Terremoto cultural (2ª Parte)
—Literatura y reconstrucción—
 |
| Los escritores y las escritoras del Chocó no pueden seguir siendo más mentados que leídos. La creación de una Biblioteca de la Chocoanidad debe ser parte sustancial de la recuperación del patrimonio material e inmaterial de la región. Collage: JCUH/Archivo El Guarengue. |
Los terremotos también resquebrajan, agrietan y fragmentan el alma de
los pueblos: su cultura, su ser común y su identidad compartida, que son fuente
primigenia de las maneras como cada pueblo y cada sociedad comprenden el mundo,
lo relatan y lo recrean para narrarse a sí mismos, para registrar su historia,
documentarla, y garantizar así que cada generación —a lo largo del tiempo, tanto
el de los calendarios como el de los ciclos de la propia historia— sea portadora,
transmisora y cesionaria del acervo plural y diverso constitutivo de dicha tradición,
de sus relatos y sus cotidianidades, sus redes de parentesco y vecindad, sus
hierofanías, sus solemnidades y conmemoraciones, sus rituales y devociones, sus
celebraciones, coreografías y fiestas, sus mitos, sus cuentos y sus cantos, sus
sabores y sus cocinas, sus ocios y holganzas, sus sistemas ancestrales de producción… Y por ello, este conjunto
trascendente del orden cultural debe también tener un lugar en los procesos de
reconstrucción —simbólica y material— que suceden a las tragedias y desastres como los que acontecieron a raíz del terremoto del lunes 10 de agosto de 2026, a las
7:34 de la mañana.
Don Rogerio
«¿Hay instrucción en nuestro pueblo?», pregunta con su agudeza característica
y su talante visionario, en un artículo publicado en el periódico ABC, de
Quibdó, el 21 de diciembre de 1929, el escritor e intelectual chocoano Rogerio
Velásquez Murillo (Sipí, 1908-Quibdó, 1965), uno de los más grandes
intelectuales de la chocoanidad, pionero y precursor en diversos campos del desarrollo
de las ciencias sociales y humanas en Colombia, como la etnohistoria y la
antropología de comunidades negras del Chocó y del Pacífico colombiano, cuyo
universo cultural él documentó con tino, riqueza y versatilidad etnográfica y
literaria. Y expresa sin rodeos: «La poca introducción de libros en el
territorio chocoano es la causa de la ignorancia que impera en nuestro pueblo.
La muchedumbre no lee, no investiga, porque no tiene en dónde […] Los gobiernos
seccionales no se han preocupado. Han enseñado con su silencio al pueblo que el
libro no se necesita. Han tenido a las masas en la noche de su propia
estulticia, sin preocuparse en darles la luz de la civilización».

Noventa y siete años después de aquella glosa histórica de Don Rogerio,
en el departamento del Chocó hay un total de 38 bibliotecas, vinculadas a la
Red Nacional de Bibliotecas Públicas de Colombia (RNBP): 33 municipales, 4 de resguardos
indígenas y 1 de carácter departamental, la Biblioteca Arnoldo Palacios, que
desde su apertura en diciembre de 2017 se convirtió en uno de los escenarios
culturales de mayor importancia en Quibdó y de gran influencia en el Chocó.
Catorce de estas bibliotecas, incluyendo la departamental, sufrieron daños de
consideración por el terremoto del 10 de agosto de 2026. Hoy se encuentran
cerradas, a la espera de su evaluación estructural definitiva y de las
correspondientes reparaciones, restauraciones y reconstrucciones.
Licona
Publicado en 1980, “El Chocó por dentro” es una especie de compendio del
pensamiento de quien indudablemente es uno de los más memorables escritores del
siglo XX en el Chocó: Carlos Arturo Caicedo Licona (Quibdó, 1945-1923), sobre
el desarrollo del territorio y de la gente negra de la que entonces él llamó la
Nación Afrochocoana y reivindicó como una nación dentro del Estado colombiano.
En el texto introductorio a su aleccionador libro, el propio Licona expresó
bellamente un sueño de pensador, dirigente y escritor: «Este escrito no va para los eruditos; va para los de nuestra condición. Puede ser leído en cualquiera de nuestros ranchos y guardado detrás de la lamparita que ilumina el chisporroteo quejoso ofrendado a los dioses para que detengan los martillazos lacerantes en nuestros estómagos vacíos».
Don Rogerio y Licona
La clamorosa reivindicación de Don Rogerio en 1929, sobre la apremiante
necesidad de que el pueblo chocoano tuviera acceso expedito a libros, ha
encontrado respuesta entre la última década del siglo XX y el cuarto de siglo
que ya hemos recorrido del XXI, lapso en el cual el número y la cobertura
geográfica de las bibliotecas públicas municipales se incrementó sustancialmente;
de modo que en la actualidad hay por lo menos una biblioteca en cada municipio
del departamento, además de la biblioteca departamental y de la biblioteca del
Banco de la República en Quibdó, próxima a cumplir 40 años, cuya apertura llenó
literalmente un vacío de muchos años y poco a poco, junto al auditorio de
eventos, se convirtió en motor del área cultural del banco, que hoy —para bien
del pueblo chocoano— ha devenido en Agencia Cultural, con una rica y variada
oferta de saberes, tradiciones, artes y conocimientos de la ciudad y la región,
del país y el mundo.
Lo que sí no ha encontrado respuesta es el sueño de Carlos Arturo
Caicedo Licona acerca de que “El Chocó por dentro” formara parte de la
cotidianidad de los ranchos ribereños de la manigua chocoana. Aunque contamos
con bibliotecas públicas que ponen al alcance de la población importantes y
valiosas colecciones de libros, estas incluyen una cantidad bastante limitada
de títulos y libros de autores chocoanos. Y no porque no quieran incluirlos, sino porque los
ejemplares existentes de dichos títulos y libros son tan pero tan escasos que
solamente se encuentran dispersos en bibliotecas y colecciones personales y particulares;
con excepción, claro está, de títulos incluidos en colecciones como la Biblioteca
del Darién (Colcultura, 1994), la Biblioteca de Literatura Afrocolombiana
(2008-2010) y la Biblioteca de Escritoras Colombianas (2022), ambas del
Ministerio de Cultura.
En estas circunstancias, hemos llegado a un punto en el que, aunque se pregona un justo orgullo regional por la producción intelectual, literaria, poética, de una serie de autores y autoras del Chocó, casi nadie realmente ha leído sus obras, debido precisamente a la escasez o inexistencia de las publicaciones, entre otros factores; de manera que en la práctica son bastante mencionados, pero muy poco leídos.
Deber cultural, urgencia patrimonial
 |
| Foto: Julio César U. H. |
Es, pues, una urgencia patrimonial, una tarea perentoria e ineludible,
rescatar del olvido y salvar de su inminente desaparición una buena cantidad de
obras literarias de autores chocoanos que, escritas a mano o en máquinas de
escribir manuales o automáticas, en originales corregidos también a mano, se
vertieron directamente a las galeras o al offset de las imprentas; de modo que
sus manuscritos desaparecieron y los textos se conservan exclusivamente en
ediciones impresas que son literalmente únicas, ya que son libros que nunca fueron
reeditados y de los cuales no existen versiones digitales. Aquellos libros
impresos por esa única vez fueron desapareciendo de los anaqueles de las
oficinas institucionales de Quibdó y el resto del Chocó, de las bibliotecas de
los colegios, de las pequeñas colecciones particulares de maestros y
profesionales; hasta llegar al punto en el que nos encontramos hoy, cuando de
la mayoría de esos libros quedan tan pocos ejemplares que uno celebra cuando
halla uno y lo preserva mediante el recurso espurio de una fotocopia.
Es posible, incluso, que de algunos títulos publicados no queden
ejemplares o, por lo menos, no sepamos dónde podría encontrarse alguno. Las
inclemencias del tiempo, del clima, del entorno, de la falta de curaduría, han
puesto también su cuota de devastación en esta especie de desastre cultural,
literario, bibliográfico y patrimonial del Chocó, ignorado sistemáticamente por
las instituciones y autoridades locales, regionales y nacionales; y por las
entidades culturales y de cooperación internacional, que han excluido de sus
intereses y presupuestos a la literatura chocoana, pues privilegian el
patrocinio de otras manifestaciones artísticas en las que prácticamente han encasillado
en los últimos años al arte y a la cultura de la región.
Biblioteca de la Chocoanidad
Por lo menos un centenar de títulos, de una treintena de autores y
autoras del Chocó, serían la base para la constitución y puesta en marcha de un
fondo o colección editorial de autores chocoanos: una Biblioteca de la
Chocoanidad, a través de la cual se reediten y rescaten, se resguarden y
preserven, obras hoy desperdigadas, poco conocidas e ignotas, de tantos autores
de la región que siguen siendo más mentados que leídos; y cuya identificación y
listado, ad hoc y ad honorem, hemos adelantado desde hace una década y hemos difundido y
promocionado reiterativamente en diversos escenarios culturales y a través de El
Guarengue-Relatos del Chocó profundo; y lo vamos a seguir haciendo como un
deber grande de patria chica y un imperativo patrimonial de la chocoanidad.
A través de una Biblioteca de la Chocoanidad, las nuevas generaciones del
Chocó —a las que tantas veces sus maestros y adultos responsables reconvienen por
el desconocimiento de la tradición y de la historia de la región— podrán
disponer de fuentes literarias y documentales en donde nutrir su intelecto, su
gusto y su alma en relación con dicha tradición y podrán acceder a la
multiplicidad de perspectivas y voces de un conjunto representativo de autores y
autoras, cuyas obras serían reeditadas y reimpresas en una colección de
excelencia editorial; con una presentación, unos formatos y una identidad gráfica
bien logrados, memorables, a la altura de la importancia histórica y cultural de los textos;
en ediciones dignas y asequibles... Todo ello bajo una curaduría rigurosa, seria,
alejada de intereses individuales y de lucros particulares, comprometida con
las letras y el talento de la región.
 |
| Collage: JCUH / El Guarengue |
Rogerio Velásquez, Miguel A. Caicedo, Carlos Arturo Caicedo Licona,
Arnoldo Palacios, Carlos Arturo Truque, César E. Rivas Lara, Hugo Salazar
Valdés, Néstor Emilio Mosquera Perea, Isnel Alecio Mosquera Rentería, Gonzalo
M. de la Torre Guerrero, Marco Realpe Borja, Juan B. Velasco Mosquera,
Carlos Calderón Mosquera, Sergio Antonio Mosquera Mosquera, Ramón Lozano Garcés, Diego Luis Córdoba, Ramón Mosquera Rivas, Adán Arriaga Andrade, Daniel
Valois Arce, Esteban Caicedo Córdoba, Manuel Lozano Peña, Pedro Adán Caicedo Licona, María Dualiby
Maluf, Teresa Martínez de Varela, Eyda María Caicedo Osorio, Emilia Caicedo
Osorio, Laura Victoria Valencia Rentería, Luz Colombia Zarkanchenko de
González, Amalialú Posso Figueroa, Ana Gilma Ayala, Reinaldo Valencia Lozano, César Conto
Ferrer, Ricardo Carrasquilla, junto a otros autores no chocoanos de nacimiento,
pero que pasaron gran parte de su vida en el Chocó y han documentado en sus obras
realidades significativas y percepciones sobre la gente y el territorio
chocoano, como el historiador Luis Fernando González, que desde hace cuarenta años viene investigando y difundiendo hitos, acontecimientos y procesos históricos del Chocó de los que poco sabíamos; y los misioneros claretianos Alcides Fernández, con sus alas sobre
la selva del Darién; Constancio Pinto, con su diccionario español-katío-español; Héctor Castrillón con su Chocó indio; y Javier Pulgarín, con su bella poesía, tan universal como atrateña; son algunos de
los integrantes del elenco que podría servir como base para poner en marcha una Biblioteca de la Chocoanidad.
Los escritores y las escritoras del Chocó no pueden seguir siendo más
mentados que leídos. La creación de una Biblioteca de la Chocoanidad, con el auspicio económico y el apoyo técnico de las instituciones públicas del
sector cultural, las autoridades regionales y la cooperación internacional; debe
ser parte sustancial de la recuperación, restauración y reconstrucción de los
bienes culturales y del patrimonio material e inmaterial de la región, en el
marco de la dinamización de sus procesos de desarrollo. El pueblo chocoano
tiene pleno derecho a acceder de modo expedito y cualificado a la tradición
literaria de su tierra, a las historias y los relatos de sus autores y autoras,
de sus narradores, narradoras y poetas.
Igualmente, la gestión cultural regional demanda procesos continuos, consistentes, colectivos
y comunitarios de lectura y escritura, oralitura e historia local, a partir de
la consolidación de una red regional de bibliotecas públicas, que en conjunto
con las instituciones educativas locales y grupos culturales, promuevan espacios de encuentro y
gestión comunitaria del patrimonio cultural. Estos y otros temas relacionados,
como el mejoramiento, revalorización y resignificación de espacios
públicos, conjuntos históricos y monumentales, bienes de interés cultural
reconocidos o no; así como la documentación y preservación de manifestaciones del acervo musical
y coreográfico regional, forman parte de próximas entregas de El Guarengue en
esta serie sobre el terremoto cultural en el Chocó.
 |
| Quibdó. Foto: Julio César U. H. |
«Entiendo yo que hay que instruir a las masas. Hay que enseñarlas. Hay
que hacerlas comprender que el libro es el nuevo Sinaí de la sabiduría. Hay que
decirle al obrerismo que el libro es conductor de pueblos, develador de
revoluciones, piedra, faro, luz. Hay que enseñar que debe ser militante del
ideal escrito, para que de esa manera labre su victoria en justicia y libertad,
luchando hasta coronar la meta, convencido evidentemente de que será fuerte y
potente, espíritu y no carne, antorcha y no tea, hombre y no cosa, en el no
lejano futurismo social […] Educar al pueblo es hacer patria. Pues hagámosla.
Colmémoslo de ilustración hasta donde sea posible, por medio de bibliotecas, de
conferencias, etc., etc., que esa semilla en el surco del pueblo germinará
maravillosamente»;
escribió el gran Rogerio Velásquez Murillo. Salvo las hipérboles propias de percepciones
y teorías en boga hace un siglo, a Don Rogerio no le cabía más razón. Y más copiosos serán los frutos de la ilustración si leer incluye a quienes relatan el ser y el alma de la región. ©