22/10/2018


Carlos Arturo Truque
Tan largos sus frutos como corta su existencia

“Al hablar de Carlos Arturo Truque tenemos que empezar diciendo que estamos enfrentados a un excelente narrador. A un maestro del cuento[1]. // …Yo pienso que, a partir de la cuentística de Truque, el cuento se vigoriza y se airea mucho en el contexto de la literatura colombiana… Truque se perfilaba como el García Márquez del Pacífico colombiano; sino que, infortunadamente, la muerte lo visitó muy temprano y solamente tuvimos la oportunidad de conocer un volumen de cuentos de este autor” [2].

Gabriel García Márquez y Carlos Arturo Truque.
Tomada de: 
https://narrativabreve.com/2016/04/cuento-
de-carlos-arturo-truque-vivan-los-companeros.html

La primera vez que se ganó un concurso literario, Gabriel García Márquez le ganó a un escritor chocoano, nacido en Condoto, quien obtuvo el tercer premio. Carlos Arturo Truque Asprilla se llamaba este escritor, de cuyo natalicio se cumplen 91 años este 28 de octubre y cuya vida, tan corta como intensa, transcurrió en Condoto, Cali, Popayán, Buenaventura y Bogotá. A pesar de lo corta que fue su vida, este condoteño ha sido considerado, en los estudios literarios colombianos, como todo un maestro del cuento; así como se ha reconocido ampliamente su contribución al desarrollo en Colombia de dicho género, que en aquellos tiempos estaba recién afincado entre los maestros de la narrativa norteamericana, de la cual se nutrió toda una generación de escritores colombianos. “Mi padre fue un escritor de una existencia muy corta, de 42 años, que ha dejado un legado en veintiséis cuentos que enaltecen la cuentística colombiana por la calidad de sus textos, que si uno los ve ahora parece que hubieran sido escritos en este momento”, dice una de sus hijas, la escritora Sonia Nadezhda Truque.[3]

Actuando como jurados del Concurso de Cuento de la Asociación de escritores y artistas de Colombia, en julio de 1954, Hernando Téllez, Rafael Maya, Próspero Morales Pradilla, Daniel Arango y José Humberto García, otorgaron el primer premio a Gabriel García Márquez, por su cuento Un día después del sábado[4]; el segundo premio a Guillermo Ruiz Rivas, por su cuento Por los caminos de la muerte[5]; y el tercer premio a Carlos Arturo Truque, por su cuento Vivan los compañeros[6].

Dentro de sus respectivas características, modalidades y tendencias, cada uno de estos cuentos es excelente[7], anota el jurado y presenta en su informe una valoración de cada uno de los tres escritores y cuentos premiados. A García Márquez lo reconoce como un “magnífico escritor… […] (con) una notoria habilidad literaria y un estilo lleno de aciertos, de sobria belleza”, así como resalta su originalidad, su propósito artístico y su sentido estético; sin embargo, le encuentra “una pequeña falla que en nada invalida el mérito real del cuento”. A Ruiz Rivas lo identifica en línea de continuidad con el costumbrismo nacional y antioqueño de la época; con la diferencia de que el autor introduce en su cuento el “hecho político-social contemporáneo de la violencia”. Sobre el trabajo de Truque, anota el jurado: “El tercer cuento “Vivan los compañeros”, [es] si así podemos decirlo un término medio entre la novedad literaria del señor García Márquez y el tradicionalismo del señor Ruiz Rivas. El cuento del señor Truque es casi una narración, pero con un acierto de síntesis y de ritmo. El estilo es hermoso y sencillo. El fenómeno de la violencia política también, como en el cuento del señor Ruiz Rivas, constituye el trágico fondo. En unos pocos trazos queda definida la psicología de los hombres sometidos a la dura prueba de la crueldad[8].

Carlos Arturo Truque Asprilla nació en Condoto, el 28 de octubre de 1927, y murió en Buenaventura, el 8 de enero de 1970, a la edad de cuarenta y dos años, dos meses y once días. Su hija Sonia cuenta que su papá era “hijo de Sergio Isaac Truque Müller y Luisa Asprilla; su madre era afrodescendiente del Pacífico colombiano, mientras su padre era hijo de alemanes que habían llegado al Chocó como mineros para la explotación de platino[9].

En su famoso ensayo autobiográfico La Vocación y el medio. Historia de un Escritor, el propio Truque se refiere al contexto de su nacimiento:

“Nací en la era mecánica, en un pueblo que la desconocía. Cualquier pueblo de Colombia, de esos que se quedan en un remanso de la civilización y que conservan como tesoro más preciado lo elemental de la existencia. Hasta mis ocho años no conocí la barrera que separaba a unos seres de otros. Como el pueblo era pobre, nadie pensó nunca que la riqueza era un factor para brillar y valer más que los que no la poseían. Siendo un pueblo de negros, nadie imaginó que las diferencias de pigmentación pudieran abrir abismos insalvables y ser usadas para establecer la dominación y el repudio sobre quienes se consideraron inferiores. Vine, si así puede decirse, limpio a la vida”. [10]

Siendo Truque muy niño, su familia se traslada transitoriamente a Buenaventura, donde empieza sus estudios de primaria y “donde su padre se dedicó al comercio, llegó a ser un hombre próspero y se convirtió en líder político conservador[11]. Posteriormente, contado por el propio Truque, “desde el pueblo fui trasladado a Cali, que por entonces comenzaba a tener aires de gran ciudad, y matriculado en la escuela pública de San Nicolás… Me gustaba estudiar y me destaqué muy pronto como uno de los mejores alumnos de la escuela. Hacía, cuando sucedió lo inesperado, el tercer grado elemental[12].

Lo inesperado a lo que Truque se refiere es la vivencia del primer acto de racismo explícito y estructural en su contra, a la temprana edad de ocho años; el cual fue protagonizado por “el mequetrefe de mi maestro”, que “nos endilgaba…sus buenos discursos sobre el nacionalsocialismo (España estaba en plena Guerra Civil), muy adobados con comprensibles capítulos de Mi lucha[13]. Inexplicablemente para Truque, que era el mejor alumno de su clase, el mismo profesor que así lo había reconocido le decretó reprobado el año. La situación fue vilmente rematada por el papá del condiscípulo menos aprovechado de su clase, quien le dijo a la acudiente de Truque que este era un “negro sinvergüenza”, una porquería que no iba a servir para nada y que lo pusiera a trabajar. Este hecho, que “trajo consecuencias irreparables[14] está narrado in extenso en el ensayo que sobre el particular hemos citado.

Truque “comienza sus estudios de bachillerato en Cali, en el Colegio de Santa Librada, con el apoyo de su tío Elcías Truque”; y los culmina en el Liceo de la Universidad del Cauca, universidad donde “comenzó la carrera de ingeniería, de la que solo cursó un año dado que no era su vocación sino la decisión de su padre. Su determinación de no terminar sus estudios lo condujo a un largo rompimiento con su progenitor, que era bastante rígido y autoritario con sus hijos[15].

Es entonces, ahí en Popayán, donde Carlos Arturo Truque confirma y elige su vocación literaria, publicando sus primeros trabajos en revistas estudiantiles y en el periódico El Liberal; así como confirma y elige su vocación política, como un correlato de la vida y la escritura: “él fue un hombre muy comprometido con las causas sociales, militó en el Partido Comunista, fue muy perseguido por la dictadura de Rojas… tuvo muchas dificultades por su posición política y su condición racial, pues imagínate en los años 50 ser negro y escritor en Bogotá, eso era una cosa muy difícil[16].

Fabio Martínez, escritor, investigador y profesor de la Universidad del Valle, amplio conocedor de la obra de Truque, corrobora la exclusión de la que Truque fue objeto por motivos raciales: “hasta hace poco en Colombia ser negro y al mismo tiempo escritor era un despropósito que se pagaba con el olvido. Carlos Arturo Truque, quien murió en Buenaventura a la edad de cuarenta y dos años, no fue ajeno a esta forma de exclusión[17]. “Truque, quien en la actualidad es más estudiado en la academia norteamericana que en la nuestra, fue víctima en su época de la exclusión, y en más de una ocasión, fue estigmatizado por ser pobre, negro y comunista[18].

Carlos Arturo Truque, con su esposa Nelly Vélez y sus tres hijas.
Tomada de la edición digital de Carlos Arturo Truque,
Valoración crítica. Universidad del Valle-Programa Editorial. 
Antes de radicarse en Bogotá, Truque trabajó en un juzgado en los Llanos orientales, entre los 20 y los 24 años de edad. Regresa a Buenaventura en el año 1951 y “conoce a Nelly Vélez Benítez, joven oriunda de Palmira, cuando trabajaba como locutora en una emisora en Cali. Luego de casarse el 4 de octubre de 1952, deciden vivir en Buenaventura donde trabajaba con la Flota Mercante Gran Colombiana, como registrador de carga en el muelle[19]. Allí conoce a su paisano Cicerón Flórez Moya[20], también condoteño y entonces adolescente, y a su futura esposa Ángela Góngora; así como al poeta chileno Andrés Crovo[21], y con ellos se embarca en proyectos periodísticos que “desestimó al intuir que su norte estaba en Bogotá, ciudad donde fijó su residencia en 1954[22], y adonde llega con su esposa, su hija mayor y su excepcional talento.

Allí, en Bogotá, experimentará Truque todo tipo de inconvenientes, escollos, obstáculos, dificultades; pero, definitivamente, ese era su paso del Rubicón, pues, aunque no cupo del todo en las elites bogotanas, su talento indiscutible le granjeó simpatías y amistades, e incluso apoyos materiales, de algunas plumas en boga: “él fue muy amigo de Eduardo Pachón Padilla, de José Luis Díaz Granados, de GOG, que fue el Director de las Lecturas Dominicales de El Tiempo. Pero, por su condición afro, por su condición de negro, de una u otra manera como que no cabía en las grandes elites de Bogotá; y esto de alguna manera lo marcó negativamente[23].

Yvonne América Truque. Tomada de:
https://poetassigloveintiuno.blogspot.com/2014/12/yvonne-america-truque-141-95-poeta-de.html
Nacen en ese entonces su complicidad artística y social, y su amistad con Manuel Zapata Olivella, las cuales durarían hasta el final de su vida. Ese momento y esa amistad son evocados así por la escritora Yvonne América Truque, otra de las hijas de Carlos Arturo Truque: “Mi padre fue un gran escritor, un intelectual. Crecí en un ambiente que favorecía mi formación y mi comprensión del arte y la literatura. Recuerdo las tertulias de mi padre y sus amigos en nuestra casa… (y cómo) olvidaba los poemas de Rubén Darío y de Rafael Pombo que mi padre me pedía declamara ante sus invitados. Olvidaba los fragmentos del Macbeth de Shakespeare, que con las hijas de Manuel Zapata Olivella jugábamos a interpretar en tardes de sábado o domingo. Pero, nunca olvidaba los pasos de la cumbia o del currulao, o del mapalé que bailaba desde muy temprana edad y que aún me hace vibrar. Hablo de recuerdos entre los cuatro y los nueve años, más o menos; hablo de los automatismos sociales y familiares que nada tienen que ver con la herencia genética, sino más bien, como bien lo explica Henri Laborit, con la transmisión de conocimientos entre generaciones[24].

Carlos Arturo Truque. Tomada de:https://narrativabreve.com/2016/04/cuento-de-
carlos-arturo-truque-vivan-los-companeros.html
Los premios, que habían empezado a llegar antes de Bogotá, son un aliciente en su difícil situación económica, que el escritor y su esposa sortean con amor y valentía. El Premio especial del Festival de Berlín, en 1951, por su obra dramática Hay que vivir en paz, “marcaría el inicio de sus años de reconocimiento”, según su hija Sonia[25]. “En 1953 ganó el Premio Espiral -que se otorgaba gracias al esfuerzo solitario del editor español Clemente Airó- con el libro Granizada y otros cuentos, lo que motivó al escritor, como ya se mencionó, a trasladarse con su familia a Bogotá al año siguiente. […] Una vez en Bogotá, en 1954, y durante los años de represión, la Asociación de Escritores y Artistas de Colombia le otorga el tercer premio por su cuento “Vivan los compañeros”. Luego en 1958 ocupa el tercer lugar en el Concurso Folklórico de Manizales con su cuento “Sonatina para dos tambores” y en 1956, en el V Festival de Arte de Cali recibe una mención por el cuento “El día que terminó el verano”.[26]

Después de tanta zozobra, al finalizar la dictadura de Rojas y hasta el año 1963, Truque consigue diversos trabajos estables: en el Ministerio de Educación Nacional; en la revista Cromos; en la Embajada de Haití; como traductor de inglés y francés; como libretista en la Radiodifusora y en la naciente televisora nacional, entre otros. “En 1957, luego de la caída de Rojas Pinilla, su condición económica y su bienestar general y el de su familia mejoraron. Por fin un comunista pudo acceder a un cargo en el sector público. Es nombrado, primero, en el Ministerio de Educación Nacional, y, luego, hace parte de la delegación de la Embajada de Haití. Pareciese que por fin la vida le sonríe a este hijo del “Litoral Recóndito”, pero como está signada por la dificultad, la contradicción y la ironía, en 1964 se hace de nuevo presente la desgracia, que no andaba muy lejos, solo escondida[27].

No obstante, en ese momento, Truque era ya el autor fecundo de 25 cuentos memorables con sitial de honor en la literatura colombiana e hispanoamericana, gratificantes para sus lectores, pródigos en lecciones para sus estudiosos. Sus títulos, en el orden en el que aparecen publicados por el Ministerio de Cultura en el tomo V de la Biblioteca de Literatura Afrocolombiana[28], son: Vivan los compañeros, Granizada, La noche de San Silvestre, Sangre en el Llano, El día que terminó el verano, Sonatina para dos tambores, La fuga, La diana, El encuentro, Fucú, El misterio, Martín encuentra dos razones, Dos hombres, Porque así era la gente, La aventura de Tío Conejo, La muerte tuvo cara y sello, José Dolores arregla un asunto, Lo triste de vivir así, El collar, Las gafas oscuras, De cómo Jim empezó a olvidar, Puntales para mi casa, La otra oportunidad, El Pigüita, Longinos.

Los veinticinco cuentos que componen la breve obra de Truque son reflejo de su carácter rebelde y su mirada sobre la discriminación social y racial. Defendió el género del cuento como "descripción exhaustiva de un momento vital"… Sus personajes, atormentados y excluidos, transitan por la Guerra de los Mil Días, las protestas de la zona bananera, las guerrillas del Llano, los poblados negros del Pacífico[29]. “…A pesar del parco reconocimiento que la sociedad colombiana demuestra a sus auténticos valores culturales, los cuentos de este notable narrador chocoano se abren paso contra viento y marea, echando puertas abajo, derribando insondables muros críticos y cruzando fronteras y océanos hasta lograr enraizarse en la conciencia de innumerables lectores tanto en español como en otras lenguas[30].

Sonia Nadezhda Truque. Tomada de:
Mas hay también ¡Oh Tierra! un día... un día... un día... / en que levamos anclas para jamás volver... / Un día en que discurren vientos ineluctables / ¡un día en que ya nadie nos puede retener![31]. Y ese día llegó para Carlos Arturo Truque Asprilla: “En 1964 se rompe definitivamente la vida del escritor, al sufrir una trombosis cerebral que lo dejó incapacitado para trabajar y escribir. Durante su enfermedad estuvo rodeado de amigos como Manuel Zapata Olivella, quien logró encontrarle un cupo en el Hospital de La Hortúa; el ex magistrado Jairo Maya Betancourt, quien le demostró una preocupación de hermano; y de Otto Morales Benítez, Matilde Espinosa y Luis Carlos Pérez, entre otros. Hasta su deceso, su esposa Nelly lo animó para que siguiera escribiendo. Se contrataron varias secretarias, y con terapias y gran esfuerzo logró escribir algunos cuentos, pero el estado de ánimo decaía; no obstante, dejó varios escritos a mano que su esposa rescataría. Muere en Buenaventura, Valle del Cauca, el 8 de enero de 1970 a la edad de cuarenta y dos años”[32]. “Una trombosis cerebral -acuciosa y altanera, como yo la llamo, se le adelanta a la Muerte, que –no faltaba más– llega prematura. A su deceso le sigue –presuroso e injusto, también paradójico y sarcástico– su olvido. No importa que haya estado predestinado a ser uno de los mejores escritores del país”[33].

Colombia Truque Vélez, con un funcionario
del área cultural de la Embajada de Chile en Colombia. 2015.
Tomada de su página de Facebook.
No pudo el olvido deliberado imponerse sobre el talento y la gloria naturales de Truque. Poetas, narradoras, artistas, mujeres comprometidas con la construcción de “la vida limpia que no hemos tenido la oportunidad de vivir[34], con “una fe profunda en la fuerza de los humildes[35], Sonia Nadezhda, Yvonne América (Bogotá, 1955-Montreal 2001) y Leticia Colombia, junto a su madre Nelly Cecilia, tampoco lo habrían permitido; pues nada justo habría sido privar a Colombia y al mundo de los largos y maravillosos frutos de la corta e intensa vida limpia de Carlos Arturo Truque Asprilla.



[1] Martínez Fabio (Prólogo). Universidad del Valle-Programa Editorial. Carlos Arturo Truque, Valoración crítica. Compilador: Fabio Martínez. Edición digital: septiembre 2017. 137 pp. Pág. 11. En: http://revistas.univalle.edu.co/omp/index.php/programaeditorial/catalog/download/69/32/1214-1?inline=1

[2] Entrevista al Profesor Fabio Martínez, en el programa Tiempo de Letras, una producción del Programa Editorial de la Universidad del Valle. En: https://www.youtube.com/watch?v=f2IIvcKdKwI (publicado el 19 de agosto de 2015).

[3] Entrevista a Sonia Nadezhda Truque. Revista Contorno Judicial. En:
https://www.youtube.com/watch?time_continue=50&v=9ACsFT_AA-s (Publicado el 27 de octubre de 2014). N.B.: en realidad fueron veinticinco cuentos y un ensayo.

[8] Ibidem.

[9] Truque, Sonia Nadezhda. COLOMBIA A CORAZÓN ABIERTO. En: Carlos Arturo Truque, Valoración crítica. Compilador: Fabio Martínez. Universidad del Valle-Programa Editorial. Edición digital: septiembre 2017. 137 pp. Capítulo 13, pp. 103-115. Pág. 103. Consultado en:

[10] Truque, Carlos Arturo. LA VOCACIÓN Y EL MEDIO. HISTORIA DE UN ESCRITOR. En: Carlos Arturo Truque, Valoración crítica. Compilador: Fabio Martínez. Universidad del Valle-Programa Editorial. Edición digital: septiembre 2017. 137 pp. Capítulo 1, pp. 15-24. Pág. 17. Consultado en: http://revistas.univalle.edu.co/omp/index.php/programaeditorial/catalog/view/69/32/1215-1

[11] Truque, Sonia Nadezhda. COLOMBIA A CORAZÓN ABIERTO. Op. cit. Pág. 103.

[12] Truque, Carlos Arturo. Op. cit. Pág. 17.

[13] Ibidem.

[14] Ibidem, pág. 20.

[15] Truque, Sonia Nadezhda. COLOMBIA A CORAZÓN ABIERTO. Op. cit. Pp. 103-104

[16] Entrevista a Sonia Nadezhda Truque. Revista Contorno Judicial. En:

[17] Universidad del Valle-Programa Editorial. Carlos Arturo Truque, Valoración crítica. Compilador: Fabio Martínez. Edición digital: septiembre 2017. 137 pp. Pág. 14 (Prólogo por Fabio Martínez). En: http://revistas.univalle.edu.co/omp/index.php/programaeditorial/catalog/download/69/32/1214-1?inline=1

[18] Ibidem, pág. 2

[19] Truque, Sonia Nadezhda. COLOMBIA A CORAZÓN ABIERTO. Op. cit. Pág. 104

[20] Después de toda una vida dedicada al periodismo activo, el Maestro Cicerón Flórez es actualmente asesor emérito de La Opinión, diario de Cúcuta del cual fue jefe de redacción, subdirector y director. En 2011 recibió el Premio Simón Bolívar a la Vida y obra de un periodista.

[21] Esposo de la famosa Ministra de trabajo María Elena Jiménez de Crovo.

[22] Truque, Sonia Nadezhda. COLOMBIA A CORAZÓN ABIERTO. Op. cit. Pág. 104.

[23] Entrevista al Profesor Fabio Martínez, en el programa Tiempo de Letras, una producción del Programa Editorial de la Universidad del Valle. En: https://www.youtube.com/watch?v=f2IIvcKdKwI (publicado el 19 de agosto de 2015).

[24] Adams, Clementina. Ivonne América Truque: patriotismo, exilio y denuncia en su obra poética. Entrevistas a la autora. En: Universidad de Antioquia. Revista Estudios de Literatura Colombiana, N° 32, enero-junio, 2013, ISSN 0123-4412, pp. 147-163. Pág. 149. Consultado en:

[25] Truque, Sonia Nadezhda. COLOMBIA A CORAZÓN ABIERTO. Op. cit. Pág. 105.

[26] Ibidem. Pp. 105, 106.

[27] Cabezas Rher, Enrique. UN FAMOSO ESCRITOR DESCONOCIDO. En: Carlos Arturo Truque, Valoración crítica. Compilador: Fabio Martínez. Universidad del Valle-Programa Editorial. Edición digital: septiembre 2017. 137 pp. Capítulo 2, pp. 25-28. Pág. 28. Consultado en:

[28] Truque, Carlos Arturo. VIVAN LOS COMPAÑEROS. CUENTOS COMPLETOS. Ministerio de Cultura de la República de Colombia, Biblioteca de Literatura Afroamericana, Tomo V. 2010. 212 pp. Consultado en: http://babel.banrepcultural.org/cdm/singleitem/collection/p17054coll7/id/4/rec/19

[29] Ibidem. Contraportada.

[30] Garcés González, José Luis. UN MUNDO IMPLACABLE Y DESGARRADO. En: Carlos Arturo Truque, Valoración crítica. Compilador: Fabio Martínez. Universidad del Valle-Programa Editorial. Edición digital: septiembre 2017. 137 pp. Capítulo 2, pp. 29-34. Pág. 31. Consultado en:

[31] Fragmento de Canción de la vida profunda, de Porfirio Barba Jacob.

[32] Truque, Sonia Nadezhda. COLOMBIA A CORAZÓN ABIERTO. Op. cit. Pp. 106-107

[33] Cabezas Rher, Enrique. Op. cit. Pág. 28.

[34] Truque, Carlos Arturo. LA VOCACIÓN Y EL MEDIO. HISTORIA DE UN ESCRITOR. Op. cit. Pág. 24.

[35] Idem. Ibidem.

15/10/2018


¡Feliz cumpleaños, Mamá!


Hoy cumpliría 86 años la mujer con los ojos verdes más hermosos, profundos, sinceros, cálidos y acogedores que yo haya mirado: los mismos ojos que por primera vez me miraron en la vida, los mismos ojos que -hace ya cinco meses- dejaron de mirar para siempre y por eso ya nunca más me volverán a mirar.

Cuando mi mamá nació, Quibdó rondaba los 30.000 habitantes y su perímetro urbano estaba conformado por los barrios “la Yesquita (Bebaracito, Pacurita y Chipi-Chupe), la Yesca Grande (Chambacú, Panamá y Caicedo y Cuero), Belén de Judea (Chicharronal y el sitio de Betecito), Alameda Reyes (Boca de Cangrejo, Munguidocito, Tres Brincos y Pantanito), Barrio Norte (Roma), Barrio La Carretera (La carretera interoceánica hoy llamada Avenida Istmina), Barrio del Centro: que es el núcleo de las calles y carreras donde se ejercitan las actividades comerciales. La ciudad está dividida en la actualidad [N.B.: año1933,] en 13 calles y 9 carreras, sin tener en cuenta las de algunos barrios insuficientemente demarcados…[1].

Avisos de la época publicados en el periódico ABC.
Tomados de: http://www.archivofotograficodelchoco.com/comercio.html

Aviso de la época publicado en el periódico ABC.
Tomado de: http://www.archivofotograficodelchoco.com/comercio.html
En ese momento, en Quibdó había fábricas de jabones, de gaseosas, de baldosas, de hielo y de velas. La oferta comercial de la ciudad era tan variada como internacional, gracias a la relativa facilidad con la que llegaban toda clase de artículos importados de Europa, del Gran Caribe y de los Estados Unidos. Zapatos y telas, licores y enlatados, cigarrillos y tabacos, maquillaje y perfumes, salsas y condimentos, porcelanas y cristalería, arroz y cemento, etc., viajaban en las embarcaciones que hacían la ruta entre Cartagena y Quibdó, procedentes de allá o de Barranquilla. El cargamento de los barcos incluía también música mexicana y cubana, de cuya reinterpretación nació el son chocoano y los músicos locales le infundieron aires atrateños al mágico y universal bolero, convirtiendo ambos ritmos en exquisita y apetecida materia prima de las cadenciosas serenatas que adornaban la penumbra y el silencio de aquellas noches quibdoseñas pobladas de leyendas, de amores furtivos y recónditas ilusiones, de guitarras portentosas y silencios monumentales. Así me lo contaba mi mamá, cuando yo era un niño que la acompañaba en la cocina o mientras ella cosía en su máquina Singer de toda la vida; orgullosa y nostálgica de los tiempos de la Intendencia, de los cuales alcanzaron a tocarle 15 años.

La Intendencia estaba celebrando 25 años de haber sido erigida y tenía aproximadamente 100.000 habitantes cuando mi mamá nació. Para entonces, debido al declive de la producción rusa, el Chocó había llegado a ser el primer productor mundial de platino, un metal que -de ser desechado por tratarse de oro biche- se había transmutado en materia prima apetecida y cada vez más solicitada por las entonces incipientes industrias electrónica y aeroespacial, así como para la fabricación de aviones y armas, y -en términos generales- para la producción de todo tipo de elementos que necesitaran alta resistencia al calor; ya que el platino se caracteriza por su gran dureza, por tener un punto de fusión elevado y por su gran capacidad de conducción eléctrica.

Habían pasado pocos días de la celebración de los primores de quinceañera de mi mamá, en 1947, cuando la Intendencia fue ascendida a Departamento, por obra y gracia de una pléyade de chocoanos ejemplares y honestos que se habían organizado y movilizado en pro de lo que consideraban la más justa causa.

“La primera mitad del siglo XX fue un período de grandes cambios en el Chocó. En materia político administrativa, en 1907 se constituyó la Intendencia del Chocó, la cual cuarenta años después, en 1947, fue elevada a departamento. Algunos estudios han coincidido en afirmar que el departamento vivió un auge relativo durante las tres primeras décadas del siglo XX. En este período se consolidó la explotación de oro y platino por parte de compañías extranjeras, las cuales, gracias al uso de dragas en su explotación, aumentaron significativamente la productividad. Adicionalmente, se registraron algunos intentos de desarrollo agroindustrial como el ingenio de Sautatá, se consolidó una importante actividad comercial a través del río Atrato y se generó una pequeña industria en Quibdó para atender el mercado local. Sin embargo, gran parte de este auge se frenó durante los años cuarenta y el departamento terminó la primera mitad del siglo XX con un estancamiento relativo significativo, en el cual ha permanecido hasta la fecha”[2].

Nació, pues, mi mamá en una de las épocas más productivas, brillantes y talentosas de la historia de las tierras quibdoseña y chocoana, aunque también de mayor inequidad y exclusión por motivos socioeconómicos y raciales. Una época en la que Quibdó llegó a ser una ciudad literalmente cosmopolita e interconectada con el mundo:

“Varias razones ayudan a explicar el curioso esplendor de un lugar orillero, entre la selva chocoana y las aguas torrentosas de un río. Mientras en el siglo XIX la tagua y el caucho atrajeron a los comerciantes foráneos, a comienzos del XX fueron el oro y el platino. Sobre todo, este último, pues luego de la revolución bolchevique, en Rusia, las minas de este metal dejaron de explotarse en los montes Urales. Entonces se supo que había un villorrio perdido en las selvas de Suramérica, donde había platino como agua. Ansiosos por explorar estas vetas, llegaron colonos ingleses, alemanes, putas y aventureros, pero también un número apreciable de ciudadanos siriolibaneses que se afincaron por esos contornos para fundar industrias, comprar metales, vender enseres y abalorios, o montar flotas de navegación entre Quibdó y Cartagena, por el norte; o hacia Condoto, Istmina o Andagoya, el enclave minero, por el sur.
A pesar de que en las primeras décadas del veinte, desde el gobierno de Rafael Reyes, Chocó era considerado solo una intendencia, con el carácter marginal que este título le imponía, en la práctica estaba más conectado con el mundo que Medellín. Desde el siglo XIX ya había imprenta en Quibdó, y se publicaban periódicos como Ecos del Atrato o la revista Chocó.
Mientras la red de carreteras y la del ferrocarril apenas comenzaban en el país, los viajes fluviales eran obligatorios para ingresar desde el Caribe al interior, por el Atrato; o para salir, desde los Llanos Orientales hacia el Atlántico, por el río Orinoco.
Para ilustrar estos contrastes, basta pensar que traer un piano hasta Antioquia implicaba transportarlo por el Magdalena hasta Puerto Berrío, luego en tren hasta el Nare, hacer transbordo en mulas hasta el Nus, y luego retomar los rieles hasta la Villa de la Candelaria. Así, una capital como Medellín era una periferia al lado de Quibdó que tenía el acceso expedito, y albergaba cada vez más gente de toda laya y condición”.[3]

De tan asombrosa época datan los afectos que mi mamá, por los motivos más tristes del mundo, construyó con sus hermanos de crianza: Imelda, Ludivina, Chepa, Ángel, Juancho y Héctor, los seis hijos del matrimonio de Don Ángel Velasco y Doña Cándida Mosquera de Velasco, su madrina, quien después del fallecimiento de la mamá de mi mamá, cuando mi mamá tenía solamente dos o tres años de nacida, recibió el encargo de criarla. Doña Cándida era hermana, entre otros, de Manuel Mosquera Garcés, de quien mi mamá siempre me dijo que era una de las personas más inteligentes que había dado el Chocó en toda su historia.

Mi abuela Dioselina, a quien por obvias e infaustas razones no conocí, había llegado procedente de Cáceres, un pueblo minero del Bajo Cauca, y tenía un restaurante en donde se alimentaban gran parte de las decenas de viajeros que pasaban por Quibdó o de los foráneos que en la ciudad vivían temporalmente por razones de oficio o encargo. Producto de una caída, desde lo alto de una paliadera[4], mi abuela murió y entonces el papá de mi mamá decidió pedirle a la madrina que lo ayudara con su crianza, como en esa época se acostumbraba, ya que los gajes de su oficio incluían ser un permanente viajero y él no creía conveniente andar con una niña del timbo al tambo. Luis Carlos se llamaba mi abuelo y era un costeño sabanero de San Marcos (Sucre) que vino a Quibdó como telegrafista. Con los ojos llorosos, mi mamá evocaba siempre lo hermosas que eran las cartas que él le escribía, cuando de Quibdó fue trasladado a otros destinos, y que su madrina Cándida le leía. Que le decía que la quería mucho, me contaba mi mamá cada vez que hablábamos de su infantil soledad, con un sentimiento que tenía muchísimo menos de remembranza que de consuelo para su orfandad; como cuando me decía, cada vez que la veía, que la cara de Mercedes Sosa le recordaba la de su mamá.

De esa misma época datan amistades de toda su vida, como Marina Mejía; Astrid y Nicéfora Henao; la Nena Ricard; Glory, Elvira y Zulma Couttin; Zulma y María Morantes, entre otras que ahora recuerdo y a quienes desde muy niño conocí y con varios de cuyos hijos también desde niño compartí… Y así podría seguir cronológicamente escarbando la historia de cada época en la que vivió mi mamá, y recordar, por ejemplo, que ella tenía doce años cuando se inauguró la trocha de Quibdó a Bolívar (Antioquia), cuya construcción, que aún no termina, duró tres cuartos de siglo, como lo registró en su momento Lisandro Mosquera Lozano en un artículo en el ABC, periódico de circulación diaria, que llegó a tener una edición matutina y otra vespertina. Y que en ese mismo año se inauguró el servicio de carga y pasajeros de Transportes Chocó… O mencionar que a mi mamá le tocó ver los hidroaviones acuatizando en el Atrato; o la construcción del “Ocho Pisos”, la Catedral, el Palacio Episcopal, las “Cinco Quintas”, el viejo hospital y el cementerio, el Carrasquilla y la Normal…

Pero, es que ha pasado mucha agua bajo el puente de García Gómez desde aquellos años; tanta que ya ni siquiera existe La Yesca de sus años y de los míos, y nos quedan solamente los recuerdos de aquellos paseos suyos de juventud y de nuestras expediciones en balsa de la infancia. De modo que es mejor que me detenga aquí y que, en lugar de que sea mi mamá quien me cuente la historia a partir de sus recuerdos, como en una de nuestras conversaciones sobre el pasado quibdoseño y chocoano, sea yo quien hoy, en el día del primer cumpleaños que ella no puede celebrar, con un sentimiento que tiene muchísimo menos de remembranza que de consuelo para mi orfandad, le diga un par de cosas por las cuales jamás la olvidaré.

Declaro sin ambages que la palabra valentía rima perfectamente con su vida, que heroísmo es sinónimo de Usted y que a su ser sustantivo le lucen todos los adjetivos sinónimos de admirable que existen en los diccionarios de la asociación de academias de la lengua española. ¡Feliz cumpleaños, Mamá!


[1] Aristo Velarde. Periódico ABC, 1933. Citado en: González Escobar, Luis Fernando. QUIBDÓ, Contexto histórico, desarrollo urbano y patrimonio arquitectónico. Centro de publicaciones Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín. Primera edición: febrero 2003. 362 pp. Pp. 190-191

[2] Bonet, Jaime. ¿Por qué es pobre el Chocó? Documentos de trabajo sobre Economía Regional N° 90. Abril, 2007. Banco de la República. Centro de estudios económicos regionales, CEER. Cartagena. 60 pp. Pp. 12-13  Consultado en: http://www.banrep.gov.co/docum/Lectura_finanzas/pdf/DTSER-90.pdf

[3] Mora Meléndez, Fernando. Quibdó cosmopolita. Universo Centro N° 88, julio 2017. Consultado en: https://www.universocentro.com/NUMERO88/Quibdocosmopolita.aspx

[4] El Arquitecto Luis Fernando González Escobar, en su ensayo “Evolución histórica de la arquitectura en madera en el Chocó”, describe, define y caracteriza así la parte de la casa tradicional chocoana llamada paliadera: “Es bueno destacar la parte posterior, pues es una especie de corredor y terraza de actividades múltiples, la cual se denomina “paliadera”; un espacio tan particular de la arquitectura chocoana, que se encuentra aun en las viviendas más urbanas, que permite su utilización como zona húmeda -lavado y tendido de ropas, lavado de los utensilios de cocina e incluso como ducha-, o como [zona] de cultivo, pues se colocan ollas u otros recipientes para sembrar plantas medicinales o para aliño en la cocina.

08/10/2018


“…y el día llegará de tu redención

 Este viernes, 12 de octubre de 2018, se cumplen 102 años del natalicio del maestro de escuela de una remota aldea cuasifronteriza con Panamá al que aludió Gabo en 1954: el Maestro Miguel Vicente Garrido Ortiz.

Portada y página de inicio de la serie de reportajes sobre el Chocó
escrita por Gabriel García Márquez, en 1954. Colcultura, 1976.
Biblioteca personal.
El 29 de septiembre de 1954, El Espectador publicó el primero de cuatro reportajes escritos por Gabriel García Márquez como enviado especial de ese diario a Quibdó para el cubrimiento de los sucesos derivados de la intención gubernamental de suprimir el departamento del Chocó y repartirlo, con gente y todo, entre sus vecinos, encabezados, cómo no, por Antioquia. Historia íntima de una manifestación de 400 horas se tituló esa pieza maestra del reportaje colombiano, en la que el entonces reportero escribió:


"Lamento chocoano", la hermosa y triste canción compuesta por el maestro de escuela de una remota aldea chocoana, casi en las fronteras con Panamá, se cantó con tanta insistencia, con tanto fervor, que cinco días después de iniciado el movimiento la mayoría de sus intérpretes más entusiastas estaban afónicos. En aquellas salas cerradas, en aquel aire cargado de carbono y expectativa, las mujeres y los hombres escuálidos que cantaban su himno hasta el amanecer, parecían capaces de seguir cantando ese himno hasta el fin de los tiempos. Viéndolos y oyéndolos, uno se acordaba de "La Cucaracha" y "Adelita" en la revolución de México”.[1]

Este viernes, 12 de octubre de 2018, se cumplen 102 años del natalicio de ese maestro de escuela de la remota aldea cuasifronteriza con Panamá al que se alude en el reportaje: el Maestro Miguel Vicente Garrido Ortiz, ampliamente conocido por la chocoanidad y por buena parte de Colombia como compositor de uno de los boleros más hermosos del pentagrama nacional: Chocoanita; así como del Lamento chocoano que varias generaciones cantamos como himno del Chocó, sin que oficialmente lo fuera, y que fue reemplazado por Tierra chocoana que al grito, oficialmente adoptado como Himno del Chocó a mediados de los años 70 del siglo pasado y también compuesto por el Maestro Garrido; quien así mismo compuso Yo soy chocoano, la otra pieza popular a la que hace referencia el mencionado reportaje y que, cuando éramos niños, cantábamos creyéndola igualmente el himno departamental:

“Las amas de casa en los puestos de organización, y el servicio doméstico en las calles, cantaban una pieza popular: "En el Chocó se comen sardinas, chontaduro y árbol de pan…". Pero aquello era historia antigua: nadie pescó una sardina durante 15 días, ni alcanzó un chontaduro ni un pan del árbol. En los días críticos del movimiento se comieron alimentos en conserva, plátano frito y un poco de arroz hecho a la carrera. El comité de acción chocoana y sus colaboradores inmediatos consumieron, como alimento básico, 36 latas de galletas de soda”.[2]

La aldea remota a la cual se refiere el reportero García sigue siendo, efectivamente, remota: es el corregimiento de Sapzurro, último poblado colombiano en el Mar Caribe antes de llegar a Panamá, perteneciente al municipio de Acandí y situado en la esquina noroccidental del Chocó, de Colombia y de Suramérica. Dicho municipio, junto a Unguía, Juradó y la porción occidental de Riosucio conforman el Darién chocoano.

Miguel Vicente Garrido Ortiz. Tomada de: 
Allá en Sapzurro, no solamente murió, el 27 de enero de 2001, sino que pasó gran parte de su vida dedicado a la educación, como maestro consagrado y ejemplar, y como pedagogo innovador (fue pionero en Colombia de la Coeducación), en una labor que incluyó otras poblaciones vecinas, como Arboletes (Antioquia), donde formó parte del grupo de fundadores de la institución educativa que hoy lleva su nombre y de la cual Miguel Vicente Garrido fue su primer rector, en el año 1964, cuando inició labores con 9 alumnos matriculados y con el rector como único integrante de la planta de personal y tres profesores ad honorem, incluyendo al cura del pueblo. Hoy, esta institución tiene casi dos mil estudiantes.[3]

Su larga y fructífera vida magisterial, que finalizó al cumplir la edad de jubilación forzosa, mereció reconocimientos institucionales de los gobiernos y autoridades educativas de Antioquia y del Chocó. Había comenzado en la escuela rural de Opogodó (en el municipio de Condoto), en 1936, adonde fue enviado por Reinaldo Valencia Lozano, a la sazón Secretario de Educación de la Intendencia del Chocó. En Lloró, Quibdó, Acandí, Turbo, Necoclí, Bogotá, Panamá y Cartagena también ejerció Miguel Vicente Garrido su magisterio. La biblioteca pública del municipio de Acandí y una institución educativa de Quibdó llevan también su nombre, en memoria de su obra y de su vida.

Quizás provenga de tan prolijo recorrido por las geografías, los territorios y las comunidades chocoanas, darienitas y caribes la fluidez, la soltura y el acierto con los que el Maestro Miguel Vicente retrató en sus músicas y letras los más entrañables sentimientos de la gente de su tierra, de esa tierra a la que cortejó, enamoró y amó a través de sus canciones memorables, que son todas verdaderos himnos, cuyas letras y tonadas uno jamás olvida desde que, en plena infancia, las aprendió en la escuela y en la casa.

Su Lamento chocoano ha acompañado por más de medio siglo las desventuras, las luchas y las esperanzas de un pueblo que sigue confiando en que el fin de su resignación dará paso a su redención: “las coplas dolientes de Miguel Vicente Garrido, con su aquilatada carga de sentimiento patrio, han alimentado el espíritu de las últimas generaciones en esta tierra de promisión que la república ciega se resiste a involucrar en sus planes de desarrollo”, decía hace varios años un editorial del semanario quibdoseño Chocó 7 días[4]. Es el himno de la dignidad, de la utopía y de la resistencia chocoana.


Insuperable en su género, Chocoanita[5] ha sido el homenaje más puro y la más clara loa a la hermosura y al encanto y a la donosura de las mujeres de “cuerpo de palma” y “ojazos como el sol de la mañana", un verdadero himno al enamoramiento y a la ilusión: “Garrido es uno de los poetas y cantores que con sus letras engrandecieron el pentagrama nacional al llevar el sentimiento chocoanista en el goce del canto vernáculo a los ritmos y melodías del cancionero universal. Su obra cumbre, el bolero Chocoanita, ha sido interpretada por los más diversos tríos y orquestas, desde los tríos Fortich y Valencia, Montecarlo y Martino, pasando por las interpretaciones de Guayacán hasta la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia”.[6]


Aguas del Atrato (“Aguas del Atrato / que en tu marcha lenta / regaste el germen de una raza / que tú ves nacer./ Quién fuera canoa / para estar besando / el agua fresca de tu cauce / que no cesa de correr”); Chocó, tierra de quereres (“Chocó, tierra de quereres / tristezas, placeres / romance y canción / cuánto sufro al no mirarte / porque estás grabado / en mi corazón”); Yo soy chocoano (“Yo soy chocoano de nacimiento / tengo por honra ser de Quibdó / allí mi madre me dio su aliento / y allí mi alma se inspiró”) y Champa de palo (“Tengo mi champa de palo / que corre veloz / sobre el pelo del agua / en esa champa yo estoy / feliz porque voy / a besar a mi amada”) son verdaderos himnos a la exuberancia y a la majestad del territorio chocoano y sus recursos naturales, al amor por la patria chica y a la nostalgia que embarga el ser en las ausencias, a la vida cotidiana y al amor, a la honra de haber nacido allí y a la esperanza de lo que aún no ha sido; pero, pronto será.

Y así sucesivamente, cántese lo que se cante dentro del colorido universo musical del hijo de Vicente y Juana, un valluno y una chocoana; en todos los casos sentiremos que el quibdoseño Miguel Vicente Garrido Ortiz dijo y cantó lo que a todos nos hubiera gustado cantar y decir; sentiremos siempre que cada una de sus obras es una “composición musical emblemática de una colectividad, que la identifica y que une entre sí a quienes la interpretan[7], es decir, un himno. Y así por ende lo recordamos con felicidad, a 102 años de su nacimiento, como el magistral compositor de los himnos de la chocoanidad.  


[1] García M., Gabriel. El Chocó que Colombia desconoce. HISTORIA ÍNTIMA DE UNA MANIFESTACIÓN DE 400 HORAS (I). En: Crónicas y reportajes. Instituto Colombiano de Cultura. Bogotá, Editorial Andes. Junio de 1976. 518 pp. Pág. 197.
Los restantes títulos de la serie fueron: UNA FAMILIA UNIDA, SIN VÍAS DE COMUNICACIÓN (II), ibidem, pp. 199-209; “AQUÍ SE APRENDE A LEER EN EL CÓDIGO CIVIL” (III), ibidem, pp. 210-220; y LA RIQUEZA INÚTIL DEL PLATINO COLOMBIANO (IV), ibidem, pp. 221-230.

[2] Ibidem, pág. 196

[3] Institución Educativa Miguel Vicente Garrido Ortiz. (Antes Institución Educativa Arboletes). Marco histórico. Consultado en: http://mivigaor.edu.co/

[4] Chocó 7 días. Edición N° 990, Quibdó, noviembre 21 a 27 de 2014. EDITORIAL. En: http://www.choco7dias.com/990/editorial.html

[5] Algunas versiones de CHOCOANITA y los vínculos a las direcciones web donde pueden escucharse son las siguientes:

·         Fortich y Valencia: https://www.youtube.com/watch?v=f2AzkX49nms
·         Bambazulú Orquesta: https://www.youtube.com/watch?v=Xo-KVEfpCtY
·         Trío Montecarlo: https://www.youtube.com/watch?v=3brQ7n-PzPQ
·         Trío Martino: https://www.youtube.com/watch?v=0j6Zsx-hqRA
·         Hermanos Martínez: https://www.youtube.com/watch?v=SoA2P0hrcn4
·         Leonor González Mina: https://www.youtube.com/watch?v=XlXBOM4PDA8
·         Coro Cantares de Colombia: https://www.youtube.com/watch?v=DU6bNFZXSqw
·         Miguel Vicente Garrido:

[6] Cújar Cañadas, Douglas. Miguel Vicente Garrido, 100 años. Chocó 7 días, Edición N° 1085, Quibdó, octubre 14 a 20 de 2016. En: http://www.choco7dias.com/1086/MIGUEL.html

[7] REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, ASOCIACIÓN DE ACADEMIAS DE LA LENGUA ESPAÑOLA. Diccionario de la lengua española. Actualización 2017. Consultado en: http://dle.rae.es/?id=KPONSeO   

01/10/2018


Lo que tú has sufrido sin tu destino poder cambiar[1]

Así las cosas, cada día, a un grupo de chocoanos, hombres, mujeres, jóvenes, niñas y niños, equivalente al total de la población de Quibdó, los coge la noche medio muertos de hambre y agobiados por la desesperanza el sueño los vence.

Sumados los ingresos de todos sus integrantes, a seis de cada diez hogares del Chocó no entra mensualmente la cantidad de dinero necesaria para cubrir las necesidades básicas: padecen pobreza monetaria. Dichos hogares, además, soportan carencias o privaciones en cinco dimensiones básicas del bienestar, a saber: educación, salud, trabajo, vivienda y servicios públicos, y condiciones de vida de sus niños, niñas y jóvenes: padecen pobreza multidimensional.[2]

Quibdó. Tomada de: www.minuto30.com
En el 2017, la pobreza monetaria en el Chocó alcanzó una incidencia de 58.7%, mientras que a nivel nacional fue de 26.9%. “La ciudad con mayor incidencia de pobreza monetaria en 2017 fue Quibdó con 47.9%, seguida por Riohacha con 46.9% y Florencia con 33.7%[3]. De modo que Quibdó, triste y llanamente, cuadriplicó a Bucaramanga Área Metropolitana (12.0%), a Bogotá D. C. (12.4%) y a Pereira Área Metropolitana (12.7%) en este indicador[4].

En el 2017, la pobreza monetaria extrema en el Chocó fue 32.7% frente a 34.7% en el año 2016. A nivel nacional, la pobreza extrema pasó de 8.5% en 2016 a 7.4% en 2017. También fue Quibdó la ciudad con mayor incidencia de pobreza monetaria extrema[5] en el año 2017, con 17,7%; seguida por Riohacha con 15,1% y Popayán con 8,1%; y en exorbitante oposición a Pereira Área Metropolitana que, con 0,8%, fue la ciudad con menor porcentaje de pobreza monetaria extrema en el mismo año, seguida por Bucaramanga Área Metropolitana (1,4%) y Manizales Área Metropolitana (2,1%).[6]

Como si lo anterior fuera poco, Quibdó ha conservado, durante lo transcurrido del año 2018, el deshonroso título de la ciudad con la mayor tasa de desempleo del país; como se puede ver trimestre a trimestre[7].

·    ↪ En el trimestre móvil enero-marzo del presente año, la tasa de desempleo de Quibdó fue de 19.1%, frente a un 10.7% del total nacional. La informalidad laboral de ese periodo fue de 56.4%.
 
↪ En el trimestre móvil febrero-abril 2018, la tasa de desempleo de Quibdó disminuyó a 17.6%, con un total nacional de 9.9%. La informalidad laboral fue de 57.9%.
 
En el trimestre móvil marzo-mayo 2018, Quibdó tuvo una tasa de desempleo de 18.0% vs. 9.5% del total nacional. El empleo informal fue del 60%.
 
↪ En el trimestre móvil abril-junio 2018, la tasa de desempleo de Quibdó fue de 17.1%, frente a 9.4% de la tasa nacional. 60.1% fue la proporción de informalidad laboral.
 
↪ En el trimestre móvil mayo-julio 2018, Quibdó tuvo una tasa de desempleo del 18.6%, mientras que la tasa nacional total fue de 9.5%. La proporción de informalidad laboral en Quibdó fue de 60.1%.

De acuerdo con el último boletín del DANE sobre mercado laboral[8], la tasa de desempleo nacional del trimestre móvil junio-agosto 2018 fue 9,3%; periodo durante el cual la tasa de desempleo de Quibdó fue 18.4%; seguida por  Armenia (tasa de desempleo 16,1%) y por Cúcuta Área Metropolitana (15,7%), como las ciudades con mayor desempleo en Colombia. Las ciudades que presentaron las menores tasas de desempleo durante el trimestre fueron: Cartagena (8.0%), Bucaramanga Área Metropolitana (8,2%) y Barranquilla Área Metropolitana (tasa de desempleo 8,4%).

Tomada de: http://www.dane.gov.co/index.php
La situación generada por tanta pobreza y tanto desempleo podría ser todavía más grave si tenemos en cuenta que, de acuerdo con los resultados preliminares del Censo 2018[9], “las proporciones más altas de personas menores de 15 años se concentran en Vichada, La Guajira, Vaupés, Guainía, Amazonas y Chocó”, o sea que el departamento presenta un alto índice de juventud; y que “en La Guajira, Vichada, Vaupés, Chocó, Magdalena, Guainía y Amazonas se encuentran los niveles más altos de dependencia demográfica, debido al aumento de la población menor de 15 años de edad”. 

Tuit publicado por el Alcalde de Quibdó,
a las 06:47 del 1° de octubre de 2018.
Esos niños, niñas y jóvenes probablemente no ingresarán al sistema educativo o desertarán del mismo, para ingresar al mercado laboral informal, aumentando las cifras de trabajo infantil, desescolarización y, muy posiblemente, analfabetismo; así como es altamente probable que terminen ingresando –por un puñado de miles de pesos- a cualquiera de las múltiples estructuras criminales que dominan vastos sectores de Quibdó.

Así las cosas, cada día, a un grupo de chocoanos, hombres, mujeres, niños, niñas y jóvenes, equivalente al total de la población de Quibdó, los coge la noche medio muertos de hambre y agobiados por la desesperanza el sueño los vence.

Ojalá el Alcalde de Quibdó, quien este lunes 1° de octubre de 2018 madrugó a publicar en Twitter que iba para donde el presidente a contarle sobre los avances de la ciudad y a pedirle más apoyo para su desarrollo social y cultural, se haya acordado de compartir con él todo esto que el DANE nos ha contado. Al fin y al cabo, son datos y hay que darlos.






[1] “Viendo tu camino tan olvidado, Chocó querido, / lo que tú has sufrido sin tu destino poder cambiar; / tu inmenso quebranto me hiere tanto / que en mi penar, agobiado el pecho, / triste y deshecho, quiero llorar”. Primera estrofa de la canción LAMENTO CHOCOANO, de Miguel Vicente Garrido, que fue durante varios años el Himno del Chocó.
[2] “En Colombia existen 2 indicadores oficiales y complementarios para la medición de pobreza: 1) la pobreza monetaria, que mide el porcentaje de la población con ingresos por debajo del mínimo de ingresos mensuales definidos como necesarios para cubrir sus necesidades básicas, y 2) la pobreza multidimensional, calculada con el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), que mide los hogares con privaciones en 5 dimensiones básicas de bienestar[2], distintas a la carencia de ingresos”.
DNP, Departamento Nacional de Planeación. Panorámica Regional 3ª Edición, abril 2017. Consultado en: https://colaboracion.dnp.gov.co/CDT/Prensa/Publicaciones/Publicaci%C3%B3n%20Ipm%20deptal.pdf
[3] DANE, Departamento Administrativo Nacional de Estadística. Comunicado de prensa. Estadísticas de Pobreza Monetaria 2017. Bogotá, 22 de marzo de 2018.
[4] Ídem. Ibidem.
[5] La línea de pobreza es el costo per cápita mínimo de una canasta básica de bienes (alimentarios y no alimentarios) en un área geográfica determinada. En 2017 la línea de pobreza en Chocó fue de $217.366 frente a $210.0451 en 2016. De acuerdo con lo anterior, un hogar en Chocó compuesto por 4 personas, será clasificado como pobre si su ingreso está por debajo de $869.464, es decir, no alcanza para comprar la canasta de pobreza. De otro lado, la línea de pobreza extrema es el costo per cápita mínimo de una canasta alimentaria que garantiza las necesidades básicas calóricas; para el departamento de Chocó el valor de la línea de pobreza extrema en el 2017 fue de $109.435, es decir, que un hogar de 4 personas será clasificado como pobre extremo si su ingreso está por debajo de $437.740. DANE. Boletín Técnico Pobreza Monetaria Chocó Año 2017. Bogotá D.C. 6 de abril de 2018.
[6] DANE, Departamento Administrativo Nacional de Estadística. Comunicado de prensa. Estadísticas de Pobreza Monetaria 2017. Bogotá, 22 de marzo de 2018.
[7] DANE. Gran encuesta integrada de hogares (GEIH) Mercado laboral. Presentación por ciudades. MERCADO LABORAL QUIBDÓ. Mayo 2018. En: http://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/mercado-laboral/empleo-y-desempleo
[8] DANE. Boletín técnico. Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH) agosto 2018. Bogotá D.C., 28 de septiembre de 2018.
[9] DANE. Resultados preliminares Censo nacional de población y vivienda 2018. Primera entrega, 21 de septiembre de 2018. En: http://www.dane.gov.co/index.php