Arcenio
Chamapuro,
el
comunicador innato de los indígenas del Chocó
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| *Arcenio Chamapuro González (1957-2026). FOTOS: cortesía. |
Finalizaban los años 80. Los 90 apremiaban. Nacida en 1979, la histórica OREWA (Organización Regional Embera Wounaan) había conseguido en menos de una década la proeza de legalizar como resguardos casi la mitad de los territorios tradicionales indígenas del Chocó. Se aprestaba, en asocio con las también históricas ACIA (Asociación Campesina Integral del Atrato) y ACADESAN (Asociación Campesina del San Juan) y con el apoyo irrestricto de la Diócesis de Quibdó y su Centro de Pastoral Indigenista, CPI, a armar un histórico alboroto en torno a los 500 años de colonización de América, con dos vertientes principales: un trabajo interétnico en apoyo a la defensa de los derechos territoriales y culturales de las comunidades negras, que desembocaría en un artículo transitorio de la nueva Constitución Política de Colombia, que ordenaba la expedición de una norma en ese sentido, que sería la Ley 70 de 1993 o Ley de comunidades negras; y una campaña sistemática de información sobre el alcance de lo ocurrido cinco siglos atrás, en un intento de desmontar el infundio de llamar descubrimiento a una invasión, a un genocidio, al exterminio cultural, a la esclavización y al saqueo, productos de la insaciable codicia europea por los metales preciosos de estas tierras… "Que nuestro silencio se convierta en un solo grito: Unidad, Tierra, Cultura y Autonomía", era la consigna que los indígenas del Chocó voceaban con el alma en sus reuniones formativas y en sus marchas callejeras de protesta.
Arcenio Chamapuro había llegado a Quibdó, a la sede de la OREWA, delegado por sus propias comunidades en el Bajo San Juan, para que las representara y, en su nombre, se integrara a los programas que la organización lideraba en beneficio de la gente indígena del Chocó. Fue por eso por lo que se integró a los procesos educativos de la Escuela de Formación de Líderes Indígenas del Chocó; tal como lo recuerda Alberto Áchito Lubiaza, uno de los fundadores y líderes históricos de esta emblemática organización étnica, que fue pionera y precursora de la defensa de los derechos de quienes hasta que la OREWA surgió no eran más que cholos. “…Él estuvo acá, contribuyendo en toda la andanza del proceso organizativo. Era muy allegado a todos nosotros y lo teníamos como un amigo y como un hermano y un compañero. Participó en las capacitaciones que se hacían en los diferentes programas de la OREWA, como Educación, Salud, Producción, hasta que llegó el momento en que él asumiera el trabajo de comunicación; y así se fue formando en la parte de comunicación…”.[2]
Dionicio Cabrera, Mariela Lana, Harold Ismare, Dalila Peña y Arcenio Chamapuro fueron algunos de los jóvenes que conformaron un grupo inicial de comunicadores indígenas que la OREWA y el CPI nos encargaron para que les brindáramos herramientas conceptuales y prácticas que los habilitaran para la tarea fundamental de comunicarle a su propia gente lo que su organización decía y hacía; y generar contenidos que contribuyeran a posicionar, en los ámbitos institucionales y sociales del Chocó, la validez y justicia de su proceso organizativo y de reivindicación de derechos. Desde el recientemente creado Departamento de Comunicación Social de la Diócesis de Quibdó, y con el apoyo adicional de Olga Edith Quiroga Parra, Comunicadora Social contratada por la propia OREWA, le pusimos manos a la obra. “Se vio que necesitábamos tener unos jóvenes formados en comunicación. En esa época, nosotros teníamos un programa radial en Ecos del Atrato, que se transmitía los días sábados… Contratamos un profesional en Comunicación y Arcenio entró a hacer parte de un equipo de jóvenes, con dos jóvenes más, para hacer la divulgación de todos los problemas de las comunidades y la situación de derechos humanos que se estaban viviendo…”.[3]
El Centro de Pastoral Indigenista, CPI, había sido fundado por los Misioneros Claretianos como un escenario institucional de renovación y adaptación, a los nuevos tiempos y a las nuevas formas de pastoral y evangelización, del trabajo que desde 1909 ellos mismos habían adelantado con los indígenas del Chocó; un trabajo que había incluido la creación de internados cuya misión era lograr que los indígenas dejaran de ser lo que eran para convertirse en lo que misioneros y Estado mandaban que fueran. Tenía, pues, todo el sentido que Arcenio Chamapuro estuviera ahí y que, ad portas de la memoria dolorosa y triste de los 500 años, formara parte de aquel equipo.
Arcenio Chamapuro era hijo del pueblo Wounaan, un pueblo que, como le gustaba contarlo a él en sus relatos de aprendiz de tradiciones, había nacido en una playa del Baudó en donde las mares del Pacífico infinito acogían los raudales de aquellos ríos torrentosos que en caída libre bajaban de la misteriosa serranía y hermanaban su salitre con la dulzura prehistórica de aquellas aguas, de aquella selva, de aquellos montes. Allí, en aquel interfluvio histórico, los Wounaan habían llegado a la vida para formar comunidad con Ewandam, de cuya disputa con las fuerzas del mal habían nacido las palmas de chontaduro y de wérregue, y las aguas del mar habían sido saladas para siempre.
Ante la noticia de su fallecimiento, Francisco Palacios, de Radio Nacional de Colombia, en Quibdó, lo recordó de la siguiente manera: “Nos duele, me congoja en lo personal, porque lo conocí, porque alcancé y sé que también me llegó a considerar como un amigo; porque pudimos hablar de muchas situaciones y sobre todo porque era un hombre muy preocupado por el tema social, no solamente de las poblaciones pertenecientes al pueblo Wounaan, sino también del departamento del Chocó en general… Un hombre con una visión de unidad, un hombre que entendía que no éramos indígenas, negros y mestizos, sino que somos un pueblo y que como pueblo deberíamos respetarnos, entendernos; y parte de eso fueron sus ejercicios en sus últimos años de dar a conocer a través de redes sociales o a través de videos institucionales, todo lo que tiene que ver con la cosmovisión del pueblo Wounaan; sobre todo, su historia, que ha sido muy invisibilizada en nuestro territorio…”.[4]
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| Notas públicas de condolencia por la muerte de Arcenio Chamapuro. |
Hasta el final de su vida, además de desempeñarse como comunicador de los procesos de su pueblo e incluso en la radio comercial y en la oficina de prensa oficial de la Alcaldía Municipal del Litoral del San Juan, Arsenio cantó vallenatos; y aunque no se convirtió en cantante de oficio, como llegamos a pensar que lo haría a principios de la década de 1990, sí se convirtió en promotor y mánager de conjuntos vallenatos conformados por indígenas. “Además de ser líder comunicacional, además de ser gestor cultural, además de ser promotor musical, Arcenio también sirvió como gestor de puentes institucionales, y de esa manera también permitió ayudar a visibilizar de mejor forma al pueblo Wounaan”, recuerda Francisco Palacios, quien también rememora el papel de Arcenio como enlace de su gente con los medios: “Cuando ingreso a Radio Nacional de Colombia, para el año 2018, principios de 2019; Arcenio, además de realizar sus procesos habituales de comunicación sobre lo que ocurría en su territorio, lo que podríamos llamar el periodismo del día a día, empezó un proceso de visibilizar las condiciones culturales y sobre todo las bondades culturales propias del pueblo Wounaan, en municipios como El Litoral del San Juan y municipios del Baudó, en el departamento del Chocó. En ese proceso, Arcenio fungió como promotor e incluso mánager de algunas agrupaciones vallenatas, como Los Hijos del Vallenato y Los Patrones del Vallenato. Gracias a ese puente de Arcenio con la Radio Nacional, a nivel regional y también en el orden institucional nacional, pudimos dar a conocer algunas de las canciones y de los éxitos de estas dos agrupaciones, pero al mismo tiempo acercarnos a comunidades del pueblo Wounaan, a través de la Asociación Woundeko”.[6]
Arcenio Chamapuro era un Wounaan de origen y raíz, que desde joven se empeñó a profundidad en la difusión de los procesos organizativos y las luchas de los pueblos indígenas del Chocó y de otras regiones a las que apoyó con su trabajo. Era un comunicador innato, con gran capacidad de expresar fluidamente en su lengua materna, al igual que en español como segunda lengua, explicaciones claras sobre complejos procesos ambientales, históricos y culturales de su gente; sin rebusques innecesarios y yendo al quid de cada asunto, pues, desde sus comienzos en el aprendizaje y ejercicio de la comunicación, había entendido que las piezas informativas, como relatos periodísticos que son, pierden más de lo que ganan cuando a sus autores se les va la mano en florituras y perendengues que los acercan a la vacuidad de la retórica y los alejan de la elocuencia de la narrativa.
[1] Alcira
Larrota, compañera de trabajo de Arcenio Chamapuro en el Centro de Pastoral
Indígena, CPI, de Quibdó. Testimonio vía WhatsApp, 10 de marzo de 2026.
[2] Alberto Áchito Lubiaza, fundador y dirigente de la OREWA. Testimonio vía WhatsApp, 10 de marzo de 2026.
[3]
Ibidem.
[4] Francisco Palacios, Radio Nacional de Colombia - Quibdó. Testimonio vía WhatsApp, 10 de marzo de 2026.
[5] Woundeko, Organización del Pueblo Wounaan de Colombia. 10 de marzo de 2026.
[6] Francisco Palacios, Radio Nacional de Colombia
- Quibdó. Testimonio vía WhatsApp, 10 de marzo de 2026.
N.B. Se optó por escribir Arcenio, en vez de Arsenio, debido a que esa fue la grafía utilizada en todos los textos escritos que fue posible consultar.















