02/10/2023

 5 hitos históricos 
de San Pacho en Quibdó

👉Afiche promocional de la edición 2023 
de la Fiesta de San Pacho en Quibdó.
FOTO: Fundación Fiestas Franciscanas de Quibdó.

“Los franciscanos querían hablar de San Francisco de Asís a los indígenas. En el año de 1648, fundan a Quibdó. Los indígenas, que no querían conocer esa extraña liturgia, se resisten: toman el camino de la guerra. San Francisco, finalmente, se va quedando con los negros. Luego le comienzan a llamar San Pacho, se va olvidando de Asís y es tan solo de Quibdó. Sale San Pacho a las calles de Quibdó, se le encuentra al frente de cualquier casa, a la vuelta de la esquina, en todos los barrios; ahí está exigiendo su cuota en dinero para la celebración. Pero San Pacho no solo pide, él ha salido a contener el fuego que amenazaba con destruir a Quibdó, él no ha olvidado a su gente cuando la salud se quebranta, ni ha dejado de castigar cuando el pueblo así lo merece”. William Villa. Carnaval, política y religión: Fiestas en el Chocó.

Este 5 de octubre de 2023 culmina la trigésimo septuagésima quinta (375ª) edición de la Fiesta Patronal de San Francisco de Asís o Fiestas de San Pacho, en Quibdó, Chocó, una manifestación cultural que desde 2012 forma parte de la lista de Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, de la Unesco; y cuya primera realización se remonta a mediados del siglo XVII, si nos atenemos a la detallada narración que hizo -en el volumen 4 de la Revista Colombiana de Folclore, en 1960- el etnólogo, investigador e intelectual chocoano Rogerio Velásquez Murillo (Sipí, 9 de agosto de 1908-Quibdó, 7 de enero de 1965), en su artículo “La Fiesta de San Francisco de Asís en Quibdó”[1]; un trabajo pionero en cuanto a la documentación de fiestas populares en pueblos negros de Colombia y las relaciones entre raza, religión, política, territorio y poder.

Con todo y su longevidad, es claro que la Fiesta de San Francisco de Asís o San Pacho, en Quibdó, no se ha celebrado siempre del mismo modo; su estructura organizativa y ritual no ha sido la misma a lo largo del tiempo y no ha incluido siempre los mismos componentes festivos, devocionales, rituales y estéticos. En los primeros dos siglos y medio, la autoridad eclesiástica era sujeto central de la fiesta y el centro de la misma era el templo. Posteriormente, el esquema festivo incluyó la participación de las élites dominantes de la ciudad y la región, con el pueblo como simple espectador e invitado. 

¿Cómo se llegó a la estructura organizativa, festiva, devocional y estética, religiosa, social y política, bajo la cual se celebra la fiesta en la actualidad; donde el pueblo es protagonista y donde la calle y el barrio, el vecindario y la ciudad, son territorio festivo que incluye al templo y asume el protagonismo de los componentes devocionales? El repaso de algunos hitos de la historia de la festividad nos puede ayudar a la comprensión básica de esta evolución de la Fiesta Patronal de San Francisco de Asís o Fiesta de San Pacho, en Quibdó, Chocó, Colombia.

Hito 1: 375 años de celebración

Citando a Julia Herráez S. de Escariche, Rogerio Velásquez narra así la primera fiesta de San Francisco de Asís, en el Atrato: “Ese día, como festividad de San Francisco, hubo procesión por el río en quince canoas, yendo fray Matías en medio con un Cristo y una imagen de San Francisco; al llegar a la iglesia desembarcaron todos y penetraron en ella; hincados de rodillas, fray Matías cantó Tedeum, terminando la fiesta con una buena comida”[2].

Y citando a Fray Gregorio Arcila Robledo en su historia de los franciscanos en Colombia (1951), Velásquez incluye en su artículo el contexto y la descripción del aquel evento festivo fundacional de la tradición: "Fray Matías, con buenos modales y óptimo trato, se ganó el afecto de los innumerables naturales que pululaban en el corazón de nuestra provincia de oro; en terreno regalado por el capitán de nuestra Orden, les levantó su buena iglesia a la vera del majestuoso río, y una vez terminada, con las dificultades y carencia de todos los elementos indispensables que bien se deja comprender, hizo la solemne dedicación a nuestro Padre San Francisco de Asís, enarbolando él, a la cabeza del desfile de canoas, la sagrada imagen del Seráfico Padre; un cacique iba adelante tocando una campanilla, después el grueso de los neófitos por él catequizados marchaban pausada y devotamente, mientras fray Matías entonaba, cantando las letanías de la Santísima Virgen Inmaculada: "Madre Inmaculada, ruega por nosotros"[3].

De este modo, si uno cuenta los años desde aquella primera procesión de canoas (4 de octubre de 1648), donde los sanpacheros fueron indios, en este 2023 estamos completando 375 años de celebración de las fiestas. Aunque el templo y el poblado aquel de las narraciones citadas por Rogerio Velásquez en su clásico texto, donde un lego franciscano que además de gustarle la minería la había ejercido en Mariquita antes de ingresar a la Orden, hayan desaparecido por ataques de indígenas, y el mismo Fray Matías haya sucumbido en uno de estos ataques; está visto que él sí dedicó aquel rústico templo a San Francisco y sí presidió, como homenaje al patrono del lugar acabado de construir, una procesión por el río y una celebración litúrgica, terminada la cual unas cuantas actividades de diversión fueron compartidas con un grupo de indios de la comarca atrateña. Se sabe, incluso, que comieron abundante pescado. Alguna bebida fermentada, seguramente, habrán tomado.

Es decir que, el 4 de octubre de 1648, se celebraron por primera vez rituales festivos religiosos y no religiosos, en honor a San Francisco de Asís como patrono del templo y del poblado; lo cual  es un hito trascendental en la historia de San Pacho en Quibdó, que permite datar sus orígenes en aquella lejana fecha de hace casi cuatro siglos; como lo documentaron también -recientemente y en un trabajo conjunto- los historiadores sanpacheros Ana Gilma Ayala Santos, Omar Palacios Mosquera y Douglas Cújar Cañadas[4]. Durante dos siglos y medio, a partir de ese momento fundacional, la fiesta patronal se seguirá celebrando bajo la autoridad eclesiástica de curas religiosos o seculares, presentes en la región o venidos de Popayán para atender dicha liturgia y de paso impartir sacramentos a la feligresía congregada en torno al santo patrono de la ciudad de Quibdó y sus comunidades rurales.

Hito 2: el San Pacho de 1898

Un programa impreso en la imprenta de Emiliano Rey, en Quibdó, ha quedado como evidencia concreta de las actividades con las que se celebró la Fiesta de San Francisco, como patrono de la ciudad, en el año 1898: un “solemne triduo” organizado y dirigido fundamentalmente por sectores de la élite de la sociedad quibdoseña de entonces, que se distribuyeron en comisiones encargadas de cada uno de los tres días de la celebración; los cuales incluyeron elementos festivos de su exclusivo alcance, como regatas en el río, globos aerostáticos y paseo de ciclistas; al igual que “iluminación profusa del templo todas las noches”.

Programa de la Fiesta de San Pacho en Quibdó, año 1898. FOTO: El Guarengue, reproducción tomada del libro "Sustentos históricos sobre el origen de la Fiesta de San Francisco de Asís, "San Pacho en Quibdó", de Douglas Cújar, Omar Palacios y Ana Gilma Ayala.

“Chocoanos, ¡¡venid todos a Quibdó!!”, proclama e invita el programa en sus líneas iniciales. Y en sus líneas finales, luego de haber expuesto el detalle de programación de cada uno de los días, proclama y exclama: “En vista de tan religiosos y esmerados obsequios que nos prometemos ofrecer a la Majestad Divina, en honra de nuestro Bienaventurado Patrón; así como de los regocijos permitidos que hemos apuntado en este programa, ¿habrá alguien que se quede indiferente, con reprobable indolencia, en su habitación del campo? No lo creemos; y por eso nos apresuramos a invitar a todos los individuos que demoran en esta dilatada comarca, y en especial a aquellos que, retirados de esta Capital, nunca asisten a las solemnidades de la Iglesia. ¡¡Ojalá en esta vez, el concurso que venga a elevar una plegaria al Patriarca de Asís y a solazar el ánimo, sea numeroso!!”[5]

El epicentro de la festividad es el templo. Su organización y dirección no incluye a la gente del común, que tiene carácter de invitada y es llamada a dejar de lado su indolencia, su indiferencia y su inasistencia, para concurrir a los actos programados, de modo que el concurso a los mismos “sea numeroso”, como lo quieren y esperan los organizadores.

Hito 3: El alumbrado de Raimunda Cuesta y el comienzo de la popularización de la fiesta

El 4 de octubre de 1898, día 3° del triduo, de 6 p.m. a 8 p.m., se lleva a cabo la Gran Procesión, que honran “con su presencia todos los fieles, y en especialidad las comunidades, gremios, congregaciones y autoridades civiles y políticas”. A la entrada del templo, imparte “la Bendición Papal el R. P. Superior de los R. R. P. P. Capuchinos”[6].

Cuando finaliza la procesión, en la calle que para entonces se conocía como La Yesca, la vecina Raimunda Cuesta Moreno, natural de Bebará, promueve y lidera la elaboración de un altar para el santo patrono, con el propósito de homenajearlo con un alumbrado o alumbramiento. Según la publicación de los historiadores franciscanos antes citados, este se lleva a cabo “en torno a un cuadro de San Francisco de Asís”, “en el espacio comprendido entre la actual sede del Cuerpo de Bomberos y la casa del maestro Francisco Córdoba (carrera 5ª con calle 24, esquina)”[7]. Según estos autores, citando una fuente que a su vez cita la tradición oral, allí “hubo canto de salves y alabaos, rezo del rosario, comida tradicional: pasteles, mondongo, tamales, pan con café revuelto con maíz tostado, reparto de cigarrillos, vino, biche, guarapo, música de chirimía, baile en la calle, vestidos bonitos, pendones”[8]. Y, según dichos historiadores, al acto asistieron los Padres Capuchinos, quienes “le regalaron a Raimunda Cuesta una imagen pequeña de San Francisco, que reposa en la casa de doña Berta Garcés de Demarchy”[9].

Las diferencias de raza y clase, evidentes en el programa y en la organización de la Fiesta de San Francisco de Asís de 1898, particularmente las referidas a la exclusión del pueblo raso, mayoritariamente negro, sometido a la condición de servidumbre asalariada, de masa campesina ignorada y de habitante urbano estigmatizado como ignorante del ámbito citadino (chocha, ñonca o cajulo, lo llaman); empiezan a ser abordadas de modo pragmático y simbólico. El evento de la calle de La Yesca, protagonizado por Raimunda Cuesta, “nos deja una idea clara y precisa sobre las dos clases sociales que organizaron la fiesta: blancos y negros, dos realidades culturales diferentes en el mismo año…; condiciones que le dan mayor fuerza al evento de la Yesca Grande, porque nos hablan de una celebración por parte del pueblo negro, con elementos culturales propios, mientras que los otros estaban más europeizados. Es un momento de gran significación histórica; a partir de allí, las expresiones de nuestra cultura entran a fortalecer a la fiesta franciscana”.[10]

Rogerio Velásquez lo advierte claramente en su emblemático artículo de 1960, en diversos apartes del texto, donde indica la segregación. Un párrafo sintetiza la situación de Quibdó a finales de la década de 1950 y comienzos de 1960, desde el agudo ojo de Velásquez y su precisa pluma: “Entre tanto ir y venir de gentes y de cosas, el observador no se encuentra con un blanco que coopere en la faena. Sin que lo digan los informantes, los de color saben que esta es su fiesta, de la misma manera que la de Corpus Christi y el Corazón de Jesús son las fechas clásicas de los descendientes de los europeos”.[11]

Ha comenzado el siglo XX. El poblado crece, principalmente hacia el oriente. A la orilla del Atrato, en Quibdó, San Francisco de Asís ha empezado a ser San Pacho.

Foto 1: Plaza de Quibdó, 1852. Acuarela de Manuel María Paz. Biblioteca Digital Mundial: https://www.wdl.org/es/item/9058/#q=Quibd%C3%B3.
Foto 2: Quibdó, 1925. Misioneros Claretianos.

Hito 4: Los incipientes vecindarios o el nuevo territorio sanpachero

Hasta principios del siglo XX, la impronta devocional dirigida y organizada por la élite quibdoseña y por las misiones católicas predominaba en el esquema oficial de celebración de la fiesta, cuyo centro era el templo parroquial. No obstante, ya desde finales del siglo XIX, aunque con mayor ahínco comenzando el nuevo siglo, van apareciendo una serie de elementos de apropiación popular de la devoción oficial, los cuales serán posteriormente incorporados a la ritualidad formal. Dichos elementos nacen Quibdó adentro, es decir, de la Avenida Istmina hacia adelante, en el poblado que crece en las colinas aledañas a la cuadrícula central de la ciudad, donde inmigrantes campesinos ubican sus viviendas de palma y paja, siguiendo el curso de las quebradas La Yesca y La Aurora, para mantener su conexión con el campo de donde proceden.

Los elementos celebrativos de San Pacho que van surgiendo de la inspiración popular serán aceptados paulatinamente, en virtud de procesos de concertación entre la curia católica, la élite dominante y los líderes e intelectuales negros que surgen en las primeras décadas del siglo XX, cuya importancia se hace evidente y reconocida a partir de la creación de la Intendencia Nacional del Chocó.

Un ejemplo significativo de dichos elementos son los bailes callejeros, que a veces duran hasta el amanecer y que se llevan a cabo entre vecinos de los mencionados contornos de las afueras de Quibdó, donde viven, por ejemplo, las lavanderas y planchadoras, los vendedores de leña  y de carbón, los obreros rasos de las construcciones públicas y privadas, las cocineras que preparan postres y amasijos para la venta, las empleadas domésticas, las vivanderas y los profesionistas de oficios varios. A estos contornos, con excepción de los paseos de fin de semana a los charcos de La Yesca, nunca han ido quienes organizan la fiesta patronal y de sus habitantes solamente saben porque les proveen carbón vegetal, leña o yerbas medicinales, mano de obra y servicios.

La música de estos bailes proviene de murgas espontáneas, dotadas de instrumentos no convencionales de percusión (utensilios de cocina, tarros de lata, pedazos de madera labrados) y de viento (flautas hechizas, labradas con canutos de guadua biche o ramas delicadas de arbustos silvestres; peinillas o peines recubiertos con papel de aluminio obtenido de las cajetillas de cigarrillos; pitos fabricados con hojas de palma; silbidos melodiosos de vecinos hábiles y espontáneos).  Imágenes del santo patrono para el culto devocional en aquellos vericuetos de Quibdó son adquiridas por los vecindarios a través de la curia o son elaboradas en madera, tallada por vecinos habilidosos. Ollas comunitarias o bodas callejeras en fogones de leña aroman el ambiente, con viandas que se preparan con ingredientes que provienen de la contribución de los vecinos, quienes ponen la culinaria y la leña, las ollas y utensilios, los totumos para compartir las sopas y sancochos, las hojas de bijao como plato para el arroz o envoltorio para los pasteles y tamales, y todo lo demás que haya menester o que esté disponible para celebrar conjuntamente su propia y legítima fiesta de San Pacho.

Hito 5: Un esquema organizativo y ritual de 100 años atrás

El esquema celebrativo actual se empieza a configurar y organizar en las tres primeras décadas del siglo XX, especialmente en la de 1920-1930, cuando los Misioneros Claretianos ya se han insertado en la sociedad quibdoseña, adonde arribaron en febrero de 1909 procedentes de España, y han establecido plenamente la estructura eclesiástica de la Prefectura Apostólica del Chocó: “Con la presencia de los misioneros de origen español, la manifestación religiosa y la devoción a San Francisco se va a enriquecer con el aporte que éstos realizan en lo musical, lo teatral y en general en las manifestaciones artísticas asociadas a la fiesta, rasgos que ya se expresan en la segunda década del siglo XX y que tienen como mentor al misionero Nicolás Medrano”[12]. Siendo, como el nombre de su congregación lo indica, Hijos del Inmaculado Corazón de María, los Misioneros Claretianos privilegian en principio la propaganda devocional hacia esta advocación. No obstante, notables de la sociedad local los hacen entrar en razón, para que acepten de buen agrado que dicha devoción por ellos preferida puede convivir con la ya establecida y anualmente celebrada en honor al llamado Seráfico de Asís.

Es así como, en 1926, cuando se conmemoraban 700 años de la muerte de San Francisco de Asís, el misionero claretiano Nicolás Medrano y grupos de vecinos y líderes de los nacientes barrios de Quibdó, entre los que se contaban Azarías Valencia, Balbino Arriaga, Raimunda Cuesta y Julio Perea Quesada, dieron comienzo a un proceso de consolidación organizativa de la celebración popular en homenaje a dicho santo como patrono de Quibdó. Para ello, tomaron como base las formas vecinales preexistentes de organización de los festejos e introdujeron -a instancias del misionero- algunos elementos festivos o carnavalescos de origen español, que fueron adaptados a la estética, a la usanza y a la cultura local. De esa época datan algunos de los elementos fundamentales del esquema ritual y ceremonial de la celebración de las Fiestas de San Francisco de Asís o San Pacho, en Quibdó, en los que se integran componentes religiosos y componentes seculares o laicos de la festividad, tales como la asignación de un día a cada barrio, las carrozas alegóricas o disfraces, los monumentos o altares religiosos o arcos que se preparan para la procesión solemne del 4 de octubre, las alboradas y desayunos franciscanos con los que comienza el día de cada barrio, las comparsas barriales organizadas por vecinos y amigos, y las desaparecidas vacalocas. Con una que otra variación, algunas de ellas explicadas en el texto, este es el modelo de fiesta que fue documentado detalladamente por el antropólogo e intelectual chocoano Rogerio Velásquez Murillo, en su artículo de 1960 en la Revista Colombiana de Folklore.

La distribución de los días de la fiesta por barrios surgió como una forma de ampliar la participación popular y distribuir el ejercicio simbólico de la autoridad durante su celebración, extendiendo así los lazos de la fraternidad franciscana a todos los rincones de los vecindarios que a principios de siglo han empezado a reivindicar su identidad territorial como parte de la configuración urbana del antiguo poblado, que es ahora la ciudad capital de la Intendencia y, en pocos años, lo será del Departamento del Chocó.

La construcción de carrozas alegóricas, inspiradas en los desfiles y procesiones españolas, dio origen a los llamados disfraces, que son una puesta en escena de contenido crítico acerca de la realidad social y política del país o la región, organizada con elementos de decorado y escenografía, y con muñecos movidos a través de diversos mecanismos de utilería, que forman un conjunto cuyo montaje se hace en una carroza que en los primeros años era movida por la fuerza humana de la gente de cada barrio, luego por tracción animal y actualmente es remolcada por un carro.

Los llamados arcos franciscanos, que tuvieron su origen en los arcos del triunfo en honor al Resucitado de la semana santa, son representaciones de pasajes de la vida de San Francisco de Asís o de otras escenas y narraciones sacras, que se disponen en altares que cada barrio construye y prepara para recibir en ellos la imponente imagen del San Pacho de la actual catedral, antes templo parroquial; cuando al llegar a ellos se detiene la solemne y multitudinaria procesión del 4 de octubre, que circula por calles igualmente arregladas, aseadas y engalanadas en homenaje al santo patrono.

Las alboradas tienen origen religioso y son un recorrido de anunciación al vecindario y al pueblo entero de la magnificencia del día clásico de cada barrio y del día clásico del santo, en la madrugada del respectivo día. Los desayunos franciscanos, con los que inicialmente se agasajaba a vecinos notables, autoridades y personajes importantes de la ciudad, surgieron como una muestra de la generosidad de cada barrio al compartir con sus invitados viandas y manjares de la gastronomía local, como signo de hermandad y comunión. Las comparsas, formadas por grupos de vecinos ataviados con vestimentas carnavalescas uniformes, se originaron como expresión organizada y colectiva de goce festivo, como elemento de afirmación de identidad territorial y signo distintivo de pertenencia a cada barrio. Las desaparecidas vacalocas, armazones de madera provistas de cachos de vaca recubiertos de brea ardiendo en candela viva y con una cola de ramas espinosas a modo de látigo, eran eje de una especie de ritual de fuego y juego, en el que avezados personajes de cada vecindario desafiaban la pericia torera de temerarios vecinos en la noche barrial, mientras la muchedumbre retaba el fuego y huía de los latigazos que con la sonora y lacerante cola despachaba el vacaloquero de turno.

Procesión de Gozos en las Fiestas de San Pacho, en Quibdó,
en la madrugada del 4 de octubre. FOTO: León Darío Peláez.
Datan también de aquel periodo los llamados Gozos Franciscanos, una pieza de música sacra cuya riqueza coral y musical colma las calles, esquinas y barrios de Quibdó en la madrugada del 4 de octubre, día oficial de la festividad de San Francisco de Asís. Los Gozos Franciscanos es el nombre con el que popularmente se conoce a un himno titulado Gloria a San Francisco de AsísGloria, Gloria, a Francisco cantemos, / nuestro padre protector. / Sus virtudes ensalcemos, / Gloria, gloria, alabanza y honor; un himno de toda solemnidad, cuya estrofa única es a la vez coro estremecedor de voces devotas al amanecer y juego de bises perfectamente medidos para que quepan después de un silencio melódico finamente calculado, que redondea con precisión el armonioso conjunto de esta pieza musical que cada año ennoblece la alborada del 4 de octubre en homenaje al santo. Este himno, que estremece a quien lo canta y a quien lo escucha, y cuya música literalmente invade el alma, es un elemento devocional céntrico en las expresiones religiosas de alabanza durante la Procesión de Gozos. Se canta desde hace casi un siglo, cuando fue compuesto por el Padre Nicolás Medrano, y es quizá la más inolvidable y significativa entre todas las contribuciones que este misionero claretiano hizo para solemnizar la celebración anual de las Fiestas de San Pacho en Quibdó y promover la estandarización de sus actos y rituales.

“Que viva la fiesta / que viva Quibdó / Que viva San Francisco de Asís / nuestro protector”[13]

La celebración anual ha concluido. A la orilla del río Atrato, en Quibdó, entre el guayabo y la nostalgia, el pueblo sanpachero duerme su primera noche sin fiesta. La bella imagen patrimonial de San Pacho regresa a su lugar en el altar de la Catedral que lleva su nombre, colmada de gratitudes y ofrendas que atesora, y de ruegos y peticiones que espera pronto resolver. En sus ojos vivaces perduran una a una las miles de miradas que con los devotos intercambió. El bastón de mando de la fiesta, símbolo de unidad franciscana interbarrial y de autoridad transitoria sobre la fiesta en el día correspondiente a cada barrio, regresa también a su sitio, recargado con nuevas energías al pasar de mano en mano durante 12 días, como lo ha hecho desde hace cerca de 50 años. Clarinetes y bombardinos, tamboras, redoblantes y platillos guardan melódico silencio, después de casi un mes completo brindando de noche y de día alegrías de chirimía.

“Gloria, Gloria, a Francisco cantemos, 
/ nuestro padre protector. 
Sus virtudes ensalcemos, 
/ Gloria, gloria, alabanza y honor”[14]



[1] Velásquez Murillo, Rogerio. 1960. “La Fiesta de San Francisco de Asís en Quibdó”. Revista Colombiana de Folklore, volumen 4, 1960. Pp. 16-37. https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/2910695/

[2] Herráez S. de Escariche, Julia. 1946. Don Pedro Zapata de Mendoza, Gobernador de Cartagena de Indias. Imprenta y Litografía LG.A.S.A. María Auxiliadora, Sevilla. En: Velásquez Murillo, Rogerio. 1960. “La Fiesta de San Francisco de Asís en Quibdó”. Antes citado.

[3] Arcila Robledo, Gregorio. 1951. Los Franciscanos en Colombia. Imprenta Nacional, Bogotá. En: Velásquez Murillo, Rogerio. 1960. “La Fiesta de San Francisco de Asís en Quibdó”. Antes citado.

[4] Cújar Cañadas, Douglas; Omar Palacios Mosquera y Ana Gilma Ayala Santos (2019). Sustentos históricos sobre el origen de la Fiesta de San Francisco de Asís, “San Pacho en Quibdó”. 1ª edición, septiembre 2019. 94 pp.

[5] Programa de la Fiesta de San Pacho (1898). En: Cújar Cañadas, Douglas; Omar Palacios Mosquera y Ana Gilma Ayala Santos (2019). Obra citada antes. Pág. 46-47

[6] Ídem. Ibidem.

[7] Ídem. Ibidem.

[8] Palacios Córdoba, Feliciano (1996). Origen de la fiesta de San Francisco de Asís, Chocó 7 días. Edición 59, página 3. Citado por: Cújar Cañadas, Douglas y otros, obra citada. Pág. 48

[9] Ídem. Ibidem. Cújar Cañadas, Douglas y otros, obra citada. Pág. 48

[10] Ídem. Ibidem. Pág. 48-49.

[11] Velásquez Murillo, Rogerio. 1960. “La Fiesta de San Francisco de Asís en Quibdó”. Revista Colombiana de Folklore, volumen 4, 1960. Pp. 16-37. Pág. 33.

https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/2910695/

[12] Plan Especial de Salvaguardia de las Fiestas de San Francisco de Asís en Quibdó. Fundación Fiestas Franciscanas de Quibdó/Ministerio De Cultura. Quibdó, junio 2011.

[13] Coro del Himno monográfico de la fiesta patronal de Quibdó, por Madolina Rentería Caicedo.

[14] Gloria a San Francisco de Asís o Gozos Franciscano, composición del Misionero Claretiano Nicolás Medrano.

25/09/2023

 El San Pacho de Rogerio Velásquez

Mediante un artículo publicado en 1960, Rogerio Velásquez documentó con detalle la Fiesta de San Francisco de Asís en Quibdó, cuya imagen patrimonial tiene más de 120 años de existencia. FOTOS: Archivo El Guarengue y León Darío Peláez.
Como cada año, se celebran en Quibdó, Chocó, desde el 19 de septiembre y hasta el 5 de octubre, las fiestas patronales de San Francisco de Asís o Fiestas de San Pacho, cuya primera realización se remonta a mediados del siglo XVII, si nos atenemos a la detallada narración que hizo -en el volumen 4 de la Revista Colombiana de Folclore, en 1960- el etnólogo, investigador e intelectual chocoano Rogerio Velásquez Murillo (Sipí, 9 de agosto de 1908-Quibdó, 7 de enero de 1965), en su artículo “La Fiesta de San Francisco de Asís en Quibdó”[1]; gracias al cual quedó documentado con detalle el desarrollo que entonces se hacía de esta celebración, que desde 2012 forma parte de la lista de Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, de la Unesco.

Las fiestas de San Pacho documentadas por Rogerio Velásquez hace 63 años constan, en esencia, de los mismos componentes que en la actualidad, y su salvaguarda es parte sustancial del reconocimiento patrimonial mundial. Dicha estructura organizativa y ritual data del año 1926, cuando se conmemoraban 700 años de la muerte de San Francisco de Asís; efemérides que sirvió de motivo para que el misionero claretiano Nicolás Medrano y grupos de vecinos y líderes de los nacientes barrios de Quibdó, entre los que se contaban Azarías Valencia, Balbino Arriaga y Julio Perea Quesada, dieran comienzo a un proceso de consolidación organizativa de la celebración popular en homenaje al santo de Asís como patrono de Quibdó.

Esta especie de estandarización de la fiesta tomó como base las formas vecinales preexistentes de organización de la misma e introdujo -a instancias del misionero Medrano- elementos festivos o carnavalescos de origen español, que fueron adaptados a la estética, a la usanza y a la cultura local. De esa época datan algunos de los componentes fundamentales del esquema ritual y ceremonial de la celebración de las Fiestas de San Francisco de Asís o San Pacho, en Quibdó, en los que se integran elementos religiosos y devocionales con elementos seculares o laicos de la festividad; tales como la asignación de un día a cada barrio, las carrozas alegóricas o disfraces, los monumentos o altares religiosos o arcos que se preparan para la procesión solemne del 4 de octubre, las alboradas y desayunos franciscanos con los que comienza el día de cada barrio, las comparsas barriales organizadas por vecinos y amigos, y las desaparecidas vacalocas. Datan también de aquel periodo los llamados Gozos Franciscanos, una pieza de música sacra cuya riqueza coral y musical colma las calles, esquinas y barrios de Quibdó en la madrugada del 4 de octubre, durante la llamada Procesión de Gozos, con la que se da comienzo al día oficial de la festividad de San Francisco de Asís, que es de memoria obligatoria en el canon litúrgico católico.

Producto de un diligente trabajo investigativo durante los años 1957 a 1959, el artículo “La Fiesta de San Francisco de Asís en Quibdó”, como todos los que escribió y publicó Rogerio Velásquez durante su fructífera vida profesional, es una valiosa y pionera contribución al registro histórico, etnográfico, sociológico y documental de acontecimientos culturales de alta significación en la vida de las comunidades negras de Colombia, de cuyo estudio y conocimiento es él uno de los pioneros en las ciencias sociales y humanas del país.

Por su extraordinario valor documental, a propósito de la celebración por estos días de las Fiestas de San Pacho, en Quibdó; ofrecemos a los lectores de El Guarengue los principales acápites del texto de Rogerio Velásquez, como una manera de hacer memoria y como una contribución al enriquecimiento de la cultura sanpachera de los sanpacheros de hoy.

Julio César U. H.

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La Fiesta de San Francisco de Asís en Quibdó
Rogerio Velásquez
Revista Colombiana de Folclore, 1960

COMIENZOS DE LA FESTIVIDAD [2]

El 4 de septiembre de cada año, a las doce de la noche, se da el aviso colectivo de que la fiesta se avecina. La manera escogida para noticiar a los católicos es la de disparar, desde todos los ángulos del pueblo, cohetes y pedreros, con el escándalo de gentes que gritan y cantan con la chirimía a la cabeza. Esta forma de alistarse para los eventos patronales nació en 1929, con motivo del centenario del Santo, y se conserva y practica por orgullo local.

La concurrencia, ingiriendo bebidas, inicia un recorrido por los diversos barrios, que esperan el tumulto. En las casas de los jefes de cada uno de aquéllos, los músicos, sin esperar otra gratificación que algunas copas de aguardiente, ejecutan piezas antiguas, como bundes y bambucos. Descortesía que resiente es la de pasar de largo por las habitaciones de los cabecillas sin hacer lo que se ha dicho. Sólo la Banda de Música de San Francisco, única en la ciudad, tiene el privilegio de cruzar los arrabales sin detenerse en ninguna parte.

Cuando los ejecutantes se dispersan, se forman murgas parciales que amanecen cantando y bailando en las calles o en casas amigas. En este regocijo, como en otros que veremos, no cooperan ni participan hombres de la raza blanca.

DIVISION DEL TRABAJO

A fin de que la festividad alcance mayor esplendor y animación, Quibdó, para el tiempo de San Francisco, aparece dividido en barrios o sectores. La idea data de 1929, y, con la aceptación unánime, se partió el poblado en trozos que emulan y luchan por ser los primeros en la fiesta. La disputa ha servido para que las actividades sean más complicadas y las diversiones más amplias y numerosas.

En la actualidad, la ciudad cuenta con ocho grandes divisiones que son: Cristo Rey, El Silencio, César Conto, San Francisco, El Pandeyuca, La Yesquita, La Yesca Grande y Alameda Reyes, que responden, por su orden, a la alegría y catolicidad de los siguientes días: 26, 27, 28, 29 y 30 de septiembre; 1°, 2, y 3 de octubre. El día 4 corresponde a la Junta Central. Para lo anterior, cada barrio está obligado a mantener disfraz, clavar altar y poner arcos, a propiciar juegos populares el día que le corresponde la novena, arreglar las calles por donde habrá de pasar la procesión del 4, y también a brindar atenciones de bebida y comida al conjunto musical que lo recorra.

Cuando Rogerio Velásquez, pionero de la antropología negra en Colombia, documentó las Fiestas de San Pacho, los barrios de Quibdó participantes en la misma eran ocho. Posteriormente, por el crecimiento de la ciudad, se añadieron otros, hasta completar los doce actuales, que gobiernan la fiesta durante un día cada uno. IMAGEN: Fundación Fiestas Franciscanas de Quibdó, 2018.

Para llenar sus tareas se encuentra en cada sector una mesa directiva nombrada por los habitantes de las dos o tres calles que lo forman. La elección se hace libremente, aunque se tienen en cuenta los antecedentes de catolicidad del escogido, capacidad de organización, don de consejos, invención, entusiasmo, etc. Una vez ungido un vocal, su autoridad es respetada. Sobre la mesa directiva recae la responsabilidad del buen éxito de la festividad.

En la escogencia de este personal se deslizan, a veces, católicos fríos o enemigos soslayados de la curia. Se designan así, a sabiendas de su tibieza o eclecticismo, cuando pueden aportar ideas nuevas en la composición de una carroza, de un disfraz, regalar dinero u objetos necesarios. Bien que la elección es democrática, sin política de partido ni de razas, los dirigentes de hoy son, en su gran mayoría, negros, y, entre éstos, de baja extracción social, pobres y sin estudios universitarios.

Incumbe a los dirigentes de los barrios: recoger limosnas voluntarias, en cualquier tiempo y de cualquier cosa; imponer las cuotas familiares y personales, que oscilan entre tres y cinco pesos; recibir la cuarta parte del producido de los carnavales infantiles y las ofrendas que se hacen al santo del barrio; disponer tómbolas, cantinas y bailes, en los que se pagan diez centavos por cada pieza que se baile, etc., etc. Hay que advertir que las rifas de objetos o animales que se hacen para aumentar los fondos, no son supervigiladas por la autoridad ni pagan impuestos, ni la mesa directiva da recibo de ninguna clase por los aportes que recibe.

Los barrios gastan en pago de vísperas, novenas y misas; en construcciones de arcos y altares; en disfraces; en desayunos de músicos y de personas notables del barrio; en programas; en vacalocas; en guarapo, chicha y aguardiente; en voladores y cohetes, pólvora, estandartes, gallardetes, cintas y flores.

Ya en la ejecución, cada individuo cumple con su deber. Las mujeres hacen cadenas de papel, gallardetes, flores; cocinan y arreglan las calles con muchachos y hombres; colaboran en tómbolas y cantinas, hacen rifas y son parejas de los bailes. Los hombres se dedican a labrar arcos de madera, a preparar altares, y a músicos. Otros trabajan en disfraces, vacalocas o integran comparsas que danzan en las calles; aquéllos son directores de los juegos populares que van desde el boxeo hasta las carreras de caballos, bicicletas y encostalados; éstos preparan la vara de premio o el cerdo ensebado; los demás son mandaderos, tipógrafos de cartelones y programas. Cada quien lucha por su barrio para que se luzca en el torneo.

La Junta Central es el organismo superior de la fiesta. Formada por un miembro de cada barrio y presidida por el párroco, se concreta a coordinar lo por hacer en cuanto a ortodoxia se refiere. Su intromisión en la barriada se hace sentir cuando hay desorden o irrespeto al culto o a las buenas costumbres. En estos casos, su voz es un axioma.

Se procura fondo elaborando una lista de contribuyentes, que hace circular en hojas volantes en la segunda quincena de septiembre. Incluye allí a comerciantes y familias residentes en las carreras primera, segunda y parte de la tercera que no obedecen a la llamada de los barrios. Los concurrentes, en el año de 1957, quedaron divididos así:

Primera categoría: Padres Misioneros; Gobernador; casas comerciales mayoritarias de la localidad; Lotería del Chocó; empresas de transportes y los grandes contratistas con la Nación y el Departamento. Estos contribuyentes fueron quince, señalados con cuotas de treinta pesos cada uno.[3]

La segunda categoría estuvo compuesta por almacenes, tiendas, farmacias, graneros, médicos, teatros, hoteles, cafés, heladerías, panaderías, carnicerías, oficiales de la policía y del ejército, motoveleros en puerto, etc. Esta lista, que subió a más de cien nombres, pagó una cuota de veinte pesos por empresa, médico, barco o institución.

La tercera categoría la formaron los empleados de los Bancos, Caja Agraria, Zona Agropecuaria, Campaña Antimalárica y Antipiánica, empleados menores de la Gobernación, Carreteras Nacionales, Municipio, Higiene Departamental, Contraloría, Auditoría, etc. A éstos se les cobraron diez pesos per cápita. Se dispuso cobrar a cada mujer de la ciudad un peso de cuota, pero no se hizo efectivo.

La Junta tiene un Tesorero responsable que maneja los fondos en la Caja de Crédito Industrial y Minero. Da recibos, y los exige. Cobra el aporte del Departamento, que ha venido siendo de 1.500 pesos desde hace tres años. Al finalizar la fiesta, el Tesorero rinde cuentas a la Junta, la que ordena entregar, con las formalidades legales, a la curia la mitad del sobrante para la catedral en construcción.

Los gastos principales de la Junta se reducen a pólvora y cohetes, arreglo del templo y andas, en oficios sagrados del 4 de octubre, en sermones ocurridos durante el novenario, en impresión del programa general, en la misa exequial por el descanso de los fieles franciscanos, en gratificación a la banda de San Francisco y murgas locales.

[…]

Así era Quibdó por los años en los que Rogerio Velásquez adelantó el trabajo etnográfico publicado en la Revista Colombiana de Folclore bajo el título "La Fiesta de San Francisco de Asís en Quibdó". FOTOS: Nereo López (1957), Misioneros Claretianos (1962). Archivo fotográfico y fílmico del Chocó.
LAS NOVENAS

Ya se dijo que cada barrio tiene a su cargo un día de la festividad. Para cumplir este deber saca programa de lo que pretende realizar, todo al son de música, cohetes, tragos y juegos populares, bailes y tómbolas y palo ensebado. Los programas son, en líneas generales, como este:

“5.30 a. m.        Alborada de alegría para anunciar a la ciudad la hora de rendir los cultos al milagroso de Asís.

6 a. m.              Solemne misa diaconada por cuenta de los habitantes del barrio.

12 m.                Paseo por la banda y las murgas de los barrios. Pólvora manufacturada y recorrido de un atrayente disfraz que presentarán los habitantes del barrio.

6.45 p.m.          Jubilosa invitación, al son de música y campanas, para la concurrencia de los fieles al segundo día de la novena del iluminado de Asís. Canto de motetes, segunda prédica del orador sagrado y vísperas del barrio.

8 p. m.               Derroche de música, fuegos artificiales y furiosas vacalocas haciendo el escándalo jubiloso del pueblo".


En los volantes se estampan sentencias líricas, consejos o ruegos que invitan a la piedad y al recogimiento: "No hay vida de tan alta belleza como tu vida, ni hay muerte de tan alta dulzura como tu muerte". "Nadie se ensoberbezca, antes gloríese en la Cruz del Señor". "San Francisco lo abandonó todo por amor a Jesucristo, ¿por qué no lo hemos de hacer nosotros también?".

Pero consideremos algunos aspectos de estos programas:

Los disfraces. Se confeccionan con algunas semanas de anticipación y congregan la curiosidad ambiente por las críticas que envuelven. Con ellos se habla mal del Gobierno, de los políticos, se reviven escenas familiares, costumbres típicas de la región, se evocan oficios antiguos o se exaltan motivos de animales. Caimanes, gatos, negros, diablos, son los predilectos del público, que se solaza con ellos.

[…]

Las vacalocas. Después del rezo, y quemados los cohetes que se traen de Cali o Medellín, se inicia la faena del toreo de las vacalocas. Pueden ser varias a la vez. Para entonces el pueblo estará en las calles, con su alegría de niño. Esta armazón de palos forrados con encerados, cuernos humeantes y cola de ramas de limón, que carga un hombre que corre, aceza, se para un momento y embiste después, que produce sustos y templa los nervios, cuesta a los fiesteros de veinte a treinta pesos en brea, sebo de res, costales y encerados, guaduas y alambre. Cuando el que la porta se detiene, le cantan los músicos o el público:

Si el torito fuera de oro,

y los cachos de aguardiente.

me volviera toreador...

¡Qué toreador tan valiente!


Entonces vuelve a salir disparado hacia arriba o hacia abajo, sorbiéndose los vientos, incendiando la noche...

[…]

Desayunos. Después de la misa se sirve el desayuno para los músicos y personas de valía del sector que está en la fiesta. En mesa común con la directiva, se sirven las viandas, que se reducen, por lo general, a pasteles, ensaladas, pan, mantequilla, café con leche, tamales de gallina, carne compuesta, empanadas, costilla de cerdo frita…

[…]

Terminada la comida, la música continúa sonando de casa en casa, no ya de los más viejos ni de los más entusiastas, sino de todos aquellos que puedan dar a los ejecutantes algo para beber.

[…]

DIA 4

Las actividades de este día son las más intensas. Desde las tres de la mañana, si hace buen tiempo, comienza el pueblo a viajar a la iglesia con el objeto de rezar el Rosario y salir después por las calles a cantar los gozos de San Francisco. Esta procesión, sin asistencia del sacerdote, resulta ser una mezcla confusa de hombres, mujeres y niños que cantan y rezan, hablan y ríen, gritan, enamoran y beben al compás de la música.

Desde el 26 de septiembre hasta la fecha los gozos andan de boca en boca. Se elevan al final de cada novena, en la procesión del 4, en las cantinas, etc. Letra y música pertenecen al Reverendo Padre Nicolás Medrano, C.M.F., y son de esta manera:

¡Gloria! ¡Gloria!

Gloria, gloria a Francisco cantemos,

nuestro padre protector.

Sus virtudes ensalcemos,

gloria, gloria, alabanza y honor.

Sus virtudes ensalcemos,

gloria, gloria, alabanza y honor.

Gloria a Francisco, cantemos,

nuestro padre protector,

sus virtudes ensalcemos,

gloria, alabanza y honor.

Gloria, alabanza y honor.

Gloria, alabanza y honor.


El arreglo del templo y la estatua corresponden, casi siempre, a las Hermanas de la Presentación, acompañadas de profesoras y alumnas del Instituto Pedagógico. Para el primero están las mejores galas, y para el Santo, una vez quitado el polvo con agua bendita y algodón, salen las alhajas de oro ganadas por sus milagros infinitos. En estas ofrendas brilla el collar regalado por el minero Rudesindo Moreno y su compañía, a quienes, hace ya algunos años, Dios mostró, por intercesión de San Francisco, un rico venero que les cambió la fortuna.

Mientras unos comulgan u oyen misa con orquesta y orfeón, los colegios tocan cornetas y los barrios disparan cohetes y cañones. Cuando esto ocurre, devotos de todas las edades y sexos, dispersos en las calles, ciegan pozos y clavan cadenas de papel, paran altares en mesas y construyen arcos ingeniosos, izan banderas blancas con una cruz encarnada en el centro, trabajan las garlopas, labran los cepillos, abren huecos los barretones y las palas, relampaguean los machetes. Entre tanto ir y venir de gentes y de cosas, el observador no encuentra con un blanco que coopere en la faena. Sin que lo digan los informantes, los de color saben que esta es su fiesta, de la misma manera que la de Corpus Christi y el Corazón de Jesús son las fechas clásicas de los descendientes de los europeos.

Terminada la misa, ocurren las novenas individuales, el pago de mandas, los minutos con Jesús Sacramentado, triduos y rezos de estaciones. Los actores de estas cosas son siempre alfabetos. Los campesinos pasan a la casa cural a asentar partidas de bautismo, a pagar responsos, a cancelar misas nuevas para el Santo o los difuntos, a pedir agua bendita o a conseguir escapulario, a exponer querellas matrimoniales o a pedir consejos, a acusar a los vecinos o a bendecir una imagen, a pedir una fórmula para espantar de la finca al diablo o los animales dañinos. Regados por el pueblo están los otros probando el aguardiente, hablando de negocios, comprando o vendiendo, pagando deudas atrasadas o enganchándose como peones en la semana que comienza.

La imagen de San Francisco de Asís, de Quibdó, está catalogada en la lista patrimonial de Colombia como Bien de interés cultural del ámbito nacional. Fue restaurada en el año 2021 por el Ministerio de Cultura. FOTO: Procesión del 4 de octubre. León Darío Peláez, 2007.

A las dos y media comienza el recorrido mayor con la imagen de San Francisco. Pedida por el grueso de la población al director de la parroquia en 1895, llegó a Quibdó en 1899. Pesa 150 libras y mide de alto 1.65 metros, con un ancho de 45 centímetros. Es de madera, color carmelita, y la adornan un crucifijo que le atraviesa el pecho, y una diadema de cobre. Alcanza, sobre las andas en que sale, un peso de 7 arrobas.

No asisten a la procesión, pero sí a los oficios divinos de la mañana, las autoridades administrativas, judiciales y militares. Hace escolta un grupo de policiales. Junto a éstos, adelante y atrás, van los colegios, escuelas, comisiones especiales de las congregaciones del Carmen, Corazón de María y Jesús, y el público en general. Llaman la atención los estandartes de los barrios, los pabellones de las sociedades, las bandas de guerra de los planteles educativos, las banderas de cada sector del pueblo, la algarabía de la música.

Este viaje dura más de cuatro horas. En él se puede apreciar la querencia que se le profesa al patrono. A su paso hay llantos en las casas y las calles, flores y perfumes. En los altares de la barriada se coloca la imagen y se cantan los gozos por toda la concurrencia. No detener la efigie del celebrado en uno de estos altares, así sea el más humilde, provoca reclamos a la curia, conversaciones desagradables, insultos y rencores.

De regreso al atrio, el orador sagrado pronuncia la arenga final en la que alaba, además del Bienaventurado, las realizaciones del conjunto. Dispersado el tumulto, continúan los bailes familiares, los cines y cantinas excitando los sentidos como en cualquier otro día.

[…]



[1] Velásquez Murillo, Rogerio. 1960. “La Fiesta de San Francisco de Asís en Quibdó”. Revista Colombiana de Folklore, volumen 4, 1960. Pp. 16-37. https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/2910695/ 

[2] Ídem. Ibidem.

[3] Para tener un punto de comparación, nótese que el Decreto 2214 de 1956 (septiembre 07), por el cual se fija el salario mínimo diario en los Departamentos a partir del 1° de octubre de ese año, estableció para el Chocó un salario mínimo rural general de $3.00; y un salario mínimo urbano e industrial de entre $3.00 y $4.00, según el patrimonio del patrono o la empresa. NOTA no incluida en el texto original.

18/09/2023

 Desmemoria

"Nací en los brazos del río Atrato, gracias a mi abuela, partera de mi nacimiento. Mi padre heredó las tierras de mis abuelos. En la ribera no usaban cercas. Cada quien reconocía la propiedad del otro; los viejos resolvían los conflictos que se presentasen. El río era nuestro sustentador y única autopista. Mis padres mantenían relaciones económicas con las comunidades indígenas que vivían en la cabecera del río. Estas en su viaje a Quibdó o a Yuto solían dormir en nuestra casa. La mayor parte del día vivíamos en el río. Mi papá tenía un motor de mina con el que trabajaba en los terrenos de la familia. Nos hacíamos adultos en las faenas diarias: cacería, siembra, corte de colino, pesca, etc. Mi tío José Valencia solía amenizar las noches con cuentos orales de los mayores. Los padrinos eran seres respetados porque eran quienes nos podían rescatar ante la posibilidad de que el diablo o el duende nos llevara monte adentro. Estos conocimientos se remontan a tiempos inmemoriales. Mis padres aprendieron de sus padres y yo de ellos. Les llamamos aquí epistemologías de la manigua y la oralidad es su soporte".

Jhonmer Hinestroza Ramírez. 2022.[1]

 

Memorias y desmemorias. FOTO: Julio César U. H.

Como una vela, de gallarda e intrépida llama recién se enciende, de llama tranquila y firme -a menos que el viento la conmueva- en su discurrir de grande a mediana y de mediana a pequeña; así es la memoria… Como la llama del cabo de una vela, firme, casi inalterable; lenta, enhiesta casi, a no ser por las briznas de una palabra, de un ruido, de un rumor, de una brisa leve; así también es la memoria…

Así, inasible, bella, arrebolada, ardiente, es la memoria. Y por eso, durante más de las tres cuartas partes de la vida, nos resulta fácil recordarlo todo, con excepción -casi- del día de nuestro nacimiento, de aquel alumbramiento que convirtió en madre, por vez primera o por enésima vez, a esa mujer de quien provenimos y a quien tanto de nuestra memoria siempre vamos a deber.

Cuando el cabo de una vela -todos los hemos visto- comienza su declive inevitable, la llama sube, se yergue sobre sí, chisporrotea, se alborota, después se calma, luego se estabiliza. Y el amarillo y el azul y el blanco compiten por sobresalir. Y el diminuto charco de líquida cera, desde donde emana su intensidad, brilla y se transparenta como un lago de suave espejo, móvil espejo de refulgente eternidad. La vela -te acabaste, cabo ’e vela, y ahora ni quien te prenda- ha comenzado a fenecer, así su brillo sea notable. Y refulge y declina su llama, que cada vez más pequeña se hace. Y humea y se quema más rápido que cuando fue encendida y empezó a languidecer.

Hasta que llega un momento, inevitable momento, en el que todos los atributos de la vela: su chisporroteo, sus colores, su llama, su luz, su licuefacción, perecen, se esfuman, se van, se diluyen y fenecen, llegan a su final. Adiós. Su luz, su flama, su calor, su esencia, su brillo, su esplendor, todo, todo, se apaga y se extingue, se desaparece, se va, se esfuma, agoniza y se muere, sucumbe y fallece. Estelas de humo persisten durante algunos instantes, como marcando la precedente existencia de la llama y la luz que ahora se esfuman.

Sí. Así es la memoria, nuestra memoria. Y la memoria de nuestros mayores, que se va diluyendo año tras año, día tras día, mes tras mes, hora tras hora, instante tras instante; sin que nosotros nos demos cuenta, la mayoría de las veces; pues estamos dedicados a vivir nuestras vidas, sin incluirlos a ellos -completamente- en nuestra propia memoria.

La luz se apaga de repente y adviene -plena- la oscuridad. La llama, antes resplandeciente, se menoscaba y se vuelve insignificante, bella en su incandescente final. Huele a humo de cera, de vela, desaparece la luz, el amarillo y el azul y el rojo y el blanco dicen adiós. Se desvanece todo, todo se diluye. La vida entera por un abismo, literalmente insondable, se va, se va. "Era una llama al viento y el viento la apagó". La desmemoria ha llegado y no, ¡no!, no lo podemos evitar, no lo podemos remediar. Se llama Enfermedad de Alzheimer y es un mal calamitoso y trágico, desafortunado y amargo, más que cualquier injuria o castigo que de nuestras madres y de nuestros padres -durante la vida toda- nos haya tocado soportar.

No basta, pues, discursear acerca del valor de la memoria y en los discursos endiosar a los viejos y a las viejas como los memoriosos o portadores de la memoria y la tradición. No basta congraciarse con ellos declarándolos portadores de la memoria y del patrimonio oral, o reconociéndoles atributos de ancestralidad. Es indispensable darles en la práctica su lugar de portadores de tradición, memoria y patrimonio, documentando sus historias de vida, rescatando, valorando y dinamizando espacios de intercambio entre generaciones sobre hitos y momentos claves de la historia y de la tradición familiar, local, comunitaria.

Antes de que ocurra la desmemoria, hay que salvaguardar la memoria oral viva de abuelos y abuelas, tías y tíos, madres y padres, como parte sustancial de la historia local y regional en sociedades y comunidades locales -como las del Pacífico y el Chocó- donde la tradición oral es fundamento de la vida en comunidad y pilar irremplazable del relevo generacional y de la transmisión de la identidad étnica y cultural. Viajando por la memoria de nuestros mayores, de la mano de su voz y sus recuerdos, entenderemos que no podemos seguir recorriendo hoy los caminos de ayer como si fuera la primera vez que son transitados. Entre memorias y desmemorias, así se construye historia.

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“Cada 21 de septiembre, se lleva a cabo la conmemoración internacional del Día del Alzheimer, establecida desde 1994 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Federación Internacional de Alzheimer, fecha que sin duda nos invita a rememorar, evocar y no olvidar tan latente realidad”.[2]

 

“… Septiembre es el mes en el que nos unimos para concienciar y desafiar el estigma que rodea a la demencia y este año queremos que el Mes Mundial del Alzheimer sea el más significativo de todos. La campaña de este año, "Nunca es demasiado pronto, Nunca es demasiado tarde", se centra en los factores de riesgo y en el papel crucial que desempeña su reducción para evitar, retrasar o incluso prevenir la enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia”[3].



[1] Hinestroza Ramírez, Jhonmer. GENEALOGÍA DE LAS POLÍTICAS EPISTÉMICAS COLONIALES COMO FORMAS DE ESCLAVIZACIÓN DE LAS EPISTEMOLOGÍAS DE LA MANIGUA EN CHOCÓ, COLOMBIA. Trabajo de grado para optar al título de Doctor en Ciencias Sociales. Directora PHD DENISSE ROCA SERVAT. UNIVERSIDAD PONTIFICIA BOLIVARIANA. ESCUELA DE CIENCIAS SOCIALES. DOCTORADO EN CIENCIAS SOCIALES. MEDELLÍN. 2022.

[2] Alzheimer: Una realidad difícil de olvidar. Escuela Colombiana de Rehabilitación, ECR. En: https://www.ecr.edu.co/alzheimer-una-realidad-dificil-de-olvidar (consultado: 15.09.2023).

[3] Paola Barbarino, Directora General Alzheimer's Disease International. Mes Mundial del Alzheimer 2023. Herramientas de la campaña. En: https://www.alzint.org/u/WAM-Toolkit-30082023-ES.pdf (consultado: 16.09.2023).

11/09/2023

 Elizabeth Moreno Barco:
Premio Nacional de Derechos Humanos 2023

Bogotá, 6 de septiembre de 2023. La lideresa chocoana Elizabeth Moreno Barco recibiendo, de manos de la Embajadora de Suecia en Colombia, Helena Storm,  el reconocimiento como Defensora del año 2023, del Premio Nacional de Derechos Humanos en Colombia. FOTO: Premio Defensores Colombia.

Elizabeth Moreno Barco, actual Coordinadora del FISCH (Foro Interétnico Solidaridad Chocó: https://www.forointeretnico.com.co/) y hasta mayo del presente año Presidenta y Representante Legal de ACADESAN (Consejo Comunitario General del San Juan: https://acadesan.org/), fue elegida como Defensora del Año 2023, en la versión N° 12 del Premio Nacional de Derechos Humanos en Colombia, que es otorgado por Diakonia y ACT Iglesia Sueca, con el apoyo del gobierno de Suecia, a través de su Embajada en Colombia.

Junto a Elizabeth, en la categoría “Experiencia o Proceso Colectivo del Año-Nivel Proceso Social Comunitario”, fue galardonado el Consejo Nacional de Paz Afrocolombiano, CONPA, uno de cuyos fundadores, dirigentes e impulsores es el líder afrochocoano Richard Moreno Rodríguez, un abogado que desde niño formó parte del proceso organizativo de COCOMACIA (Consejo Comunitario Mayor de la Asociación Campesina Integral del Atrato) y que ha sido un digno heredero de su padre -Saturnino Moreno- en cuanto a su compromiso con el movimiento social del pueblo negro de Colombia.

El premio de la categoría “Reconocimiento a toda una vida” fue entregado a la destacada defensora de derechos humanos, Doria Yanette Bautista, cuya historia está marcada por la desaparición forzada y la búsqueda de su hermana Nydia Erika Bautista en 1987. Y en la categoría Procesos Colectivos-Nivel de «ONG acompañantes», el premio fue otorgado a la Fundación de Derechos Humanos Joel Sierra, de Arauca, cuyo trabajo de defensa de los derechos humanos brinda apoyo vital a las víctimas. El Homenaje In memoriam, que se realiza desde el año 2007, fue esta vez para el legendario Alfredo Vásquez Carrizosa, fundador en 1979 del Comité Permanente para la Defensa de los Derechos Humanos, en Colombia, y primer presidente de este organismo, vital en la historia nacional de defensa de los derechos humanos.

Ganadores del 12° Premio Nacional de Derechos Humanos en Colombia 2023. FOTO: Premio Defensores Colombia

“Para Chava, con cariño”

Elizabeth Moreno Barco está vinculada al proceso de reivindicación étnica y territorial de las comunidades negras de la subregión del San Juan, en el Chocó, desde los orígenes de su organización representativa y emblemática, ACADESAN, cuya asamblea de constitución como Asociación Campesina del San Juan se llevó a cabo del 8 al 12 de octubre de 1990, en la comunidad de Cucurrupí.

Por ello, este miércoles 6 de septiembre, en Bogotá, mientras caminaba desde su asiento en el auditorio donde se llevó a cabo la ceremonia de entrega del Premio Nacional de Derechos Humanos en Colombia 2023, hasta el escenario donde recibiría la máscara Kamëntsá que simboliza el reconocimiento, pues este premio no tiene retribución económica; luego de que la Embajadora de Suecia en Colombia anunciara su nombre como ganadora de la categoría Defensor o Defensora del Año, por la mente y el corazón de Elizabeth Moreno Barco desfilaron uno a uno los compañeros y las compañeras que le dieron vida a su organización de origen, ACADESAN, tales como Macedonio Valencia, Floriano Perea, Luis Enrique Granados, Gentil Villalba, Hésmer Mosquera, Esmilda Torres, Toribio Ibargüen,  Carlos Ramiro Barco, Marina González, Felipe López, Ana Melia López, Antonio López, Felipe Asprilla, Juan Asprilla, Ramiro Mosquera, Rafael Mosquera, Antonio Rodríguez, Manuel Áchito, Rito González, Eulices Mosquera, Herasmo Áchito, Orlando Murillo, Dámaso Murillo, Pablo Benítez, Teódulo Palacio, Sergio Flores, Jesusita Moreno y Jesús Rivas; entre otros. Además de los líderes indígenas del pueblo Wounaan y de la OREWA que estuvieron ligados al proceso fundacional de ACADESAN; la Hermana Ayda Orobio Granja, la Madre Carmen Palacio y todas las Misioneras de la Madre Laura que por el territorio sanjuaneño han trabajado; y su inolvidable asesor jurídico Jairo Velásquez, “que acompañó mi existencia en el proceso”, como lo recuerda Elizabeth, quien es popular y cariñosamente conocida como Chava, entre sus amigos y compañeros de trabajo, en las comunidades, en las organizaciones hermanas de ACADESAN y entre los funcionarios de oenegés, embajadas y entidades de cooperación internacional.

20 minutos de conversación con la Defensora del Año

En un reportaje publicado en marzo de 2020, en la revista El Malpensante, Elizabeth Moreno Barco fue descrita de la siguiente manera: “Para sus compañeros de trabajo y gente que la conoce como líder comunitaria, Chava es “la mujer de hierro”. Destacan su carisma, su capacidad de escuchar todas las voces sin perder la paciencia; su valentía para afrontar, incluso, discusiones políticas con cabecillas armados; y su voluntad de trabajo por el bienestar de las comunidades que representa. Para su familia, Chava es la matriarca. La guía y la fuente. Madre soltera de cuatro hijos, abuela de dos nietos, hija encargada de velar por la progenitora, la tercera de cinco hermanos, la tía más admirada y entrañable”[1].

La organización del Premio Nacional de Derechos Humanos en Colombia (https://www.premiodefensorescolombia.org/) la presentó públicamente en los siguientes términos: “Lideresa de la subregión del San Juan (Chocó). Es la primera mujer en ser Representante Legal del Consejo Comunitario General del San Juan (ACADESAN). Desde su lugar como lideresa, ha denunciado las graves violaciones de derechos humanos que padecen las comunidades negras del Chocó. Actualmente es la Coordinadora del Foro Interétnico Solidaridad Chocó”.

Hablamos con ella 24 horas después de haber sido reconocida como Defensora del Año 2023. Aquí está la entrevista.

Julio César Uribe Hermocillo-El Guarengue: Aparte de lo que frecuentemente resaltan en las notas y reportajes sobre su vida y su trabajo, o sea, que usted es la primera mujer en llevar la representación legal de ACADESAN, ¿cuáles son para usted los principales logros y méritos de su trabajo organizativo, de liderazgo y defensa de derechos humanos?

Elizabeth Moreno Barco: Creo que el haber participado en los diálogos entre gobierno y FARC, el haber llegado hasta Cuba, haber exigido la inclusión de los cinco municipios que hacen parte del proceso de ACADESAN en los PDET (Programas de desarrollo con enfoque territorial). El haber ayudado a elaborar la propuesta de “Acuerdo Humanitario ya”, para el Chocó, que la Mesa de Diálogo la haya recibido. Las peticiones en diferentes escenarios para la reanudación de la mesa de diálogo entre el gobierno y el ELN; pero, también en el 2017, poder haber hecho parte de la comunidad que se sentó con el ELN y el otro actor armado presente en el territorio (AGC) para lograr una tregua entre los dos actores armados y evitar así el enfrentamiento en las comunidades y bajarle la intensidad a la guerra o a los enfrentamientos. Otro logro que ha sido histórico, aunque de pronto no se le dio la suficiente visibilidad es poder haber llegado con nueve embajadores de diferentes países, en el 2022, a la región del Chocó, en tiempos de conflicto armado. Creo que ese también ha sido uno de los grandes logros, con el apoyo de una entidad de cooperación internacional, el llegar con ellos hasta allá.

JCUH-El Guarengue: ¿Cómo es su sueño de paz para las comunidades del San Juan, del Chocó y del Pacífico?

Elizabeth Moreno Barco: Gozar de las garantías de derechos en su integralidad: educación, salud, saneamiento básico, transformación de materias primas, rutas de comercialización, desarrollo comunitario, social y económico; en fin, un desarrollo, una atención, integral a la problemática. Y un territorio en paz y libre de violencia.

FOTO: ACADESAN.

JCUH-El Guarengue: ¿Cuáles ha pensado usted que son los principales aportes suyos al FISCH, ahora que es Coordinadora de este espacio interorganizativo tan importante para el Chocó...?

Elizabeth Moreno Barco: Bueno, yo creo que uno de los principales objetivos trazados es poder volvernos a juntar: re-juntarnos podríamos decir, porque hay unas entidades o unas organizaciones que por X o Y situaciones se han distanciado un poco; entonces es cómo volver a reestructurarnos, a reconstruirnos, a rejuntarnos para seguir trabajando por los ideales específicos con los que se crea esta plataforma: articulación de las comunidades en beneficio de todas y el respeto a la salvaguarda de cada una de las comunidades afro e indígenas, el respeto de las autonomías territoriales, los manuales de entendimiento, los reglamentos internos de cada una y que cada organización -desde su estructura, desde su mandato, desde su propiedad y autoridad dentro de su territorio- sea respetada y sean los que dirijan y den los aportes o nos den las directrices al proceso del Foro, para seguir fortaleciendo y trabajando en conjunto.

Y creo que mi objetivo principal como mujer es seguir trabajando estos liderazgos femeninos desde los diferentes territorios, en materia de equidad, de igualdad, frente a toda la problemática que vivimos; y también desde las diferentes instancias reclamar esa paridad, esa igualdad y equidad como mujer. Así también, a todas las organizaciones, por sus mandatos que tienen, por su estructura, por su nivel de trabajo y su liderazgo, seguir apalancándolas y apoyándolas a cada una en su esencia de organizaciones, en sus objetivos y sus ideales.

JCUH-El Guarengue: En el breve discurso que pronunció ayer, al recibir el Premio, dijo usted una serie de cosas muy significativas. Voy a preguntarle algo sobre dos o tres de ellas. Dijo usted: “Este premio significa el legado de esos líderes y lideresas que hoy no están con nosotros”. ¿A quiénes que ya no están presentes recuerda usted con especial memoria y por qué?

Elizabeth Moreno Barco: Hay muchos que han pasado por nuestros territorios, que han hecho parte de las organizaciones y que indiscutiblemente tendríamos que mencionar algunos…Podríamos decir al señor Macedonio Valencia, que fue uno de los propulsores de la Ley 70 y de la creación de la organización, de la Asociación Campesina del San Juan, que hoy, después de la creación de la Ley 70 del 93 y del artículo 1745, se constituye en Consejo Comunitario General del San Juan, ACADESAN. Encontramos también a Jesusita Moreno, conocida como Tuta, desde el territorio; a los compañeros indígenas, al señor Saturnino Moreno; entre otros muchos que han permitido que estos liderazgos sociales se puedan seguir desarrollando y trabajando; que dieron pie a que hoy estemos en este escenario muchos líderes y lideresas… y todos esos líderes que han muerto en la guerra, que han sido asesinados por reclamar sus derechos, afros e indígenas que hoy no están con nosotros; creería que en base y en memoria a cada uno de ellos, hemos podido seguir adelante y nos han fortalecido. Cuando estamos en los escenarios, siempre hablamos de nuestros ancestros, de nuestros líderes que no están y nos dan fortalezas. En base a eso fue el mensaje.

JCUH-El Guarengue: Dijo también: “Una persona, un profesional, en las diferentes áreas que desempeñe o que represente, no está solo; siempre está su familia y un equipo de personas de diferentes instancias que lo acompañan…”. ¿En quiénes pensaba cuando dijo esto? ¿A quiénes quisiera usted expresar especial gratitud por lo que le aportan o le han aportado como acompañantes o compañeros de camino o apoyos solidarios en su trabajo dentro del movimiento social de las comunidades negras y como defensora de derechos humanos?

Elizabeth Moreno Barco: Principalmente, el apoyo incondicional en todo momento es Dios y la familia, que siempre están ahí: sufren con uno, celebran con uno, les toca callarse, aguantar muchas cosas con uno; son los que saben de los momentos tristes y de los momentos de la felicidad que uno comparte, que uno llega a tener; mis hijos, mi mamá, mis nietos, mis hermanos, como familia… Pero, también ese equipo incondicional que encontré en ACADESAN, nuestro primer Jurídico, que acompañó mi existencia en el proceso, que hace alrededor de mes y medio, dos meses, murió, el señor Jairo Velásquez; la Hermana Ayda Orobio, de la Congregación de la Madre Laura, que siempre han estado acompañando el proceso organizativo de ACADESAN; los primeros creadores y fundadores de la organización; nuestro equipo jurídico, nuestro equipo de oficina o la parte administrativa; pero, también nuestros compañeros de junta directiva y las comunidades que siempre nos rodean…es ese equipo incondicional que tenemos. Ahorita, como Foro Interétnico tenemos un equipo que nos acompaña, están con nosotros, nos dan las bases... Y toda esa gama de instituciones del nivel internacional, que son los que nos hacen los aportes, que nos hacen los acompañamientos, nos financian cada uno de los escenarios donde estamos, y las entidades defensoras de derechos humanos, que son pieza fundamental para poder seguir desarrollando nuestro trabajo. La Congregación de la Madre Laura siempre ha estado con nosotros, acompañándonos en nuestro proceso. Unas se van, otras llegan, y hemos tenido acompañamiento de religiosas de esta congregación de diferentes partes del mundo que han venido a hacer su trabajo comunitario. Y créame que ese hábito ha sido una fortaleza y un escudo para el proceso organizativo frente a la defensa del proceso y frente a los diferentes actores armados presentes en el territorio…

JCUH-El Guarengue: Y dijo usted también algo que, además de bonito y muy bien dicho, es esperanzador; en un contexto de activismo social -como es la defensa de los derechos humanos- que suele estar signado por la desesperanza y la tragedia, por el miedo y el dolor… Dijo que el compromiso con la defensa de la vida es lo que “nos hace levantar todos los días con la esperanza, con el corazón en la mano y el amor en la boca…” ¿De dónde saca usted tan edificante y esperanzadora inspiración para adelantar día a día su trabajo como lideresa y defensora de derechos humanos, en territorios tan asediados, agredidos y vulnerados por distintas fuentes de conflicto y de violencia…?

Elizabeth Moreno Barco: Esas son frases que se viven, que se sienten…, que es lo único que tenemos a la mano cuando nos levantamos, cuando nos acostamos, para seguir fortaleciendo nuestro sueño, nuestro ideal de un territorio transformador y tenemos que hablar con nuestra mente, con nuestro corazón, y transmitirlo con nuestras palabras, Proponérnoslo, creérnoslo, construirlo e implementarlo nosotros mismos, desde nuestro corazón, en conexión entre la mente y el corazón y lo que transmitimos a través de las palabras.

JCUH-El Guarengue: ¿Cuáles son las salidas que identifica usted a la horrenda situación que viven las comunidades del Medio y Bajo San Juan, y de otras subregiones del Chocó..., en materia de violación de sus derechos humanos, en un momento en el que el confinamiento de las comunidades es la nueva y despiadada forma de agresión contra ellas y sus territorios han vuelto a ser escenarios de combate y de producción de rentas ilícitas…?

Elizabeth Moreno Barco: Yo creo que lo fundamental sería la implementación de un desarrollo igualitario, comunitario, institucional y desde el gobierno, hacia los territorios. ¿Y cómo lo podemos lograr? Si tenemos igualdad de condiciones, si tenemos oportunidad, y si hay equidad e integralidad frente a la atención de los territorios, al igual que las ciudades desarrolladas… El desarrollo igualitario en los territorios, creo que es la pieza fundamental: igualdad y equidad.

JCUH-El Guarengue: ¿Cuándo y dónde fue la última vez que Usted pudo contemplar sin sobresaltos uno de esos atardeceres hermosos e inolvidables del río San Juan?

Elizabeth Moreno Barco: Uhmmm… Bueno, pues la verdad, en ese orden de la pregunta, creo que fue hace mucho rato. Pero, siempre trato de estar en el territorio, buscar las personas claves, tradicionales, nuestros mayores, para conversar de nuestra historia, de nuestros antepasados, y que me muestren, me enseñen, me guíen frente a un futuro comprometedor, me den herramientas, me den conocimientos para seguir creyendo, creciendo y buscando esa transformación, pero también ese relevo o esa transmisión de esos saberes ancestrales, culturales, y hablar de todo un poco. Sabemos que siempre en nuestros mayores afro e indígenas encontramos fortaleza, encontramos propuestas, y son guiadores también del destino frente a las vivencias de cada uno de ellos… Una de esas charlas, creo que fue no hace mucho tiempo, en la comunidad de Copomá, con una adulta mayor de nombre Aurelina. Nos sentamos a hablar de partos, porque ella es comadrona, partera, con unos conocimientos de saberes ancestrales y culturales. Y, como por anécdota, casi cojo una culebra que estaba sobre una puerta, porque iba a cerrar la puerta para entrar, y prendo el bombillo y me encuentro con esa señora ahí…Y nooo, eso fue caótico, y pegué el grito y vino la gente: que dónde está la culebra; y la culebra en la puerta mirándonos… Y al otro día, llego a la casa de las Hermanas de la Madre Laura y les cuento la historia y me dicen: no, pero si tú eres creyente de Dios y confías y crees en la Madre Laura, la Madre Laura uno de los compromisos que tuvo fue que una serpiente nunca la mataría…, y me contó la historia. Ah, por eso fue que cuando yo fui a ver la culebra, estaba quietica…y yo no sabía la historia… Son esas cosas que uno trae a la mente, a colación, y le dan vuelta en la cabeza, y quisiera volver a encontrarse con personas como esas con otras que tienen conocimientos ancestrales que pueden ser enriquecedoras para nuestra vida y nuestro conocimiento.

Abid Manuel Romaña Mena. Coordinador saliente del Foro Interétnico Solidaridad Chocó (FISCH) con Elizabeth Moreno Barco, el 12 de mayo de 2023, cuando esta lideresa fue elegida como nueva Coordinadora de este espacio de coordinación interétnica e interorganizativa. FOTO: Twitter @FISCHETNICO.
Derechos humanos + Desarrollo = Paz

“¿En qué momento la defensa de los Derechos Humanos se convirtió en un riesgo para la vida?”, se preguntó la Embajadora de Suecia, Helena Storm, en la ceremonia de premiación. Y añadió: “El Premio Nacional de Derechos Humanos que entregamos hoy es un acto de reconocimiento nacional a todos y todas los/las defensores/as que dedican sus vidas a la noble tarea de proteger y promover los Derechos Humanos en Colombia. Es la representación del fuerte vínculo entre la defensa de los Derechos Humanos y la construcción de la paz. Para Suecia no hay paz y tampoco desarrollo sin el respeto por los Derechos Humanos”[2]. Para Elizabeth Moreno Barco tampoco.