El Comité de Acción Chocoana (1954)
y la codicia del vecindario
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*Parque Centenario. Quibdó, septiembre de 1954. A la izquierda la iglesia parroquial, dos décadas después consagrada como iglesia catedral, y a la derecha la entonces sede del Banco de la República. Foto: Guillermo Sánchez, El Espectador / Archivo Fotográfico y Fílmico del Chocó. Marcha de protesta contra el proyecto gubernamental de desmembración del Departamento del Chocó y su repartición entre Antioquia, Caldas y el Valle. La bandera es portada por quien ejercía como gobernador militar, el Capitán Luis A. Cano. El cuadro que llevan los dos muchachos es "Homenaje al boga", del pintor chocoano Francisco Mosquera Agualimpia.
No habían transcurrido ni siquiera siete años completos de la expedición de la ley que creó el Departamento del Chocó, cuando empresarios y políticos antioqueños, caldenses y vallunos intrigaron ante el alto mando de la dictadura militar de Rojas Pinilla para que este acogiera la idea de que el Chocó no era viable como entidad territorial y que por ello lo mejor era que el gobierno lo repartiera como un botín entre los departamentos de Antioquia, Valle del Cauca y Caldas, adjudicándole a cada uno, según sus puntos limítrofes, la mayor cantidad de tesoros posibles, cuyas bondades y utilidades —al decir de los falsarios anexionistas— se reflejarían en el bienestar de la población chocoana; como si la identidad regional y la historia fueran meros asuntos fiscales que pudieran suplirse con pordiosería y se canjearan por unas cuantas limosnas de los nuevos dueños de lo ajeno.
Más que una
simple ocurrencia
Los integrantes del Comité de Acción Chocoana, que lideraron el exitoso movimiento de defensa de la unidad territorial y de la vida institucional del Chocó como Departamento, en el segundo semestre del año 1954, en pleno régimen de Rojas Pinilla; tenían claro que el proyecto de repartir el territorio chocoano entre sus codiciosos vecinos no era una simple y solitaria ocurrencia del gobernante de facto. Antioquia, Caldas (que entonces aún abarcaba lo que después serían Quindío y Risaralda) y el Valle estaban evidentemente detrás de dicha intentona, como habían estado al acecho desde siempre —en cada división política y administrativa del país— para correr sus límites al antojo de sus ambiciones.
El 26 de julio de 1954 —tal como lo informó en su edición del 1° de agosto el semanario quibdoseño La Crítica, periódico mimeografiado cuyo director era Balbino Arriaga Castro y su administrador Cosme Moreno—, “en las primeras horas de la noche, se reunieron en los salones del H. Concejo Municipal los caballeros que forman la directiva del Comité de Acción Chocoana, para tratar puntos de vital importancia para el Chocó”; y como resultado de dicha reunión redactaron y suscribieron “un Manifiesto dirigido al Primer Magistrado de la Nación en defensa de la integridad regional”, para cuya entrega personal “fueron comisionados los más prestantes ciudadanos chocoanos residentes en la capital de la República”.[1]
Las alarmas
de “La Crítica”
Se trataba de una declaración pública dirigida a Rojas Pinilla, con la fuerza de una constancia histórica, que fue ampliamente difundida en Quibdó para alertar a la ciudadanía y prepararla frente a lo que se venía. Constaba de siete puntos y estaba firmada por trece dignatarios del Comité de Acción Chocoana: su presidente, Guillermo Valencia Ibáñez; Ramón Lozano Garcés y Alvaro Cuesta Lenis, en calidad de vicepresidentes; Primo Guerrero Córdoba, secretario; y nueve vocales: Gabriel Meluk Aluma, Luis Felipe Díaz Paz, Aureliano Perea Aluma, Armando Luna Roa, César A. Hurtado, Julio Álvarez Cuesta, Carlos A. Mosquera, Oscar Serna A. y Andrés Fernando Villa.
Este último, conocido en los medios intelectuales y periodísticos como Aristo Velarde, por el seudónimo con el que firmaba sus escritos, había dado la alarma quince días atrás en su habitual sección “Asteriscos”, en el semanario La Crítica: “Una emisora capitalina ha dejado entrever, al comentar los últimos desaciertos administrativos que se vienen sucediendo dentro de la vida política del Chocó, la posibilidad de que este sea desmembrado y repartido entre sus vecinos, los departamentos de Antioquia, Caldas y Valle, que no de ahora han estado ávidos de ensanchar sus respectivos territorios a costa de este jirón patrio, en el cual la desventura se ha ensañado”.[2]
En el mismo sentido de lo planteado por Aristo Velarde, en un artículo sin firma publicado en la misma edición de La Crítica del 11 de julio de 1954, en la página 3ª, bajo el título “Primera campanada de somatén”, se expresaba: “Se ha hablado en algunos círculos políticos de la conveniencia de desmembrar el Departamento y repartir esta unidad geográfica, social, histórica que es el Chocó entre los poderosos y expectantes vecinos que nos acogotan por el Este y por el Sur. Este Chocó […] ya no solo es tierra de conquista, sino zona experimental de coloniaje”. Y concluye el artículo —luego de recordar que esta maniobra ya fue intentada “desde los albores de nuestra erección como Intendencia”— con una declaración de compromiso y un llamado al pueblo chocoano: “Por todos los conductos y por todos los medios decorosos y honestos, a costa de los mayores sacrificios, de nuestros personales resquemores, de nuestra propia vanidad, tenemos que conservar intacto para nuestros hijos el patrimonio que recibimos de nuestros mayores… Este grito de alerta, este clamor de auxilio, esta campanada de angustia, es clarinada que debe tenernos a todos insomnes”.[3]
Una constancia histórica
Medidas
contra el abandono
Además de su claro testimonio acerca de la intervención indebida del vecindario en el devenir institucional del departamento y en su integridad territorial, la Declaración del Comité de Acción Chocoana, del 26 de julio de 1954, trajo también a la escena pública otra constatación, no por conocida y reiterada menos trascendental, sobre las relaciones entre Colombia y el Chocó: “consideramos que al Chocó se le ha abandonado desde hace muchos años y que mientras el resto del país recibe los beneficios de las utilidades de los dólares de exportación, de las regalías y del apoyo de la Nación con cuantiosos auxilios, esta región fronteriza de cuyos placeres auríferos y platiníferos se extraen anualmente varios millones de pesos, sin beneficio para ella, se le mantiene incomunicada en su interior, y unida por tierra al interior del resto del país únicamente por una vía en mal estado”.[7]
En consecuencia con lo anterior, recordándole a Rojas Pinilla que él ha prometido ponerse del lado de los débiles de Colombia, el Comité de Acción Chocoana le manifiesta que confía en que, por su patriotismo, “nos dará rápidamente los medios para salvar esta comarca, a cuyo efecto le pedimos clamorosamente tomar las siguientes medidas: Crear un Consejo de Administración que asesore al Gobernador y supla la Asamblea, que tuvo una vida efímera; construir las carreteras Quibdó-Bahía Solano, Cartago-Nóvita, Pueblo Rico-Las Ánimas-Costa del Pacífico; intensificación y extensión del crédito agrario, industrial y minero; volver a hacer sanidad e higiene en el Chocó; atender mejor la educación pública primaria, secundaria, agrícola y artesanal”.[8]
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| Rojas Pinilla en Tutunendo, corregimiento del municipio de Quibdó, en 1949, siendo Ministro de Correos y Telégrafos. FOTO: Archivo Fotográfico y Fílmico del Chocó. |
En septiembre de 1954, con el Comité de Acción Chocoana como guía, apoyo y promotor de las protestas, el intenso movimiento ciudadano en contra de la tentativa de supresión del Chocó y su repartición entre vecinos limítrofes, sumado a las gestiones adelantadas en Bogotá por chocoanos ya reconocidos en la escena política e intelectual nacional; dio al traste con la tentativa del régimen, azuzado por los poderes económicos y políticos del vecindario, de eliminar del mapa político y administrativo de Colombia al departamento del Chocó e incrementar el tamaño y las riquezas de sus tres vecinos. Júbilo en las calles y en el Parque del Centenario de la Independencia, en Quibdó. El disparate había sido contenido. El Chocó le había ganado la partida al régimen militar y a sus más enconados detractores; tal como lo había expresado y pronosticado el semanario quibdoseño La Crítica, refiriéndose al Comité de Acción Chocoana: “La importante Junta de defensa no tiene carácter partidista alguno, sino eminentemente patriótico; allí hay liberales y conservadores; los linderos sociales, raciales o egoístas han desaparecido frente a la necesidad de defender lo que es para todos tan caro y grato. Estamos seguros que, bajo la égida de tan prestigiosos profesionales, la lucha por este solar querido será coronada por el mejor de los triunfos”.[9]
Casi tres cuartos de siglo después de aquella ignominia institucional y política, que el pueblo chocoano y su dirigencia conjuraron a través de la lucha y la unidad, la intromisión de los vecinos no cesa. Antioquia, fanfarrona y engreída de sus delirios de grandeza, planea y dirige a su amaño instrumentos legales, mas no legítimos, de planificación sobre los dos mares del Chocó e impulsa autocráticamente proyectos de infraestructura en suelo que no le pertenece, como un túnel en la carretera aún sin terminar entre ese departamento y el Chocó, que evidentemente sirve más al propósito de facilitar la salida de la producción minera de concentrados polimetálicos de la Mina de El Roble, en El Carmen de Atrato, donde hay claramente intereses económicos antioqueños; que a la mejora de las condiciones de transporte del pueblo chocoano. Así como el actual alcalde de su ciudad capital, en su administración anterior, y el entonces gobernador Luis Pérez, promovieron abiertamente una recolección de dinero para financiar, por diversos medios, la lucha contra la decisión oficial de reconocer al actual municipio de Belén de Bajirá como territorio chocoano y no antioqueño.
Resistir al
engaño, enarbolar la dignidad
No obstante, hoy como ayer, pululan en cada trance electoral los supuestos y nuevos mejores amigos y vecinos del Chocó, que impúdicamente llegan hasta las calles de Quibdó y otros municipios a pescar en el río revuelto de los votos amañados... Toda una vida de falsas vecindades, que al menor descuido corren desvergonzadamente la cerca —como si se tratara de alguna ubérrima finca— debería ser suficiente para resistir al embuste y a la insidia; renovando e izando la oriflama de la dignidad, como lo hiciera en su momento el Comité de Acción Chocoana.
[1] NOTÍCULAS. La Crítica. Un vocero del pueblo al servicio del Chocó,
de la libertad y de la democracia. 2ª época-N° 8. Quibdó, Chocó, Colombia, 1°
de agosto de 1954. 8 pp. Pág. 3ª.
N.B. Las ediciones digitalizadas de La Crítica son cortesía de Gonzalo Díaz Cañadas.
[2] De Aristo Velarde. ¿SE ANEXIONARÁ EL CHOCÓ? La Crítica, Quibdó, 11 de julio de 1954. 2ª época, N° 5. Pág. 4.
[4] EL GRITO DE ALERTA CHOCOANO. Declaración del Comité de Acción Chocoana, 26 de julio de 1954. La Crítica (Un vocero del pueblo al servicio del Chocó, de la libertad y de la democracia). 2ª época-N° 8. Quibdó, Chocó, Colombia, 1° de agosto de 1954. 8 pp. Pág. 1 y 3.
[5] Ídem. Ibid.
[6] PRIMERA CAMPANADA DE SOMATÉN. La Crítica, Quibdó, 11 de julio de 1954. 2ª época, N° 5. Pág. 3ª.
[7] EL GRITO DE ALERTA CHOCOANO. Declaración del Comité de Acción Chocoana, 26 de julio de 1954. La Crítica (Un vocero del pueblo al servicio del Chocó, de la libertad y de la democracia). 2ª época-N° 8. Quibdó, Chocó, Colombia, 1° de agosto de 1954. 8 pp. Pág. 1 y 3.
[8] Ibidem.
[9] NOTÍCULAS.
La Crítica. Un vocero del pueblo al servicio del Chocó, de la libertad y de la
democracia. 2ª época-N° 8. Quibdó, Chocó, Colombia, 1° de agosto de 1954. 8 pp.
Pág. 3ª.










