Teresita:
audacia y talento.
Remembranza
de Teresa Martínez de Varela
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| *Teresa Martínez de Varela (1964). Portada de dos de sus obras más representativas. FOTOS: X-@gruponiche. Universidad CES. Archivo El Guarengue. |
Teresita escribe y declama brindis y versos de cumpleaños; poesías románticas, religiosas, patrióticas, épicas e históricas, en versos ajustados a las más convencionales rimas y a los más canónicos ritmos, a los temas recurrentes y a las preceptivas clásicas de sonetos, endechas y similares; escribe y publica una novela de amor romántico con personajes paisas, que transcurre durante la segunda guerra mundial; redacta y envía cartas y memoriales a parlamentarios y gobernantes sobre temas sociales y culturales del Chocó; se integra al Comité de Acción Chocoana, que defiende la condición departamental de la región ante los embates de sus malos vecinos; compone acrósticos para la hija de Ospina Pérez y para la de Rojas Pinilla, y a este le dedica poemas y discursos en los que alaba su decisión de no llevar a cabo la desmembración del Chocó, como lo habían convencido de hacerlo, en 1954, los empresarios y políticos antioqueños, caldenses y vallunos; redacta, declama y dedica poemas a sus amigas cercanas y a monjas de La Presentación; escribe exaltaciones poéticas a las reinas departamentales y nacionales de belleza y a líderes y prohombres de la política regional; dedica sus versos a las ciudades por donde pasa, incluyendo solidaridades francas como la que alienta su poema “A Condoto, en su hora crucial histórica”, en apoyo a la valiente lucha de esta población, en 1974, contra la depredación de la empresa minera estadounidense Chocó Pacífico; alaba a Dios en todas sus formas, a los santos, hierofanías y advocaciones sacras que guían su fe católica; convierte en poesía cada pensamiento filosófico, cada etapa de su vida (en tono confesional y autobiográfico), cada lección moral que considera útil divulgar, cada anécdota relevante que ha vivido; compone himnos a cuanto colegio o institución se lo piden… Es una máquina de escribir, con el teclado en el alma. «Teresita es, en mi concepto, la mujer más destacada del Chocó en el siglo XX en el campo de las artes literarias»,[2] afirma el escritor chocoano César E. Rivas Lara.
De este modo, y con su dedicado desempeño como maestra en escuelas rurales y en colegios urbanos, como el Intendencial de Istmina, la Normal de Varones y el Instituto Pedagógico de Quibdó, popularmente conocido como el IPÉ y como secretaria de Educación del Chocó; Teresa Martínez de Varela irrumpe en la escena pública y construye su lugar y hace oír su voz en una sociedad como la de entonces, en donde las cosas que ella hace están vedadas a las mujeres; máxime cuando se trata de una mujer separada, que lleva peinados cuidados y vistosos, que diseña y viste trajes coloridos, con encajes y escotes, volantes y mangas sisas, que luce maxifaldas en los actos solemnes y minifaldas en momentos casuales, que se maquilla y usa tacones; que baila con soltura en las fiestas sociales y danza con arte los aires del folclor; que produce y dirige obras de teatro y crea grupos folclóricos; que escribe y pronuncia todo tipo de discursos (patrióticos, religiosos, conmemorativos) en todo tipo de ocasiones; que pregunta aquí y averigua allá por cada tema que le interesa de la historia y la cultura regional…
Pero, también, Teresita ejerce el periodismo con un profesionalismo que ya quisieran para sí muchos de quienes con superficialidad y servilismo mienten a diario en medios impresos, digitales, radiales y televisivos. Así lo hace, por ejemplo, cuando es acreditada por el Comité de Acción Chocoana, como una de sus representantes en la Caravana de Periodistas al Chocó, que en enero de 1955 «recorrió el departamento para conocer a fondo la situación de sus territorios, las necesidades de su gente y el avance de la carretera Panamericana».[3] Organizada por el régimen militar como desagravio por las ofensas inferidas a la región chocoana, en septiembre de 1954, mediante el burdo intento de dar por terminada su condición departamental, alcanzada menos de una década atrás, y la repartición de su territorio entre sus agalludos vecinos; la Caravana «visitó las ciudades y poblados de Buenaventura, Pizarro, Utría, Bahía Solano, Nuquí, Juradó, Cupica, Andagoya, Istmina, Cértegui, Lloró, Quibdó, Domingodó, Arquía, Beté, Bella Vista, Puerto Martínez, Curbaradó, Domingodó, Riosucio, Acandí, Sapzurro y Puerto Obaldía, Unguía, Turbo, Cartagena y Jaqué, en Panamá»;[4] en «un viaje de veintiún días, a lo largo de 301 millas náuticas por territorios de océano, selva y río, con treinta y siete hombres y una sola mujer: Teresa Martínez de Varela. Era enero de 1955 y ella era la única periodista acreditada para hacer ese viaje. Una transgresora desde la marginalidad».[5] Una transgresora incluso en su vestuario: «Blue jeans, cachucha, lentes oscuros y camisa sport, así iba vestida Teresa en la Caravana. Llevaba un atuendo que no estaba de moda para las mujeres de su época; es que, de hecho, ella no estaba acorde con las mujeres de su época».[6]
En la Caravana de Periodistas al Chocó, Teresa Martínez de Varela despliega lo mejor de su capacidad de observación y etnografía. Y se revela como una narradora versátil, que documenta la realidad con lenguaje impecable y preciso, y nos transmite su esencia con poética voz, a través de las crónicas que crea y escribe mientras viaja. «En Caravana de periodistas por dentro, a través de dieciocho crónicas en una región a la que pocas veces voltea a mirar el ojo del país, Teresa nos relata su propia Odisea: se atraviesan el romance, cuando tiene una experiencia mágica en Utría; la incomodidad, cuando recibe la visita inesperada de su esposo en Domingodó; la violencia de la naturaleza, cuando sobreviven al ciclón en Jaqué; o la violencia de género, cuando es sometida a observaciones dudosas sobre su dignidad o a comportarse de cierta manera durante el viaje».[7]
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| Portada de la primera edición de Mi Cristo negro (1983). Teresa Martínez de Varela (1983). FOTOS: Cuenta Chocó y Museartes. |
Aunque, antes de ella, Miguel A. Caicedo (La palizada, 1952) y Rogerio Velásquez (Memorias del odio, 1953) habían escrito y publicado sus versiones sobre Manuel Saturio Valencia, registrado como el último condenado a muerte en Colombia, antes de la abolición jurídica de la pena capital; Teresa Martínez de Varela consigue algo inédito hasta entonces: elevar definitivamente a Saturio a la categoría de ícono y mártir social, regional y racial del Chocó, y posicionarlo como símbolo de las luchas étnicas, socioeconómicas, culturales, políticas y regionales que tendrán lugar en el siglo XX, con posterioridad al fusilamiento de Saturio (martes 7 de mayo de 1907), y que comienzan de lleno con la institucionalización de la región chocoana a partir de la creación de la Intendencia Nacional del Chocó, que al momento apenas comenzaba a organizarse y recién había comenzado a funcionar; y encuentran su culmen en el surgimiento paulatino y esplendoroso de una generación de profesionales afrochocoanos —mayoritariamente hombres, pero en la cual podemos contar a Teresita— que dio lustre a la vida intelectual y política de la región, y la posicionó en todos los ámbitos de la institucionalidad nacional.
Como se lee en el prólogo a la segunda edición de Mi Cristo negro, publicada en 2021 por el Ministerio de Cultura, como parte de la Biblioteca de Escritoras Colombianas, «Teresa Martínez de Varela escribió Mi Cristo negro con la esperanza de devolverle el honor a Manuel Saturio Valencia, el último fusilado en Colombia, y sacar su nombre del lodo. Sin embargo, su trabajo no es solo un acto de reparación, es sobre todo una empresa contra el olvido, que parece ser una de las enfermedades de todas las épocas».[8]
Nacida en Quibdó como Teresa de Jesús Martínez Arce, el 1° de julio de 1913; Teresa Martínez de Varela murió el 16 de junio de 1998. Aunque fue siempre una mujer de ideas conservadoras, un tanto moralista y dogmática en materia religiosa; su histórica decisión de responder a las múltiples vocaciones y cualidades artísticas de las que estaba dotada, en lugar de sumirse en su tragedia de esposa traicionada, entre las cuatro paredes de su hogar; hicieron posible que su voz de mujer emergiera copiosa y audaz, con talento suficiente para brillar con luz propia y esencia original, a través de una obra poética, narrativa, dramática y musical que tiene su sello, su acento y un lugar de mérito en el panorama del arte y la literatura del Chocó.
[1] Teresa Martínez de Varela. Sinopsis de una tormenta de amor. En: Cantos de amor y soledades. Obra poética. Compiladoras: Úrsula Mena Lozano, Aura Rosa Herrera Campillo. Bogotá, junio 2009. 440 pp. Pág. 224.
[2] Rivas Lara, César. Prefacio a: Mena Lozano, Úrsula, En honor a la verdad. Teresa Martínez de Varela (1913-1998). 2ª edición. Bogotá, D. C., octubre 2017. 200 pp. Pág. 12.
[3] Teresa Martínez de Varela. Medellín, Universidad CES. Editorial CES, 2023. Caravana de periodistas por dentro. Odisea de los Cuna Cunas del Darién. Editorial CES, Colección Raíces 05. ISBN: 978-958-5101-97-5. 184 páginas. Pág. 14.
[4] Ídem. Ibidem.
[5] Ídem. Ibidem.
[6] Ídem.
Pág. 17.
[7] Teresa Martínez de Varela. Medellín, Universidad CES. Editorial CES, 2023. Obra citada. Nota Editorial, pág. 9.
[8] Teresa
Martínez de Varela. Mi Cristo negro. Biblioteca de Escritoras Colombianas,
2021. 658 pp. Prólogo a esta edición. Pág. 23.

