: ¿Cuáles son las principales virtudes o cualidades de tu hijo que le van a ser de utilidad como alcalde de Quibdó?

Nabuco: Primero, es una persona temerosa de Dios, y siempre las personas temerosas de Dios actúan de acuerdo con sus preceptos, entonces, generalmente actúan bien. Dos, es una persona inteligente, capaz, es responsable, es serio, es una persona que se pone propósitos y trabaja en pos de ellos para lograrlos. También es una persona abierta, por eso tuvo tanta aceptación en todos los grupos políticos, tuvo votos de todos lados, porque es una persona que no tiene odios políticos ni rencores; y también es abierto y receptivo a ideas y consejos de otras personas desde que sean buenas y lleven el mismo propósito de servicio. Es excelente hijo, hermano, tío, sobrino, esposo, papá, amigo de sus amigos. Es una persona servicial, una persona a la que le duelen el dolor de los demás y las necesidades de los demás.

JCUH-El Guarengue: ¿Qué creés que sacó de vos tu hijo? ¿Qué sacó de la abuela Astrid y del abuelo Rafael Bolaños…?

Nabuco: Creo que de mis hijos es el que más se parece con mi forma de ser: tranquilo, reposado, relajado a veces, y -sin ser inmodesto- inteligente, capaz. De su abuela Astrid, sacó la paciencia, la tranquilidad, el servicio a la gente, el ser cariñoso, ser buena familia. Del abuelo Rafael, el empuje, las ganas de hacer cosas nuevas, de aprender.

JCUH-El Guarengue: ¿Y la vena política de dónde le viene, de dónde sacó él su interés por la política?

Nabuco: Te digo que eso apareció de un momento a otro, porque yo no le había sentido a él cuestión de vena política. Creo que estando en el Colegio Carrasquilla llegó alguien, uno de estos políticos tradicionales del liberalismo y como que lo invitó, le dijo que podría ser parte de las juventudes liberales. Y él entró en eso y eso fue como que le hubieran inyectado una vitamina o una dosis de política, pues ahí mismo se apasionó por eso, se apasionó ese muchacho y logró destacarse acá en el departamento, fue presidente de eso…y te cuento: iba a ser presidente nacional de las juventudes liberales; pero, había un límite de edad y él tenía como un mes más de esa edad, por eso no fue presidente, porque ya había el consenso a nivel nacional, de todas las delegaciones del país, de que él iba a ser el presidente. Desde ahí viene la pasión por la política.

Teddy Bolaños, Alcalde de Quibdó 2024-2027, con su esposa y su hija.
FOTOS: Cortesía de Nabuco.

★HISTORIA DE DOS SOBRENOMBRES

JCUH-El Guarengue: ¿Cuál es la historia del apelativo o sobrenombre Teddy?

Nabuco: Te cuento. Él nace un 28 de octubre. Ese es el día de San Judas Tadeo, que era el santo patrono y de devoción de mi mamá, o sea, de la abuela de Teddy. Entonces yo le digo a Isabel, la mamá: Chava, aquí en Quibdó a todo el mundo le ponen sobrenombre, ya sea en la escuela, en el barrio, y unos sobrenombres todos feos. Yo no quiero que a mi hijo le vayan a poner sobrenombres que Chiquito, que Moro, que el Boconcito o el Jetón, Naricitas, Pulga Arrecha…pues yo le voy a inventar su sobrenombre. Y ella dijo; ¿cómo así? Y yo le dije: dejáme. Entonces me puse a mirar: el día de San Judas Tadeo. Y dije: Judas no le puedo colocar, por lo de la historia bíblica, el personaje. El segundo era Tadeo; en ese momentico existía en Quibdó Jorge Tadeo Lozano, que en paz descanse, pero era el político que representaba como las malas costumbres del momento; entonces dije, pues tampoco puedo colocarle a mi hijo ese sobrenombre de Tadeo. Entonces empecé a combinar: Tady, Tody, cuando de pronto: Tedy, y me sonó el nombre Tedy y me acordé del famoso osito mascota de los gringos y dije: no, ese es el sobrenombre[2]. Y le dije a la mamá: ese va a ser el sobrenombre de él: Teddy. Y como dicen que los nombres sirven y llaman, eso como que le ha servido mucho porque de por sí, en general, como que Teddy le cae bien a todo el mundo, todo el mundo lo quiere…

A pesar de que le coloqué el nombre mío, yo no le decía Rafael. Creo que puedo contar con las manos las veces que le he dicho Rafael. Y la mamá también y la familia. Y es muy frecuente que a uno lo llamen por el apellido, pero a él casi nadie le dice Bolaños, ni en el colegio…

JCUH-El Guarengue: Y para quienes no la conocen, ¿cuál es la historia de tu sobrenombre: Nabuco?

Nabuco: Me contaban mis padres, cuando era niño, que mi papá (mi papá fue joyero, de lo mejorcito que hubo en Quibdó), cuando mi mamá estaba en embarazo, se soñó que había nacido su hijo, el gran Nabucodonosor, que fue un personaje de la biblia, que fue rey. Y mi papá dijo que su hijo se iba a llamar Nabucodonosor. Imagínate: Nabucodonosor Bolaños Henao… Pero, cuando llegó la hora del bautismo, los curas como en ese tiempo se metían en todo y tenían el mando, el cura dijo que ese nombre no, que ese nombre no, porque tenía que ser un nombre cristiano, católico, porque Nabucodonosor era una persona que se había rebelado contra la voluntad de Dios. Y allá en la iglesia fue que decidieron mi nombre. El nombre de mi papá era también Rafael y creo que el sacerdote le agregó el Jesús: Rafael de Jesús. Esa es la historia. Pero, mi papá me siguió diciendo Nabuco toda la vida y en la familia todo el mundo me conoce como Nabuco y en el barrio y en Quibdó…

★CONFESIONES DE UN PADRE

JCUH-El Guarengue: Vos toda la vida has sido una especie de sibarita, actualmente cliente VIP de El Pachoso, ¿en qué cosas podría alterar tu ritmo de vida el hecho de que tu hijo sea el alcalde de Quibdó?

Nabuco: Aspiro a que mi ritmo de vida no cambie mucho. Quiero seguir haciendo las cosas que normalmente hago, que me gustan. Claro que ahora voy a disminuirle un poco porque la verdad es que sí pienso estar, y él me lo ha pedido también, sí pienso estar cerca de él, ayudándole cuando él lo necesite a tomar buenas decisiones, que necesite un consejo, que necesite una opinión, tratar de estar. Entonces eso me va a limitar un poquito mi rutina normal, mis actividades, sí; pero, seguiré yendo a ese lugar que me gusta mucho, El Pachoso.

JCUH-El Guarengue: ¿No te da un poquito de miedo que tu hijo asuma la alcaldía de una ciudad tan violenta como es Quibdó hoy, tan distinta del pacífico pueblo en el que vos y yo crecimos?

Nabuco: Te voy a hablar de lo que pasó antes de que él decidiera aspirar a la Alcaldía. Yo ya me había relajado con eso, porque habíamos quedado que él no iba a aspirar; cuando un día como a las 6 de la mañana me llama y me dice: Papá, yo sí voy a aspirar. Y entonces pensé: ¡Dios mío! Por lo que significan esas cosas que tú dices y volverse el foco de todo, tanto de la gente que está en la legalidad como de la gente que ha tomado otro camino… Pero, él me convenció, me dijo por qué lo quería hacer. Entonces dije: bueno, pues vamos a apoyarlo y sigamos confiando en Dios que todo le va a salir bien y que la gente lo va a aceptar y todo el mundo va a querer que usted sea… Entonces, en este momento que ya él es el alcalde, la verdad es que sigo teniendo algo de temor, de reserva; pero, a veces siento hasta más reserva con la gente que perdió, con la gente que siente que quizás se le arrebató algo que no estaba en sus planes, que con los mismos muchachos que están por fuera de la legalidad; y de ellos he sentido que hay como muchos deseos y confianza de que este alcalde y la gobernadora van a hacer parte de ese proceso de recuperar a Quibdó y de volver a lo de la paz total… Entonces, en ese sentido he perdido un poco el miedo con lo de los grupos que están al margen y pienso que ellos se van a sentar, y Teddy, la verdad, es que tiene como un don, una gracia, y sé que va a lograr que las cosas en cuanto a la seguridad mejoren en Quibdó. Estoy seguro de eso.

JCUH-El Guarengue: ¿Cuál quisieras que fuera el más grande logro de tu hijo como alcalde de Quibdó?

Nabuco: Pienso que el primero es lograr la tranquilidad, la paz, recuperar esa paz en Quibdó. Uno sabe que, con este mundo moderno, paz total puede que no vaya a haber en ninguna parte, no la hay ni en las ciudades más pacíficas del mundo; pero sí que haya tranquilidad, que los comerciantes sientan tranquilidad en sus negocios, que la gente se atreva nuevamente a invertir, a abrir así sea la tiendecita, la venta de empanadas, que se atreva a eso… Que en los barrios vuelva la tranquilidad, que la gente pueda hacer lo que hacíamos nosotros: salir a jugar, a compartir, pasar a la casa del vecino, conocernos, reconocernos… Que la educación vuelva por sus fueros, como cuando nosotros fuimos estudiantes y nuestros mayores, que lo fueron aun mejor que nosotros…eso se ha ido perdiendo. Entonces, tratar de recuperar ese sitial que el Chocó y Quibdó habían tenido anteriormente. Así que el compromiso por la educación debe ser grande. Y, lógico, lo de oportunidades de empleo para las personas… Lo mismo lo de la movilidad. Lo de la parte agrícola, que la gente vuelva a invertir, porque el campesino pues no está invirtiendo, porque las cosechas se le pierden a la larga. Es un esfuerzo vano que hace el campesino.

JCUH-El Guarengue: ¿Teddy es consciente de que, por varias razones (su juventud, su relativa independencia, su trayectoria limpia como funcionario, su figura nueva y fresca, el momento histórico propicio para conseguir cambios), él podría pasar a la historia de Quibdó como uno de los mejores alcaldes o podría ser un estruendoso fracaso, si las expectativas que ha despertado no coinciden con la realidad de su gobierno?

Nabuco: La verdad, sí. Él es muy consciente y se ha estado preparando para eso. Sobre todo que él sabe que la gente, y eso es todos los días, le habla, le escribe, o lo hace conmigo, con la mamá, con sus hermanos, la gente está esperando mucho de él. Parece mentira: mucha gente no está esperando ni siquiera un puesto, a pesar de tantas necesidades que hay en Quibdó; sino que están esperando es que él haga las cosas bien, que todo le salga bien. Hay mucha gente orando por él, echándole bendiciones. Entonces él es consciente de que debe hacer las cosas bien, no solo por él, sino por Quibdó; y él cuando decidió aspirar lo hizo con ese compromiso, él sentía que alguien tenía que retomar las riendas de Quibdó, para que esto mejorara. Él no está pensando tanto en futuro político (esa no es su preocupación), está pensando en hacer las cosas bien, salir con la frente en alto de la Alcaldía, con la satisfacción de haber llenado las expectativas de la gente y las que él tenía.

JCUH-El Guarengue: ¿Cuál te gustaría a vos que fuera el balance del gobierno de tu hijo como alcalde de Quibdó, al finalizar su periodo de cuatro años?

Nabuco: En primer lugar, que la gente que votó y la que no votó por él dijera: Teddy lo hizo bien, lo que prometió lo cumplió (así no sea en un ciento por ciento, que es imposible); puedo caminar por las calles de Quibdó más tranquilo, puedo sentarme a la entrada de mi casa con los amigos, con mi familia, y no estar para nada preocupados; se mejoró la movilidad en Quibdó, ese desorden, ese caos en el que andamos, tanto los peatones como los que tenemos vehículos... Que haya mejorado el sentido de pertenencia de nosotros los quibdoseños por nuestro territorio y nuestra identidad cultural. Y que la gente se sintiera satisfecha, que los padres retomaran el control, se dieran cuenta que de ellos depende lo que sean los niños, los jóvenes en el futuro, que los padres retomen ese control y que haya esa simbiosis, esa mancomunidad entre escuela y padres, y también meter allí a la alcaldía, para ver si recuperamos los puestos de honor que antes tuvimos a nivel nacional, que el profesional chocoano sea apetecido, que se hable de Quibdó no solo por la violencia y por las malas cosas que pasen, sino que se hable de un Quibdó  al que se quiere ir, la gente quiere conocerlo por su gente, por sus paisajes, por sus riquezas naturales… Eso me gustaría al final del gobierno. Y sobre todo que él se sienta satisfecho, que no tenga que agachar la cabeza ante nadie y siga caminando con esa sencillez que siempre lo ha hecho por las calles de Quibdó y la gente lo siga saludando, abrazando, como hoy.

★OPINIONES DE UN PADRE

JCUH-El Guarengue:  ¿Cómo ves vos el potencial de coordinación entre la Gobernadora del Chocó, Nubia Carolina Córdoba Curi, que es una mujer joven, inteligente y preparada; y tu hijo Teddy como Alcalde de Quibdó, teniendo en cuenta que Quibdó es la capital del Chocó y todo lo que aquí se haga repercute en toda la región?

Nabuco: Esas posibilidades las veo con mucho optimismo y con mucha esperanza. Hay una ventaja y es que Teddy ya venía en el puesto de coordinación del manejo de riesgos y desastres del Departamento desde gobiernos anteriores; pero, en este gobierno, la doctora Nubia Carolina fue Secretaria del Interior, y esa dependencia de Teddy depende (perdón por la redundancia) de la Secretaría del Interior; o sea que ella era su jefa inmediata y él siempre habló muy bien de ella, que era una persona muy inteligente, muy capaz, y que siempre estaba atenta a escucharlo cuando él necesitaba algo, cuando él necesita el apoyo, la colaboración, la firma de ella, ella siempre estuvo, y también dando ideas. Entonces, yo he visto que la relación entre ellos dos ha empezado muy bien ya como mandatarios electos y que se están coordinando y apoyando mucho en este momento; y espero que en los cuatro años sea aún mejor esa coordinación, porque los recursos del Municipio de Quibdó solos no alcanzan ni son suficientes para hacer muchas de las cosas que se necesitan; entonces el apoyo del Departamento, los recursos que llegan al Departamento, van a ser muy importantes; y que juntos jalonen recursos de la Nación para nuevos proyectos e inversiones… 

Además, creo que una de las principales misiones que tienen ellos, Teddy y la Gobernadora, es cambiar esa imagen que se tiene del Chocó, de que acá todo es corrupción, que acá todo se pierde, que acá todo nos lo robamos y que además somos incapaces y perezosos.

Nubia Carolina Córdoba Curi, Gobernadora del Chocó 2024-2027
Rafael Andrés Bolaños Pino (Teddy), Alcalde de Quibdó 2024-2027
FOTO: tomada de Fundación PARES, noviembre 2023.

JCUH-El Guarengue: ¿Hay algo adicional que quisieras decir, como mensaje a los quibdoseños, relacionado con la administración municipal del periodo 2024-2027 que tu hijo Teddy dirigirá como alcalde?

Nabuco: Quiero reiterarle a la gente las gracias por esa confianza que tuvo en Teddy y que con esa confianza y su decisión rompieron ese paradigma de que en Quibdó solo podía llegar al poder una persona respaldada por los grupos tradicionales y por las castas de siempre y por las familias de siempre. Entonces, que la gente siga confiando en Teddy. ¿Qué le pido a la gente? Sigan orando por Teddy, sigan acompañándolo, porque todo lo bueno que le pase a él será en beneficio de la ciudad y de cada uno de nosotros, entonces sigan teniéndole confianza, sigan apoyándolo.

Tiene que haber un compromiso de cambio no solo del alcalde, él lo va a liderar, sino de todos los quibdoseños. Todos tenemos que poner un granito de arena, para que en realidad podamos decir que recuperamos a Quibdó. Y lo mismo los grupos armados, que depongan los ánimos y piensen en Quibdó y piensen en ellos mismos, en el futuro de ellos, de sus hijos, pues ellos -a pesar de que están en esos grupos- sé que también quieren vivir en paz y tener un futuro digno, normal, como cualquier persona, y vivir en familia. Ellos también tienen que poner de su parte. Y nosotros en los barrios, la Acción Comunal que vuelva al papel de antes, cuando todos los habitantes del barrio los domingos, los sábados, se citaban para hacer obras, limpiar el parquecito, limpiar una calle, construir un puente, echarle arena a los pozos que había, etcétera, etcétera; y que los vecinos nos sentábamos todos juntos, compartíamos los alimentos; no como ahoritica que la gente no conoce ni siquiera quién vive al lado, quién vive en el segundo piso. 

Eso me gustaría: que todos los habitantes de Quibdó nos comprometiéramos en apoyar al alcalde en la recuperación de Quibdó. 

¡Así sea, Nabucodonosor! Hablamos dentro de 4 años, mi hermano.


[1] N.B. Esta entrevista se realizó por iniciativa propia, para El Guarengue, y en su realización no tuvieron que ver el nuevo alcalde de Quibdó ni quien maneje su oficina de prensa o comunicaciones, que ni siquiera sé quién es. De modo que nada tiene que ver con ninguna relación institucional ni política y mucho menos con la práctica periodística en boga, en los ámbitos local, regional y nacional, de tasar en pesos cada palabra que se escribe o que se dice y se publica.

[2] Según Wikipedia, “el nombre inglés "Teddy Bear" (Oso Teddy) proviene de Theodore Roosevelt, presidente de Estados Unidos entre 1901 y 1909, quien rehusó disparar a un oso en una cacería preparada por sus ayudantes con fines promocionales”. Ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Osito_de_peluche

25/12/2023

 Mara Viveros y Florence Thomas: 
Un reconocimiento histórico 
al feminismo colombiano

Mara Viveros Vigoya y Florence Thomas son las primeras mujeres en la Historia de Colombia que reciben un reconocimiento del Estado por su contribución a los avances en la garantía de los derechos de las mujeres y por sus aportes académicos al feminismo y los estudios de género. FOTOS: UN Radio. Icono Editorial.

Honra y enaltece a Colombia que el Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, le haya otorgado la Orden Nacional al Mérito -en grado de Gran Cruz- a las profesoras e investigadoras, lideresas y activistas, pioneras del feminismo nacional e internacional, Mara Viveros Vigoya (Cali, 1956) y Florence Thomas (Rouen, Francia, 1943, ciudadana colombiana desde 2011); por su trabajo en pro de la garantía de los derechos humanos de las mujeres, sus aportes sustanciales al establecimiento de políticas de equidad de género en distintos ámbitos institucionales del país y sus esfuerzos permanentes, denonados y sistemáticos para educar a varias generaciones de colombianas y colombianos en materia de feminismo; desde las tribunas de opinión, como la siempre aleccionante columna de Florence en El Tiempo; desde la academia, con los luminosos artículos y las lúcidas investigaciones de Mara; y desde los movimientos sociales de mujeres, que se han nutrido de la sabiduría del trabajo investigativo y educativo de estas dos admirables mujeres.

Es la primera vez que el Estado colombiano condecora y reconoce a una mujer por su contribución a los estudios feministas y de género, y por sus aportes al avance en la garantía de los derechos de las mujeres. Es la primera vez en la historia del país que se reconoce y condecora a una mujer por ser feminista y actuar como tal en defensa de sus derechos... La ceremonia de entrega del reconocimiento a Mara Viveros se realizó el 6 de diciembre. A Florence Thomas, le fue entregado el 19 de diciembre.

Pioneras

Florence Thomas, quien llegó a Colombia en 1967, es precursora de las luchas por la plena ciudadanía de las mujeres en el país y la garantía de sus derechos, con especial atención a los derechos sexuales y reproductivos, y a la equidad en todos los ámbitos de la vida pública y privada. Mara Viveros, colega de Florence en la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia, es pionera en la introducción en el feminismo del enfoque étnico y de la interseccionalidad entre género, clase, etnia y raza. A partir del ideario compartido de esta causa esencial para la humanidad, el trabajo académico sobre género de Florence y Mara, desde el legendario Grupo de investigación Mujer y Sociedad, en la Universidad Nacional, terminó complementándose para hacer invaluables e infinitos aportes al conocimiento y a la reivindicación del enfoque feminista en Colombia.

Democracia en el país, en la casa y en la cama

Hace tres meses, en una entrevista para el diario El Tiempo, en donde su sesuda columna de opinión con temática feminista es ya un clásico y un punto de referencia sobre el devenir del feminismo en Colombia; Florence Thomas sintetizó su trayectoria y la lucha feminista en el país durante más de medio siglo: “Cuando yo llegué a Colombia, en 1967, las mujeres votaban, pero no había mucho más. En los 70, si acaso eran ocho o nueve mujeres en el Congreso. Había ausencia de las mujeres en la política. El conflicto armado tocó especialmente a las mujeres y era un problema que nos copó la agenda por completo. Había que atender el desplazamiento forzoso, las violencias sexuales. Mientras trabajábamos en este marco, seguimos trabajando por la construcción de ciudadanía, por más participación política, por más leyes a favor de las mujeres. En los 90 iniciamos con políticas públicas con enfoque de género, se crearon las primeras secretarías de la mujer. A diferencia del contexto de la generación de la cuarta ola, a nosotras nos tocó convocar a punta de teléfono para impactar lo político y social. Y aun así estábamos en las calles gritando “Mi cuerpo es mío, sobre mi cuerpo decido yo” o “Democracia en el país, democracia en la casa y democracia en la cama”. Con estas consignas empezamos a hablar de la recuperación del cuerpo. Abonamos el terreno para las legislaciones y la firma de pactos internacionales como la CEDAW[1] (Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer)”. 

En su recuento, Florence admite de modo claro y directo el vacío que existió durante mucho tiempo en torno a la inclusión de la perspectiva negra e indígena en el feminismo: “Nos reprocharon bastante la ausencia de miradas sobre las mujeres afrodescendientes e indígenas… Acepto y reconozco esas omisiones”[2].

Faro e inspiración

“Nos unimos en aplauso y gratitud a una mujer feminista cuya determinación ha marcado un camino inspirador. Que su voz perdure como faro de guía para todas las generaciones de hombres y mujeres en la búsqueda de la igualdad y la justicia de género en Colombia”, expresó el canciller Álvaro Leyva refiriéndose a Florence Thomas, a quien le entregó la distinción en un acto efectuado en el Palacio de San Carlos[3]; en el cual Florence Thomas dijo: “Una no cambia el mundo sola. Este también es un reconocimiento a todas las mujeres que, antes de mí, abrieron el camino e hicieron posible que hoy estemos aquí hablando de feminismo, de reivindicación de derechos…”[4]. Y en su cuenta de X (Twitter) expresó: “Muy contenta por haber recibido la Orden al Mérito de la República de Colombia por intermedio de la Cancillería. Es simplemente el resultado de muchos años de trabajo apoyado por el movimiento de mujeres y las feministas de Colombia. Siguen los retos”[5].

Convirtiendo en mayores los “temas menores”

Por su parte, Mara Viveros Vigoya dijo, al recibir la condecoración: “Estoy realmente muy complacida de haber recibido esta Orden al Mérito. Lo estoy de muchas maneras, en particular porque valoro el trabajo de muchas mujeres que permitieron que yo hoy estuviera acá. Por otra parte, también la recibo como un respaldo para el campo de los estudios feministas y de género. Yo pertenezco a la Escuela de Estudios de Género, un espacio que lleva 30 años también abriendo brecha en este país para democratizar las relaciones de género y para hacer un mundo mejor, como lo soñamos”[6]. A su vez, en el acto, el Canciller Álvaro Leyva Durán anotó: “La revolución feminista es, sin lugar a duda, la revolución más importante y pacifista que la humanidad ha presenciado[7].

Y Mara Viveros sí que ha sido, literalmente, una revolucionaria dentro de la revolución feminista. “Mara ha dedicado su vida a la investigación sobre desigualdades sociales, teorías de género y sexualidad, hombres y masculinidades, e intersecciones de género, sexualidad, clase, raza y etnia”[8]; tópicos estos que hasta hace muy poco no formaban parte sustancial de la agenda académica y reivindicativa de las luchas feministas, pero que ella se encargó -con tesón- de incorporar.

La propia Mara Viveros lo explicó hace muchos años, en una entrevista para Clam (Centro latino-americano em sexualidade e direitos humanos): “En el momento en que se hace el balance de lo que han sido los estudios de género en Colombia, en octubre de 2004, en Bogotá, me pareció importante señalar la ceguera del feminismo colombiano al tema de las diferencias étnico-raciales y cómo la matriz teórica del feminismo colombiano había sido el marxismo, que solo veía diferencias de clase entre mujeres, pero nunca advertía que esas clases estaban racializadas, y cómo había superposiciones entre sectores populares y sectores racializados. En ese momento no se había escrito mucho en Colombia sobre el tema”[9].

Mara Viveros y Florence Thomas en el Palacio de San Carlos, sede de la Cancillería de Colombia, en la ceremonia de entrega de la Orden Nacional al Mérito, mediante la cual el Estado colombiano reconoce los aportes al país de su praxis feminista. FOTOS: Cancillería de Colombia.
Feminismo y vejez

Admirable precursora como siempre,  hoy -a sus 80 años- además del trabajo que viene adelantando en conjunto con un sinnúmero de compañeras feministas para construir un espacio de memoria del feminismo colombiano, de su historia, como referente para el país todo y para las generaciones actuales y futuras de mujeres comprometidas con estas luchas; Florence Thomas viene incursionando en el análisis de la relación entre feminismo y vejez. Al respecto, explica: “Es un tema que ha sido poco tratado en mi generación. Pareciera que para ser feminista toca tener 30 años. En el Grupo Mujer y Sociedad envejecimos juntas y casi nunca hablamos de esto. Solo hacíamos chistes sobre que todo nos dolía. Además, conversar de esto es muy bonito, porque ahora están conviviendo hasta cuatro generaciones de mujeres por familia. En mi tiempo, si mucho eran tres generaciones. Tener contacto con las nietas y bisnietas permite envejecer de una manera muy distinta. Yo les digo a las jóvenes: “Hablen con sus abuelas antes de que se mueran. Pregúntenles por lo que han sufrido, hecho y logrado[10].

Colofón

«Mi generación se peleó durante 40 años para que visibilizaran a las mujeres y ahora han encontrado el truco para borrarnos. Ya no se habla de mujeres, sino solo de personas gestantes. Mi generación no puede aceptar eso después de lo que nos tocó luchar». Florence Thomas.[11]

«La única razón para apoyar a un movimiento es si tiene un horizonte emancipatorio, esa debe ser la brújula que nos oriente. Si no tiene ese horizonte emancipatorio, no se puede ceder y no hay que apoyarlos. La respuesta para mí es sencilla: si un movimiento que se dice progresista no es antisexista, no es antirracista, no es antihomofóbico, no tiene un horizonte emancipatorio claro». Mara Viveros Vigoya[12].


[1] Aprobada el 18 diciembre de 1979 por la Asamblea General de Naciones Unidas, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, CEDAW, entró en vigencia el 3 de septiembre de 1981, de conformidad con su artículo 27. Su texto oficial puede obtenerse en:

https://www.ohchr.org/sites/default/files/Documents/ProfessionalInterest/cedaw_SP.pdf

[2] 'Pareciera que para ser feminista toca tener 30 años': Florence Thomas. Entrevista: El Tiempo, 10 de septiembre de 2023.

[3] Web Presidencia de la República, Bogotá D.C., 19 de diciembre de 2023. Florence Thomas recibe Orden Nacional al Mérito por una vida en defensa de los derechos de las mujeres en Colombia. https://petro.presidencia.gov.co/prensa/Paginas/Florence-Thomas-recibe-Orden-Nacional-al-Merito-por-una-vida-en-defensa-231219.aspx

[4] Ídem. Ibidem.

[5] Florence Thomas, 19 de diciembre de 2023.  Cuenta de X (Twitter). https://x.com/Florencemujer1/status/1737144132760490406?s=20

[6] Twitter (X) Cancillería Colombia, 8 de diciembre de 2023.

https://x.com/CancilleriaCol/status/1733096397887471919?s=20

[7] Ídem. Ibidem.

[8] Volcánicas Periodismo Feminista. X (Twitter): @VolcanicasRev. 19 de diciembre de 2023. https://x.com/VolcanicasRev/status/1737215128494293439?s=20

[9] Entrevista con Mara Viveros Vigoya, por Renata Hiller. Septiembre de 2009. https://www.clam.org.br/uploads/arquivo/Entrevista%20con%20Mara%20Viveros%20Vigoya.pdf

[10] 'Pareciera que para ser feminista toca tener 30 años': Florence Thomas. Entrevista: El Tiempo, 10 de septiembre de 2023.

[11] Ídem. Ibidem.

[12] Observatorio Género y Equidad, OGE, Chile. Daniel Meza Riquelme. Entrevista a Mara Viveros Vigoya. 18 de noviembre de 2019.  https://oge.cl/mara-viveros-academica-colombiana-si-un-movimiento-que-se-dice-progresista-no-es-antisexista-antirracista-anti-homofobico-no-tiene-un-horizonte-emancipatorio/

18/12/2023

 LECTURAS DE VACACIONES
El día de La Ola En Tumaco y El milagro de San Buenaventura  
--2 textos de Rogerio Velásquez-- 

Rogerio Velásquez (Bogotá, 1957). Sumario o índice la Revista Colombiana de Folclor de 1960 donde Velásquez publicó su artículo sobre San Pacho y la compilación de narraciones orales del Pacífico de donde son tomadas las dos que reproducimos en esta edición de El Guarengue. FOTOS: Corporación Cuenta Chocó-RVM y El Guarengue.

La obra completa de Rogerio Velásquez Murillo (Sipí, 9 de agosto de 1908 - Quibdó, 7 de enero de 1965) debería ser parte, en Colombia, de la biblioteca básica de formación universitaria en carreras como Antropología y otras de las ciencias sociales y humanas. Sus aportes precursores y pioneros a la etnohistoria, al igual que su enorme contribución al conocimiento de dinámicas y realidades socioeconómicas, artísticas, folclóricas, religiosas y festivas de los pueblos negros, que eran prácticamente ignotas, desconocidas e ignoradas por el sector académico en Colombia hasta que él las investigó, las documentó y las publicó; convierten a Rogerio Velásquez en uno de los fundadores de los estudios afrocolombianos en la antropología nacional y continental.

Maestro, etnólogo, escritor, investigador, poeta, Rogerio Velásquez Murillo fue Jefe de la Sección de Folclor del Instituto Colombiano de Antropología, institución a la que estuvo vinculado durante largo tiempo como investigador y como asiduo colaborador de la Revista Colombiana de Folclor. Fue también Representante suplente a la Cámara, Diputado de la Asamblea del Chocó, Director de Educación Pública del Chocó, profesor de la Universidad Pedagógica Nacional, en Tunja, y de varios colegios del país, y Rector del histórico Colegio Carrasquilla de Quibdó, cargo que ocupaba cuando murió.[1]

De su artículo Leyendas y cuentos de la raza negra. Leyendas del Alto y Bajo Chocó, publicado en 1960, en la Revista Colombiana de Folclor[2], presentamos en El Guarengue dos maravillosos relatos en los que el lector puede apreciar la admirable capacidad narrativa, literaria y etnográfica de Rogerio Velásquez Murillo.  

El día de La Ola En Tumaco[3] es el relato épico y sobrecogedor de lo acontecido en el maremoto de 1906, que casi borra del mapa a dicha poblaciónCuando todo parecía perdido, a instancias del pueblo tumaqueño, el Padre Larrondo enarboló ante la ola descomunal la única hostia que quedaba en el sagrario, para conjurar el cataclismo.

En El milagro de San Buenaventura[4], Don Rogerio nos narra con vigor y colorido la fiesta de este santo y rememora cómo -un 14 de julio- San Buenaventura salvó de su desaparición al bello poblado que lleva su nombre. San Buenaventura conminó al peje malo, lo amordazó y le cerró la trompa con un candado de oro. Y así evitó que Buenaventura desapareciera entre las fauces de esta fiera.

Que los disfruten. Aquí están, en El Guarengue, como amenas lecturas de vacaciones. 

Julio César U. H.

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El día de La Ola en Tumaco

FOTO: Edizioni San Clemente.

El tumaqueño viejo conserva un recuerdo imborrable entre los muros de su memoria. El suceso no arranca de la posesión tranquila de la tierra, sino de lo vivido el 31 de enero de 1906, fecha del maremoto que sacudió gran parte de la costa del Pacífico. Adherido a sus vivencias con emociones y gemidos, con votos de esperanzas y resplandores de milagro, ese día no ha sido olvidado por nada, ni por sombras de manglares ni por islas paradisíacas.

En aquel tiempo -dicen los negros- Dios soltó el mar para que avasallara las riberas. Dejó que el viento despertase las olas y que el turbión entrara en los puertos, en los montes, en los boquetes de los ríos. Para iluminar el mundo envió al rayo que mordiese al aire, los buques y piraguas, en tanto que el trueno, dando tumbos, hacía marchar las nubes como plumajes con alas.

Desde temprano las espumas habían intentado el asalto de las barras de arena y las resacas tormentosas. El agua hirviente se asía de los promontorios, trepaba por las rocas y volvía a caer para recomenzar con nuevos bríos. Por el cielo ennegrecido cruzaban pájaros pesados, mientras que de las madrigueras salían serpientes y escorpiones y sabandijas sin nombres. Por las verrugas de los cerros los animales domésticos corrían, cayendo y levantándose.

Cuando esto pasaba en Tumaco, por El Charco y Mosquera los terrenos, con maizales y bestias, bajaban las cabezas ante el tableteo de los elementos. El Playón de los Reyes, con sus moradores y sus cocos, lo mismo que la aldea de San Juan, ya habían caído como obedeciendo a la catástrofe. En Salahonda y El Bajito, Pasacaballos y Bocagrande los peces y las conchas, en gruesa trabazón, mostraban sus colores a los esteros revueltos que, sin miramientos de ninguna clase, enlazaban árboles, batían delfines y tiburones bandoleros.

En medio de tantas tristezas, sonaron las campanas, descendieron las imágenes, se incendiaron los altares familiares, flamearon los estandartes abrasados. Por atrás, se abrieron los sepulcros, se troncharon las palmas, se derruyeron las casas, el fuego se hizo lengua. Podría decirse que entre tantas angustias la estrella de Jacob estaba lejos de la tierra.

Por todas partes había lluvia, chaparrón denso, pesado. Goteras que taladraban los techos de paja y repiqueteaban en los de zinc, haciendo caminos por las calles. Agua encharcada en las habitaciones, lodo en las alcobas, mesas y lugares sagrados. Animales muertos, emblemas y cunas desbaratadas, estiércol. Madres que lloran a sus hijos, novias que han perdido sus más altos cariños. Quién corre, quién se arrodilla, quién batalla. Un dolor superior a las palabras flota en todos los puntos cardinales. Tiemblan las piernas y los labios. Todo el mundo evoca a alguien que salió en la mañana: éste a pescar, aquél a sembrar, el de más allá a cruzar las ensenadas...

Pero hay un momento dramático. Tumaco, a nivel del mar, ve que éste amenaza cubrirlo. Una ola gigante, mugidora, rebasa el Viudo y el Morro le llega a la cintura. A su golpe se hundirán muchas millas, y, sobre la onda, flotará lo que la fatiga ha conseguido. Ramas, leños, hojas, fieras marinas, todo se ve arriba en la cabellera del peligro que avanza...

Entonces comienzan las confesiones a gritos. El Padre Larrondo trabaja con la multitud que busca la absolución sacramental. Ahí están a sus pies los pescadores de lisas, pargos y sardinatas. Quemadores de carbón, jornaleros, gentes tiznadas de resinas, negros aserradores del Patía, blancos contrabandistas. Mojados en agua bendita se aprietan los hijos de los hombres que vuelven los ojos al cielo, en busca de su destino final. Si la noche ha llegado, es hora de encender las lámparas del alma.

El Padre Larrondo, seguro de sí, satisfecho de absolver a los incrédulos y a los vacilantes, está ante el altar que se sacude. De rodillas, con la cabeza que canea inclinada, pide por su pueblo. Ya están curados los enfermos, ya los fríos se han reconciliado con Dios, ya se han amistado los enemigos en el tribunal de la penitencia. Resuelto, abre el Copón, y con la última Forma en la mano, se dirige hacia el mar. Marcha sereno, los ojos gozosos. Va a enfrenar la ola siniestra, a poner cárcel a la hecatombe, a encararse con lo desconocido.

El pueblo lo sigue. Hay que morir con el Pastor, hacer que lo que amaga se devuelva. La cerrazón avanza llevando un tramo de cuarenta kilómetros. Penetra mar adentro, y aguarda el peligro que ensordece el espacio. "Pero -¡oh suceso maravilloso!-, dice el cronista: cuando la multitud iba a ser devorada, el Padre permanece firme, impertérrito en la arena. Levanta la Hostia sacrosanta y traza con ella la señal de la cruz, y al mismo instante se retira el mar, humedeciendo al sacerdote hasta la cintura".

Desde aquella ocasión, todos los años, el 31 de enero, hay en las iglesias de Tumaco solemnes fiestas en acción de gracias a Jesús Sacramentado. Es la evocación del día de la fe, el recuerdo del prodigio total y absoluto que vivió el pueblo que peregrina todavía.

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El milagro de San Buenaventura

Buenaventura a principios del siglo XX.
FOTO: Biblioteca digital Universidad ICESI.

El catorce de julio es el día de Buenaventura. Celébrase entonces, entre candelas de pedreros y vuelos de campanas, murgas y chirimías locales, la fiesta tradicional del santo que le dio nombre, gracias al viejo fundador del puerto, Don Juan de Ladrilleros, cristianísimo ejemplar de la Conquista.

Justo es el regocijo. Por la loma del Continente se rompe el ritmo habitual, y la cumbia crece y se multiplica. Por abajo, en la marea, las marimbas oscilan con el zangoloteo de los negros. Escanciado el anís, los vinos de contrabando y los rones, surge el vinete de caña, traído de Anchicayá y El Raposo. Es la hora en que, apagada la moral, el hombre enciende su lujuria con besos y con vicios.

Mas si por todas partes arde la alegría, no será sólo por beber y descansar del muelle, por evadir el carguío de los fardos, por dejar la reventa de los mercados, por libertarse del peonaje. Tampoco se hace por soltar los anzuelos y las atarrayas o por hundir el corazón y el espíritu en el agua soñolienta que entra en la bahía. Por encima de todo esto va la preocupación de agradar al que amordazó al peje malo que buscaba, con branquias y aletas, con barbas y cola de gigante, echar a perder la isla de los nativos, la novia de siempre, la comarca superlativa de cien razas que piensan.

Por este homenaje sale el negro de sus habitaciones de lata y mugre, de hojas de palma y troncos de barrigona. Si por la derecha se tiran a la calle los niños sin escuela oficial, pendencieros y pintorescos en el habla y en el ropaje, por la otra banda, confundidos con los pliegues de las mariposas, brillan los vestidos de las muchachas del Dagua, de Bazán y Juan Chaco. Los mismos gringos viajeros, con camisas pintadas, corren trasladando al lienzo de los negativos el regocijo de la tierra.

Bien se lo merece San Buenaventura. Haber detenido una catástrofe como la que amenazaba a la ciudad, es obra que merece gratitud inalterable. Permitir que los bosques sigan siendo bosques, que los plantíos y hatos crezcan callados en las márgenes de los arroyos, es empresa digna de recordarse. Y se hace la evocación cantando cosas amorosas, exaltando la fidelidad, la virtud, los goces simples del conglomerado. Si hasta el tren, el tren mismo, ese bruto de hierro que enlaza montes con aldeas, baja del Piñal bufando más alegre, soltando por el espinazo un humo blanco como los grumos de algodón.

Tiene que ser así, porque lo que iba a suceder al poblado era algo sin precedentes. ¡Ni porque allí se hubieran inventado los siete pecados capitales! Se iban a hundir las casitas blancas de La Pilota, los hornos de la machina, los almacenes, el esfuerzo de los pobres. Se tragaría el monstruo las voces de los soldados, el resplandor de los hogares. Después vendría el vacío, el golpe de las corrientes saladas sobre la costa que se desmorona.

Dios no lo quiso, y encarnó su poder en el báculo y las palabras del afortunado de Toscana. Se hizo presente la Suma Bondad en el influjo del Doctor Seráfico, en el nudo de su anillo, en sus manos, en el consuelo de sus ojos. Por la sangre del Cardenal, por su pecho, cruzó la Omnipotencia. Los tiempos milagrosos renacieron, y las riberas que huían entre las fauces del demonio, continuaron como antes, firmes y quietas, fértiles en sus espigas y sus esperanzas.

La tradición cuenta que San Buenaventura bajó al piélago anchuroso por la cresta de los mangles. ¿Lo haría una mañana o una tarde, a la hora en que la naturaleza carece de olor? Nadie lo sabe. Sólo se dice que se meció sobre las olas y llamó al pez, que se acercó compungido. Conminado por sus intentos malignos, maldecido por sus depredaciones y algaras, le cerró la trompa con un candado de oro. Después de empujarlo a bastonazos, lo confinó a vivir entre el escollo de Los Negritos y la isla de La Magdalena, obligándolo a cazar algas y cardúmenes para su engorde en el destierro.

El nombre de la fiera no está determinado. Lenguado o volador, rémora o tiburón, sierra o golondrina, hipocampo o atún, caballo o torpedo, esturión o lamprea, araña o gato, cualquiera que sea, está preso definitivamente. Por semejante labor, bueno es que el catorce de julio Buenaventura, la solitaria del Pacifico, tizne la boca de sus mujeres con coloretes encendidos, partan el aire las faldas chillonas, bailen los machos cabríos y el tren baje silbando en busca del horizonte de las ondas tibias y azulencas.


[1] Recordando a Rogerio Velásquez. El Guarengue, 4 de enero de 2021. En: https://miguarengue.blogspot.com/2021/01/recordando-rogeriovelasquez-rogerio.html

[2] Velásquez Murillo, Rogerio. LEYENDAS Y CUENTOS DE LA RAZA NEGRA. Leyendas del Alto y Bajo Chocó. Revista Colombiana de Folclor (1960), Volumen 2, Número 4, Segunda Época. Pp. 67-120. 

https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/2910698/

[3] Ídem. Ibidem. Pp. 80-82. 

Otras versiones sobre este acontecimiento pueden consultarse en: *Diócesis de Tumaco. Breve historia del Milagro Eucarístico. https://diocesisdetumaco.com.co/breve-historia-del-milagro-eucaristico/  *Milagro Eucarístico de Tumaco, Colombia, 1906. Edizioni San Clemente, 2006. https://www.therealpresence.org/eucharst/mir/spanish_pdf/Tumaco-spanish.pdf

[4] Ídem. Ibidem. Pp. 82-84