19/11/2018


La biznieta de Manuel Mosquera Garcés

El perfil de Diego Luis Córdoba en Wikipedia no alcanza a ocupar una página tamaño carta, en letra de 12 puntos, a un espacio, y no llega a los 1.200 caracteres. Ramón Lozano Garcés, Adán Arriaga Andrade y Daniel Valois Arce no tienen perfil publicado en Wikipedia. En cambio, el perfil de Manuel Mosquera Garcés en la llamada Enciclopedia libre no solamente logra dar cuenta a quien lo lee de la vida y de la trayectoria del biografiado, sino que, además, ofrece al lector un elenco de fuentes verificables, como respaldo a la información; a diferencia del perfil de Córdoba, reducido hasta la insignificancia, incompleto e impreciso, y que evidentemente no se compadece en lo más mínimo con lo que fueron la vida y la trayectoria de este personaje de la historia nacional de Colombia y de la historia regional del Chocó.

Los personajes mencionados son cinco de los más egregios representantes de una generación admirable, que bogaron hacia el mismo lado para que el Chocó, celosa canoa en ríos procelosos, conociera mejores tiempos, aguas más serenas y cielos más tranquilos; así como aportaron, plenos de generosidad y ajenos a cualquier sentimiento vindicatorio, al crecimiento de Colombia, a pesar de las antonomásticas e históricas relaciones de exclusión e indiferencia de la nación con esta región.

“Mientras en el interior del país, especialmente en la ciudad de Bogotá, estaban en boga los discursos eugenésicos de personajes como el médico boyacense Miguel Jiménez López o el literato y sociólogo antioqueño Luis López de Mesa, quienes hablaron de “razas superiores” y “razas inferiores”, herencias biológicas o raciales negativas, cruces mestizos con elementos hereditarios dispares, degeneración de las razas, decadencia de la “raza colombiana”, taxonomía de las razas donde las de origen africano ocupaban el último lugar del escalafón, entre otras lindezas propias de estos discursos; del Chocó y otras localidades con población mayoritariamente negra, salieron jóvenes que buscaron a través de la educación un posicionamiento social. En el caso específico del Chocó, es reconocido un representativo grupo formado, entre otros, por Ramón Lozano Garcés —graduado en Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Antioquia—, Diego Luis Córdoba —abogado, con estudios iniciales en Medellín y después en Bogotá, donde se graduó en la Universidad Nacional en 1932—, Manuel Mosquera Garcés —abogado de la Universidad Externado de Colombia—, Adán Arriaga Andrade —también abogado, graduado en la Universidad de Antioquia a finales de la década de 1920—, Daniel Valois Arce —otro abogado, graduado en la Universidad Nacional en la década de 1930—, quienes salieron a partir de la década de 1920, y luego de estudiar y graduarse ocuparon los espacios políticos, llegaron a la Cámara o al Senado, fueron ministros, entre otros importantes cargos locales —en Medellín— o nacionales —en Bogotá—“[1].

Vista la estatura moral, política e intelectual de prohombres como estos y el difícil entorno en el que dicha estatura creció, resulta anacrónico que -en plena era de la información, cuando todo se sabe y lo que no se sabe se inventa- sea casi imposible hallar en internet información confiable, clara, precisa y fundamentada sobre figuras públicas como ellos, cuyas vidas y obras trascendieron el ámbito comarcano para sembrar hitos en el campo nacional. Lo cual, más que un vacío, es un pecado de lesa historia.

En ese contexto, se encuentra próximo a ser publicado el proyecto denominado Estando en el medio. Archivo digital de Manuel Mosquera Garcés, de la Historiadora María Paula García Mosquera, desarrollado con el apoyo del Ministerio de Cultura a través de su Programa de Estímulos 2018, mediante la beca de Investigación en Humanidades Digitales de la Biblioteca Nacional; y de la Universidad de Brown, a través de su Centro de investigación de Humanidades Públicas y Patrimonio Cultural, donde la investigadora obtuvo este año su grado de Maestría en Humanidades Públicas.

Proyecto de Portada del Archivo Digital de Manuel Mosquera Garcés.
Cortesía: María Paula García Mosquera.

Si bien esta iniciativa se suma a los esfuerzos que varias entidades encargadas del patrimonio cultural en Colombia han adelantado para circular en formatos digitales sus colecciones documentales, tales como el Archivo Fotográfico y Fílmico del Chocó, en el país aún no existe una iniciativa local que presente fuentes de archivo de personajes afrocolombianos influyentes en el siglo XX”, anota García Mosquera en el texto de su proyecto[2]. De manera que la novedad del trabajo es que, cuando sea publicado (entre diciembre de 2018 y enero de 2019), el público en general podrá acceder, vía internet, a un repositorio digital de “documentos producidos por Manuel Mosquera Garcés (1907-1972) y registros de su labor como uno de los primeros líderes afrocolombianos en participar activamente en el gobierno nacional a mediados del siglo XX[3]. En una combinación de los casi 300 documentos que la investigadora recopiló del archivo personal y familiar de Mosquera Garcés (fotografías, cartas, discursos transcritos, manuscritos, recortes de prensa, etc.) y de aproximadamente 100 documentos que identificó en otros lugares, como el archivo sonoro de la Radio Nacional, la Biblioteca Nacional, la biblioteca de la Universidad Pontificia Bolivariana, la Universidad de Antioquia, y otros depósitos documentales. A través de un detallado trabajo de curaduría, el material fue inventariado y catalogado, conforme a estándares nacionales e internacionales en la materia; como base para el diseño y construcción del espacio digital en internet.

“La idea es crear un archivo digital donde se recogen no solamente los documentos que hacen parte del archivo familiar que he reunido, sino piezas o fuentes que he podido identificar en otros archivos que estuve visitando durante los dos últimos años. La idea es poder hacer una propuesta curatorial donde el usuario pueda encontrar, de acuerdo a las personalidades, por decirlo de alguna forma, que yo considero que refleja Manuel Mosquera Garcés; que ese usuario pueda entender esas personalidades a través de estos documentos. ¿Qué quiero decir con esto? En la concepción que yo tengo del archivo, es poder dividir esos documentos que he encontrado en tres facetas: la faceta de Mosquera Garcés como periodista, la faceta de Manuel Mosquera como intelectual, la faceta de Manuel Mosquera como político. Que en cada una de esas facetas la persona pueda encontrar escritos, discursos, fotografías de Mosquera Garcés… Cuando digo archivo digital, ¿qué es? El archivo digital es un espacio digital en internet, con acceso público, donde las personas, además de encontrar este archivo que acabo de describir, van a encontrar una especie de línea de tiempo donde estoy conectando la vida personal de Mosquera Garcés con sucesos de la historia regional y nacional, para poder ubicar su vida en su contexto más amplio y ver cómo su labor como político se conecta a eventos de la vida nacional y de la vida regional. Eso en particular es el producto que busco entregar, a través de la beca que me fue otorgada por el Ministerio de Cultura”[4].

María Paula García Mosquera junto al póster del Proyecto Archivo Digital de Manuel Mosquera Garcés,
que presentó en la Conferencia de Humanidades Digitales, DH2018, en Ciudad de México, a mediados del presente año.
Fuente: Cuenta de Twitter de Brown University's Center for Public Humanities: @publichumans.
Collage: elaboración propia de Julio César U. H.
Encontraremos allí fuentes primarias para entender, por ejemplo, cómo un abogado negro llegó a tener tanta influencia, a mediados del siglo XX, en las altas esferas del gobierno nacional, del Partido Conservador, de la Iglesia Católica, de las universidades en donde trabajó como profesor. Cómo llegó a ser un periodista tan destacado, que fue el primer director del periódico La República. Cómo fue posible que influyera en la vocación sacerdotal de Camilo Torres Restrepo y que fuera un católico tan apostólico y tan romano que alguna vez, refiriéndose a su hijo Marco Fidel, le contó a un periodista de La Patria: “Sabes? Mi hijo será el primer Obispo del Chocó. Seré feliz cuando le vea sobre su cabeza de rizos apelmazados la mitra episcopal, en el pecho un reluciente pectoral de oro chocoano, en la mano de ébano la amatista teologal. Seré feliz cuando le oiga decir: “Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo[5].

La oratoria de Manuel Mosquera Garcés era uno de los indicadores de su portentosa inteligencia y de su brillantez intelectual, como el brazo en alto fue su gesto distintivo de orador público.
Foto: Cortesía María Paula García Mosquera.
“Creo que la importancia de Manuel Mosquera Garcés es que, primero, es parte de esa generación que crece entre la periferia y el centro, a través de la política. Es también la voz de una intelectualidad chocoana que tiene eco en Bogotá y al tener eco en Bogotá pues tiene resonancia en lo que estaba sucediendo, en lo que podía suceder en el Chocó con las leyes y con todos los proyectos que se estaban haciendo… La concepción de Manuel Mosquera Garcés de la mujer chocoana…: él tenía mucho interés en que la mujer chocoana se educara…y como Ministro se empieza a interesar por la educación de la mujer… Mosquera Garcés fue parte también de esa lucha por la creación del Departamento del Chocó, junto a Diego Luis Córdoba, Valois Arce y otro montón de personajes. Mosquera Garcés y Córdoba eran grandes amigos y, como chocoanos, estaban mostrándose en bloque en el gobierno central, para poder trabajar por su tierra. Lo que yo he leído del Chocó como que muestra esa historia muy separada, como si no hubiera habido ningún diálogo entre ambos líderes; y lo digo en específico con Córdoba y con Mosquera Garcés, primero porque son contemporáneos y porque su carrera política transcurre de una forma paralela, solo que el uno es del partido liberal y el otro es el del partido conservador; ambos se muestran como desde posiciones muy distintas; pero, con objetivos muy similares…”[6].

María Paula García Mosquera es hija de la hija mayor del segundo hijo de Manuel Mosquera Garcés (Ernesto) con su esposa Emma Pardo Abondano. Por ello, aunque es fundamentalmente bogotana y a Quibdó solamente ha ido una vez, en curso de este trabajo; la acompañaron desde la infancia los relatos de la vida y la tierra de su bisabuelo, junto a palabras, dichos y pasteles chocoanos, a través de personas como su abuelo y su tía Imelda Velasco Mosquera, sobrina de Manuel Mosquera Garcés, hermana de Juancho, el Poeta del Atrato, quien era bastante parecido a su tío en los rasgos físicos. Y por ello, cuando estaba a punto de tesis de pregrado de Historia, en la Universidad de los Andes, María Paula pensó por primera vez en hacer un trabajo sobre Manuel Mosquera Garcés; pero, a una profesora le pareció que no era válido historiar a un conservador nacido en una tierra de liberales, y entonces a la joven estudiante no le quedó más remedio que desistir del trabajo. No obstante, la idea la siguió rondando, buscándola por todos los lados: una foto aquí, un documento allá, que familiares le mostraban y contaban a la única integrante de la familia con estudios de Historia…, hasta que, llegada a la Maestría, más de una década después de haber escrito el perfil de Manuel Mosquera Garcés que aparece en Wikipedia[7], pudo decidir por su propia cuenta y a su propio riesgo, que sí haría un trabajo sobre su bisabuelo y supo lo que quería hacer: plantear muchas preguntas alrededor de la figura de este humano público, más que dar las respuestas, no vaya y sea que a alguien se le ocurra que a una biznieta le falta objetividad.


“Para mí y para mi mamá fue como acortar distancias: uno pensaba que Quibdó quedaba superlejos y queda a 45 minutos. Entonces nos dimos cuenta cómo uno se deja afectar por un montón de percepciones que existen alrededor del Chocó… Llegar allá, ver la Carrera Primera, el mismo Parque del que tanto nos habían hablado, fue sorprendente; porque es como volver el relato realidad, como vivir el relato en carne propia. Y como que solamente el trato de las personas, porque la gente fue muy abierta y nos dio una bienvenida increíble, fue como entender mucho de lo que nosotros somos, siendo nosotros, mi familia, mi mamá y mis tíos y mis primos, bogotanos…pero, entonces entender las fiestas familiares, entender cómo nos tratamos, entender ciertas palabras que usamos, el pastel chocoano que nos comemos en la casa, mejor dicho… para mí, como historiadora, fue ir a la fuente primaria… Pude hablar con Ismael Aldana… con Gonzalo Díaz Cañadas, mostrándonos el archivo: para mí fue muy emocionante esa visita, pues en mi trabajo con la Fonoteca de la Radio Nacional había oído del archivo de la UTCH, entonces ver el trabajo increíble que están haciendo para recuperar la historia del Chocó desde las fuentes primarias como que me reafirmó la importancia del trabajo que yo estaba haciendo. Hablar con Ana María Arango, de la Corporaloteca... O visitar la Casa Museo del profesor Sergio Mosquera y ver esa otra cara de la historia mucho más centrada en África, y todo su trabajo que ha hecho alrededor del mismo Chocó, pero también de la historia política… Entonces fue conocer también qué se está haciendo en materia de trabajos históricos y archivísticos alrededor de la historia del Chocó. Para mí fue un honor y también fue abrir los ojos respecto a esos procesos que se dan en el espacio de referencia que yo tenía para mi proyecto y cómo yo puedo empezar a tener un diálogo con ellos… Mi proyecto lo que quiere ser es como una pieza adicional en esa variedad de iniciativas que se están haciendo en el Chocó, para poder contar el Chocó desde otras miradas, desde otras voces…sobre todo en este momento en que el Departamento está teniendo esa mirada, esa imagen pública más potente en el centro; pero, mostrarlo no como ese estereotipo del negro que baila en la fiesta…sino pensando en que es un departamento con historia, con historia muy complicada, con una historia increíble…, que también tiene otros momentos y uno de esos momentos de esa historia es donde Mosquera Garcés está ubicado y es donde quiero que este proyecto sea parte de esta conversación que se está dando”[8].

Manuel Mosquera Garcés (sentado en el segundo puesto, de derecha a izquierda) con Mariano Ospina Pérez
y otros líderes del partido conservador, s.f. Foto 15 del Archivo Digital de Manuel Mosquera Garcés.
Cortesía: María Paula García Mosquera.

Una vez puesto al aire, publicado o lanzado al ciberespacio, la administración, mantenimiento y sostenibilidad del Archivo Digital de Manuel Mosquera Garcés estará en manos de su autora, quien espera –en ese lapso- establecer una alianza con entidades como la Biblioteca Nacional o el Archivo General de la Nación o la Universidad Tecnológica del Chocó, para que el archivo repose en el sitio web de esas entidades y pueda migrar los contenidos al servidor de las mismas. “Y respecto al archivo físico, pues la idea es que una vez yo digitalice y tenga todos los documentos listos para poderlos subir al archivo digital, es donarlos a la Biblioteca Nacional; para que no se sigan perdiendo. Esto lo estaré terminando seguramente el año entrante, según los tiempos que la Biblioteca maneje para esta clase de trámites[9].

Antes de irse para París, a trabajar en el Consejo Internacional de Archivos, María Paula García Mosquera aspira a volver a Quibdó, en enero de 2019, para hacer una presentación pública del Archivo Digital de Manuel Mosquera Garcés y para ofrecer una conferencia sobre la importancia de los archivos, en coordinación con la Universidad Tecnológica del Chocó. Igualmente, si sus tiempos son propicios, quiere “hacer una especie de intervención en el Parque Manuel Mosquera Garcés, para que la gente que pasa por este espacio conozca más sobre este personaje. Y esa es un poco la idea de poner su nombre, con la pregunta: ¿sabes quién es Manuel Mosquera Garcés? Y tener esa discusión con los transeúntes, no solamente con cierta información del personaje ahí mismo, in situ, sino poderlos remitir al archivo, para que también el archivo se pueda socializar con personas de la región[10]; para empezar a suplir el vacío derivado del hecho de que en el parque que lleva su nombre no exista ningún elemento informativo que indique quién era Manuel Mosquera Garcés, este quibdoseño (nacido el 22 de junio de 1907) que fue Senador de la República durante casi doce años, Presidente del Congreso en un periodo y Vicepresidente del Senado, dignidad que ocupaba en el momento de su muerte (31 de enero de 1972); que fue Ministro de Trabajo y dos veces Ministro de Educación, cargo desde el cual materializó la creación del ICETEX, en su versión original, no bancaria, a partir de una idea de Gabriel Betancourt, el papá de Íngrid.

Manuel Mosquera Garcés con el cardenal Crisanto Luque Sánchez y el General Gustavo Rojas Pinilla en la inauguración de Radio Sutatenza (información de Ernesto Mosquera Pardo, hijo de Mosquera Garcés), s.f. Foto 1 del Archivo Digital de Manuel Mosquera Garcés. Cortesía: María Paula García Mosquera.

Conectando su trabajo como periodista de la prensa laica católica, como militante del partido conservador y como intelectual en la academia de la capital, con la historia del país y su región natal[11]; el Archivo Digital de Manuel Mosquera Garcés abre una puerta promisoria en cuanto a la construcción de nuevas narrativas sobre Afrocolombia, sobre Afrochocó, sobre su gente y sus territorios. Una puerta digital que facilita avanzar en el entendimiento de esta historia regional y nacional insuficientemente estudiada y contada; para superar unicidades y simplificaciones en cuanto a las versiones de la misma, para contextualizar cada hecho, por simple que parezca, y analizarlo desde miradas que atiendan su completitud y su complejidad…

“[Diego Luis] Córdoba también interpretó la pertenencia al Partido Liberal como la más coherente con la pertenencia racial. A este propósito, es significativa una anécdota, relatada por el intelectual y expolítico chocoano Libardo Arriaga Copete, sobre un diálogo entre Córdoba y el político conservador Manuel Mosquera Garcés, también “negro”, acerca de sus respectivas ideas políticas. Según el relato, Córdoba diría a Mosquera Garcés:

Es una lástima, Manuel, que tú, siendo negro, seas conservador: un liberal, José Hilario López, libertó a nuestros antepasados.[12]

Por su parte, Mosquera Garcés respondería:

Es que entre tú y yo hay una gran diferencia: es que tú eres un manumiso de José Hilario López y yo soy un redimido de San Pedro Claver.[13]

En este diálogo, Córdoba demuestra compartir la idea según la cual ser “negro” y conservador representaba una contradicción. Para él, el hecho de que el Partido Liberal hubiera abolido la esclavitud era suficiente para explicar la razón por la cual una persona negra se reconociera en su ideología.

Sin embargo, la respuesta de Mosquera Garcés demuestra que, más allá de la retórica, la adscripción partidista respondía a un complejo conjunto de factores, en el cual la pertenencia racial representaba un argumento importante, pero no el único”[14].


[1] González Escobar, Luis Fernando. Camilo Mayo Caicedo, el primer arquitecto “negro” de Colombia. En: Universidad Nacional de Colombia -150 años- / Renzo Ramírez Bacca, editor. -- Medellín: Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, 2017. 353 páginas: ilustraciones. Pág. 31-49. Consultado en:

[2] García Mosquera, María Paula. Estando en el medio. Archivo digital de Manuel Mosquera Garcés. Becas de investigación en Humanidades Digitales de la Biblioteca Nacional de Colombia. 2018. 23 pp. (Documento suministrado por la autora para este artículo). Pág. 10.

[3] Ibidem. Pág. 12.

[4] Entrevista a María Paula García Mosquera, vía telefónica, 11 de noviembre de 2018.

[5] Chocó 7 días Edición N° 922, Quibdó, julio 26 a agosto 1 de 2013. EL CHOCÓ DE AYER: De la edición 2908 del periódico ABC (noviembre 5 de 1934). En:

[6] Entrevista a María Paula García Mosquera, vía telefónica, 11 de noviembre de 2018.

[7] María Paula García Mosquera escribió el perfil de Manuel Mosquera Garcés publicado en Wikipedia, en el marco del Día de la Afrocolombianidad 2017, que en ese año fue la primera vez que se celebró en la Casa de Nariño, con motivo del centenario del nacimiento de Diego Luis Córdoba, Adán Arriaga Andrade y Manuel Mosquera Garcés; celebración a la cual fueron invitadas las familias de los tres homenajeados. El perfil se puede leer en:

[8] Entrevista a María Paula García Mosquera, vía telefónica, 11 de noviembre de 2018.

[9] Entrevista a María Paula García Mosquera, vía telefónica, 11 de noviembre de 2018.

[10] Entrevista a María Paula García Mosquera, vía telefónica, 11 de noviembre de 2018.

[11] García Mosquera, María Paula. Estando en el medio. Archivo digital de Manuel Mosquera Garcés. Becas de investigación en Humanidades Digitales de la Biblioteca Nacional de Colombia. 2018. 23 pp. (Documento suministrado por la autora para este artículo). Pág. 12.

[12] Entrevista de Pietro Pisano a Libardo Arriaga Copete, 27 de agosto de 2008. En: Pisano, Pietro. Liderazgo político “negro” en Colombia 1943-1964. Bogotá, Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Ciencias Humanas. Departamento de Historia. 2012. 260 pp. (Biblioteca Abierta. Historia). ISBN: 978-958761-157-1. Pág. 121.

[13] Ibidem.

[14] Pisano, Pietro. Liderazgo político “negro” en Colombia 1943-1964. Bogotá, Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Ciencias Humanas. Departamento de Historia. 2012. 260 pp. (Biblioteca Abierta. Historia). ISBN: 978-958761-157-1. Pp. 120-121.

12/11/2018


El que no conoce su historia…

¿Cuántos de los centenares de quibdoseños que a diario se reúnen en el Parque Centenario saben por qué este se llama así y quién es César Conto Ferrer, aquel a quien Quibdó declara “su dilecto hijo”, según reza la inscripción en el templete donde está su busto, en la esquina noroccidental del parque, bajo el cual tantos se guarecen del sol y de la lluvia?

¿Saben quién es Manuel Mosquera Garcés aquellos que usan el parque que lleva su nombre como estación de preludio para sus rumbas de fin de semana, en la Zona Rosa de Quibdó; o aquellos que en diciembre lo colman para que sus niños disfruten de los arreglos navideños y de los juegos infantiles?

¿Saben los estudiantes quibdoseños, sus padres y madres, sus docentes y directivos, quiénes fueron exactamente los personajes con cuyos nombres están bautizadas instituciones educativas como Manuel A. Santacoloma, Rogerio Velásquez, Miguel A. Caicedo, Nicolás Rojas Mena, Lisandro Mosquera, Miguel Vicente Garrido, Ramón Lozano Garcés, Armando Luna Roa…?

Cuando cantamos el Himno del Chocó, ¿sabemos quiénes son “Carrasquilla y Mallarino, Holguín, Conto y Jorge Isaacs” y por qué “son tus hijos más gloriosos, intelectuales sin par”? ¿Tenemos claras las razones por las que “…en la gesta libertaria, Buch, Montalvo y muchos más eternizaron sus nombres, que la historia acoge ya"?

Foto: Julio César U. H., reproducción de una imagen incluida
en un Informe de la Prefectura Apostólica del Chocó (1925), archivo personal.
Es tan probable como lamentable que, en múltiples casos, la respuesta a las anteriores preguntas sea no. Así como es casi infructuosa la búsqueda de edificios, entidades o lugares de Quibdó y del Chocó que lleven nombres de mujeres, en homenaje a su memoria.

Para subsanar esos vacíos que no deberían existir si se pretende cultivar una identidad regional sólida y fundamentada en la memoria, existe la Historia como disciplina, como ciencia y como pasión; como relato veraz y crítico de los acontecimientos anteriores y actuales; como depósito material de las evidencias escritas, gráficas y sonoras de dichos acontecimientos; como compilación vívida de las voces que desde la oralidad saben del ayer y del presente, y conocen de memoria dónde, quién, cuándo, cómo y por qué.

Gonzalo Díaz Cañadas, Presidente
de la Academia de Historia del Chocó,
con el Gobernador del Departamento,
cuyo apoyo será decisivo para esta nueva etapa
de la Academia. Tomada de: @elmanducochoco
Por lo dicho, hay que saludar con alegría y complacencia la noticia de que el pasado 3 de noviembre, en el marco de la efeméride del septuagésimo primer aniversario de la creación del Departamento del Chocó, se haya reactivado la Academia de Historia del Chocó, luego de dos décadas de inactividad; bajo la Presidencia de Gonzalo Díaz Cañadas, experimentado periodista y connotado impulsor de la recuperación, cuidado y organización de importantes elementos del patrimonio histórico y cultural regional, que hoy reposan en la Universidad Tecnológica del Chocó Diego Luis Córdoba, por ejemplo en el Archivo Fotográfico y Fílmico del Chocó, ideado, estructurado y montado por Díaz Cañadas, con diversos apoyos de entidades estatales y con el auspicio permanente de la Universidad.

Precisamente, el grupo de profesionales e intelectuales chocoanos que han asumido su reactivación han considerado la posibilidad de “articular la Academia de Historia a un instituto que tiene la Universidad y que está también bastante decaído, que es el Centro de Estudios Afrocolombianos e Indígenas, que funciona en el Bloque 11, Edificio de Investigaciones, y que tenía destinado todo un piso para su operación. Con el tiempo, este centro también decayó; pero, se conservan aún unos espacios importantes que podrían servir de albergue a la Academia, como es el Centro de Documentación que tiene la Universidad en este sitio. Allí se encuentra localizada la Colección Chocó, que es la colección de escritores y autores chocoanos que posee la Universidad Tecnológica del Chocó y que la sacó de su biblioteca general para convertirla en una colección especializada. Pensamos que allí puede operar la Academia. Allí se encuentra también localizada la Hemeroteca del Chocó, la Hemeroteca Efraín Gaitán Orjuela, que hemos logrado organizar y que la conforman 65 periódicos regionales. Allí también se deposita parte del Archivo Fotográfico y Fílmico. Y recientemente hemos recibido todo el archivo de Codechocó. El Centro de documentación de Codechocó, que por muchos años funcionó en una sede especial, fue entregado recientemente a la Universidad Tecnológica del Chocó. Hay información allí también importante a partir de todo el proceso de reconstrucción de Quibdó, y del Chocó[1]; como lo explica, bastante animado, el nuevo Presidente de la Academia de Historia del Chocó.

Foto: Julio César U. H.,
reproducción de una imagen incluida en un Informe
de la Prefectura Apostólica del Chocó (1925),
archivo personal.
Si se concretara la articulación de la Academia de Historia del Chocó a la Universidad y esta la acogiera y la albergara del modo explicado por Díaz Cañadas; además de espacios de reunión y de trabajo individual, los académicos y sus aliados tendrían a la mano un completo elenco de archivos y fondos documentales básicos para el desarrollo de sus trabajos. A los cuales se sumarán próximamente el Centro de Documentación del Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico, IIAP, y la Colección Especial del Chocó Biogeográfico, que el Instituto heredó del Proyecto Biopacífico. Así como una colección especial que será estructurada con los archivos personales y familiares de Diego Luis Córdoba, los cuales serán donados a la Universidad por su hijo, Diego Córdoba Zuleta, a principios del año entrante: “fotografías, discursos, diplomas y algunas cosas que conserva su hijo, porque ya su biblioteca había sido donada al Congreso de la República[2].

Hacen parte de la Academia en esta nueva etapa el doctor Mario Serrato Valdés, quien fue elegido Vicepresidente. Él es un abogado chocoano, de Andagoya, que vive en Bogotá. Salomón García, Ingeniero Agrónomo, que fue Director de Incora acá, es el Secretario General. Dos profesores de la Universidad Tecnológica del Chocó: Sergio Antonio Mosquera, historiador, y Néstor Emilio Mosquera (Millo), que también viene trabajando en estos temas de investigación histórica. Ana Gilma Ayala Santos, historiadora de las fiestas de San Pacho. El profesor César Aguilar, de Bahía Solano. Y Diego Córdoba Zuleta, el hijo de Diego Luis Córdoba”.[3]

Con el propósito de obtener recursos que permitan materializar esta nueva etapa de la Academia de Historia del Chocó, sus directivos adelantarán gestiones ante la Gobernación del Chocó y sus secretarías de Cultura y de Educación; así como aspiran a establecer convenios con entidades como el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), la Biblioteca Nacional de Colombia, el Banco de la República y el SENA. Dichas gestiones se harán en el marco de un plan de acción que se articule a las políticas y escenarios públicos regionales en materia de historia y cultura, el cual será liderado por Víctor Hugo Moreno, Asesor Técnico de un colectivo de estudios históricos del Chocó, creado como unidad de apoyo por Augusto Cicerón Mosquera, quien fue el impulsor primigenio de la Academia y promotor de su actual revitalización.

Dentro de las actividades concretas, hemos identificado como prioritaria la convocatoria al
Tomada de: https://www.universocentro.com/portals/0/R84/limites1.jpg
Primer Encuentro de Profesores de Historia del Departamento del Chocó, profesores que estén vinculados a la educación media y superior en estas lides de historia; necesitamos identificarlos y tener con ellos la posibilidad de creación de una red de trabajo que permita trabajar con ellos y poderlos actualizar en materia de nuevos retos regionales en materia de historia política
[4]. Este encuentro está programado para julio de 2019 y serviría como punto de partida para dinamizar la creación de comités de historia en todos los municipios del Chocó, que es una de las acciones misionales de la Academia.

Aspira la Academia a revivir su Boletín, como órgano difusor de la producción académica de sus miembros, aliados e invitados. Igualmente, a realizar exposiciones itinerantes como la de Historia musical del Chocó, basada en un trabajo de Douglas Cújar Cañadas, con la participación de Elías Córdoba Valencia, Leonidas Valencia, Octavio Panesso Arango y Ramón Garcés Herazo; Istmina 190 años y Quibdó y su catedral, con el apoyo del Archivo Fotográfico y Fílmico del Chocó; y otra sobre patrimonio bibliográfico y documental, donde se expondrían ediciones originales o antiguas de libros chocoanos.

Hacer visible a la Academia de Historia del Chocó y posibilitar el acceso de la gente a sus acciones es otro gran propósito de sus directivos, en esta nueva etapa. Para ello, se aspira a contar con un sitio web y a hacer presencia en redes sociales; así como a contar con un nuevo logo para su identificación y posicionamiento.

Un ciclo de conferencias sobre diversos temas de historia regional complementará esa labor comunicativa y de proyección social de la Academia. Para lo cual se contará con aportes de Luis Fernando González Escobar, Arquitecto, Doctor en Historia, que es uno de los más reconocidos investigadores de temas chocoanos, con una conferencia sobre Camilo Mayo Caicedo, quien fue el primer arquitecto afrocolombiano del país; así como de otros conferencistas, tales como Alfonso Carvajal (sobre la Biblioteca del Darién), Alejandra Orozco y Gonzalo Díaz (sobre Patrimonio Audiovisual colombiano y chocoano); Carlos Valencia Garcés (acerca de la obra de Juancho Velasco, el Poeta del Atrato); y María Paula García Mosquera (Archivo digital de Manuel Mosquera Garcés e importancia de los archivos).

Esas y otras acciones de la Academia de Historia del Chocó siembran esperanza y nos hacen soñar con que un día sea un rotundo y verdadero sí la respuesta a todas las preguntas enunciadas al principio. Nos hacen soñar con que un día se develen y reconozcan las acciones de tantas mujeres chocoanas hoy invisibles. Nos hacen soñar con que un día haya, en el parque que lleva su nombre, aunque sea una placa que informe al transeúnte quién fue Manuel Mosquera Garcés.


[1] Entrevista telefónica a Gonzalo Díaz Cañadas, noviembre 09 de 2018.
[2] Ídem. Ibidem.
[3] Ibidem.
[4] Ibidem.

05/11/2018


¿Construyendo país?

Æ Es escasa la trascendencia de los compromisos establecidos en Quibdó, empezando porque para acordar reuniones y eventos no habría sido necesaria tanta parafernalia ni tan abundante comitiva; siguiendo con que los compromisos incluyen restaurar un colegio cuyo nombre ni siquiera fueron capaces de escribir bien; y culminando con que para ellos no parecen existir los planes de desarrollo con enfoque territorial. Ello indica que, con esta micro-gerencia del Presidente, inspirada en los también eternos y etéreos consejos comunales de su Jefe, no se está realmente construyendo país; sino literalmente sembrando para la próxima cosecha electoral.

Cuatro hechos marcaron la visita del Presidente a Quibdó, este sábado 3 de noviembre de 2018: el Chocó cumplía 71 años de ser departamento, después de haber sido intendencia durante 40 años; en el recinto de la reunión N° 14 de lo que el gobierno llama talleres Construyendo país estaba presente el Jefe del Presidente; el Presidente aprovechó la oportunidad para venderle al auditorio su ley de financiamiento como panacea para todos los males presupuestales de la política social del gobierno; y, por último, fue notorio y evidente, por parte del Presidente, su equipo y su Jefe, el ninguneo al Comité Cívico por la dignidad y la salvación del Chocó y a los acuerdos suscritos entre el Estado colombiano y dicho comité.

Alcaldes y alcaldesas de municipios chocoanos entregándole al Presidente
un florero de wérregue, elaborado por indígenas wounaan
del Municipio de Litoral del San Juan.
Foto Efraín Herrera-Presidencia de la República.
En ninguna de sus dos intervenciones centrales mencionó el Presidente la efeméride de la creación institucional del Departamento. Ni al principio, cuando hizo un resumen de su gestión durante la semana que terminaba, con énfasis en su asistencia a eventos y en sus logros policiales referidos a la captura de delincuentes, cuyos alias pronuncia con una emoción notoria y digna de mejores destinos; ni al final, cuando leyó un resumen impreso, que le suministraron sus empleados, de “los principales compromisos del taller”. Es extraño que este aniversario no haya merecido ni siquiera una pizca adicional de diplomática demagogia de parte del Presidente y uno no puede evitar imaginarse cómo y cuánto hubiera sido el discurso, si el aniversario fuera, por decir algo, el de Antioquia y en Antioquia.

El Jefe del Presidente, con quien el Presidente juega al policía bueno y al policía malo, intercambiándose los roles según convenga a la situación; estuvo ahí sentado, en la sección de invitados especiales del auditorio, casi siempre acompañado de una alcaldesa que está entre sus más furibundas hinchas; ocupado la mayor parte del tiempo con su teléfono celular, aunque no mucho en Twitter. Marrullero y morrongo como siempre, habló solamente cuando su Presidente le dio la palabra, súbitamente. Y no se refirió más que a lo que él cree que se debe hacer para abrir la carretera al mar y “los puertos”, como el de Tribugá, adobando la fórmula -al final- con un inusitado espíritu ecologista. ¿Por qué no aplicaría esa fórmula, que tan coloquialmente le presentó a su Presidente, durante sus primeros ocho años de gobierno? “Gracias, Doctor Uribe, Presidente, muchas gracias por sus palabras…”, respondió el Presidente a la intervención, invocando sin sonrojos la majestad que a su Jefe le reconoce.[1]

Tanto al principio como al final, así como en algunos intersticios de las más de ocho horas que duró la reunión, el Presidente promocionó reiteradamente su ley de financiamiento; evitando, eso sí, mencionar cosas como el IVA a toda la canasta familiar y otra cantidad de malezas del montón que deliberadamente sembraron él y su equipo de Hacienda por todas partes de la misma. Según él, faltan 14 billones de pesos para poder financiar Familias en acción, alimentación escolar, subsidios de gas y energía eléctrica y otros programas sociales. Y la única manera de obtenerlos es sacándoselos a los propios beneficiarios de dichos programas.
Tomada de:
https://www.eltiempo.com/opinion/caricaturas/beto-barreto/convenciendo-caricatura-de-beto-barreto-288422
De ese modo, lo que para ciudadanos rasos de aquellos que abundan en el Chocó, de los que bordean la línea de pobreza y realizan el milagro mensual de subsistir con menos de la mitad de un salario mínimo, no es más que otro mísero acto de empobrecimiento y expoliación en contra de su vida y la de sus familias; es para el Presidente, quien cuando era candidato negó hasta la saciedad que haría lo que ahora está haciendo, dizque un pacto: “así que los invito a ese pacto por los recursos, ese pacto para poder financiar el año 2019 y sentar las bases para tener grandes recursos sociales que permitan darle continuidad a los programas que son tan importantes, como el subsidio al adulto mayor, las familias en acción, los subsidios del gas, los subsidios de energía, la atención integral a la niñez, el PAE, la formación y los programas de atención a la población universitaria, entre otros, que son los programas que entre todos tenemos que trabajar para conseguirles los recursos[2].

Seguramente, en ejercicio del juego de roles entre el Presidente y su Jefe, una parte de las malezas de su ley de financiamiento serán arrancadas selectivamente, con la mano, como el IVA a la canasta familiar. Pero, otras igual de onerosas, permanecerán y terminarán siendo ley. De ello se encargarán la secta de la eterna presidencia y su jefe, que es el Jefe del Presidente, quien no gratuitamente fingió ser conciliador con esos congresistas con los que negoció modificaciones a la Jurisdicción Especial para la Paz, no dando como siempre puntada sin dedal. De nuevo, en el juego de roles, actuará el mesías que dentro de muy poco empezará a cobrar en especies votivas locales y regionales esta supuesta salvación.

Por otra parte, fue tal la ninguneada del Presidente, su Jefe y su equipo, al Comité cívico por la dignidad y la salvación del Chocó, el cual ha orientado y conducido con acierto los paros cívicos de 2016 y 2017, que ni siquiera fueron capaces de mencionarlo con su nombre propio, en el documento de compromisos que al final de la reunión fue leído por el propio Presidente: sector cívico y liderazgo cívico es como lo denominan, al mencionarlo en dos puntos en los que se expresa que el Ministerio del Interior instalará “la comisión de seguimiento intersectorial para los acuerdos con el sector cívico” y “las 10 mesas de seguimiento a los acuerdos con el liderazgo cívico[3].

Tomada de la cuenta de twitter: @karenabudi
En lugar de haber mandado una avanzada preparatoria de la reunión para que, durante los dos días previos a la misma, filtrara la lista de participantes y los contenidos de sus intervenciones, clasificara y nombrara los temas de la reunión según sus propias categorías y nomenclaturas; el Presidente, su Jefe y su equipo bien pudieron haberle encargado la misión de que, en conjunto con el mencionado Comité Cívico, con la participación complementaria de otros voceros, líderes, sectores, funcionarios locales y regionales, y ciudadanos de a pie; revisaran juiciosamente, objetivamente, con verdadera atención y real interés, el estado de avance en el cumplimiento gubernamental de los acuerdos derivados de los paros cívicos de los dos años anteriores. Pues quien los conozca sabe que dichos acuerdos son un compendio panorámico que resume con significativa integralidad el conjunto de obras y programas que el Chocó requiere para empezar su tránsito por los caminos del desarrollo. El semanario quibdoseño Chocó 7 días, en el editorial de su edición publicada la víspera de la reunión, resumió el asunto así: “…con ocasión de la visita que el presidente Iván Duque realiza a Quibdó el día de mañana, [afirmamos] que el gobierno nacional debe cumplir los acuerdos firmados en los paros cívicos que el Chocó realizó en los años 2016 y 2017La totalidad de los acuerdos firmados debe ser el compromiso esencial del gobierno de Iván Duque y el Chocó espera que en el taller Construyendo País en el día de mañana el primer mandatario en forma clara así lo reafirme[4].

En este escenario, queda claro que, si de este modo hubiesen actuado, la presencia del Presidente y su Jefe, de la Vicepresidenta, de 13 ministros, 2 viceministros y demás altos dignatarios estatales de la copiosa comitiva que desde Bogotá viajó a la reunión; además del grupo de parlamentarios, alcaldes y alcaldesas del Chocó, el Gobernador y muchos funcionarios o contratistas de la región; hubiera sido más provechosa y fructífera. Pues no parecen tan apetecibles, maduros y sustanciosos los frutos de la reunión, cuando de 34 compromisos -contando individualmente aquellos que los relatores incluyeron en un mismo punto por pertenecer a un mismo ministerio- 14 se refieren a programar (agendar, como les gusta decir, sin que los apene el barbarismo) y realizar reuniones o eventos, entre los cuales están los antes mencionados con el movimiento cívico. 12 compromisos se refieren a infraestructura y servicios, sin incluir carreteras ni hospitales ni electrificación de municipios. Y 8 compromisos se refieren a la ampliación de cobertura de algunos programas sociales, entre los cuales es el de alimentación escolar el más significativo.
Tomas (sin tilde) no es el nombre del colegio. El que será restaurado es el Colegio Ricardo Carrasquilla,
uno de los más antiguos y tradicionales de Quibdó. Tomada de la cuenta de twitter: @karenabudi

Es escasa la trascendencia de los compromisos establecidos en Quibdó, empezando porque para acordar reuniones y eventos no habría sido necesaria tanta parafernalia ni tan abundante comitiva, siguiendo con que incluyen restaurar un colegio cuyo nombre ni siquiera fueron capaces de escribir bien y culminando con que para ellos no parecen existir los planes de desarrollo con enfoque territorial. Ello indica que, con esta micro-gerencia del Presidente, inspirada en los también eternos y etéreos consejos comunales de su Jefe, no se está realmente construyendo país; sino literalmente sembrando para la próxima cosecha electoral.




[1] Las intervenciones aludidas pueden verse en: https://twitter.com/i/status/1058849731378642944

[2] Conclusiones del Presidente Iván Duque al término del Taller Construyendo País en Quibdó, Chocó - 3 de noviembre de 2018. En: https://www.youtube.com/watch?time_continue=591&v=TPeuCcWpPBc (publicado por la Presidencia de la República).

[3] Ídem. Ibidem.

[4] Chocó 7 días. Editorial. Edición N° 1190, Quibdó, noviembre 2 a 8 de 2018.

29/10/2018


Con los ojos del alma
Jesús Abad Colorado, “un aliado de las víctimas, 
de los más débiles y de la verdad”[1].

Las fotografías de Jesús Abad Colorado son la prueba visible y fehaciente de que sí es posible mirar y ver con el alma. Es con los ojos del alma con los que, durante los últimos 25 años como testigo de la guerra en Colombia, Chucho ha encuadrado, compuesto, enfocado, retratado, editado y publicado cada momento, cada instante, cada vida, cada objeto, cada rostro de cada mujer, de cada niña, de cada hombre, de cada niño, de cada joven, de cada anciana y de cada anciano, o sus manos o sus pies o sus huellas o su sombra o sus ojos o sus sonrisas o sus lágrimas o su tristeza o su desolación o su esperanza…

Foto Jesús Abad Colorado.
Esa forma de ver y de mirar, esa perspectiva en blanco y negro, son las que saltan a la vista del espectador mientras ve el documental EL TESTIGO, en medio de una sala de cine presidida por un silencio tan absoluto como el de aquella escena del filme, retratada en su momento por Abad Colorado, durante la cual una niña de diez años contempla asombrada y conmovida la exhumación de los restos de su madre desaparecida en un episodio de guerra. Dirigido por la documentalista y productora británica Kate Horne, con una duración de 76 minutos, el documental fue presentado en salas comerciales de cine del país desde el jueves 25 de octubre hasta ayer domingo 28 de octubre.

Chucho siempre se enfoca en las víctimas, sobre todo en las víctimas civiles. Su mayor aporte al periodismo colombiano es la mirada sobre las víctimas, sobre el dolor de las víctimas: eso es muy de Chucho y es muy también del periodismo que se hizo por esa época en El Colombiano, que fue donde Chucho empezó, cuando El Colombiano abrió la Unidad de Derechos humanos. Entonces, sobre todo, yo creo que el gran aporte de Chucho y que lo llevó a destacarse a nivel nacional y que ha hecho que se fijen en él y que se fijen en su trabajo es ese: esa mirada tan tierna y tan humana que tiene sobre todo tipo de víctimas que ha dejado el conflicto en Colombia[2], explica Juan Carlos Pérez Salazar, Editor de Noticias de BBC Mundo, quien trabajó con Abad Colorado en aquellos años de El Colombiano.

Jesús Abad Colorado en su exposición El Testigo.
Foto León Darío Peláez.
Simultáneamente, está abierta al público en el Claustro de San Agustín en Bogotá, desde el 20 de octubre de 2018 hasta el 28 de enero de 2019, la Exposición EL TESTIGO. Memorias del conflicto armado colombiano en el lente y la voz de Jesús Abad Colorado, producida por la Universidad Nacional de Colombia; una “muestra antológica del trabajo del reportero gráfico Jesús Abad Colorado, tal vez el periodista que ha registrado con mayor rigor el conflicto armado en Colombia. Esta exposición reúne más de 500 fotografías, en blanco y negro y color, muchas de ellas inéditas, que recogen los pasos de este ‘testigo’ tras las huellas de muchas tragedias de la Colombia profunda. Capturadas entre 1992 y 2018, las fotografías narran historias y sucesos de conflicto armado, desplazamiento y reconstrucción del tejido social en diferentes regiones del país, convirtiéndose en denuncia de la realidad de las comunidades que deben asumir su existencia como un acto de resistencia [3].
Foto Jesús Abad Colorado.
“Las fotografías de Chucho son un documento, porque están documentando lo que ocurre, documentando una Colombia oculta, una Colombia que no se cuenta mucho y que desde los medios hemos ocultado: el dolor de los que más sufren. Entonces, cada foto es un documento indispensable, es un documento doloroso, un documento humano; pero, al mismo tiempo es una obra de arte. Sus fotos tienen la profundidad del arte. Su trabajo es Gran Arte, así con esas palabras, con mayúsculas. Lo que tienen en Colombia los grandes fotógrafos del conflicto, los grandes fotógrafos, como son Chucho Abad, Henry Agudelo, León Darío Peláez, es que también cumplen una labor que es artística”[4].

Jesús Abad Colorado, quien ganó el Premio Nacional de Fotografía 2018, del Ministerio de Cultura de Colombia, nació en junio de 1967 y creció en la Comuna 13 de Medellín, donde años más tarde documentaría para la historia del país esa constelación de violaciones a los derechos humanos que fue la autodenominada Operación Orión; una ocupación militar masiva que fue llevada a cabo hace dieciséis años por el Ejército Nacional en connivencia con grupos paramilitares, en tiempos en los que la actual vicepresidenta era ministra de defensa, era presidente su jefe y el del actual presidente nominal, y era alcalde de esa ciudad el actual gobernador de ese departamento.

Jesús Abad Colorado es egresado del programa de Comunicación Social de la Universidad de Antioquia (Medellín) y “empezó como reportero gráfico del diario El Colombiano, donde permaneció de 1992 a 2001. Es el fotógrafo colombiano que más ha documentado el conflicto armado en Colombia. Fue investigador, entre 2008 y 2013, del Grupo de Memoria Histórica de la CNRR (Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación en Colombia). Sus fotografías han hecho parte de exposiciones en Colombia y en el exterior; además de los libros, Relatos e imágenes: el desplazamiento forzado en Colombia, Desde la prisión, Realidades de las cárceles en Colombia, y Mirar de la vida profunda. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en tres ocasiones, así como los premios internacionales: Caritas, en Suiza por su trabajo comprometido en la búsqueda de la verdad y la justicia social; y el CPJ International Press Freedom Awards, en Estados Unidos, otorgado por el Comité para la Protección de Periodistas; candidato al prestigioso Prix Pictet (premio de fotografía más importante del mundo)[5].

Foto León Darío Peláez.
“Cuando tomé la decisión de narrar la historia de mi país con fotografías, estaba en el segundo semestre de periodismo en la Universidad de Antioquia. Fue en 1987, un año trágico para la universidad, con cerca de 20 profesores y estudiantes asesinados. Y lo hice por miedo de escribir en un país que no respeta la palabra, con la seguridad de dejar un testimonio, así varias personas banalizaran la decisión. Me decían que para manejar una cámara no se necesitaba estudiar periodismo” [6].

Usando como hilo narrativo la propia historia de violencia que padeció la familia de Abad Colorado, el documental EL TESTIGO combina acertadamente las dolorosas historias de sus fotografías con el regreso del reportero y fotoperiodista a aquellos lugares, familias y sujetos que fueron retratados por él en los tristes momentos de la guerra. Es así como aquella niña de 10 años a quien se le fue el alma viendo desenterrar a su mamá en compañía de su abuela, quien finalmente la cría a ella y a sus tres hermanitos, es ahora una adulta embarazada a quien el dolor no ha abandonado, como se lo confiesa a Chucho durante su visita, ahora como amigo de la familia. O la pareja cuyo matrimonio se celebra en medio del dolor de un pueblo del Oriente antioqueño destruido por una bomba y que Abad Colorado retrata en una de sus fotografías emblemáticas, tiene ahora un hijo y una hija adolescentes; y su bella hija da testimonio de que el amor de su mamá y de su papá ha dado frutos y que por eso pueden tener esperanza.
Foto Jesús Abad Colorado.
El mismo fotógrafo que en su trabajo periodístico retratara el horror y la crueldad, regresa ahora incluso a la ya inexistente finca en donde fueron asesinados su abuelo y su tío, acompañado por su tía, quien fue testigo de la atrocidad y quien, más de 50 años después, reza con Chucho en una iglesia vacía y le cuenta que ya perdonó; pero, que el mal recuerdo durará lo que dure la vida. La mamá de Chucho, poco antes en la narración del documental, ha rezado con él tomado de su mano la plegaria franciscana por la paz: ¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz! Que allí donde haya odio, ponga yo amor; donde haya ofensa, ponga yo perdón; […] Porque dando es como se recibe; olvidando, como se encuentra; perdonando, como se es perdonado; muriendo, como se resucita a la vida eterna.

Y de este modo, con la oración maternal que (lo cuenta Abad Colorado en el documental) es la mayor fuerza que lo sostiene en sus tribulaciones y peligros en el trabajo; a uno le queda claro que, por más duro o imposible que parezca, es el perdón el que obra en la lesa humanidad de la guerra procesos de restitución de su dignidad. Y así se va yendo la narración del documental, sin que uno pueda despegar ni un segundo los ojos de la pantalla ni siquiera para parpadear cuando las lágrimas empañan la mirada, ni siquiera para carraspear con el fin de espantar la tristeza, como único recurso cuando no se tiene la privacidad para llorarla a todo dar.

“Jesús Abad no se olvidaba de las personas que fotografiaba, se iba con el dolor compartido; pero, volvía con unas fotos para regalar, con información que recogía para ayudar; volvía con un abrazo y a esas víctimas las convertía en sus amigos. Era su forma de trabajar: ir reconstruyendo hechos, yendo y viniendo, tomando fotos y tomando notas, publicando historias periodísticas, ya no noticias, desenmascarando victimarios y también soñando con un país en paz. Todo eso se refleja en sus fotografías, en los huérfanos de San José de Apartadó, en el Cristo Mutilado de Bojayá, en el niño arreglando cadáveres en San Carlos, en las cientos de madres marchando con las fotos de sus hijos y esposos desaparecidos”[7].

Y entonces uno recuerda lo que Jesús Abad Colorado le dijo a El Tiempo, hace unos días:

“No estoy dejando un testimonio de mi país y sus gentes para que piensen en la calidad del fotógrafo. Trato de que quienes vean las fotos de lo que nos ha pasado hagan una reflexión, que entendamos que deberíamos ponernos no solo en los zapatos de esas víctimas que han sido humilladas y ofendidas, sino que nos pongamos en su piel y su memoria. Eso hablaría mejor del corazón de quienes opinan”[8].

Foto Jesús Abad Colorado.
Y uno piensa, mientras ve el documental, que eso es literalmente y absolutamente y maravillosamente cierto. Y que, por eso, como lo dijo Vanguardia, de Bucaramanga, así haya sido en la sección de entretenimiento y farándula, ‘El Testigo’ es un documental que todos los colombianos deben ver[9]. Y uno implora, para sus más recónditos adentros, que el presidente nominal que tenemos -por obra y gracia de la secta de la eterna presidencia- acepte la invitación que le hace Guillermo González Uribe, en su artículo “El testigo”: presidente Duque, la guerra es imposible de ocultar, y desista de desmantelar el Centro de Memoria Histórica, renuncie a sepultar el proceso de paz y entienda que –así su patrón le haya ordenado a él y a todos sus correligionarios dar por artículo de fe la inexistencia de la misma-, “la realidad de la guerra colombiana está profusamente documentada; ya es imposible ocultarla[10].

Foto Jesús Abad Colorado.
Y entonces uno agradece que exista el trabajo de Jesús Abad Colorado. Y celebra uno que
él pueda mirar los estragos de la guerra con los ojos del alma, dejando constancia de la realidad real. Y en su yo más profundo uno deplora y hasta maldice, inevitablemente mientras transcurre el documental, que la mediocridad y el arrodillamiento dominen la escena del periodismo nacional; que en lugar de periodismo lo que haya sea el perífono genuflexo de un sátrapa de chanclas y tonito de Yonofuí y que, por esa vía, se pregonen la banalización y tergiversación de los imaginarios sobre el conflicto armado interno en la Colombia profunda, y se azucen cotidianamente las monstruosidades de la guerra. Todo ello valiéndose de la torva reedición de las mentiras que repetidas mil veces se convierten en verdades, las cuales, en esta era de rótulos y eufemismos, son fake news.

Estudió Periodismo; pero, se graduó como reportero al lado de las lágrimas y la sangre de campesinos y colombianos humildes en los rincones más alejados de nuestra geografía. Trabajó sus primeros años como empleado en un medio; pero, pronto entendió que necesitaba alas, no quería discutir con editores, y comenzó su carrera desde la orilla de la independencia, guiado por sus instintos y la educación que de niño había recibido de sus padres. Eso bastó para dedicarse por más de 25 años a documentar el dolor humano en el conflicto colombiano. Ya las víctimas tenían nombre y tenían historia, ya no sólo era el muerto, sino el drama que había en cada familia y lo que seguía incluso diez años después, lo que normalmente no hacían los medios[11], cuenta León Darío Peláez[12], el fotoperiodista del más asombroso sentido común y del detalle siempre extraordinario; el que a cada realidad por dura que sea es capaz de encontrarle un lado amable y sacarle una sonrisa; el más franciscano y fabuloso retratista de San Pacho en Quibdó; el ojo avizor de las crudas realidades sociales; el retratista de la gente... Aunque León jura que lo suyo no es la palabra (sencillo, modesto y generoso como siempre), retrata así, con palabras, a su colega y amigo:

“El trabajo de Jesús Abad Colorado es el de un periodista que aprendió a narrar y a contar historias con fotografías en una época en que las letras y la palabra tenían más respeto y credibilidad. Fue el reportero que dejó de realizar el simple registro noticioso y humanizó el oficio volviéndose aliado de las víctimas, de los más débiles y de la verdad, que es la esencia del periodismo.
Foto Jesús Abad Colorado
 “Las fotografías de Chucho, como le gusta que le digan, son las de un hombre común, víctima también del conflicto y del desplazamiento, que ve en las personas que fotografía ese grito de desesperanza que los empuja al abismo del desarraigo, y hace que esas imágenes sean la memoria de muchas generaciones que no merecen volver a vivir momentos tan terroríficos” [13].

Cuando finaliza EL TESTIGO, nadie se levanta de su asiento en la sala de cine: todo el mundo permanece sentado hasta que los créditos terminan, entra el personal de aseo y las luces se encienden. Tampoco ahora el silencio es ocupado por muchas palabras. Más bien, sí, por muchos pensamientos. “Este testimonio fotográfico es una forma de luchar contra la guerra y el olvido”[14].


[1] Frase de León Darío Peláez, Editor de Fotografía Documental de Publicaciones Semana, en entrevista realizada el 27 de octubre de 2018.

[2] Entrevista a Juan Carlos Pérez Salazar, 28 de octubre de 2018.

[4] Juan Carlos Pérez Salazar, Editor de Noticias de BBC Mundo. Entrevista, 28 de octubre de 2018.

[5] El testigo. Memorias del conflicto armado colombiano en el lente y la voz de Jesús Abad Colorado. Op. cit.

[6] ‘La fotografía es una reserva maravillosa de la memoria’: Jesús Abad. El Tiempo, 19.10.2018. En: https://www.eltiempo.com/cultura/arte-y-teatro/abre-exposicion-el-testigo-de-jesus-abad-colorado-en-bogota-283412

[7] Entrevista a León Darío Peláez, 27 de octubre de 2018.

[8] ‘La fotografía es una reserva maravillosa de la memoria’: Jesús Abad. El Tiempo, 19.10.2018. En: https://www.eltiempo.com/cultura/arte-y-teatro/abre-exposicion-el-testigo-de-jesus-abad-colorado-en-bogota-283412

[10] González Uribe, Guillermo. “El testigo”: presidente Duque, la guerra es imposible de ocultar. El Espectador, 27.10.2018, Columnista invitado. En: https://www.elespectador.com/opinion/el-testigo-presidente-duque-la-guerra-es-imposible-de-ocultar-columna-820478

[11] Entrevista a León Darío Peláez, 27 de octubre de 2018.

[12] León Darío Peláez es Editor de Fotografía Documental de Publicaciones Semana. Entre sus innumerables trabajos están las fotografías de las Fiestas de San Pacho en Quibdó, con las cuales documenta la Unesco la incorporación de esta fiesta en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Ver: https://ich.unesco.org/es/RL/fiesta-de-san-francisco-de-asis-en-quibdo-colombia-00640

[13] Entrevista a León Darío Peláez, 27 de octubre de 2018.

[14] Jesús Abad Colorado, en el Discurso de aceptación del Premio internacional a la libertad de prensa 2006, otorgado por el CPJ (Comité para la protección de los periodistas). En: