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23/05/2022

 “En Colombia, el Centro queda en el centro
y además queda en lo alto:
Colombia es lo que se ve desde Monserrate”

Delfín Grueso y Darío Henao.
Entrevista en La Palabra-Universidad del Valle, mayo 2022
.

Colombia vive una de las campañas electorales más superficiales y truculentas que se haya vivido en mucho tiempo. En lugar de un debate de ideas sobre gobernanza y futuro, en las expresiones públicas recogidas por los medios de comunicación y las redes sociales predominan las frases vacuas y efectistas, las salidas cantinflescas y el apabullamiento del contrario con gritos altisonantes, embustes y descalificaciones; principalmente desde el sector que ha dominado la escena política nacional en los últimos veinte años, el cual se acostumbró a hacer y decir lo que le da la gana, incluso si ello implica violar masivamente el ordenamiento jurídico del país.

La situación es muy grave. “Nuestra democracia está en peligro”, advierte en su columna semanal, ayer, el prestigioso académico e investigador Rodrigo Uprimny[1], pues las elecciones de 2022, según su análisis, “parecen combinar los peores rasgos” de las elecciones más tormentosas de los últimos tiempos, las de 1970 y 1990, “pues tenemos un gobierno parcializado, como en 1970, en un contexto de violencia creciente, como en 1990”. Uprimny nos recuerda que, en las elecciones de 1970, el presidente Carlos Lleras Restrepo se parcializó abiertamente a favor del candidato Misael Pastrana y en contra del candidato Rojas Pinilla, con las consecuencias ampliamente conocidas; tal como hoy lo hace impunemente el presidente impuesto por el ubérrimo innombrable a favor de su impuesto sucesor y en contra de quien considera una especie de enemigo natural. Uprimny rememora también que las elecciones de 1990 se llevaron a cabo después de los magnicidios “que cegaron la vida de tres candidatos presidenciales (Galán, Jaramillo y Pizarro), a lo cual habría que sumar el exterminio en marcha de la Unión Patriótica, las masacres en el campo y los atentados dinamiteros en las ciudades”. “Pero al menos en 1990 el gobierno Barco se abstuvo de intervenir en política y no mostró parcialidad hacia ningún candidato”, nos consuela el Doctor Uprimny.

Como si no fuera suficientemente grave este escenario del Estado y el gobierno al servicio de una candidatura a la que se le nota el origen y la paternidad en su procacidad y pobreza verbal, e incluso en su acento y en su desaliñada apariencia; como si no fuera suficientemente grave esta creciente y maligna reedición intencional de todas las formas de violencia posibles, luego del cumplimiento irrestricto de la promesa de hacer trizas la paz; nos está tocando vivir en medio de un desmesurado y exacerbado ambiente de racismo, caracterizado por ataques directos, hechos con alevosía, ruindad y grosería, amén de ignorancia, por parte de todo tipo de gentes que, prevalidas de su conexión con el poder y de su supuesta superioridad individual, y a falta de argumentos para controvertir, recurren al insulto racista y a la exclusión por motivos de clase, género y pertenencia territorial.

Herederos de la tradición ideológica excluyente que sustenta en Colombia y en América la construcción de nación, estos agentes de la desigualdad y del odio racial, territorial, de clase y de género, están enraizados en un contexto histórico que nos identifica como país. Para ubicarnos en dicho contexto de un modo sólido y fundamentado, en lugar de andar respondiendo necedades, traemos en El Guarengue el atinado análisis de un intelectual negro, profesor de una de las mejores universidades del país, el Doctor Delfín Ignacio Grueso Vanegas[2], entrevistado por el también prestigioso intelectual y profesor Darío Henao Restrepo[3], quienes en una charla sostenida a raíz de la publicación del artículo “Francia Márquez, el espejo que desnuda a Colombia”, por parte del profesor Grueso, desmenuzan con precisión y claridad los intríngulis del racismo histórico en Colombia. Guiado por las preguntas y comentarios de su ilustre entrevistador, el ilustre Doctor Grueso nos lleva de la mano por los caminos de la historia nacional en los que se hunden las raíces de este racismo alborotado y mezquino, desvergonzado y enfermizo, que añade al escenario electoral de la Colombia presente una alta cuota adicional y antiética de violencia simbólica. 

Esta entrevista fue publicada originalmente en su versión audiovisual por el Periódico Cultural La Palabra, de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle, el 11 de mayo de 2022 y reproducida en YouTube.[4] En El Guarengue la transcribimos por el valor adicional que tiene su lectura. Bienvenidas/os a esta esclarecedora pieza histórica y filosófica.

Julio César U. H.

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Entrevista de Darío Henao a Delfín Grueso 

DARÍO HENAO RESTREPO: Hoy tenemos a un invitado muy importante para lo que está pasando en Colombia en estos meses de debate electoral, de muchas controversias, de trabajo sucio y de todo lo que desnuda a este país. Vamos a hablar con Delfín Ignacio Grueso, un profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad del Valle, Doctor en Filosofía Política, director de uno de los grupos más importantes de la Facultad de Humanidades, el Grupo Praxis. Él ha escrito recientemente un ensayo que se llama “Francia Márquez, el espejo que desnuda a Colombia”[5], que es un artículo de fondo, que creo que amerita que reflexionemos sobre él, y habrá pues algunas preguntas con relación a este tema y a otros que, por supuesto, tienen mucho que ver con este… Empecemos por preguntarte: ¿en qué momento te surge esta extraordinaria iniciativa de hacer esta reflexión, que yo considero una de las más redondas y profundas que se ha hecho sobre este tema de lo que ha suscitado la figura de Francia Márquez al ser escogida como candidata vicepresidencial de Gustavo Petro?. Hay otras candidatas también de origen afro en otras banderías; pero, ¿qué te ha suscitado a ti el escribir este ensayo?

DELFÍN GRUESO VANEGAS: El momento político colombiano es un momento muy álgido, como lo has dicho. Es una campaña en la que se juegan muchas cosas y por lo tanto es una campaña en la que se preveía, y ahora lo estamos viendo, la guerra sucia. Aún estamos a un mes antes de la primera vuelta, la guerra sucia va a ser un protagonista. Y en la guerra sucia, por el perfil de Francia Márquez, se ha echado mano de unas reservas que están allí en el imaginario de nación: básicamente, el racismo fuerte que entre nosotros sobrevive después de dos siglos de vida republicana, la exclusión racial a los grupos étnicos y la exclusión regional a los territorios. La exclusión de un centralismo soberbio, ensimismado y orgulloso, y la misoginia, el clasismo, todo esto, convergen en una persona que se vuelve objeto de una saña, de una virulencia en donde los malquerientes echan mano cuando pueden de todo el reservorio, de todo ese acumulado de patriarcalismo, de misoginia, de racismo, de desprecio por los territorios, de desprecio por la provincia, por la tierra caliente, por todo lo que no es esta región andina, este centralismo que nos ha gobernado durante siglos. Y en la semana previa al momento en el que escribí el artículo, con la muy desafortunada comparación que hace una cantante entre Francia Márquez y un simio, una virulencia que además la cantante ha seguido mostrando, una saña muy fuerte que ha marcado el tono de buena parte de esta campaña… Bueno, esa semana se puso sobre el tapete, pienso yo, como nunca antes en la campaña y como casi nunca con esa franqueza despectiva y virulenta, ese racismo contra esta mujer. Y yo creí el momento oportuno para pensar ¿qué está pasando aquí? ¿qué se expresa en esa virulencia? Porque hay otras mujeres y hay otros representantes afro, pero no han despertado contra ellos ese nivel de sarcasmo, de virulencia, de desprecio. Por supuesto, que también está el perfil de la persona; es decir, no se trata de una persona urbana, de una persona de clase media, de una persona conectada con los círculos de poder o de lo que sea, sino que se trata de una líder de un territorio muy puntual en lucha contra proyectos de explotación minera, en defensa de un río, en defensa de una comunidad…todo eso suma, suma para que se convierta en un objeto privilegiado de desprecio.

DHR: Tú hablas, para iniciar el artículo, colocas claramente qué es lo que se pone al desnudo con este proceso que se está enfocando contra la figura y lo que representa Francia Márquez… Hablamos del patriarcalismo, del centralismo, que ya lo has mencionado, un racismo espantoso y un clasismo; con otra cosa que es mucho más grave, que hace parte de lo que Alfonso Múnera llama el fracaso de la nación, el desconocimiento de las regiones, un país que desconoce sus regiones, que desconoce dijéramos la periferia… Hablemos un poco de este asunto, que dijéramos es uno de los líos que Colombia no ha podido resolver. Yo en eso comparto mucho lo que dice Alfonso, que esta es una nación que no se ha terminado de construir, como debería ser…

DGV: En América, el proceso o la relación Estado-Nación es inverso al que se da en Europa. Allá, supuestamente, tampoco es tan cierto eso, las naciones preexisten a la creación de los estados; y en América los estados se crean sin que haya nación, se les encarga a los estados la tarea de crear nación. Y hay un fracaso a lo largo del continente en relación con esto de cómo el Estado crea nación. Esto ocurre en México y en Chile y en Uruguay y en Bolivia y en Ecuador. En todas partes está el racismo, en todas partes está el conflicto entre el centro y la periferia, en toda parte se han perpetuado estructuras coloniales. Pero, en Colombia, hemos vivido eso con ciertas particularidades. Por eso es que se dan cosas que no se dan en el resto del continente; y una de ellas es la inequidad social, la concentración de la riqueza, la concentración de la propiedad de la tierra… Y también en Colombia la tensión Centro-Periferia, que se da en todas partes. En algunas partes, el centro queda en la costa, como en Argentina o como en Perú; en otras partes, el centro queda en el centro, como ocurre en México o en Colombia. Pero, aquí hay una variable muy importante, ya que mencionas a Múnera, que es: el Centro queda en el centro y además queda en lo alto. La altitud es una variable que no se da en otras partes, de pronto en Bolivia un poco; pero hay un imaginario que Múnera muy bien señala, que comienza con El sabio Caldas: la idea de que la cultura, la civilización y la decencia, comienza en las alturas y que las zonas bajas son zonas donde no puede haber cultura. Entonces, más que un olvido de la provincia, que eso se da en toda América Latina, aquí hay es algo mucho más grave que el olvido, más grave que la invisibilización, y es una voluntad de exclusión, es decir, es algo intencional, algo expresado con formato científico, y es una mutación simbólica de la patria. Recuerda lo que entendíamos hace cuarenta, cincuenta, ochenta años, por música colombiana… ¿Qué es la música de Colombia? Es la música andina. Ahí no cabe nada que sea de los valles interandinos, ni de las dos costas, y menos aún la Orinoquía y la Amazonía. Entonces, aquí se ha amputado el territorio nacional en contra de las dos costas, en contra de los valles interandinos y en contra de la Amazonía y la Orinoquía. Ese centralismo mezclado con altitud es un rasgo muy importante de Colombia. Las tierras calientes no hacen parte del imaginario de Nación, hay una exclusión territorial, que además han sido los espacios territoriales en los cuales la guerra y el conflicto se han dado siempre; es decir, las guerras del siglo XIX y el siglo XX han corrido la frontera de esa patria imaginaria, porque las guerras se dan de preferencia en la región más allá de la tierra de la patria colombiana, que es la patria que se ve desde Monserrate. Por eso, yo traigo a colación a Miguel Antonio Caro. Yo combino un poco al Sabio Caldas y Miguel Antonio Caro con ese centralismo que muestra que Colombia es lo que se ve desde Monserrate. Lo demás no existe, es tierra de negros, es tierra de indios, es tierra de víboras, es tierra de zancudos, es tierra caliente, y eso no es parte de la patria decente, ¿no? Tú recuerdas, por ejemplo, cuando García Márquez va a recibir el Premio Nobel a Estocolmo y lleva una cantidad de vallenatos y cosas de cumbia, y la gente decente dice: cómo van a hacer el oso a Estocolmo, a Europa, a mostrar esa cantidad de negros y de corronchos… Esa es Colombia. Esa es la Colombia que está negando a esa Colombia que se llama ahora la Colombia profunda. Y eso vuelve y se expresa ahora con lo de Francia Márquez: la forma como se habla allá, los valores que hay allá, eso hay que desconocerlo, porque eso no es parte de la Colombia decente que se quiere mostrar, del imaginario de Nación que nuestras élites quieren construir.

DHR: Se acaba de publicar este libro del Profesor Luis Carlos Castillo: “Natanael Díaz, un poeta en los laberintos de la política”. Manuel Zapata lo consideraba uno de los grandes iniciadores de la reivindicación de la negritud en Colombia. Fue un parlamentario, fue un líder, un gran luchador y estuvo en los movimientos de la época progresistas en su momento; lástima que haya muerto tan joven. Pero, te digo esto es porque esta región que hoy se encarna en una figura como la de Francia Márquez pues ya tiene un antecedente en figuras como la de Natanael Díaz, para que hagamos la conexión, y por qué es tan importante esto que ya ha pasado y que vuelve y se pone en escena con la figura de Francia Márquez.

La Palabra. Univalle 2022.

DGV: Es una oportunidad buena para revisar la Historia oficial del país. En un debate de vicepresidentes, el candidato a la vicepresidencia de Ingrid Betancur, que es un coronel, le dice a Francia Márquez: a ustedes les dio la libertad José Hilario López. Eso es lo que la historia patria dice: los negros tienen que estar agradecidos por la forma como un presidente liberal les ha dado la libertad. Claro, eso desconoce la participación de los negros macheteros del Cauca en la revolución del medio siglo del XIX. A ellos nadie les regaló nada. Esta región del Palo y de lo que ahora se llama Puerto Tejada, esta región del Norte del Cauca: Quintero, Villarrica, Gualí, esta región, eran regiones fundamentalmente de negros cimarrones. A diferencia de los negros de la Costa Pacífica, de Guapi, Timbiquí y Tumaco, la historia de la lucha en el Norte del Cauca es diferente; incluso, toma en cuenta que, si bien mis ancestros vienen de la Costa Pacífica, de Barbacoas y de Tumaco, los que somos Grueso, los que somos Arboleda, los que somos López y Ortiz en la Costa Pacífica, Mosquera, tenemos el apellido de los amos. En el Norte del Cauca, los que son Mina, Posú, Balanta, Lucumí, Carabalí, son etnias africanas. Es una diferencia importante entre ser negro del Litoral y ser negro del Norte del Cauca. Y eso va ligado a la historia de la resistencia palenquera y cimarrona del Norte del Cauca. Hilario López, pero, sobre todo Tomás Cipriano de Mosquera y José María Obando, hacen sus guerras del siglo XIX en buena parte con negros del Norte del Cauca; incluso, Tomás Cipriano de Mosquera tiene un hijo negro, que muere en batalla. Los negros tomaron las armas por su libertad. Eso se olvida. No fue ningún regalo. Y los negros continúan en lucha. Francia Márquez sigue luchando todavía por el río Ovejas, por su región, por su comunidad. Y en la mitad están estos negros como, por ejemplo, Natanael Díaz o Sabas Casarán. Cualquiera que sea del norte caucano le preguntas quién fue Sabas Casarán y tú ves por ejemplo en la violencia de los años 50 y 60 la lucha por la tierra, la lucha contra la concentración de la tierra que luego hacen los ingenios, la lucha por la defensa del minifundio del norte del Cauca. Puerto Tejada, por ejemplo, era un municipio cacaotero y había una estructura de minifundio en todo el Norte del Cauca, que se fue destruyendo por el monopolio de la caña del azúcar. Entonces hay una tradición de lucha. Estos negros han luchado por su cultura, por su tierra, por su región, por su comunidad, por su territorio. Entonces eso no es nuevo, solo que ahora aparece en el escenario nacional, pero la historia patria lo ha negado. En el Norte del Cauca los negros lucharon por su libertad quizás más que los negros de la Costa Pacífica, y esa tradición se sigue recogiendo en Francia Márquez.

La otra lucha, la lucha indígena, tiene otra historia también y tiene mucho que ver con la soberbia, el desprecio racial de las familias payanesas, que era al fin y al cabo la ciudad más próspera, más poderosa de la Colonia, donde había una concentración de riqueza increíble. Comparada con Bogotá, que era una ciudad más bien pobre, Popayán era un lugar muy, muy importante, y ahí se perpetuó; no en vano sacaron siete presidentes después y no en vano las guerras que desangraron a este país en el siglo XIX eran guerras entre parientes de una misma calle de Popayán, entre familias payanesas, y eso marcó la historia del país. Y en relación con las comunidades indígenas, hay toda una historia de lucha, de resistencia, en el Cauca, como en ninguna otra parte de Colombia. Yo creo que ni los embera ni los wayú, ni en ninguna otra parte de Colombia la lucha indígena ha tenido la trascendencia, la envergadura, la historia que tiene la lucha indígena caucana.

Entonces, claro, no es gratuito que esta mujer venga de allá. Entre otras luchas campesinas, la larga tradición de lucha negra y la larga tradición de lucha indígena, el Cauca era y sigue siendo un laboratorio. Desde cuando era el Gran Cauca hasta ahora sigue siendo algo que refleja mucho este país. La exclusión, el desprecio y la tensión permanente en la relación con la tierra y con la cultura está allí. Yo veo en Francia Márquez un fenómeno que vuelve y expresa ahora en la segunda década del siglo XXI unas tensiones que vienen del medio siglo XIX. Están en lo mismo, en las luchas.

Norte del Cauca y Sabas Casarán. La Palabra, Univalle 2022.

DHR: Bueno, hay algo en lo que que tú llamas mucho la atención, en temas como el del racismo, lo que exige en los imaginarios, en las costumbres, en el lenguaje, en el día a día, que no acepta esa otredad distinta, esa diversidad que es y sigue siendo excluida y que vale pena pues que enfaticemos y hagamos conciencia a nuestra población, a nuestra ciudadanía, sobre lo problemático que sigue siendo eso en nuestro país, los imaginarios, las costumbres… Eso hasta en los chistes del día a día eso se sigue sintiendo.

DGV: Sí, el racismo está vivo. Bueno, está vivo en muchas partes. Está vivo en Estados Unidos. Fíjate, por ejemplo, el gobierno de Trump y lo que ha seguido después del gobierno de Trump, es el resentimiento de la población blanca, y sobre todo de los supremacistas blancos, el resentimiento por el gobierno de Obama. Ellos no están dispuestos a soportar otro negro en el poder. Y se pensaba que el gobierno de Obama iba a cauterizar heridas viejas e iba a dejar atrás el racismo, y parece que no, que está más vivo que nunca. El racismo ha vuelto en los Estados Unidos y está en toda América Latina. En este momento, en Chile hay un conflicto muy poderoso con los mapuches, de nuevo. Es decir, la gente no se soporta, un país que es orgullosamente europeizante, un país que se propuso exterminar, como también se propuso hacerlo Uruguay y Argentina… en el cono sur el único país que triunfó en ese propósito fue Uruguay, exterminó por completo a los charrúas; pero, Argentina no pudo exterminar por completo a los indígenas, aunque hubo guerras contra los indígenas. Si tú lees la poesía de Borges a sus abuelos, esas guerras del desierto son exterminio de indígenas, como en los Estados Unidos. Y en Chile también con los mapuches. Entonces, esas tensiones están allí, volviendo… Bueno, y el resto de América Andina… Perú, Ecuador, Bolivia y también Colombia. Por ejemplo, en relación con estas políticas argentinas de exterminio del indígena y la importación de sangre nueva, eso ya está con el origen mismo de la historia argentina, con [Domingo Faustino] Sarmiento, con sus dilemas “civilización o barbarie” y fueron relativamente exitosos en exterminar al indio y al negro. Borges decía con orgullo que en Argentina no hay negros, cuando se acabó la esclavitud los tiramos al mar o los tiramos a Brasil. Argentina tuvo ese proyecto y lo logró. Pero, Colombia nunca tuvo una política de estado racista; pero, el racismo es muy fuerte en Colombia. Aquí nunca hubo políticas eugenésicas, en otras partes sí las hubo. Sin embargo, no hay que olvidar el momento “científico”, que a Colombia llegó tarde; porque en Colombia el positivismo no tuvo la historia que tiene en México o en Argentina o en el resto de América Latina, o en Cuba, por ejemplo. Aquí en buena parte hubo otro tipo de exclusión. Pero, en el siglo XX, a comienzos del siglo XX, hay un momento en que los médicos, los intelectuales de ambos partidos, comienzan a darle formato científico al racismo, y eso es importante no olvidarlo. El debate de las razas en Colombia, que se da entre 1908 y 1940, en el que intervienen intelectuales de ambos partidos y donde se trata de leer en clave científica por qué somos tan atrasados y la respuesta es: siempre cae la culpa sobre el negro, sobre el indio, sobre el mulato. Tipos como Laureano Gómez caen todos en esa cosa.  Y eso es importante porque eso le dio un refuerzo “científico”, entre comillas, al racismo, que hoy en día no se sostiene. Después de la segunda guerra mundial, nadie se atreve a decir eso; pero, el racismo está allí, eso le dio un refuerzo en Colombia muy importante. Y vuelve, tú ves: a una mujer le dicen que es un simio.

DHR: Vamos a hablar un poco de lo que sigue circulando entre nosotros, que son los estereotipos: el costeño perezoso, el indio ladino, el pastuso bruto…, todas estas cosas que existen entre nosotros, que son producto de ese lastre del cual comenzamos a librarnos, pero que, en casos como este, vuelven a patalear, vuelven a colear, y que tú, como un pensador de la política, nos digas ante eso qué hacer…

DGV: Hay que profundizar en nuestro imaginario, hay que profundizar en nuestra historia, hay que revisar el lenguaje, hay que plantear el debate, hay que tematizar lo que se oculta, hay que -incluso- revisa el humor, revisar el lenguaje, porque excluimos de muchas formas y a veces inconscientemente. Somos machistas y somos racistas y somos clasistas de maneras que no tenemos conciencia de que lo somos. Fíjate nosotros cómo… cualquier extranjero que llega a Colombia y nos oye hablar de estratos, estrato 5, estrato 6, ellos dicen: esta gente es tan… ha naturalizado un lenguaje excluyente. Uno dice: yo vivo en el estrato 6 o en el estrato 4, y cualquier extranjero le dice: qué odioso que un pueblo haya aceptado esa clasificación, la que nos divide por clases, la que nos divide por raza, la que nos divide por ingresos. Eso hay que tematizarlo. Hay cosas que el ojo de un foráneo puede ver y aquí no lo vemos, no somos conscientes de eso… Entonces, hay que verbalizar, hay que tematizar, hay que visibilizar, y en eso puede ayudar mucho la Academia, los sociólogos, los historiadores, los antropólogos, ayudarnos a tomar conciencia de cuán excluyentes somos, de cuán soberbios somos en la relación con el otro. En Colombia hemos tenido un momento muy importante, un momento jurídico-político que fue la reforma del 91 que un poco sacudió ese imaginario de nación que nos heredó Miguel Antonio Caro, que es muy bogotano, muy católico, muy blanco, muy excluyente; se logró un reconocimiento constitucional de que somos un país poliétnico y multicultural; pero, ese reconocimiento todavía está en el papel. Se han logrado avances, claro, en lo político, en lo jurídico, en lo educativo; pero, todavía tenemos mucho por hacer. Y este fenómeno de Francia Márquez pone sobre el tapete, a propósito de lo político, cuánto todavía tenemos pendiente en materia de la inclusión en el proceso inacabado de construcción de nación. Estamos allí muy crudos y es necesario tomar conciencia. Estos terremotos deben sacudir un poco nuestro imaginario de nación, pensar otra vez qué somos como país, no solamente la Selección Colombia. Aquí hay una cosa muy importante que tenemos que revisar: la composición étnica, cultural, religiosa, social de este país, que ha sufrido una amputación que sigue siendo poderosa.


[1] Dejusticia. Nuestra democracia está en peligro. Rodrigo Uprimny Yepes, mayo 22 de 2022. En: https://www.dejusticia.org/column/nuestra-democracia-esta-en-peligro/

[2] Egresado de la Universidad del Valle, en donde se graduó como Licenciado y como Magister en Filosofía, al igual que de Sociólogo, el Profesor Delfín Ignacio Grueso Vanegas es también Doctor en Filosofía de Indiana University. Trabaja como profesor e investigador en su alma mater, la Universidad del Valle, donde dirige el Grupo Praxis, uno de los más reputados en materia de reflexión, investigación y producción académica en el área de Humanidades de esta prestigiosa universidad colombiana.

[3] Darío Henao Restrepo es Licenciado en Letras de la Universidad del Valle, Magister en Literatura Latinoamericana y Doctor en Letras Neolatinas de la Universidad Federal de Rio de Janeiro. Actualmente, en la Universidad del Valle, es Decano de la Facultad de Humanidades, Director del Centro Virtual Isaacs y del periódico cultural La Palabra. Coordinó el homenaje a Manuel Zapata Olivella en el centenario de su nacimiento, incluyendo la reedición de sus libros y la realización del exitoso documental sobre su vida.

[4] Aquí puede verse completo el video de la entrevista: https://www.youtube.com/watch?v=JXg-JEEpisY

[5] El artículo del Doctor Delfín Grueso fue publicado originalmente en Razón Pública, el 3 de abril: https://razonpublica.com/francia-marquez-espejo-desnuda-colombia/ Días después, fue publicado también en el periódico cultural La Palabra, de la Universidad del Valle, con algunas variaciones de edición: https://lapalabra.univalle.edu.co/francia-marquez-el-espejo-que-desnuda-a-colombia/

11/04/2022

 Sobre el racismo 

contra Francia Márquez

Twitter: @FranciaMarquezM

Cuatro mujeres encabezan el escuadrón de ataque contra la candidata a la vicepresidencia de Colombia Francia Márquez: una bastante grosera y que se autoproclama cantante; otra que es senadora y funge de primera dama de la ganadería nacional; una tercera que trabaja como periodista y que estuvo a punto de ser fórmula vicepresidencial de un candidato que puso a la prensa a que lo llamara ingeniero; y otra que es abogada, fue fiscal y congresista. Los medios de comunicación, cómo no, han reproducido y amplificado los insultos con los que estas mujeres han zaherido a Francia Márquez, la mayoría de las veces sin incluir para beneficio de sus audiencias información de contexto que les permita entender que las agresiones verbales contra Francia Márquez hace rato que rebasaron el mundo de las sátiras, usuales en las campañas electorales, para alcanzar niveles bastante bajos e innobles de segregación racial y discriminación social, de desprecio por motivos de género y de subvaloración por cuestiones de origen geográfico y pertenencia territorial… El actual presidente del senado de Colombia ajustó el preocupante panorama introduciendo la infame modalidad de elegir como método de descalificación la insinuación de supuestos vínculos de Francia Márquez con grupos armados ilegales[1].

A pesar de la gravedad de la situación, las instancias oficiales que podrían hacer algo para detenerla han permanecido en silencio, como si nada pasara, al igual que sectores de la sociedad que se rasgaron las vestiduras cuando Francia Márquez se refirió a un expresidente como representante del neoliberalismo y de la rancia tradición política de los mismos con las mismas. Todo ello, a pesar de la vigencia de la Ley 1482 de 2011, que “tiene por objeto garantizar la protección de los derechos de una persona, grupo de personas, comunidad o pueblo, que son vulnerados a través de actos de racismo o discriminación”[2].

Dado el carácter estructural y sistemático del racismo, el diablo está en los detalles cuando de desnudarlo se trata. Por ello, esta edición de El Guarengue está dedicada a bucear en las turbias aguas de la ofensiva racista de las cuatro mujeres antes mencionadas, con énfasis en el papel de los medios de comunicación en los dos primeros casos. Deber ético y obligación moral de todos es combatir el racismo, venga de donde viniere, usando los medios que tengamos a nuestro alcance.

Fotos: El Tiempo, El Colombiano,
Twitter: @Marbelle30

1
El solapado racismo de los eufemismos

La primera dama del gremio ganadero nacional, recién reelegida como senadora de la república, es una de las agresoras más enconadas de Francia Márquez. Hace quince días, en un tuit, la mandó a que se cambiara el nombre arguyendo como motivo el colonialismo francés en países del continente africano. Para el diario El Colombiano, de Medellín, el insultante y agresivo mensaje de la desaprensiva senadora uribista no fue tal, sino una “polémica propuesta”, según lo dejó consignado en el titular de lo que convirtió en una noticia donde el enfoque no fue el racismo, sino la falta de inmediatez de la respuesta de Francia Márquez frente a la ofensa. Aunque en el subtítulo y texto de la “noticia” se usa la palabra insulto para referirse al poco cabal tuit de la senadora agresora, en el título de la misma, que es lo más visible y con lo que suelen quedarse los usuarios de este tipo de medios, El Colombiano opta por sacar del cajón un eufemismo y echar mano del mismo: “Que se cambie el nombre: la polémica propuesta de Cabal a Francia Márquez”, reza su polémico titular.[3] No obstante y por fortuna, cuatro días después, mediante un artículo firmado por Daniel Rivera Marín, Editor General Multimedia, El Colombiano enmendó la plana y explicó claramente y con un titular -esta vez sí preciso- “El inaceptable racismo con que atacan a Francia Márquez”[4].

Por su parte, un portal de noticias y variedades llamado Pulzo ignora olímpicamente el contenido y el contexto racistas de un nuevo insulto de la autodenominada cantante Marbelle hacia Francia Márquez. Luego de que Francia dijera que lo que le incomoda a otro de sus agresores, el actual presidente del senado, “es que hoy una mujer que podría ser la que tiene en su casa trabajando como empleada del servicio vaya a ser su vicepresidenta”, la agresora citó la declaración en su cuenta de Twitter añadiendo el comentario: “A ver! Prepare unos huevos pericos y le creo”, seguido de emoticones de risotada y burla… El mismo día, 7 de abril, Pulzo publica en su sección de entretenimiento una nota informativa sobre esta nueva agresión, bajo el título: “Marbelle mantiene dura actitud contra Francia Márquez: "Prepare unos huevos pericos"; y resume el hecho así: “La cantante de música popular tuvo una nueva reacción punzante a una declaración de la candidata a la vicepresidencia del Pacto Histórico en medios”[5].

Llamar “dura actitud” y “reacción punzante” a lo que claramente es un ignominioso agravio racista convierte al portal Pulzo en cómplice y caja de resonancia del agravio. En vez de contextualizar y explicar lo que claramente sabe que es un insulto más en la seguidilla racista de la atacante contra Francia Márquez, Pulzo elige el atajo del eufemismo, de la falsedad nominal y de la digresión: clasifica la noticia como de entretenimiento, banalizando así la ignominia, reduciéndola a un mero asunto de farándula e incrementando, de paso, la intensidad de la agresión, mediante la amplificación de sus alcances y mediante la decisión editorial de ignorar que se trata de un acto de racismo en el contexto de una campaña política claramente orientada a despreciar y a subestimar la candidatura vicepresidencial de Francia Márquez por ser ella una mujer negra y de origen social pobre.

En uno y otro caso, en El Colombiano con la senadora y su tuit poco cabal, y en Pulzo con la nota sobre el nuevo insulto de la presunta cantante, el tratamiento informativo del hecho no tiene la menor intención de poner de presente —como es su deber hacerlo— el carácter racista de las expresiones dirigidas contra Francia Márquez por sus agresoras, ni mucho menos explicarles a sus audiencias las implicaciones éticas y también legales de dichas conductas. Más bien, dada la preponderancia que tiene la reproducción de los insultos y su calificación falaz, con expresiones vagas y ambiguas, con eufemismos, el propósito cumplido termina siendo la amplificación de audiencias para las groserías segregacionistas de estas dos mujeres de la farándula nacional contra Francia Márquez. Es decir, un acto adicional de racismo, solapado con maromas verbales, por parte de dos medios informativos poseedores de audiencias numéricamente significativas y de una responsabilidad social inexcusable.

2
Paola Ochoa y sus lágrimas de cocodrilo

En medio de las risotadas de sus compañeros de la “mesa”, encabezados por el director del noticiero matinal de la emisora de radio donde trabaja, Paola Ochoa, frecuentemente famosa por las burradas y desaguisados que profiere, mediante los cuales hace gala de sus opiniones excluyentes y burlescas en los más delicados temas; “aseguró que el candidato a la Presidencia tendría que elegir a un hombre debido a que cualquier mujer se vería muy estrato seis al lado de Francia Márquez, fórmula vicepresidencial de Gustavo Petro por el Pacto Histórico. La que ponga él (Federico Gutiérrez), si llega a poner una mujer, llámese como se llame: Dilian Francisca Toro, María Lorena Gutiérrez, en fin, cualquiera; se va a ver muy mona, muy maja y muy estrato seis comparada con Francia, dijo Ochoa”; tal como lo registró con detalle una nota de El Tiempo sobre el incidente, al comienzo de la cual la intervención evidentemente racista y clasista de la periodista es considerada no más que un comentario polémico por el diario de mayor circulación nacional: “El comentario polémico de Ochoa se dio en medio de una conversación sobre la fórmula vicepresidencial de Federico Gutiérrez”[6], anota la información de El Tiempo.

La censura nacional frente a la burla clasista y el ataque racista de la señora Ochoa, su director Morales y sus demás compinches de emisora contra Francia Márquez, en la mañana del 24 de marzo, no se hizo esperar en un sector de las llamadas redes sociales y alcanzó la categoría de tendencia en Twitter. Cuando el escándalo ya era mayúsculo, la agresora principal optó por disculparse, al otro día, el viernes 25 de marzo. En una rebuscada perorata radial, en la que dijo de todo menos una disculpa directa a Francia Márquez y una aceptación clara del tinte racista y clasista de su grotesco comentario del día anterior, Ochoa mezcló cuanto ingrediente justificativo de su agresión se le ocurrió, incluyendo el consabido yo no soy racista, si hasta tengo un amigo negro; que en su caso consistió en contar, en  tono condescendiente, que ella había vivido los últimos ocho años “en una ciudad donde el 80% de la población eran personas de raza negra” y que “por ello mismo, la inmensa mayoría de mis amigos hoy —de los amigos de mis hijos, de los profesores de mis hijos, así como de todos mis vecinos— son justamente personas afro o de color”[7].

Paola Ochoa remató su mañanera monserga radial trasladando la responsabilidad de su reprochable agresión racista y clasista contra Francia Márquez a la volatilidad de las palabras habladas y a la ligereza auditiva de la gente: “es muy fácil que alguien se quede únicamente con un pequeño fragmento y sin ningún tipo de contexto”, afirmó convencida de su verdad. Acto seguido le dio paso a su director Morales, quien cerró el capítulo apoyando su conclusión: “Yo entiendo lo que usted quiso decir y hay que entender el contexto de lo que usted dijo”; y afirmando —con su característica arrogancia y como si ese fuera el caso— que “se contribuye al debate público escuchando puntos de vista diferentes, que es lo que intento todos los días”[8].

Pero, la desfachatez no tiene límites. Dos días después, a la media noche del domingo 27 de marzo, el portal digital de El Tiempo publicó la columna que habitualmente escribe Paola Ochoa y que circula los lunes en el periódico impreso.[9] “Carta a Francia Márquez” se tituló esta vez su escrito semanal de opinión, en el cual la señora Ochoa tampoco presenta realmente una disculpa y mucho menos una petición de perdón por su ligereza y su burda descalificación de Francia Márquez. Por el contrario, en su “carta”, Ochoa no solamente repite una expresión con sesgo clasista, sino que le endilga a Francia un supuesto desamor hacia ella, utilizando para hacerlo la reiteración sucesiva, tipo retruécano, de una frase que, con ligeras variaciones, repite por cinco veces en el texto: “Yo sí te amo a ti, aunque tú no me ames a mí”, en el primer párrafo. “Aunque tú no me quieras a mí, yo sí te amo a ti Francia” (sic), en el segundo párrafo y en el quinto. “Yo sí te amo a ti, Francia Márquez, aunque tú no me ames a mí”, en el sexto párrafo.

Totalmente empecinada en lucirse y en validar su errática perspectiva respecto a la cuestión racial y étnica, la señora Ochoa termina esta nueva perorata con un párrafo en el que pretende equiparar sus problemas y su historia de segregación con la historia de segregación y los problemas que ha vivido Francia Márquez a lo largo de su vida: “Sea cual sea el origen étnico o condición social a la que pertenezcamos, nos unen los mismos problemas como mujeres, los mismos miedos y demonios, la misma historia de segregación y odio”. Su condescendencia la hace perder de vista que el racismo no se ejerce contra alguien no racializado, como ella; y que es imposible sufrir discriminación de clase cuando se pertenece a la clase que ejerce la discriminación… “Por eso y por mucho más te amo, Francia Márquez. Aunque tú a mí no me ames”, insiste Paola Ochoa en su falaz cantinela y así cierra su “carta”, bañada en lágrimas de cocodrilo.

Poco o ningún peso tienen las disculpas cuando las palabras que las originan han sido tan confusas que lo único que de ellas quedó claro fue que era necesario disculparse porque había un motivo para hacerlo. Poco o ningún peso tienen las declaraciones de amor cuando nacen de la impostura o del fingimiento y se hacen simplemente para usarlas como alfombra debajo de la cual barrer la basura que intencionalmente se arrojó.



3
Las morales de Viviane

La exfiscal general de Colombia, exembajadora, exrepresentante a la cámara, exsenadora, excandidata a la presidencia, exesposa dos veces de un exguerrillero del M-19 y exasesor de las AUC, excatólica y exalumna de un colegio de monjas católicas, expromotora de un referendo para prohibir la adopción de niños por parte de parejas homosexuales y personas solteras: la abogada colombiana Viviane Morales Hoyos, Embajadora delegada permanente de Colombia ante la Unesco, dedicó su más reciente columna en el diario El Tiempo a Francia Márquez, a quien —aunque reconoce como un fenómeno político— descalifica de diversos modos, mediante un raciocinio que pretende mostrar que el discurso de Francia no solamente es una simple repetición de una moda gringa, sino que, además, es inconveniente para la democracia colombiana denunciar el racismo estructural y la desigualdad histórica existente en el país.

La versión digital de la columna de Viviane Morales fue publicada el 4 de abril a las 8 p.m., bajo el título: “Francia Márquez: ¡qué ancestros ni qué ocho cuartos!” y con el subtítulo: “Su discurso, muchas veces poético, otras patético, es una caja de resonancia de la izquierda woke”.[10] La versión impresa, al otro día, fue publicada con el subtítulo modificado y recortado: La ideología ‘woke’.

Como en el dicho popular, por el desayuno se sabe lo que va a ser el almuerzo. El visible y literal irrespeto hacia los ancestros que Francia invoca; la descalificación, con el epíteto “patético”, del discurso de Francia; y su menosprecio al considerarlo simple repetición del discurso de la izquierda chic de los campus universitarios del norte de los Estados Unidos…son los elementos componentes del conjunto del título y el subtítulo de la columna de Viviane Morales. Leerlos anuncia claramente su opinión y sería suficiente para no ahondar en la zozobra de saber que también Viviane Morales, esta vez con argumentos de corte intelectual, entra a engrosar la lista de pesos pesados del poder nacional empeñados en desacreditar a una mujer que los tiene muertos del susto con su presencia y sus palabras en el escenario político electoral, que ellos han ocupado siempre y exclusivamente como si fuera de su propiedad.

Como bien lo resume Catalina Ruiz-Navarro[11], columnista de El Espectador, Viviane Morales considera que “el discurso de Márquez es un pastiche del progresismo neoyorkino y californiano, que su lucha antirracista es un derivado de Black Lives Matter, un movimiento instrumentalizado por académicos neomarxistas que no quieren superar una “guerra racial”. Morales toca los puntos de siempre del discurso antiderechos: que hablar de raza y género es contrario y hasta nocivo para la democracia y que señalar que hay opresores y oprimidos nos divide”[12].

Intencionalmente, ignora Viviane Morales los fundamentos de filosofía Ubuntu en los que está cifrado el discurso de Francia y las raíces comunitarias del mismo que están sembradas en la historia y en la tradición de los pueblos negros de Colombia. Ignora intencionalmente que denunciar y combatir el racismo estructural no es un asunto de guerra racial, y que no atenta contra la democracia poner de presente la evidente desigualdad social que caracteriza a nuestro país. Y todo eso siendo Viviane Morales una abogada prominente, que sabe de sobra por qué la actual constitución política de Colombia declaró a la nación como multiétnica y pluricultural, por qué introdujo los derechos humanos, económicos y sociales como parte del bloque constitucional y porque optó por un Estado social de derecho; cosas estas de elemental cultura política y ciudadana como para que una eminencia jurídica como ella las pase por alto en su afán de descalificación.

“Soy porque somos es entonces mucho más que un eslogan de campaña, ha sido una estrategia espiritual, social e histórica de supervivencia, lo que mantuvo a muchos pueblos resistiendo a pesar de la infinita adversidad del conflicto interno colombiano, y como postura política tiene el potencial de hacer realidad el proceso de paz en Colombia”[13]. Desconocer el origen del discurso de Francia Márquez y afirmar que se inscribe en la ideología woke y, por tanto, se inscribe en las filas de ese “enemigo de la democracia que enmascara tentaciones totalitarias” es no solamente descabellado, también es malintencionado e incoherente.

Quizás haciendo honor al plural de su apellido, es evidente que Viviane Morales aplica una moral diferente a cada persona o situación, según convenga a sus intereses ideológicos. Es imposible comprender cómo quien ha representado a Colombia ante una organización como la UNESCO, cuyo lema es “construir la paz en la mente de los hombres y de las mujeres” y parte de cuya visión estratégica es reforzar “los vínculos entre las naciones promoviendo el patrimonio cultural y la igualdad de todas las culturas”[14], recurre a la sinuosa urdimbre de un discurso pretendidamente erudito para perseguir un fin tan poco edificante como es la subvaloración y la invalidación de la figura política de una mujer negra afrocolombiana como Francia Márquez, y desdibujar por esta vía su representación étnica y social, de género y territorial.


[1] NOTICIAS RCN.COM | abril 06, 2022. Las fuertes acusaciones del presidente del Senado contra Francia Márquez: https://www.noticiasrcn.com/elecciones/presidente-del-senado-lanza-fuertes-acusaciones-contra-francia-marquez-415129

[8] Ibidem.

25/11/2019


Venga, negrita linda,
yo la pongo aquí
-Diatriba a dos voces sobre el racismo de FUCSIA-
(Segunda parte)


Por
Jamitah Encendida / Norma Londoño
Julio César Uribe Hermocillo / El Guarengue

Hace dos meses, en su edición de septiembre de 2019, la revista Fucsia, del grupo de Publicaciones Semana, publicó como artículo de portada uno titulado JULIETA PIÑERES en el Petronio Álvarez, al cual nos referimos la semana pasada aquí en El Guarengue. Este artículo, junto con una entrevista a la Ministra de Cultura de Colombia y una serie de fotografías de mujeres negras, conforman un Especial de la revista sobre el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, que se realiza anualmente en Cali y que se ha erigido como un escenario de culto a las tradiciones artísticas, gastronómicas, estéticas y narrativas de los pueblos negros de la Región del Pacífico de Colombia, desde cuyas orillas mareñas y ribereñas, desde cuyos rincones de manigua y eterno aguacero llegan hasta Cali hombres y mujeres de todas las edades y condiciones, para cumplir una cita consigo mismos, con su gente y su historia, con su tradición.

Sin embargo, lo que a primera vista parecía un homenaje al Festival, de parte de una revista de circulación nacional, nomás leídas las primeras letras y vistas con atención las fotografías derivó en algo diferente. El conjunto del Especial responde a un concepto editorial -y de este modo hay que decirlo, sin edulcorantes discursivos, sin eufemismos farisaicos- de corte abiertamente racista, subordinante, mercantilista y hegemónico hacia la cultura negra.

Así que, en esta segunda parte de nuestra diatriba a dos voces, Jamitah Encendida (http://jamitah.com/) y El Guarengue (https://miguarengue.blogspot.com/) conversamos acerca de los contenidos de las páginas 62 a 68 de la revista Fucsia-edición de septiembre de 2019, en donde aparecen las imágenes de una docena de mujeres negras más o menos conocidas, fotografiadas en estudio, con una cuidadosa puesta en escena y una producción cargada de estéticas explícitas e implícitas, más de modelaje que de documental, y con narrativas visuales y escritas que para nada son el homenaje que al principio uno cree.


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“De África al Pacífico Colombiano”.
En las páginas 62 a 68 de la revista Fucsia del mes de septiembre de 2019, se incluye una serie de fotografías de mujeres afro del Pacífico, que fueron seleccionadas como parte del Especial de la revista sobre el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, que, como vimos la semana pasada, resultó siendo más un homenaje a la modelo Julieta Piñeres que al mismo festival… 

La introducción a la serie fotográfica dice así: “De África al Pacífico colombiano. Una tendencia que cada vez toma más fuerza es la influencia de África, tanto en las telas, como en la moda y en el diseño colombianos”. O sea que la única referencia que puede encontrar la revista Fucsia sobre África en relación con el Pacífico colombiano es el tema de la moda. Pero, la moda concebida como tendencia del mercado, no como expresión cultural. De resto, nada, porque es evidente que no les interesó profundizar en cuáles son las conexiones que hay entre el continente africano y el Pacífico colombiano; sino que, simplemente, como está de moda, como se puso de moda, entonces esa es la referencia para abordar el tema de la relación entre África y el Pacífico colombiano.

Se hace referencia es a una tendencia, no a un hecho histórico: según la lógica de Fucsia, así como antes se usaron prendas o telas vaporosas, de esas que llamaban “hindúes”, ahora se usan telas y colores africanos, o sea, de África; o sea que África es un país, no un continente, pues no existen telas de tal o cual nación, sino telas del continente… No es un asunto de la lucha por la reivindicación de la herencia africana en Colombia, ni de que las comunidades del Pacífico cada vez están tomando más fuerza para reconocerse, para reconocer ese hilo que las liga con el continente africano; no es nada de eso, es que lo africano es una tendencia y es una tendencia que está pegando tan fuerte que ya influenció el mundo de la moda. Ya. Eso es todo.

Es la socorrida mención de África que usan para todo cuando les conviene. Como si África fuera un país. Aquí no se está hablando de identidad, no se está hablando de cultura, a pesar de que se supone que este Especial está derivado o enlazado con el asunto del Festival Petronio Álvarez. La revista Fucsia lo único que ve es moda. Pasa por encima de todo lo que tiene que ver con cultura, identidad e historia y lo único que ve es la tendencia de moda. Incluso porque la sección de la revista en la que está publicada la serie de fotografías se llama, precisamente, Historia de Moda.

Bueno, vamos a ver cómo presentan a las mujeres cuyas fotografías publicaron.

Sabemos que Fucsia es una revista sobre temas de moda y no estamos esperando de su parte un gran reportaje etnográfico sobre lo negro. Pero, no por ello es admisible que se banalice de este modo una relación tan profunda como la que existe entre África y el Pacífico colombiano. El título de la secuencia gráfica está construido alrededor de dicha relación y, por tanto, eso es lo que el lector espera que le muestren en las fotos y en los textos; pero, no es así. Veamos.

La primera mujer fotografiada es Danna Rendón. La leyenda de la foto la presenta como una “empresaria, abogada y presentadora de televisión” a quien “le dicen que es el Pacífico colombiano personificado”. ¿Costaba mucho ilustrar esa afirmación, mencionando la fuente y la razón de la misma? ¿Basta mirar el colorido y los estampados para concluir que ahí está África vistiendo a esta personificación de la región…? Obviamente, no. Es el juego de los espejismos, del relato de la cultura negra reducida al cliché, a tal punto que no merece un texto narrativo sobre sus estéticas, las cuales son reemplazadas totalmente por la imagen, por una imagen única; así como la feminidad negra es trasladada a la categoría del modelaje de estudio para una foto que tiene toda la producción necesaria para garantizar el concepto editorial, que no es África, que no es el Pacífico, que no es lo negro, sino la moda; un concepto al cual la fotografía es totalmente funcional.

Foto: Julio César U. H. Reproducción revista Fucsia impresa
La siguiente fotografía tiene como pie de foto: “LUA. Con la figura de una modelo de pasarela internacional, de aquellas codiciadas por los diseñadores, es la hija de una tradición, y su madre es una reconocida emprendedora”. ¿Nos queda claro quién es LUA? Una negra con figura de modelo, hija de una emprendedora. Y ya. Está clarísimo que es su figura de modelo y no su origen lo que a Fucsia le importa, como tampoco le importa mostrar o decir quién es realmente ella, aparte del símil de cajón sobre la pasarela internacional. Es decir, ella es una simple figura bonita, llevada a lo exótico mediante la producción en estudio de esta fotografía; ninguneada en cuanto a su ser e identidad; enunciada como el objeto de codicia de los diseñadores de moda, razón ésta por la cual, seguramente, Fucsia la eligió.

Arcenia Grueso y Mary Luz Angulo. Son cocineras tradicionales de Guapi y su sueño es fundar un restaurante donde se preparen todas las exquisiteces de la región, pero acompañadas de unos bellos textos”. A los de Fucsia les pesa la lengua para decir algo completo de estas mujeres. Muy prestos y acuciosos en cuanto a producción y escenografía, vestuario y demás, para alcanzar una imagen óptima; pichicatos para contarles a sus lectoras y lectores quiénes son estas mujeres, más allá de su condición de cocineras; aunque, por lo menos en esta ocasión, mencionaron su origen. ¿Qué será eso de los bellos textos? Algún día, quizás, lo sabremos.

Karen Valencia. Es heladera artesanal. Sus creaciones son de chontaduro, borojó, badea y arazá, transformados en crema de helado”. Y ya. Karen no es más que eso, Karen no tiene patria chica, Karen no tiene historia, Karen no tiene más que el oficio que la revista le endilga y, en virtud del mismo, unas creaciones en forma de crema de helado. Karen no es nada más. Karen no es nadie más, según Fucsia, que la hizo sentar sobre heno de cobertizo de rancho gringo, con un helado en la mano y unos chontaduros maquillados para la foto.

Karen Valencia y Emilia Eneida.
Foto: Julio César U. H. Reproducción revista Fucsia impresa
Emilia Eneida. Es activista, docente, investigadora y gestora cultural. Trabaja en el proyecto “Tejiendo Esperanza”. Tanto por decir sobre la producción intelectual de esta mujer; pero, no, Fucsia no lo dice, Fucsia lo calla, Fucsia quizás ni lo sabe, porque a Fucsia no le importa más que su escenografía de estudio, para poner al personaje como el culmen de la misma. Y ya. Es la negación, por silencio y ocultamiento, del conocimiento producido por una mujer negra a quien ni siquiera nombran con sus apellidos.


Foto: Julio César U. H.
Reproducción revista Fucsia impresa
Timbiáfrica. Banda compuesta por músicos del Valle del Cauca que, con sus letras y ritmos, refleja la historia del pueblo afro y las luchas de sus mujeres”. Hasta que por fin: medio punto para Fucsia. Les tocó decir algo un poco diferente a las simplezas anteriores.

Todos esos párrafos son de una pobreza descriptiva y narrativa increíble, en comparación con el artículo de portada, en el cual se explayaron tanto que hasta se excedieron en la adjetivación del sustantivo Julieta Piñeres. ¿Por qué en las leyendas de estas fotos tienen que ser tan secos, tan pobres, tan incompletos, tan cicateros? ¿Por qué niegan y ocultan orígenes, historias, militancias, producciones intelectuales, y se quedan en la superficie?  ¿Por qué se niegan a decir lo no evidente, pero no por ello intrascendente? ¡So reduccionistas!

Angélica Mayolo.
Tomada de Instagram: fucsia
La serie fotográfica concluye con cuatro fotografías que comparten la página 68 de la revista, bajo el título “Personajes del Petronio”. Estas cuatro mujeres, si de homenajear al Petronio se trataba, debieron tener el mismo despliegue de las anteriores, en gracia de su papel en el festival. Veamos lo que dicen acerca de ellas.

Angélica Mayolo. Ha ocupado importantes cargos y, en la actualidad, desde la Alcaldía de Cali, emprendió una gran cruzada para que el Pacífico se haga visible”. Es claro para quien sepa algo de ella, que este párrafo genérico no la describe realmente, no la narra en su esencia. Podría ser cualquier mujer y no ser negra, y el párrafo le saldría.


Rosmilda Quiñones.
Tomada de Instagram: fucsia.
Rosmilda Quiñones. Es partera tradicional y fabricante de bebidas tradicionales de contundencia afrodisiaca. Nació en Magüí Payán”. No merece comentario alguno esa recurrencia de esta gente en la banalización y en la reducción a cliché sexual de las bebidas tradicionales. Dizque contundencia afrodisiaca: ¿habrase visto?

Aura María. Es una cantadora tradicional que recoge en sus letras todo el arsenal memorioso del arte popular del Pacífico”. A la señora Aura María, tan venerable por lo que el mismo texto dice que ella hace, curiosamente Fucsia le escamotea sus apellidos, ni siquiera uno le ponen. ¿Por qué? ¿Ni siquiera pueden decir completo lo obvio? Y, más grave aún: el Festival este año fue en honor a esta señora y esto no son capaces de decirlo, como no son capaces ni siquiera de ponerle un apellido. Y aquí vuelven a la perspectiva antropológica de Julieta Piñeres, vuelven sobre lo popular, no sobre lo negro. A esta señora, que fue homenajeada en el festival de música del Pacífico más grande de Latinoamérica, y la música del Pacífico de la que estamos hablando es música negra, le atribuyen que recoge la memoria de lo popular, no la memoria de lo popular negro, ni la memoria de lo negro. Fucsia vuelve, conscientemente, sobre su propio equívoco, en el cual se inspiran para construir este párrafo sobre la cantadora; del mismo modo que la contundencia afrodisiaca proviene de lo narrado acerca del -para la revista- pícaro y travieso paso de Julieta por el camino de bebidas y comidas del Petronio.

Foto: Julio César U. H.
Reproducción revista Fucsia impresa
Nancy Lozano Cuesta. Lleva más de veinte años participando en el Petronio y convirtió los turbantes en el símbolo del evento”. Es el Festival de música del Pacífico, pero, ¿el símbolo es el turbante? ¿Luego no era el pañuelo blanco con el que los bailarines esparcen la alegría, les coquetean a las bailarinas e intentan atraerlas hacia ellos, a la vez que saludan la paz y la armonía del Festival?

Para Fucsia se trata, evidentemente, de unas negras para mostrar, con unos vestidos que probablemente la mayoría de ellas no usaría en sus vidas cotidianas, por gustos o por costos. Sus historias, su identidad, sus orígenes, su compromiso con el mundo negro al cual pertenecen, son cosas que poco le importan a la revista, que las puso en escena solamente por su exótica espectacularidad de negras bonitas y/o importantes, y no por su negrura o por su negritud étnica, racial, histórica y cultural, propiamente dichas. Además, ellas no son Julieta Piñeres, que descendió sobre el Petronio para darle valor; Julieta a quien le ponen un narrador a que la siga y venga a contárnoslo todo sobre su tour por el reino del exotismo. Ellas, que son hijas de los pueblos y ciudades que le dieron vida al Petronio, solamente se merecen un parrafito ahí cualquiera. Hay una mezquindad narrativa, un desprecio casi total por cada una de estas mujeres, que no alcanzan a recibir ni siquiera un tratamiento de personajes. De ahí los puestos que ocupan en la revista: una está en la portada, las demás están por allá adentro. Julieta recibe una página completa de narración acerca de hasta su más mínimo gesto, las demás si acaso una línea y muy poco diciente.

¿Por qué pasa todo esto? ¿Por qué no podían darle otro tratamiento al Festival? ¿Por qué no podían ser más cuidadosos al elegir las narrativas y los narradores?

Sabemos que es un asunto que está enraizado en una mirada racista de lo negro aquí en el país. Pero, también, detrás de esto hay intereses comerciales. Así que digamos que una más de las expresiones racistas que tiene el mundo blanco-mestizo hacia todo lo que tiene que ver con el mundo negro en Colombia es que siempre y cuando haya unos intereses que sean favorables a su privilegio, para decidir qué es interesante y qué no, entonces ese privilegio se traduce en alguna relación mercantil o de utilidad. Precisamente, ya ellos determinaron que lo africano es una tendencia y, como es tendencia, tienen que encontrar los argumentos para justificarlo, para fundamentar desde su lógica por qué lo africano ahora se valida y ahora se convierte en tendencia de la moda, principalmente. Detrás de esto está eso. Este era como su campanazo de entrada. Eso quiere decir: mire, ya nos dimos cuenta de que lo africano es tendencia, entonces ahora necesitamos justificarlo de alguna forma. Y encuentran en el Petronio, en este recurso con estas mujeres, tanto en la portada como dentro de la revista, su mayor aliado para permitirse esa entrada a ese mundo. Y eso, obviamente, es una expresión más de lo que viene siendo la apropiación cultural.

¿Y estas mujeres por qué aceptan participar en esto? ¿Sienten que tomarles las fotos y publicarlas es realmente un homenaje a ellas?

Efectivamente. Pero, yendo más allá, la situación nos remite a la debilidad conceptual que hay alrededor de todo lo que tiene que ver con la identidad cultural negra en Colombia. Eso es lo que devela que personas como esas mujeres que están retratadas ahí acepten hacer parte de este tipo de experiencias, y no solamente las que están retratadas, también otras que participaron de otra manera, las diseñadoras y demás.

Además, esto quiere decir que, a la gente quizás le falta estudiar más, conocer más, profundizar, alrededor de lo étnico, de lo negro, de la historia, de la significación y, sobre todo, de la lucha política… Si no lo estudia, no lo profundiza, no lo analiza, se queda muy fácilmente en los discursos que posicionan ciertos referentes, ciertos espacios. Y al no profundizarlo, al no estudiarlo, obviamente su entendimiento es incompleto.

Tomada de:
https://www.un.org/es/events/africandescent
decade/promotional-materials.shtml
También vemos que hay mucha influencia de ese concepto de la inclusión, en virtud del cual se cree que hacer parte de una experiencia como esta es algo válido, sí, porque nos están validando. Y si nos están validando, nos están reconociendo y, en esa lógica, entonces estamos avanzando. Eso quiere decir que le seguimos dando mucha importancia a ese sector de la sociedad que antes excluía a los negros y que ahora, por su interés particular, que habla desde su privilegio, los acoge. Y nosotros, muy ingenuamente tal vez, vamos ahí detrás agradeciendo que nos reconozcan, que nos vean. Nos parece más importante ser visibles en ese contexto que ser visibles en nuestros entornos propios. Por eso es que, en el tema de la moda, a la gente le parece mucho más importante que una revista como Fucsia reconozca que lo africano es una tendencia de moda a que la gente de nuestras propias comunidades valore la estética negra como algo suyo, como algo propio, no necesariamente de moda, sino como algo suyo, algo propio. Y ahí hay un problema grave, hay una brecha todavía bastante grande para entender eso. Por eso también nos preguntábamos por el vestuario de estas mujeres que están en esas fotos, en una sección que se llama Historia de Moda y bajo un título que habla de África y del Pacífico…: ¿esos atuendos con los que ellas están ataviadas de qué parte de África son? ¿Y cuál es la conexión con la parte del Pacífico a la que pertenece cada una de esas mujeres? No tenemos ni idea y nadie pregunta por eso y nadie profundiza en eso, porque a la hora de la verdad ese realmente no es el interés. La revista lo deja claro: su interés no es ese; su interés es simplemente validar que han elegido fijarse en lo africano como nueva tendencia de moda, y necesitaban validarlo de alguna manera… ¿Qué mejor escenario que el Petronio Álvarez, qué mejor escenario para validarse que unas mujeres que son referentes, que son reconocidas?

También hay una utilización explícita de la mujer negra como un elemento más, entre otros, de la puesta en escena de Fucsia, ¿cierto?

Se sigue reforzando la idea de esa necesidad de reconocimiento. Hay una necesidad tan grande de reconocimiento que no nos damos cuenta que somos artífices de otra forma más de cosificación por el solo hecho de decir: no, lo que pasa es que la revista Fucsia me eligió para ser homenajeada en su Especial sobre el Petronio. Pero, no vemos que detrás de eso lo que hay es una cosificación, desde el orden de la subordinación de la mujer negra como tal; sí, porque ahí, en ninguna de esas fotos está realmente, ni siquiera en lo que está narrado, ahí no se está reivindicando nada: ni de mujer, ni de negra. Estamos justamente jugando al jueguito de “Venga, negrita linda, yo la pongo aquí…”. Y eso es cosificarse y eso es dejarse poner en un lugar de subordinación. Porque otra cosa muy distinta sería que el Especial se basara justamente en profundizar quiénes son cada una de estas mujeres, sin necesidad de disfrazarlas de africanas, sino mostrar quiénes son… La que es heladera yo la muestro en su entorno natural haciendo sus helados. La que es cocinera. La que es abogada. Pero, no tengo que disfrazarla, no tengo que ponerla linda como me parece, no tengo que sacarla de su contexto y llevarla a un estudio fotográfico con una parafernalia puramente fotográfica: ¿solamente de esa manera es válido reconocerla, de lo contrario no? Y eso sigue y sigue reproduciendo una mirada de exotismo hacia lo que es la mujer, la mujer negra… Aquí lo único que importa es la moda. Esa es otra forma de invalidar las luchas de los pueblos afro del Pacífico colombiano.

Foto: Julio César U. H.
Ninguna de las retratadas se pronunció frente a la polémica que se desató por la publicación de la revista. De entrada, eso podría interpretarse como una aceptación de su lugar de subordinadas, ante la gran necesidad de representación; y la aceptación de la lógica de la gratitud frente a la condescendencia, porque nadie más va a hacer ese reconocimiento y es esta la única forma en la que aparecerán representadas en los grandes medios de comunicación. Entonces, como la única forma que hubo y el único recurso que hubo fue la revista Fucsia, sea como haya sido, lo acepto y lo agradezco, me quedo callada.

Ojalá no fuera así, ojalá no sea así.