15/11/2021

Solemnidades de un centenario

 Quibdó 1930
Las solemnidades de un centenario
Parque Centenario. Quibdó, 1930. Foto: Misioneros Claretianos.

Hace 91 años, en un lapso de dos meses, entre el 15 de septiembre y el 11 de noviembre de 1930, las autoridades municipales e intendenciales de Quibdó y el Chocó emitieron tres decretos y una resolución referentes a la celebración -en su jurisdicción- del primer centenario de la muerte del Libertador Simón Bolívar, que se conmemoraría con toda pompa el 17 de diciembre de ese año en todo el país y con especial solemnidad en la Quinta de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, en donde el corazón del prócer había dejado de latir para siempre y a donde se trasladaría el Presidente de Colombia, Enrique Olaya Herrera, mientras en la Plaza y en la Quinta de Bolívar de Bogotá lo representaba en los actos protocolarios su Ministro de Relaciones Exteriores Eduardo Santos Montejo.

El 15 de septiembre de 1930, el Director de Educación Pública de la Intendencia Nacional del Chocó, Juan J. Carrasco, expidió el decreto Nº 235[1], mediante el cual, “con motivo del centenario de la muerte del Libertador Simón Bolívar”, se prorrogó “el año lectivo de todas las escuelas públicas de la Intendencia del Chocó hasta el 19 de diciembre del presente año, con el único fin de que todas, en sus respectivas localidades, tomen parte activa en los homenajes que se tributen al Libertador Simón Bolívar, el día 17 de diciembre del presente año”. Carrasco era conservador y había sido Intendente en la década anterior, cargo desde el cual había promovido la idea de que las vías y caminos de penetración hacia el Chocó eran de gran valor político para disminuir la preponderancia liberal en la región, pues, como lo expresó en carta al presidente Marco Fidel Suárez, en 1918, “por esos caminos nos vendrá sin duda mucho elemento conservador y eso lo necesitamos con urgencia, para ir acabando de desalojar la mayoría contraria, y cambiar la faz política chocoana”[2].

Ocho días después de ese primer decreto, Juan J. Carrasco fue reelegido por el Ministro de Educación Nacional, Abel Carbonell, como Director de Educación Pública de la Intendencia. Se posesionó el 24 de septiembre ante el Intendente Heliodoro Rodríguez, con cuya aquiescencia se había producido su nuevo nombramiento. Así, renovado en sus funciones, a media mañana del 16 de octubre, Carrasco publicó la Resolución Nº 27 de 1930, “por la cual se crea el Álbum de Bolívar, como homenaje en el día de su fallecimiento”[3]:

El Director de Educación Pública de la Intendencia del Chocó […]

Resuelve:

Créase el Álbum Bolívar, en la Intendencia del Chocó, con motivo del centenario de la muerte del grande hombre. Este álbum se formará con pensamientos dedicados al Libertador relativos a cualquiera de las épocas de la vida del ilustre hombre. La Dirección de Educación Pública suministrará el álbum y se encargará de ir trasladando a él los pensamientos que reciba y los originales quedarán cuidadosamente conservados y empastados para obsequiarlos a la biblioteca del Centro de la juventud católica de Quibdó. El día último del mes de noviembre queda cerrada la inserción de los pensamientos, para poder remitir el álbum al Director de Educación Pública del Departamento del Magdalena, para que él lo coloque en el lugar correspondiente en la Quinta de San Pedro Alejandrino. Si la Intendencia se hiciere representar en las solemnidades del Centenario, el comisionado será el portador del álbum.

 

Cópiese y publíquese. Dada en Quibdó a diez y seis de octubre de 1930.

 

Juan J. Carrasco.

 

República de Colombia. Intendencia Nacional del Chocó. Despacho del Intendente. Quibdó, octubre 16 de 1930. Aprobada.

 

El Intendente. Heliodoro Rodríguez.

Quince días después, el alcalde de Quibdó, Luis Padilla, y el secretario de la Alcaldía, Balbino Arriaga Castro, firmaron y promulgaron el decreto Nº 56 de 1930, “por el cual se crea la junta organizadora de las solemnidades del centenario de la muerte del Libertador”[4]. El Secretario de Gobierno de la Intendencia, Julio Strauch, encabezaba esta junta, acompañado de Agustín Rey Barboza, Rodolfo Castro Baldrich, Manuel A. Santacoloma, Vicente Martínez Ferrer, Miguel Ángel Ferrer y el Padre José Miró, misionero claretiano y Cura Párroco de la ciudad, quien cuando recibió la noticia estaba dándole la bienvenida a sus nuevos compañeros de misión, el Padre Pedro Grau y Arola, quien veintitrés años después se convertiría en obispo y Vicario Apostólico de Quibdó, y el Hermano Eduardo Ullate, quien permanecería en la ciudad por casi 40 años y se haría famoso entre vivanderas y vendedores del mercado local, por sus labores como mandadero del convento.

Mediante el decreto Nº 298 del 11 de noviembre de 1930[5], “por el cual se honra la memoria del Padre de la Patria”, el propio Intendente nacional del Chocó se sumó a las previsiones para tan histórica efeméride. En uso de sus atribuciones legales, el Intendente estableció, entre otras cosas, que en todos los municipios de la Intendencia se rindiera un “homenaje serio” al Libertador el día del centenario de su muerte…

Artículo 1° En todos los municipios de la Intendencia se rendirá el día 17 de diciembre un homenaje serio en conmemoración del centenario de la muerte del Libertador y Padre de la Patria.

Artículo 2° La Intendencia designará una comisión especial que coloque una corona ante el monumento del Libertador a nombre del Chocó, en San Pedro Alejandrino. 

Artículo 3° En todas las escuelas de la intendencia se verificarán actos especiales de severa y patriótica conmemoración, acordes con la solemnidad del momento.

 

Dado en Quibdó a 11 de noviembre de 1930.

 

Heliodoro Rodríguez, Intendente.

El Secretario de Gobierno, Julio Strauch E.

El Secretario de Hacienda, Ricardo Echeverri Ferrer.

El Director de Educación Pública, Juan J. Carrasco.

Las solemnidades del 17 de diciembre de 1930, en conmemoración del primer centenario de la muerte de Simón Bolívar, incluyeron dos minutos de silencio en todo el país, a la una de la tarde de ese día, rememorando la hora oficial del fallecimiento y por mandato expreso del presidente Olaya Herrera. Además de la comisión especial creada por el decreto del Intendente Heliodoro Rodríguez, el Chocó estuvo representado en los actos oficiales por un joven y destacado estudiante de Derecho que era uno de los tres que habían sido designados por la Federación Nacional de Estudiantes -el mismo día de la expedición del decreto intendencial- como delegados para el congreso de estudiantes que se reuniría en Santa Marta “con motivo del centenario de la muerte del Libertador”.

Ese joven era Diego Luis Córdoba, posteriormente considerado padre del Departamento del Chocó, educador y faro de la raza, como reza la inscripción en el monumento a su memoria que preside el costado suroccidental del Parque Centenario, en Quibdó, donde está emplazado también un obelisco conmemorativo del Centenario de la muerte del Libertador Simón Bolívar, el comienzo de cuya construcción fue registrado por el periódico ABC, en su sección de crónica local del 21 de noviembre de 1930, así: “se han principiado los trabajos para erigir una columna simbólica en el Parque del Centenario en homenaje al Libertador[6]. Diego Luis Córdoba concurrió a Santa Marta en compañía de sus colegas estudiantes Luis Alberto Bravo, quien años después sería magistrado de la Corte Suprema de Justicia, y Manuel Antonio “Matoño” Arboleda, quien a pesar de su corta vida (moriría a los 31 años) desarrolló una brillante carrera pública, que finalizó como Secretario General de la Universidad Nacional.

A escasas tres semanas de la celebración, la Personería municipal de Quibdó, mediante aviso publicado en el periódico ABC del 25 de noviembre de 1930, suplicó “a todas las familias de buena voluntad” de la ciudad su cooperación para “la solemnización del centenario de la muerte del Libertador. Con tal objetivo se les exige obsequiar al Padre de la Patria con matas de flores y arbustos, que serán sembrados por los hombres del cuerpo de higiene y seguridad, a cuyo local pueden enviarlas”.

En todo el país, y Quibdó no fue la excepción, se llevaron a cabo celebraciones solemnes en conmemoración del centenario de la muerte de Simón Bolívar, el miércoles 17 de diciembre de 1930. Dos días después, los escolares finalizaron con alborozo el año lectivo en los establecimientos educativos de la Intendencia del Chocó. La columna simbólica en homenaje a Simón Bolívar, cuya construcción no llevaba un mes de trabajos en el Parque Centenario, aún tardaría un tiempo para ser inaugurada.

Casi un siglo después, Quibdó sigue siendo una de las pocas capitales de departamento en Colombia que, aun con el esmero que le puso a la celebración aquella del centenario de su muerte, no tiene en su mobiliario urbano ninguna estatua, busto o monumento en homenaje a Simón Bolívar. Una escuela primaria de varones que llevaba su nombre desapareció junto con el conjunto de construcciones del denominado Barrio Escolar.

Monumentos a César Conto Ferrer y a Diego Luis Córdoba. Quibdó, Parque Centenario, 2019. FOTOS: Julio César U. H.

Dos monumentos, bastante dignos y apropiados, posee la ciudad en su sector central, ambos en el Parque Centenario, dedicados a dos de sus hijos más dignos e ilustres: César Conto Ferrer y Diego Luis Córdoba. A estos dos monumentos, cosa que no le vendría mal a la memoria histórica de la ciudad, podría sumarse algún tipo de recordatorio sobre Manuel Mosquera Garcés, en el parque que lleva su nombre. Así mismo, buscando disminuir los costos del trabajo escultórico, podría pensarse en una galería fotográfica con imágenes de otros personajes relevantes (hombres y mujeres), hecha con tino histórico y acierto estético en su curaduría, en materiales de calidad y alta duración; la cual podría estar distribuida en el escaso espacio público de la ciudad o concentrada en un sitio como el malecón del río Atrato. Igualmente, un letrero digno y apropiado de bienvenida a la ciudad, con uno que otro dato histórico, podría estar ubicado a la entrada de la carretera que conecta a la región con Antioquia, justo en el cruce de la vía de entrada hacia el aeropuerto local; y algún elemento sencillo, pero diciente y de carácter histórico y monumental, podría ubicarse en algunos de tantos espacios amplios de la terminal de pasajeros del aeropuerto.

Quienes visitan a Quibdó por primera vez casi siempre quieren saber algo de historia y, cuando ven el Parque Centenario, preguntan por otros personajes (mujeres y hombres) que de algún modo significativo hayan hecho historia en la ciudad y en la región, en el país y en el exterior; la mayoría de los cuales permanecen ignotos y ocultos bajo el velo del olvido y de la ingratitud. Rara vez el visitante busca en el espacio urbano de Quibdó la presencia monumental de los considerados próceres de la independencia nacional de Colombia, quizás porque en el fondo sabe que Quibdó y el Chocó no han sido precisamente los lugares más entrañables para la dirigencia nacional.


[1] ABC, Quibdó, 29 de septiembre de 1930. El centenario de la muerte de Bolívar y la Dirección de Educación Pública.

[2] Citado por: González Escobar, Luis Fernando (1996). Chocó en la cartografía histórica: de territorio incierto a departamento de un país llamado Colombia. Boletín Cultural y Bibliográfico, Vol. 33. núm. 43. Pág. 69.

[3] ABC, Quibdó, 18 de octubre de 1930. Un nuevo homenaje en el centenario de la muerte de Bolívar.

[4] ABC, Quibdó, 7 de noviembre de 1930. Junta del centenario del Libertador.

[5] ABC, Quibdó. 12 de noviembre de 1930. El homenaje al Libertador.

[6] ABC, Quibdó, 21 de noviembre de 1930. Crónica local.

08/11/2021

Chocó, 74 años

 Chocó
74 años de vida departamental
Vista de Quibdó desde el río Atrato. 2019. Foto: Julio César U. H.

La antigua Intendencia Nacional del Chocó, creada en 1907, fue convertida en el Departamento del Chocó mediante la Ley 13 del 3 de noviembre de 1947: créase el Departamento del Chocó, formado por el territorio de la Intendencia del mismo nombre. Su capital será Quibdó”, establece sin más vueltas dicha ley, en su artículo 1º. Así pues, en sentido estricto, la conmemoración chocoana del 3 de noviembre de cada año no es una memoria de la chocoanidad, ni de la riqueza natural y cultural de nuestro histórico territorio, ni un inventario de nuestro amor patrio por el terruño que nos vio nacer y nos ha visto crecer parcial o totalmente; sino, en sentido propiamente dicho, una conmemoración de la institucionalidad o vida departamental de nuestro Chocó. Es decir, de lo que se cumplieron 74 años el miércoles de la semana pasada fue de la creación del Chocó como entidad territorial o jurisdicción política y administrativa con categoría de departamento, en el mismo territorio que durante 40 años ostentó categoría de intendencia.


En atención a esa especificidad de la conmemoración, el balance que cada año en conciencia deberíamos hacer es si el paso de intendencia a departamento ha sido tan provechoso y útil como lo pensaron los integrantes de aquel grupo de chocoanos comprometidos y devotos, esa especie de “padres fundadores” de nuestra institucionalidad regional, quienes hicieron hasta lo imposible (por ejemplo, adaptar las normas y requisitos vigentes sobre ese tipo de entidades territoriales) para que el Chocó pudiera ser aceptado como departamento y para conseguir que se expidiera la ley que así lo estableció. ¿Casi tres cuartos de siglo de vida departamental del Chocó se han traducido en desarrollo y bienestar, garantía de derechos y paz, para su territorio y su población? ¿Le fue mejor al Chocó durante 40 años como Intendencia de lo que le ha ido en estos casi 75 que lleva como Departamento?


Dos chocoanos ilustres, el periodista Alejo Restrepo Mosquera y el abogado Mario Serrato Valdés, compartieron públicamente sus sensatos puntos de vista sobre el particular, en sendos artículos que fueron divulgados por redes sociales el día de la efeméride. Por lo valiosos y pertinentes que son, El Guarengue los reproduce, a propósito de las antedichas preguntas. JCUH.


**************************


DOS VECES HA VISTO EL SOL

Por Mario Serrato Valdés

Vicepresidente de la Academia de Historia del Chocó

FOTO: Gil Luque Abogados.

El Chocó ha nacido dos veces. En su primera llegada al mundo republicano conoció la formalidad, la delimitación elaborada, la institucionalidad extendida. Personajes decididos, hijos ejemplares y visionarios le dieron rostro de adolescente vigoroso a la aventura del progreso en la región. Fábricas de gaseosas, comercio febril por el río Atrato, actividad aurífera de gran calado en el San Juan e importantes y audaces actividades en agrocultivos, encontramos en nuestra geografía en ese primer nacimiento.

Una juventud brillante y bien preparada ocupó los cargos públicos y su talento alcanzó para que algunos de ellos ocuparan distinguidas posiciones en el ámbito administrativo nacional y en el espectro educativo de toda Colombia.

Las escuelas normales y la pedagogía pusieron a los chocoanos en los tableros de Colombia. El Carrasquilla en Quibdó, la Industrial en Istmina y el Lozano Scipion en Condoto, por citar solo algunos colegios inmortales, contribuyeron al crecimiento del Chocó y a la formación de la juventud del país entero.

Fueron buenas épocas. Varias figuras políticas, entre las que destacó Diego Luis Córdoba, obligaron a Colombia a considerar a los chocoanos inteligentes y capaces. El respeto se sentía cuando los nuestros hacían presencia en los ámbitos en los que se decidían cosas importantes. Pero tenía mayor brillo entre nosotros mismos. Entre quienes habíamos tenido el privilegio de nacer en esta tierra encantada. La maestra, dignidad que entre nosotros incluso llegó a superar a la de señora, consolidó el respeto que la mujer del Chocó ganó para los suyos y para todos los colombianos que gozaron la educación impartida por una maestra chocoana.

En las primeras letras de Colombia una maestra chocoana enseñó las vocales y sus sonidos misteriosos. Pero algo pasó. Mercaderes sin compromiso con el progreso ni el desarrollo, aparecieron por todas partes. Agitadores de un modelo económico sin alma, en el que el hombre pasó a segundo plano y el dinero ocupó todos los lugares, se encargaron de desconocer y hasta despreciar nuestro mérito magnífico de haber educado a Colombia. Esas fuerzas insensibles desoxigenaron nuestras iniciativas empresariales en crecimiento, y rompieron los moldes de lo que considerábamos virtudes.

Una época aciaga y oscura sustituyó el discurso denso y sesudo de nuestros líderes en el Congreso, y en su lugar se asentó una polilla que pronto dio inicio a un momento en que todo lo construido fue carcomiéndose y extinguiéndose a manos del mercado y del mercader indolente que nunca se detuvo un instante a esperar con paciencia el crecimiento que requeríamos, para seguir mejorando la autoestima que todos los pueblos necesitan a lo largo de su vida, y en particular, en su adolescencia económica, para crecer y consolidar su crecimiento.

Con el cierre de una incipiente actividad empresarial y con la indolencia del comerciante y el político sin raíces y sin nostalgias, nos llegó la violencia. Una violencia de ninguna parte y sin relación con nosotros. Una violencia traída, ajena, de ideas confusas y accionar criminal. Sangrienta violencia de pesares y de odios que no sanaron al sentir el aroma de la lluvia milenaria que nos acaricia desde que nacemos. Esa violencia nos atrapó en su red y nos obligó a sentir un dolor extraño, un dolor sin voz y sin rostro. Muchas cosas se apagaron. Muchos temores surgieron. Muchos miedos se impusieron. Una confusión que nos impidió, incluso, reconocer los sonidos de las palabras con que nos apreciábamos, se apropió de todo. Unos valores extraños y unos personajes venidos de un lugar al que nunca llegará nuestra esperanza tomaron posesión de cada rincón, de cada espacio de nuestras vidas y también de nuestros valores.

En ese nido de pájaros muertos, surgió el plan de desmembrarnos. Las voces de élites altaneras, de viejos amigos a quienes atendimos muchas veces y con gran respeto en nuestra casa, empezaron a tomarse lo nuestro, a enlodar de documentos apócrifos nuestros linderos, a imponer su poder desde el poder. A establecer sus razones y a dar órdenes montados en caballos de pura sangre marchitada, en el aquelarre del dinero fácil. Entonces nos miramos al espejo, repasamos nuestras canas, sentimos músculos en los brazos y recordamos que podíamos llevar una canoa río arriba durante días enteros con cargas de plátano, borojó y chontaduro, y nos pusimos de pie.

De alguna parte salieron las mentes capaces, las estrategias inteligentes, la unidad en la dignidad, la disposición para ganar que tanto habíamos perdido... y volvimos a nacer. Un parto nuevo. Una preñez luminosa nos volvió a traer al mundo. Un nuevo asomo a lo que somos y alguna vez fuimos volvió a aparecer en el espejo de nuestra esperanza.

El Chocó nació de nuevo. Hace 74 años un parto suave de madre blanda y acariciadora nos trajo al mundo. Y hace 5 años un nuevo parto, doloroso e incierto, nos recordó que seguimos en él. Una aventura que no conocíamos pero que estábamos dispuestos a asumir con decisión y dignidad, volvió a traernos y a acercarnos y nos recordó lo felices que podemos ser cuando las circunstancias y la inteligencia nos unen y nos retornan al triunfo inigualable de seguir siendo chocoanos y de mantener, gracias a un segundo nacimiento, la integridad inmodificable de nuestro territorio.[1]

Feliz cumpleaños, Chocó del alma. Aquí seguiremos tus hijos por siempre y para siempre.


**************************

 CHOCO, SETENTA Y CUATRO AÑOS DE INCERTIDUMBRES
Por Alejo Restrepo Mosquera
Periodista Chocoano
FOTO: https://www.funcionpublica.gov.co/

Hoy miércoles 3 de noviembre del 2021, se cumplen 74 años de la promulgación de la Ley 13 del año 1947, legislación esta que convirtió a la antigua Intendencia del Chocó en departamento, sin cumplir este los requisitos legales que exigía la derogada constitución de 1886. Ello se logró gracias a la enjundia y prestigio político que tenían en el parlamento colombiano los doctores Diego Luis Córdoba, Eliseo Arango Ramos, Manuel Mosquera Garcés, Adán Arriaga Andrade, entre otros, y sus aliados políticos de otras latitudes de la patria, que coadyuvaron con esta loable obra.

Han transcurrido setenta y cuatro años y los chocoanos no hemos podido salir del latente atraso, ni se ven en el futuro inmediato los líderes que lo conduzcan a puerto seguro; antes, por el contrario, vamos de mal en peor cabalgando lentamente hacia su disolución a futuro como ente territorial; todo debido a la crisis de gobernabilidad y al relajamiento de las costumbres de hacer la política, eligiendo solo por dinero, sin ninguna conciencia sobre el futuro del departamento. Es tal la crisis de gobernabilidad y de institucionalidad en el Chocó, que en el pasado su clase parlamentaria fue judicializada, y a un gobernador elegido popularmente le fue anulada su elección, antes de concluir su periodo, por el Consejo de Estado y hubo la necesidad de elegir su remplazo, pero antes de ello pasaron por la dirección de este departamento la bicoquita de 5 gobernadores.

La expresión popular de que todo tiempo pasado fue mejor se aplica muy bien al Chocó. Antes de convertirse este ente territorial en departamento, el manejo de la cosa pública en esta comarca de la patria colombiana caminaba muy bien, ya que los Dones administradores de la cosa pública en el pasado, según mi criterio, eran de una acrisolada honradez, y no les asistía ningún ánimo de enriquecerse a costa del erario, solamente les interesaba la suerte y el mejor estar de su departamento: qué viejos tiempos aquellos, cuando la cosa pública marchaba muy bien. 

Los políticos y administradores actuales, que sucedieron a los antiguos líderes, realmente no quieren al Chocó. Al cimentar su llegada al poder solo para lucrarse y beneficiarse del erario público, se maneja la cosa pública con mucha ineptitud, falta de sentido de pertenencia y de amor por lo nuestro; solo llegan al poder los más ineptos. En las últimas décadas, se llega a los altos cargos públicos de esta región de la patria mediante el poder corruptor del dinero, solamente comprando la conciencia a sus ciudadanos, aprovechándose de su alto grado de ignorancia y pobreza. La mayoría de los recursos públicos se pierden debido al execrable fenómeno de la corrupción. Es de ahí que el progreso no se percibe, ya que todos los recursos se dilapidan.

Hoy en día en el país cargamos con el estigma de ser muy malos administradores y, para colmo de males corruptos, es de ahí los pésimos resultados de la gestión fiscal de este departamento y la estigmatización del elemento chocoano por parte del gobierno central, que a diario nos violan nuestra autonomía territorial para autogobernarnos, importándonos elementos foráneos para que vengan a gobernarnos, marginando así a nuestro elementos profesionales, aunque al final siempre resultó peor el remedio que la enfermedad.

Opino que, para que esta  jurisdicción de la patria salga de la crisis eterna en que está inmersa y se oriente hacia el verdadero desarrollo deseado, los chocoanos deberíamos cambiar de actitud y hacer una reingeniería total a la forma como se ha venido  manejando la cosa pública  en las últimas décadas y revisar la  forma como se elige sus gobernantes, cesar los odios, las luchas intestinas, la persecución entre los mismos chocoanos, ya que, como últimamente se han elegido nuestros gobernantes, así “no llegamos a ningún Pereira”, como dice un sabio refrán popular.

Actualmente se requiere de un nuevo tipo de ciudadano chocoano, que tenga más sentido de pertenencia; que accedan a las administraciones públicas los más idóneos y honestos, con vocación de servicio; y que se elija a conciencia y no por el vil dinero invertido por los camarilleros politiqueros de siempre. Así mismo, que se tenga una actitud crítica hacia los gobernantes locales y nacionales, ya que el colectivo chocoano se debería convertir en garante y protector de los recursos públicos reservados para el mejoramiento de su calidad de vida. Debido al mal manejo de la administración pública en el Chocó, en los últimos tiempos los mejores gobernantes del Chocó han sido los paros cívicos, incluso algunos de ellos con pérdida de vidas humanas.

De no hacerse la tan anhelada reingeniería, estimo que corremos el riesgo de seguir eclipsándonos como ente territorial, ya que según las estadísticas hoy en día somos de los pocos entes territoriales de mayor inviabilidad financiera del país, es decir, somos improductivos, ineficientes y protervos administradores de la cosa pública e inclusive en el alto gobierno nos subestiman y nos discriminan territorialmente. En las actuales condiciones, considero, según mi concepto, que somos un paciente en cuidados intensivos y con pronóstico muy reservado. Ante este cruel panorama, no es admisible que aún se continúe con la pasividad y aguante del pueblo chocoano con su funesta clase dirigente, que cada que hay unas elecciones todos se unen para seguir haciendo lo mismo. Es por ello que el codiciado desarrollo está muy lejos de llegar; la culpa del intrascendente desarrollo del Chocó, no es solo culpa de los politiqueros que siempre han desilusionado al pueblo chocoano, sino también del instintivo pueblo chocoano, que no reacciona a renovar su intranscendente clase política y siempre elige a los corruptos. En este caso, el pueblo no se convierte en víctima, sino en cómplice de sus verdugos.


[1] N.B. Esta referencia del autor alude al triunfo jurídico y político del Chocó sobre Antioquia en el litigio por el territorio del futuro municipio de Belén de Bajirá.

01/11/2021

La ciudad de los sueños apagados

La ciudad de los sueños apagados

“Por el boulevard de los sueños rotos
moja una lágrima antiguas fotos”
Joaquín Sabina

En Quibdó, 126 niños y jóvenes han muerto asesinados durante los primeros diez meses del año 2021. Sumados los del año 2020, la cifra se acerca a 300 y, contados desde 2015, el total es de 585. De modo que la tasa anual de homicidios de la capital del Chocó durante la última década ha sido entre dos y cuatro veces mayor al promedio nacional y más del doble que la de Buenaventura. En la región del Pacífico colombiano, solamente Tumaco supera estas tristes y fúnebres cifras. 

Además de las penurias propias de la pobreza multidimensional en la que viven 4 de cada 10 de los 120.000 habitantes de Quibdó, 84.000 de los cuales han sido víctimas del conflicto armado; los barrios y comunas con mayores problemas en la ciudad fueron convertidos -desde hace un poco más de veinte años- en centros de operaciones de las estructuras armadas y operativas ligadas a la explotación ilegal de oro y de madera, el microtráfico y la extorsión al comercio y a sectores profesionales y de servicios (por ejemplo, el transporte terrestre y fluvial) con algún nivel de solvencia económica. Aprovechándose de la escandalosa situación de carencia material de la población, especialmente de la clásica “falta de oportunidades” de empleo y educación para la juventud, dichas estructuras fueron sometiendo paulatinamente a la gente a su accionar y a sus dinámicas, controlando su vida cotidiana en todos los sentidos, imponiendo el terror y el miedo, y convirtiendo la pobreza y la exclusión en factores de proclividad a las actividades delincuenciales. 

Disputas territoriales y ajustes de cuentas forman parte de esta situación, que conlleva enfrentamientos armados en medio de los cuales van cayendo uno a uno muchachos y muchachas cuyas vidas no alcanzaron a ser ni siquiera un proyecto, porque ni el Estado nacional ni sus propias autoridades regionales y locales -a las cuales ayudaron a elegir bajo la promesa de que su vida mejoraría- fueron o han sido capaces de construir para ellos alternativas y soluciones reales, más allá de lugares comunes y estériles como el espejismo de la conformación de clubes deportivos o grupos de baile bajo el supuesto de que estos, por sí solos y como por arte de magia, alejarán a los jóvenes de la delincuencia y de la muerte; como si la delincuencia y la muerte no detentaran el poder que el Estado no tiene en cada rincón de los maltrechos barrios donde la vida hace mucho tiempo dejó de ser un derecho y se convirtió en el indigno premio mayor de una lotería inhumana cuyo sorteo se lleva a cabo todos los días, mientras que gobernantes y autoridades siguen empeñados en exhibir un poderío policial y militar que en la práctica no pasa de ser una especie de ladrido a la luna.

Para recordarnos el dolor de este drama y mostrarnos algunos de los rostros de las casi seiscientas vidas humanas asesinadas en los últimos años, este viernes 29 de octubre de 2021, desde el atardecer y el crepúsculo hasta el comienzo de la noche, por la Carrera Primera de Quibdó -organizados por los colectivos Jóvenes Creadores del Chocó, Black Boys Quibdó y Explosión Dance- desfilaron centenares de jóvenes vestidos de negro y portando retratos de decenas de sus coetáneos muertos en medio de esta guerra, tan ajena como impuesta, que no deja pelechar la vida ni florecer los sueños en esta orilla del Atrato. Galería de sueños apagados se denominó el bello y conmovedor acto simbólico en el que se mezclaron la valentía de la juventud quibdoseña y su vehemente repudio a tanta crueldad; el luto y el duelo por los muertos y la afligida memoria colectiva de amistades, vecinos y parientes. 


Bajo el claroscuro del poniente de este viernes triste, nada más triste que las tristes lágrimas de las madres, brotando de sus almas ya para siempre adoloridas, contemplando y abrazando -en una especie de atrateña Pietá de Miguel Ángel- el retrato de esos hijos que de sus entrañas nacieron y que vivir más no pudieron porque a bala, a machete y a cuchillo las impunes estructuras criminales se los impidieron.



[1]Todos los datos son tomados de: Universidad de los Andes (2021). La distribución espacial del delito urbano en Quibdó 2014- 2019. Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas (CESED). Documento temático #21. 51 pp.

25/10/2021

3 robos

Tres robos

Quibdó, principios de la década de 1930. 
Fotos: Misioneros Claretianos.
Tres sombreros de paño fueron robados de la tienda del comerciante Wadit Chacur en la mañana del sábado 28 de junio de 1930. La cara del ratero, quizás por lo joven que era, se le quedó grabada al sirio.

La noche anterior, a la señora Leocadia Valencia, quien había venido del campo a vender unos productos agrícolas, le robaron 20 pesos oro que guardaba en su baúl, en un cuarto de la casa del señor Pompilio García, donde se hospedaba.

Tres meses después, al mediodía del lunes 29 de septiembre, cuando don Raúl Cañadas había cerrado su almacén para ir a almorzar y hacer siesta en su casa, los amigos de lo ajeno le robaron, entre otras cosas, una pistola alemana muy querida por él y avaluada en 40 pesos oro.

El ratero de los tres sombreros resultó ser apenas un muchacho, de escasos 15 años, que fue aprehendido por el sargento Castillo y el agente Álvarez, quienes lo localizaron a partir de la descripción física que de él hizo el señor Chacur. Un hombre de nombre Pompilio, alias Duma, señalado por la señora Valencia como seriamente sospechoso del robo de los 20 pesos de su baúl, fue arrestado por la policía. Mientras que en el caso del almacén de don Raúl Cañadas, aunque la policía decía tener bastantes indicios acerca de los autores, pasó mucho tiempo antes de que tuviera noticia cierta sobre el particular.

Don Raúl Cañadas cerró su almacén un poco antes de las 12 y media, hora que escuchó anunciar por el reloj de la iglesia parroquial de San Francisco de Asís cuando ya iba llegando a su casa, protegido del sol debajo de su paraguas negro. Iban a ser las 3 de la tarde cuando regresó. Una sola mirada le bastó para saber que algo había ocurrido en su ausencia. La puerta de la caja de caudales estaba abierta y había cierto desorden en el lugar, especialmente en los cajones del mostrador, donde faltaba el dinero de la venta que hasta esa hora había hecho. En los armarios donde exhibía productos de charcutería, era notoria la falta de una buena cantidad de conservas importadas. A ojo de buen cubero, calculó en 100 pesos oro el valor de lo robado, que para bien suyo no incluía dinero de la caja de caudales; pero, sí incluía su muy apreciada pistola alemana, que no estaba en el cajón donde siempre la guardaba.

Servelio se llamaba el muchacho a quien, luego de una persecución a toda carrera, la policía aprehendió como autor del robo en el almacén de Wadit Chacur. Asustado, tardó poco en reconocer su fechoría y en llevar a los agentes de policía hasta el lugar en donde había escondido los tres sombreros: debajo de la casa de don Jorge E. Díaz. Esta, como todas las casas de madera de la época, estaba construida en estilo palafítico, fundada en pilotes de madera de guayacán, un método constructivo apto para prevenir los estragos de las inundaciones periódicas en el dique y los pantanos del Atrato, donde estaba emplazada Quibdó. Por la misma razón, los desconocidos ladrones del almacén de Raúl Cañadas habían ingresado al local por debajo de la casa, rompiendo el piso de madera desde la zanja sobre la cual este se ubicaba.

En la Carrera 1ª de Quibdó quedaban los establecimientos de comercio de Wadit Chacur y Raúl Cañadas. El hospedaje de la señora Valencia quedaba en la Calle 2ª. Los tres robos fueron de gran notoriedad, por lo escasos que aún eran los delitos en la ciudad.


18/10/2021

Nicolás Medrano - 3ª Parte

 Un desaire histórico 
y una despedida multitudinaria
El Misionero Claretiano Nicolás Medrano
-3ª Parte- 

Iglesia parroquial de Quibdó, 1934.
César Conto Ferrer y Jorge Isaacs Ferrer.
Padre Nicolás Medrano.
FOTOS: Misioneros Claretianos y Univalle
.

Después de más de veinte años de presencia y trabajo como misionero claretiano en la Prefectura Apostólica del Chocó, especialmente en Quibdó, adonde había llegado en febrero de 1911; el sábado 8 de septiembre de 1934, el Padre Nicolás Medrano partió de Quibdó con rumbo a Bogotá por la vía hacia Antioquia. Un grupo de notables quibdoseños lo acompañó en el comienzo de su viaje, hasta el kilómetro 17 de aquella carretera entonces en construcción, cerrando así los actos de despedida del connotado misionero, que habían incluido un acto multitudinario en la noche del jueves 6 y una velada cultural en la noche del 7 de septiembre.

Por efecto de su nombramiento como parte del gobierno provincial de los Claretianos en Colombia, cuya sede era Bogotá, el Padre Medrano debía trasladarse a esa ciudad para cumplir las funciones que le fueran encomendadas en materia de relaciones con la delegación del Papa en Colombia, con el gobierno colombiano y con los propios misioneros de su congregación. Esta vez de modo permanente y no como a mediados del año 1923, cuando su estadía en Bogotá -al servicio de dichos menesteres- no llegó a seis meses, de modo que a fines de ese año ya estaba de regreso en Quibdó y a la vuelta de un año está nuevamente ejerciendo como Párroco y como Superior de su comunidad en la ciudad, al igual que como Proprefecto y Vicario Delegado, hasta el momento de su traslado definitivo.

El periódico ABC, en su edición del viernes 7 de septiembre de 1934, publicó una crónica titulada “La despedida del Rvdo. Padre Medrano. Más de cuatro mil personas acudieron en peregrinación a manifestar sus sentimientos por su viaje[1]. Allí, además narrar detalles de los actos de despedida celebrados en Quibdó y ponderar la importancia del Padre Medrano para la ciudad, ABC deja claro su desacuerdo con la designación del Padre Medrano para un “puesto secundario” en Bogotá y califica de “lamentable error esa designación”.

“Algunos admiradores del Reverendo Padre Nicolás Medrano, Párroco de Quibdó, organizaron en el día de ayer una manifestación en la cual debía decirse la palabra de despedida al querido padre, por oradores que fueron nombrados pocas horas antes de que se efectuara el acto. Unos cuantos carteles en las esquinas daban el aviso de este propósito y a las ocho y media de la noche estaba la plazoleta frente al edificio en construcción de los Misioneros completamente atestada de gentes de todas las clases, de todos los barrios.


Allí se confundieron en un solo haz todas las capas sociales para decir su palabra de despedida al distinguido párroco. Y es que el Padre Medrano lleva corridos veinticuatro años de luchas en el Chocó y por consiguiente ha echado raíces en el corazón de las gentes. La noticia de su designación para un puesto secundario en Bogotá ha causado grave malestar. Sin duda ninguna, y después de haber visto la imponentísima exteriorización de los sentimientos del pueblo de Quibdó, puede afirmarse que fue un lamentable error esa designación[2].

La crónica de ABC destaca también la presencia del Padre Grau, Pedro Grau y Arola, quien dos décadas después será ordenado obispo y nombrado como primer Vicario Apostólico de Quibdó, cargo que desempeñará durante 30 años, hasta junio de 1983, cuando otro claretiano, Jorge Iván Castaño Rubio, lo sucederá y abrirá nuevas y memorables páginas en la historia de los claretianos y de la iglesia católica en el Chocó y en el Pacífico Colombiano.

Misioneros Claretianos en Quibdó, 1960.
En el centro, sentado, Pedro Grau y Arola,
Vicario Apostólico de Quibdó.
FOTO: Archivo fotográfico y fílmico del Chocó.

Igualmente, la crónica hace referencia a las calidades humanas del Padre Medrano, exalta su aporte a la música regional a través de la organización de la Banda de San Francisco y reconoce su vinculación a las obras materiales que han significado progreso para la ciudad.

“El Padre Medrano, que ha sido el mejor amigo y consejero y ha tomado parte en casi todas las obras de algún relieve en esta ciudad, estaba supremamente conmovido. Le acompañaba el Padre Grau y algunos otros miembros de la comunidad. En nombre de la ciudad hablaron los señores Matías Bustamante Mesa y Rodolfo Castro, ambos interpretaron bellamente el momento que vivía ese núcleo de habitantes quibdoseños, y fueron aplaudidos largamente. A esas palabras contestó el padre Medrano con una de sus más bellas oraciones. Los aplausos interrumpían al orador y las lágrimas de sinceridad y afecto se dejaron ver en muchos rostros.


La banda de San Francisco, la única que ha tenido verdadera organización en esta tierra y que él fundara y llevara con su esfuerzo y consejo hasta obtener fama que hoy disfruta con justicia, amenizó el acto con algunas selecciones de su repertorio”[3].

En la noche de ese viernes 7 de septiembre, organizada por el Padre Juan D. de las Heras y su grupo artístico, se homenajea al Padre Nicolás Medrano con una velada cultural, en la cual -como en el acto del día anterior- el homenajeado no puede evitar la tristeza por su inminente partida de una ciudad donde ha pasado hasta ese momento la mayor parte de su vida como sacerdote y misionero claretiano. Al otro día, el Padre Medrano empieza su viaje, esta vez sin regreso, lejos de Quibdó, en medio del afecto y la gratitud de un pueblo que agradece sus aportes, reconoce sus virtudes y olvida sus errores; en una muestra colectiva de consideración y aprecio a la cual se suma el gobierno intendencial: “La Intendencia, por su parte, interpretando los sentimientos de la ciudad, ha dictado un bello decreto de despedida al Padre Medrano en que se relievan sus virtudes y espíritu progresista que lo informan[4].

Quibdó es entonces una ciudad floreciente en mitad de la selva, a orillas del Atrato que la conecta con el mundo; una ciudad noble y generosa con quienes a ella llegan desde los sitios más remotos del planeta. Ello explica que, en septiembre de 1934, en el momento de la despedida del Padre Nicolás Medrano, hasta los sectores más liberales de la ciudad, empezando por el periódico ABC, parecieran haber olvidado que diez años atrás, en octubre de 1924, la comunidad claretiana de Quibdó desairó a la región con sus despiadadas diatribas en contra de César Conto Ferrer, con ocasión de la repatriación de sus restos mortales y su disposición en una urna situada dentro de un templete construido en su honor por el arquitecto catalán Luis Llach, monumento que aún existe en la esquina noroccidental del Parque Centenario de Quibdó[5].

Dicho monumento fue inaugurado el 12 de octubre de 1924 para recibir los repatriados restos del poeta, maestro, político, periodista, diplomático, filólogo y patricio liberal, que habían llegado a la ciudad el día anterior, en un barco a vapor llamado Quibdó, que los trajo desde Cartagena, adonde habían llegado procedentes de Ciudad de Guatemala, en donde el jueves 2 de julio de 1891 -hace 130 años- murió este protagonista de decenas de batallas contra la hegemonía conservadora, forzosamente exiliado por combatir el oscurantismo, la teocracia y el cogobierno eclesiástico, en defensa de las ideas liberales, la Constitución de Rionegro, la república federal “y, como alimento de ella la educación popular, sin tributos al escolasticismo, libre, laica, científica[6].

Treinta y tres años después de muerto, regresaba César Conto Ferrer a Quibdó consumido por el tiempo, su energía y su materia transformadas, empacadas sus cenizas en una urna de mármol de los talleres de Tito Ricci, de Cartagena. Y ni en este estado se salva de las diatribas y de los denuestos de sus contradictores: “…la iglesia católica declaró “profanado” el recinto donde habían reposado los restos de Conto Ferrer, militante e ideólogo del liberalismo radical en el siglo XIX, y se negaron a celebrar una ceremonia religiosa que debía tener lugar allí. El clérigo español Nicolás Medrano fue el principal vocero del clero en contra de la memoria del ilustre hijo de Quibdó. De Medrano se dice que “combinaba la liturgia con la política partidista[7]. Ese recinto fue el salón principal del edificio de la Intendencia del Chocó, en donde tuvieron la urna con los restos mortales de Conto en cámara ardiente, antes de llevarlos al monumento construido por Luis Llach: “un templete con columnas muy a su gusto, de inspiración jónica, que sostenían una cúpula con nervaduras, y posada sobre esta, como remate, un águila imperial[8].

Templete en homenaje a César Conto Ferrer.
Quibdó, Parque Centenario, julio 2019.
FOTOS: Julio César U. H.

La misa que los misioneros se negaron a celebrar en el salón principal de la Intendencia tuvo lugar en el templo parroquial o iglesia de San Francisco de Asís (actual catedral de Quibdó). Fue presidida por el Padre Jacinto Bau, quien expresó -en nombre de los claretianos, cuyo superior era el Padre Medrano- que el homenaje a César Conto Ferrer era un agravio para la iglesia, porque Conto había sido un impío perseguidor de la fe católica y la religión. Las ideas liberales de Conto Ferrer y sus batallas contra la sangrienta y oscurantista hegemonía conservadora; sus luchas y sus acciones de gobierno como presidente del Estado Soberano del Cauca, en pro de la educación popular y universal, laica, científica y libre, acompañado de su primo Jorge Isaacs Ferrer, a quien nombró como Superintendente de Instrucción Pública del Estado; son la fuente y el principal motivo de descalificación y denuesto de los claretianos de aquella época hacia César Conto Ferrer.

A pesar del improperio, que mucho dolió a la ciudadanía quibdoseña, la urna con los restos de César Conto Ferrer fue emplazada en el interior del templete construido en su memoria y homenaje, en medio de sentidos discursos pronunciados por personalidades como Guillermo Henry y Lisandro Mosquera. Una edición especial del periódico ABC dedicada a la memoria de Conto Ferrer circuló aquel domingo y fue profusamente leída en la ciudad. Tan profusamente leída como la crónica de la despedida del Padre Nicolás Medrano, publicada diez años después por ABC, en la cual no se hace mención alguna del histórico baldón de Medrano y sus compañeros claretianos en contra de la memoria de un hombre al que tanto le adeuda Colombia.


[1] Periódico ABC, Quibdó, 7 de septiembre de 1934. Edición Nº 2879.

[2] Periódico ABC, Quibdó, 7 de septiembre de 1934. Edición Nº 2879.

[3] Idem. Ibidem.

[4] Ibidem.

[5] La historia completa de la repatriación de los restos de César Conto Ferrer, incluyendo un resumen de su vida, puede leerse en El Guarengue (julio de 2019): https://miguarengue.blogspot.com/2019/07/el-dilecto-hijo-dequibdo-monumento-en.html

[6] Conto Ferrer, César. Testamento Político. En: REPERTORIO AMERICANO, Semanario de Cultura Hispánica. Tomo 9, Núm. 12. San José, Costa Rica, LUNES 24 DE NOVIEMBRE 1924. Pág. 185. Biblioteca Electrónica Scriptorium de la Universidad Nacional, Costa Rica.

[7] Chocó 7 días. Edición N° 1116. Quibdó, mayo 19 a 25 de 2017. Hidalgo, Edgar, ¿Qué sabe usted del Chocó?

[8] González, Luis Fernando. Luis Llach, en busca de las ciudades y la arquitectura en América. Editorial de la Universidad de Costa Rica. 2004. 344 pp. págs. 244-245.

11/10/2021

Nicolás Medrano 2ª Parte

 El Misionero Claretiano 
Nicolás Medrano
-Segunda Parte-

Portada del Informe de los 25 años de los Misioneros
Claretianos en el Chocó 1909-1934

Ofrecemos en El Guarengue la segunda parte de nuestra serie sobre uno de los misioneros claretianos más reconocidos y recordados en la historia de esta congregación católica en la región del Chocó, en la esquina noroccidente de Colombia: el sacerdote español Nicolás Medrano. El Padre Medrano, con cuyo nombre fue bautizado un barrio de la ciudad, influyó significativamente en el progreso material de Quibdó en particular, por su vinculación a obras de infraestructura en las que se cifraron los sueños de progreso de la sociedad local de principios del siglo XX. Así como tuvo mucho que ver con el desarrollo de la música y con el proceso de reorganización de la fiesta patronal de San Francisco de Asís, hace 100 años.

 

La primera parte de esta serie, a propósito de la festividad de San Francisco de Asís, estuvo dedicada al papel del Padre Nicolás Medrano y su apoyo en la estandarización ceremonial y ritual de las fiestas de San Pacho, hoy patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, incluyendo su histórico legado del himno Gloria a San Francisco, conocido como los Gozos Franciscanos, bajo cuya sacra música transcurre uno de los momentos cumbre de la devoción franciscana quibdoseña, en la madrugada del 4 de octubre

Puede leerse en: https://miguarengue.blogspot.com/2021/10/nicolas-medrano-el-misioneroclaretiano.html 

 

Con motivo del 12 de octubre, publicamos hoy esta segunda parte de la serie, dedicada a mostrar el papel activo del Padre Nicolás Medrano en el establecimiento de los internados indígenas en la Prefectura Apostólica del Chocó, como estrategia de implantación del proyecto educativo y civilizador de los misioneros claretianos entre los indígenas de la región; gestión esta con resultados no tan plausibles como los de su legado musical.

 

En la tercera y última parte, además de otras acciones del Padre Medrano en los campos religioso, artístico y cultural, rememoraremos un episodio protagonizado por el Padre Nicolás Medrano relacionado con el homenaje a César Conto Ferrer, el 12 de octubre de 1924, cuando se inauguró el templete del Parque Centenario de Quibdó, que aún existe, para recibir los repatriados restos de este quibdoseño insigne, poeta, maestro, político, periodista, diplomático, filólogo y patricio liberal; y finalizaremos con la sin par despedida que Quibdó le brindó al misionero, en septiembre de 1934.

 

La gestión del Padre Medrano para el establecimiento de los internados indígenas

Actuando en calidad de Vicario Delegado y en representación del Prefecto Apostólico, Padre Francisco Gutiérrez CMF, quien había renunciado a su cargo por prolongados quebrantos de salud; en octubre de 1930, el Padre Nicolás Medrano tomó las riendas de un asunto trascendental para el trabajo de los misioneros claretianos en la Prefectura Apostólica del Chocó, creada en 1908. Dicho asunto era el funcionamiento de las escuelas “frecuentadas por indios”, y la gestión del Padre Medrano terminó convirtiéndose en el hito de origen del establecimiento de los denominados Internados Indígenas en esta jurisdicción eclesiástica, con el fin de cristalizar la “reducción de los indios”, para mejor cumplimiento de los propósitos educativos que le habían sido encargados por el Gobierno Nacional a los misioneros, en virtud del Tratado de Misiones suscrito por Colombia con la Santa Sede, en el marco del Concordato entre ambos estados.

Era domingo el 14 de febrero de 1909, cuando, remontando el Atrato, luego de haber bordeado el litoral Caribe desde Cartagena, los Misioneros Claretianos llegaron a Quibdó para asumir los destinos de la Prefectura Apostólica del Chocó, erigida el 28 de abril de 1908, mediante decreto del Papa Pío X. Aquel grupo de pioneros, cuyos integrantes eran todos de nacionalidad española, lo conformaban el Padre Juan Gil y García, primer Prefecto Apostólico, y seis misioneros más: los sacerdotes Juan Codinach, Andrés Villá y José Fernández, y los Hermanos Coadjutores Hilario Goñi, Félix Reca y Ramón Casáis. Completaban el grupo los padres Agustín Quiroga y Nicolás Lanas, y el Hermano Coadjutor Urbano Simón, quienes se habían adelantado al grupo para prepararlo todo en Quibdó antes de la llegada del Prefecto, quien, “en compañía del Reverendísimo Padre Martín Alsina, Superior General del Instituto, subía a Bogotá a ofrecer sus respetos a las supremas autoridades de la República. Y, cumplidas las primeras obligaciones de cortesía, se presentaba ante el puerto de Quibdó, el día 14 de febrero del año arriba mencionado[1]. El Padre Nicolás Medrano llegaría a la ciudad dos años después, en febrero de 1911 y, salvo una breve ausencia menor de seis meses, permanecería hasta octubre de 1934.

Como lo relata el informe de los primeros veinticinco años de trabajo misionero de los Claretianos en el Chocó, mientras en Roma se tramitaba el nombramiento de un nuevo Prefecto Apostólico, ante el inevitable retiro del Padre Gutiérrez por motivos de salud, el Padre Nicolás Medrano, “sobre cuyos hombros descansaban los destinos de la grey, interpuso su saber y su no escasa influencia para hacer cristalizar la idea de la REDUCCIÓN DE LOS INDIOS[2]. Un viaje a Bogotá; distintas conversaciones con el Ministro de Educación Nacional; consultas con el Abogado del Ministerio y varios otros pasos imprescindibles en ocasiones semejantes: oficios y notas que son de rúbrica para llenar los trámites que requieren negocios de la naturaleza del que tratamos[3].

Los dos primeros prefectos apostólicos del Chocó:
los padres Juan Gil García y Francisco Gutiérrez Lorente.
Fotos: Misioneros Claretianos, Informe 1911-1915.

El Ministro de Educación Nacional era entonces Abel Francisco Carbonell, quien formaba parte del gabinete de Enrique Olaya Herrera, recién posesionado como Presidente de la República en reemplazo de Miguel Abadía Méndez, cuyo último ministro de esa cartera había sido el chocoano Eliseo Arango. Según carta del Padre Medrano al ministro Carbonell, fechada el 10 de octubre de 1930, 20 escuelas están en ese momento a cargo de la Prefectura Apostólica del Chocó, “9 son frecuentadas exclusivamente por indios, y las 11 restantes por negros y mulatos. Los indios matriculados en este año ascienden a 274; los negros y mulatos a 362; total, 636 matrículas[4]. No es muy bueno el estado de instalaciones y mobiliario de las escuelas, que “carecen hasta de bancos para sentarse los alumnos, y casi no tienen ya libros ni útiles de ningún género[5], informa la carta, en la cual se anota que 19 escuelas están a cargo de maestras y solamente una a cargo de un maestro.

“Pero el objeto directo de este Memorial es tratar únicamente de las escuelas frecuentadas por indios... Casi todas ellas están situadas en lugares ásperos del Municipio de Pueblorrico, Departamento de Caldas, aunque en lo eclesiástico son dependientes de esta Prefectura o Inspección”, aclara y precisa el Padre Medrano en su carta. Y le advierte al Ministro de Educación que, “debido a múltiples circunstancias, ni el porvenir de estas escuelas es halagador, ni los actuales resultados son satisfactorios[6]. Se queja el Padre Medrano de que “los tambos o habitaciones de los indios están separados unos de otros; y varios distan algunas horas del lugar donde la escuela funciona”. Y anota que “por esta causa la asistencia es muy irregular y esta irregularidad en nada contribuye al buen resultado que se intenta”. Igualmente, se refiere a las deficiencias locativas: “los locales son verdaderamente míseros: la carencia de muebles y de útiles casi total, y ni ese Ministerio ni la Prefectura cuenta con fondos para remediar esas necesidades”; y lamenta las dificultades que padecen los misioneros para sus visitas a los indios: “por tan pésimos y peligrosos caminos, las visitas son difíciles, y a pesar de todo, un Padre las recorre con harta frecuencia con sacrificios y dispendios de ropa, calzado, bestias, y no pocas veces de la propia vida: y todo sin retribución de ningún género”[7].

Comunidad Claretiana de Quibdó en 1918,
incluyendo al Padre Nicolás Medrano
y al Prefecto Apostólico Francisco Gutiérrez.
Foto: Archivo fotográfico y fílmico del Chocó.

Hijo de su tiempo y de sus convicciones, producto de su formación y de su origen, y genuino representante del proyecto misionero claretiano de ese entonces, el Padre Nicolás Medrano concluye -en su carta del 10 de octubre de 1930 al Ministro de Educación de Colombia- que, según lo que ha expuesto sobre las escuelas de indios manejadas por la Prefectura: “La poca instrucción y educación o civilización que pueda recibir el indio, la pierde con seguridad al volver a su tambo”

Dicho corolario le sirve como base al connotado misionero Medrano para proponerle al Ministro de Educación que las escuelas de indios sean reemplazadas por concentraciones o reducciones, es decir por un solo sitio en donde los indios se concentren para recibir la educación de maestras, monjas y misioneros, en lugar de vivir en tambos dispersos y asistir periódicamente a las escuelas: “Por esto creemos que debe cambiarse de método, reduciendo estas escuelas a un solo CENTRO o REDUCCION, o como se llame, regentado por alguna Comunidad de Religiosas, donde puedan recogerse los indios y ser alimentados, vestidos y curados en sus enfermedades, como si estuvieran en un internado[8].

Para apuntalar la propuesta, el Padre Medrano ofrece poner al servicio de su concreción un edificio de la Prefectura en San Antonio del Chamí y le propone al ministro comprar una finca y un trapiche aledaños, “ya para alimentación, ya para hacer adquirir a los indios hábitos de trabajo y de cultivo”[9].Y anticipándose a la probable objeción relacionada con los altos costos del establecimiento de los internados, el misionero pregunta y propone al ministro lo siguiente: “¿No se podrían invertir en esto las sumas que devengan actualmente los maestros de las 9 escuelas? El Gobierno asigna para esas escuelas la cantidad de $ 5.040 anuales, y esa cantidad se gasta para reportar frutos escasos y a la postre nulos; ¿no estará mejor y más justamente empleada en esta reforma, más provechosa para los mismos indios y de más sólidos resultados? Tal vez con ella pudieran vivir las Religiosas encargadas de ese centro, y dar albergue a mayor o menor número de indios, según el alcance de esos recursos”[10].

El Padre Medrano finaliza su propuesta económica sugiriéndole al Ministro de Educación que considere la posibilidad de cerrar también las 11 escuelas no indígenas o pasarlas al manejo de la Intendencia del Chocó, con el fin de usar también el dinero que en ellas se emplea para financiar los internados o reducciones de indios en áreas más lejanas como Aguasal; con todo y el buen trabajo que algunas de estas escuelas adelantan y que él mismo reconoce en la carta: “Verdad es que sería lástima clausurar algunas de ellas por lo florecientes que están y el interés que demuestran los padres y madres, y los alumnos: mas, si el señor Ministro estima más oportuno y conveniente el atender a los indios, habría que posponer ese sentimiento a la mayor conveniencia pública: aparte de que esas escuelas florecientes (no son todas) pudiera muy bien atenderlas la Intendencia[11]. Y así, luego de una breve fórmula de cortesía como despedida, termina la carta que el misionero claretiano Nicolás Medrano suscribe el viernes 10 de octubre de 1930, con destino al Ministro de Educación de Colombia, mediante la cual propone cambiar las escuelas nacionales del Chocó por internados indígenas.

Prefecto Apostólico Francisco Sanz y Pascual.
Foto: Archivo fotográfico y fílmico del Chocó

El nuevo Prefecto Apostólico, Padre Francisco Sanz, posesionado en febrero de 1931, le da el empujón faltante al proyecto de los internados, una idea en cuya concepción también habían participado el Padre Francisco Onetti y el Padre Fermín Larrazábal, quien a la fecha había regresado a España; pero en cuya materialización sería definitiva la intervención del Padre Nicolás Medrano. En noviembre de 1931, un año después de la histórica carta del Padre Medrano, el Ministerio de Educación autoriza al Prefecto Sanz para que utilice los recursos del presupuesto de las escuelas en la organización de los internados, de común acuerdo con el Intendente Nacional y el Director de Educación Pública del Chocó. Se establecerá entonces un primer internado en Purembará, en jurisdicción de Pueblorrico, en cuyo proceso de diseño y construcción participó la mismísima Madre Laura Montoya, hoy Santa, y posteriormente el de Catrú, en la zona del Baudó; para adoctrinar a los indígenas en la fe católica, castellanizarlos e introducirlos en costumbres lo más lejanas posibles de las suyas propias originales, en un trabajo adelantado conjuntamente con las Misioneras de María Inmaculada y de Santa Catalina de Siena, conocidas como Religiosas de la Madre Laura o Misioneras Lauritas.

Los resultados del trabajo de los internados en la “transformación admirable” de los indios son registrados, en 1936, por el Padre Constancio Pinto, también misionero claretiano, en sus crónicas de la Casa-Misión de Pueblo Rico (1913-1935)[12]: “ya hoy muchos de ellos se confiesan y comulgan, visten como blancos, saben leer y escribir, todos reciben el sacramento del bautismo y se casan por la Iglesia. No huyen del sacerdote, antes lo buscan, porque ven en él a un padre y a un amigo que no desea sino hacerles bien; pero a pesar de esa transformación aún se encuentran en muchos de ellos resabios de vida salvaje; tales son la creencia en sus brujos y la costumbre de las bebezones”. Refiriéndose al Internado de Purembará, el Padre Pinto anota que los 20 indios huérfanos allí internos, al finalizar el año, “saldrían del colegio olvidando completamente su idioma, hablando perfectamente el castellano y con costumbres muy distintas de las que ven en sus mayores. Serán con el tiempo el principio de un nuevo pueblo que sin duda surgirá a los alrededores del colegio”[13].

 San Antonio del Chamí, Pueblorrico, Quibdó y Purembará.
Fotos: Misioneros Claretianos. Informe 1934.

Los alcances de la estrategia "civilizadora" de los internados indígenas, materializada gracias a las gestiones del Padre Nicolás Medrano, son resumidos en una juiciosa investigación sobre el trabajo realizado entre los indios del Chocó y de Urabá por los misioneros claretianos y carmelitas, entre 1908 y 1952, de la siguiente manera:

“El objetivo último de estos internados era el de establecer un “faro en la selva”, como decían los textos, que guiara a los habitantes “abandonados” de esa región hacia “la luz”. Estos centros, además de “civilizar” a los nativos mediante la enseñanza de varias asignaturas y ciertas labores como lengua castellana, aritmética, las “verdades” de la fe, las técnicas modernas y “racionales” de agricultura, oficios prácticos, etc., debían infundir en ellos el amor hacia la patria colombiana. Una vez hubieran logrado convertir a los neófitos, éstos se irían asentando paulatinamente alrededor del faro y conformando un poblado en el cual implementarían todas las enseñanzas impartidas en el colegio en pos de una vida “civilizada”[14].


Sus gestiones conducentes a la creación de los internados indígenas son, pues, otro capítulo de considerable relevancia en el trabajo que durante más de 20 años adelantó el misionero claretiano Nicolás Medrano en el Chocó. Un capítulo de no muy grata memoria y de consecuencias no tan plausibles como sus aportes a las fiestas de San Francisco de Asís en Quibdó. Luces y sombras, como suele decir la iglesia cuando de sus propios errores se trata.



[1] Bodas de Plata Misionales de la Congregación de Misioneros Hijos del I. Corazón de María en el Chocó 1909 – 1934. Quibdó, 14 de febrero de 1934. 228 pp. Pág. 18.

[2] Las mayúsculas pertenecen al texto original.

[3] Bodas de Plata Misionales de la Congregación de Misioneros Hijos del I. Corazón de María en el Chocó 1909 – 1934. Quibdó, 14 de febrero de 1934. 228 pp. Pág. 38.

[4] Idem. Ibidem. Pág. 39-40

[5] Ibidem, pág. 40.

[6] Idem. Ibidem.

[7] Ibidem.

[8] Ibidem.

[9] Ibidem.

[10] Ibidem. Pág. 44.

[11] Idem. Ibidem.

[13] Idem. Pág. 246-247

[14] Díaz Baiges, David. “Convertir para Dios y transformar para la patria”. Misioneros claretianos y carmelitas descalzos entre los “indios errantes” del Chocó y Urabá, Colombia (1908-1952). Tesis doctoral Universitat de Barcelona. Capítulo 5, pág.251. Barcelona, septiembre 2018.