Memoria de Virgilio Bueno Rubio
Dos
terceras partes de su vida las dedicó Virgilio Bueno Rubio a la educación en el
Chocó desde una perspectiva popular, étnica e intercultural, en todos los
ámbitos a los cuales estuvo vinculado: instituciones eclesiales y
universitarias, escuelas y colegios, organizaciones indígenas y afrochocoanas,
y entidades nacionales e internacionales de cooperación. Con el paso de los
años, sin dejar de lado sus reflexiones teológicas, pedagógicas y sociales, su
trabajo en derechos humanos, ni sus inquietudes artísticas, que incluían un
talento notable para las artes gráficas, el diseño, la ilustración, la
diagramación y la adaptación pedagógica de publicaciones a contextos y sujetos
determinados; Virgilio se decantó por la etnoeducación o educación propia, área
de su conocimiento en la cual aportó en diversos escenarios comunitarios e
institucionales, a través de apoyo pedagógico y asesoría profesional.
Nacido
en Quibdó, el 24 de noviembre de 1959, Virgilio Bueno Rubio «falleció en la
madrugada del 15 de abril de 2026, en el barrio San Judas Tadeo, en la casa
donde vivía con su hija menor (Luz de Luna), la cual fue su cuidadora principal
durante su enfermedad; en la casa también vivía con su última pareja
sentimental, Gladys Córdoba Mosquera (madre de su última hija) y su hijastra
(Mileidy Mena Córdoba, hija de Gladys) a la cual educó desde pequeña como su
propia hija».
Lamentaciones
Su
deceso, dado a conocer ampliamente a través de redes sociales, suscitó gran
cantidad de mensajes de reconocimiento a su vida. «Su paso por este mundo
estuvo marcado por la entrega, la vocación y un compromiso genuino con la
formación de otros. Su dedicación en impartir conocimiento como docente fue
profundamente gratificante y ampliamente reconocida por quienes tuvieron el
privilegio de ser sus estudiantes y colegas. Fue un profesional íntegro y un
educador ejemplar. Más allá de su ejercicio profesional, fue un gran amigo:
cercano, solidario y siempre dispuesto a brindar una palabra oportuna y un
gesto sincero», escribió la Corporación Chocó Joven.
Yuli
María Londoño lo recordó en sus épocas de estudiante de bachillerato: «Virgilio,
en tu caminar hiciste gala y honor a tu apellido; te recuerdo como un joven
serio, estudioso, silencioso y muy respetuoso en tu paso por el glorioso
Armando Luna Roa». Jesús Elías Córdoba Valencia escribió: «Su condición humana
hacía honor y superaba a su apellido. Descanse en paz, apreciado Virgilio Bueno,
excelente ser humano, gran profesional». Carmen Arroyo lo recordó como colega:
«Descansa en paz, Virgilio Bueno Rubio, mi compañero de trabajo en la IE
Carrasquilla Industrial». Ana del Carmen Sánchez Hernández lo recordó como su
acompañante académico: «Dios lo acoja en su reino, mi compañero de Maestría,
gran ser humano». Consuelo Delgado Aguilar escribió: «¡Ay, qué pesar ese
profesor como era de decente! Dios lo lleve a gozar del reino. Siempre lo
recordaré como una persona muy callada y educada». Yariba Arriaga anotó: «Fortaleza
para la familia. Grandes enseñanzas nos dejaste, profe. Paz en su tumba».
Las numerosas lamentaciones que generó la noticia de la muerte
de Virgilio trajeron a la memoria una anécdota sobre el juego de palabras con
sus apellidos. El entonces Obispo de Quibdó, Monseñor Jorge Iván Castaño Rubio,
bromista como era, solía decir que con él las cosas no pasaban de castaño a
oscuro, sino de castaño a rubio; y que ojalá Virgilio fuera realmente bueno,
pues de rubio —igual que él— no tenía más que el apellido… Bromas aparte, el
obispo Jorge Iván valoraba la inteligencia de Virgilio y su creatividad para el
diseño, en los trabajos que por aquel entonces (década de 1990) hacía Virgilio en
Gráficas La Aurora, la imprenta del Vicariato y posterior Diócesis de Quibdó.

Todas
estas expresiones, presentes y pasadas, valorando la vida y el trabajo de
Virgilio Bueno Rubio, hicieron más notorio y evidente el hecho, inexplicable,
de que la Diócesis de Quibdó y la Universidad Claretiana (Uniclaretiana), a las
que Virgilio dedicó años de su vida, no hubieran publicado en sus medios
institucionales ni la más mínima condolencia pública sobre su muerte. Menos mal
que, como bien lo anota su hija Luz de Luna Bueno Córdoba, «Virgilio siempre
fue una persona desinteresada y sencilla, que hacía su trabajo por vocación y
por compromiso con las comunidades y por sus ideales de justicia social, y no
buscaba gloria, honores o reconocimientos, aunque social y académicamente los
mereciera todos».
Docente
Virgilio
conoció los intríngulis de la educación pública desde su infancia, ya que estudió
su primaria en el antiguo Barrio Escolar de Quibdó, en la Escuela Camilo
Torres, y su bachillerato en el colegio Armando Luna Roa. Años después, ejercería
con reconocida solvencia como docente de cuanta asignatura le tocó, en el Instituto
Femenino Integrado, los colegios Carrasquilla, Claret y Pedro Grau, de Quibdó;
y en los colegios Antonio Abad Hinestroza, de Yuto, y Matías Trespalacios, de
Cértegui; en ninguno de los cuales consiguió encontrar el eco que buscaba para
sus inquietudes pedagógicas y curriculares, aunque sí logró dejar su huella
como buen docente. Al respecto, su hija Luz de Luna Bueno Córdoba anota: «Virgilio
era un hombre multifacético, que se desempeñó como maestro en distintos niveles
de formación, impartiendo asignaturas como educación artística, informática,
educación religiosa, matemáticas, competencias comunicativas, actividades de
investigación científica e incluso artes marciales (Taekwondo), y en cada grupo
que tuvo a su cargo dejó una huella, marcó a sus estudiantes por su manera tan
dinámica, calmada, compasiva y sencilla de enseñar».
Evangelizador
y artista
Durante
por lo menos dos décadas, Virgilio estuvo también vinculado directamente a los
trabajos pastorales del Vicariato y posterior Diócesis de Quibdó. Trabajó en
Pastoral Juvenil; y en Pastoral Urbana, como animador de las llamadas CEB,
Comunidades Eclesiales de Base; en muchas ocasiones simultáneamente con su
labor como docente, de la cual derivaba los ingresos para subsistir y sostener
a su familia. Hasta que la reorganización del Vicariato hecha por el Obispo
Jorge Iván Castaño Rubio, a partir de 1983, y la estructura pastoral de la
Diócesis, categoría a la cual fue elevado el Vicariato en 1990, hicieron
posible que el trabajo pastoral de Virgilio, como el de todos los
evangelizadores populares de aquel entonces, fuera reconocido dignamente a
través de un contrato y un salario ajustados a la ley. Una labor en la que
mucho tuvo que ver quien administraba la Pastoral Social del Vicariato y la
Diócesis, el entonces misionero claretiano Jaime Salazar, quien también promovió
la potenciación del trabajo creativo de Virgilio en la imprenta Gráficas La
Aurora.
Virgilio
fue uno de los más aventajados agentes de pastoral de Quibdó en cuanto a la
comprensión y puesta en marcha del Plan de Pastoral del Vicariato y de la
Diócesis, promulgado en el episcopado de Monseñor Castaño Rubio; plan en el
cual se proclamó que todo el trabajo debería girar en torno a la opción
fundamental por la vida en todas sus expresiones, preferencialmente en el
trabajo con los pobres y oprimidos, mediante una evangelización liberadora que
contribuyera a su organización en las CEB y en las formas organizativas
sociales y étnicas, en defensa de la identidad cultural y del territorio y los
recursos naturales, como sustentos de la vida.
De
allí que no sorprendiera su posterior vinculación al Centro Bíblico Camino,
de los Misioneros Claretianos, el cual era dirigido por el biblista Gonzalo María de la Torre Guerrero y fue semilla
de la Universidad Claretiana. Allí, como lo narra Justy Sánchez
Caballero, quien lo vivió directamente y fue testiga de su papel, a mediados de
la década de los 90, Virgilio se convirtió en alma artística de otro proyecto
teológicamente revolucionario del Maestro Gonzalo: la Muestra Bíblica, que
entre decisiones acertadas, burocracias académicas y más de una indulgencia
ganada con padrenuestros ajenos, terminó trasladada a Medellín hace unos años y
convertida en el Museo Bíblico Claretiano.
En
un texto escrito especialmente para este homenaje de El Guarengue a Virgilio
Bueno Rubio, Justy Sánchez relata:
«Fue en este entonces cuando Virgilio apareció
mostrando su potencial artístico. Cuando Gonzalo propuso hacer algunas maquetas
más significativas de la Biblia, como el Templo de Jerusalén, la Torre de
Babel, la casa de Belén, entre muchas con las que se quería mostrar con más
claridad el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, para que así fuera más
pedagógica o comprensible su lectura para las personas que se fueron inscribiendo
al estudio en el reciente “Centro Camino”.
Virgilio, como creativo, para Gonzalo de la Torre,
nuestro Maestro, fue la persona indicada que se dispuso para la construcción de
las maquetas, que dan testimonio de su paso en la Muestra Bíblica, hoy Museo
Bíblico Claretiano en Medellín (en la Web, MUBIC: https://museobiblico.uniclaretiana.edu.co/mubic/). Virgilio se
convirtió en profesor, igual que todas las personas que intervinimos en la
construcción de las maquetas, ya que nos tocaba estudiar duro cada una de las
maquetas que iba sugiriendo el estudio contextualizado de la Biblia. El estudio
fue muy exigente y con mucho detalle para luego enseñarle a los potenciales
alumnos.
Con la “Muestra Bíblica” y Virgilio como creativo, sin
que fuera este el objetivo, nació la Fundación Universitaria Claretiana
(Uniclaretiana), a la que Virgilio dedicó mucho tiempo como profesor, y donde demostró sus grandes valores de compañero, amigo y evangelizador, desde la Academia. ¡Gracias, Virgilio, por todas tus enseñanzas!».
El
talento artístico de Virgilio Bueno Rubio sería también definitivo para la
materialización de una idea original del pintor Gustavo López, entonces
presbítero de la Diócesis de Quibdó, de una puesta en escena sobre el saqueo
sistemático del Chocó durante los 500 años que de la colonización europea se cumplieron
en 1992. Bajo la dirección de Gustavo y con el talento escultórico de Virgilio
y su ingenio para la preparación adecuada de materiales, se construyó una carroza
de protesta de las que en las Fiestas de San Pacho en Quibdó son llamadas
disfraces. En el desfile que cada año congrega las carrozas o disfraces de
todos los denominados barrios franciscanos de Quibdó, el 3 de octubre de 1992,
la carroza fue situada al final del recorrido y acompañada por un nutrido grupo
de líderes indígenas y afrochocoanos, así como por personal del equipo de la
Diócesis. Finalizado el desfile, al lado de una pequeña glorieta, al frente del
edificio de la Gobernación del Chocó, donde reposaba el monumento original en
honor al patricio liberal Benjamín Herrera, la carroza con la alegoría de
protesta por los cinco siglos de ignominia transcurridos fue incinerada en señal de protesta.
Gustavo López y Virgilio Bueno Rubio, en compañía de una pequeña multitud que
coreaba consignas, fueron testigos de cómo su arte desaparecía consumido por
las llamas.
Etnoeducador
«Hoy,
el Consejo Comunitario General del San Juan, ACADESAN, rinde tributo a un
hombre que hizo de la enseñanza un acto de fe y resistencia. El Licenciado
Virgilio Bueno Rubio no solo fue un docente de secundaria y universidad; fue un
arquitecto de la Etnoeducación Intercultural. Con más de 18 años de entrega,
Virgilio nos enseñó que el aprendizaje autónomo es la herramienta más poderosa
para la libertad de nuestros pueblos. Su huella en la formación de docentes y
en la construcción de nuestros modelos educativos (PEI-PEC) es, y será, una
guía ineludible para el Chocó. Como experto en diagramación y didáctica, supo
darle forma y orden a nuestros sueños como comunidad. Hoy, nos corresponde a
nosotros seguir diagramando ese futuro que él tanto proyectó. Desde ACADESAN,
enviamos un mensaje de fortaleza a sus familiares y allegados. Su nombre queda
grabado en la memoria viva del San Juan».
Este
diciente mensaje de ACADESAN, una de las organizaciones étnicas y territoriales
históricas del Pacífico y del Chocó, resume el rol que Virgilio desempeñó
durante dos décadas como impulsor de la educación propia o etnoeducación en la
región. Para ACADESAN, específicamente, Virgilio trabajó como apoyo pedagógico y
asesor en su estratégico PEC, Proyecto Etnoeducativo Comunitario, concebido
para sustentar en materia étnica, histórica y cultural los planes educativos
institucionales (PEI) de los establecimientos educativos que funcionan en el
territorio colectivo de ACADESAN. «Magende Suto Prieto: la voz viva de
nuestra gente negra en el San Juan», es el nombre del proyecto, inspirado en
una expresión de la lengua palenquera. El 15 de abril de 2026, a las 9 de la
mañana, Virgilio tenía planeado participar de una reunión virtual con sus
compañeros/as de trabajo en este entrañable proceso; a la cual no pudo asistir
porque murió en la madrugada.
Legado
y herencia
En
un mensaje publicado el día de su muerte, uno de sus amigos, Jairo Valoyes
Martínez, se refirió a Virgilio como «un ser humano excepcional, […] ejemplo de
responsabilidad, vocación y entrega. […] Hoy su partida enluta nuestros
corazones, pero también nos invita a recordar con gratitud su vida, sus
enseñanzas y los momentos compartidos. Su legado permanecerá vivo en cada
recuerdo y en cada persona que fue tocada por su nobleza».
En
su funeral, otro de sus amigos, Jesús Médicis Leudo Muriel, expresó: «Uno de
mis amigos entrañables es Virgilio Bueno Rubio, que hoy se va. Virgilio fue mi
amigo desde el año 85, que trabajamos en el Carrasquilla, luego renunciamos,
pensamos que era mejor trabajar independientes, teníamos sus ideales… Virgilio
fue un hombre referente, honesto, transparente, trabajador, filántropo; nunca
se le negaba a nadie para decir: puedo hacerle este favor o darle esta
enseñanza, porque fue un gran maestro. Virgilio vive, su espíritu vive y va a
estar en nuestras mentes y corazones, porque lo vamos a recordar siempre en lo
que fue: un valiente, un maestro».
Y
la reconocida educadora y escritora, investigadora y gestora cultural Ana Gilma
Ayala Santos expresó: «Apreciado Virgilio, gracias por las enseñanzas que me
dejas; gracias por hacer parte de mi proyecto editorial. Vuela alto, que tu
sencillez y capacidad académica sean baluartes para las nuevas generaciones y
pilares de resistencia. Descansa en paz, amigo».
Luz
de Luna, su hija menor, escribió para El Guarengue: «Virgilio desde su juventud
encaminó su vida al servicio de los demás, ejerció un gran liderazgo en
procesos con comunidades afrodescendientes e indígenas. Su compromiso con una
educación propia, pertinente y transformadora, orientada a la paz, la justicia
social y el fortalecimiento cultural de los territorios étnicos, es innegable. La
entrega que tuvo hasta su último día de vida, orientando, guiando y apoyando a
las personas, comunidades e instituciones, incluso estando afectado en su salud
y/o hospitalizado, merecía más reconocimiento, tanto en vida, como de manera
póstuma». Y en la misa de exequias finalizó la despedida de su papá con estas
palabras: «Su legado nunca morirá, estará vivo siempre en mí y en cada una de
las personas a quienes formó. ¡Te amaré por siempre, Padre!».

La
sonrisa con la que Virgilio Bueno Rubio se despidió de Gladys su pareja en la noche del 14 de abril, antes
de quedarse dormido para siempre, es una parte de su herencia con la que uno también podría quedarse. Virgilio era zurdo. Y los zurdos suelen caminar por el mundo con una sonrisa hecha de genuina bondad y un talento
tan enorme que a veces les cuesta saber qué hacer con él… ¡Gracias por todo, amigo Virgilio!