25/05/2026

 Memoria de Virgilio Bueno Rubio

Dos terceras partes de su vida las dedicó Virgilio Bueno Rubio a la educación en el Chocó desde una perspectiva popular, étnica e intercultural, desde todos los ámbitos a los cuales estuvo vinculado: instituciones eclesiales y universitarias, escuelas y colegios, organizaciones indígenas y afrochocoanas, y entidades nacionales e internacionales de cooperación. Con el paso de los años, sin dejar de lado sus reflexiones teológicas, pedagógicas y sociales, su trabajo en derechos humanos, ni sus inquietudes artísticas, que incluían un talento notable para las artes gráficas, el diseño, la ilustración, la diagramación y la adaptación pedagógica de publicaciones a contextos y sujetos determinados; Virgilio se decantó por la etnoeducación o educación propia, área de su conocimiento en la cual aportó en diversos escenarios comunitarios e institucionales, a través de apoyo pedagógico y asesoría profesional.

Nacido en Quibdó, el 24 de noviembre de 1959, Virgilio Bueno Rubio «falleció en la madrugada del 15 de abril de 2026, en el barrio San Judas Tadeo, en la casa donde vivía con su hija menor (Luz de Luna), la cual fue su cuidadora principal durante su enfermedad; en la casa también vivía con su última pareja sentimental, Gladys Córdoba Mosquera (madre de su última hija) y su hijastra (Mileidy Mena Córdoba, hija de Gladys) a la cual educó desde pequeña como su propia hija».[1]

Lamentaciones

Su deceso, dado a conocer ampliamente a través de redes sociales, suscitó gran cantidad de mensajes de reconocimiento a su vida. «Su paso por este mundo estuvo marcado por la entrega, la vocación y un compromiso genuino con la formación de otros. Su dedicación en impartir conocimiento como docente fue profundamente gratificante y ampliamente reconocida por quienes tuvieron el privilegio de ser sus estudiantes y colegas. Fue un profesional íntegro y un educador ejemplar. Más allá de su ejercicio profesional, fue un gran amigo: cercano, solidario y siempre dispuesto a brindar una palabra oportuna y un gesto sincero», escribió la Corporación Chocó Joven.

Yuli María Londoño lo recordó en sus épocas de estudiante de bachillerato: «Virgilio, en tu caminar hiciste gala y honor a tu apellido; te recuerdo como un joven serio, estudioso, silencioso y muy respetuoso en tu paso por el glorioso Armando Luna Roa». Jesús Elías Córdoba Valencia escribió: «Su condición humana hacía honor y superaba a su apellido. Descanse en paz, apreciado Virgilio Bueno, excelente ser humano, gran profesional». Carmen Arroyo lo recordó como colega: «Descansa en paz, Virgilio Bueno Rubio, mi compañero de trabajo en la IE Carrasquilla Industrial». Ana del Carmen Sánchez Hernández lo recordó como su acompañante académico: «Dios lo acoja en su reino, mi compañero de Maestría, gran ser humano». Consuelo Delgado Aguilar escribió: «¡Ay, qué pesar ese profesor como era de decente! Dios lo lleve a gozar del reino. Siempre lo recordaré como una persona muy callada y educada». Yariba Arriaga anotó: «Fortaleza para la familia. Grandes enseñanzas nos dejaste, profe. Paz en su tumba».[2]

Las numerosas lamentaciones que generó la noticia de la muerte de Virgilio trajeron a la memoria una anécdota sobre el juego de palabras con sus apellidos. El entonces Obispo de Quibdó, Monseñor Jorge Iván Castaño Rubio, bromista como era, solía decir que con él las cosas no pasaban de castaño a oscuro, sino de castaño a rubio; y que ojalá Virgilio fuera realmente bueno, pues de rubio —igual que él— no tenía más que el apellido… Bromas aparte, el obispo Jorge Iván valoraba la inteligencia de Virgilio y su creatividad para el diseño, en los trabajos que por aquel entonces (década de 1990) hacía Virgilio en Gráficas La Aurora, la imprenta del Vicariato y posterior Diócesis de Quibdó.

Todas estas expresiones, presentes y pasadas, valorando la vida y el trabajo de Virgilio Bueno Rubio, hicieron más notorio y evidente el hecho, inexplicable, de que la Diócesis de Quibdó y la Universidad Claretiana (Uniclaretiana), a las que Virgilio dedicó años de su vida, no hubieran publicado en sus medios institucionales ni la más mínima condolencia pública sobre su muerte. Menos mal que, como bien lo anota su hija Luz de Luna Bueno Córdoba, «Virgilio siempre fue una persona desinteresada y sencilla, que hacía su trabajo por vocación y por compromiso con las comunidades y por sus ideales de justicia social, y no buscaba gloria, honores o reconocimientos, aunque social y académicamente los mereciera todos».

Docente

Virgilio conoció los intríngulis de la educación pública desde su infancia, ya que estudió su primaria en el antiguo Barrio Escolar de Quibdó, en la Escuela Camilo Torres, y su bachillerato en el colegio Armando Luna Roa. Años después, ejercería con reconocida solvencia como docente de cuanta asignatura le tocó, en el Instituto Femenino Integrado, los colegios Carrasquilla, Claret y Pedro Grau, de Quibdó; y en los colegios Antonio Abad Hinestroza, de Yuto, y Matías Trespalacios, de Cértegui; en ninguno de los cuales consiguió encontrar el eco que buscaba para sus inquietudes pedagógicas y curriculares, aunque sí logró dejar su huella como buen docente. Al respecto, su hija Luz de Luna Bueno Córdoba anota: «Virgilio era un hombre multifacético, que se desempeñó como maestro en distintos niveles de formación, impartiendo asignaturas como educación artística, informática, educación religiosa, matemáticas, competencias comunicativas, actividades de investigación científica e incluso artes marciales (Taekwondo), y en cada grupo que tuvo a su cargo dejó una huella, marcó a sus estudiantes por su manera tan dinámica, calmada, compasiva y sencilla de enseñar».

Evangelizador y artista

Durante por lo menos dos décadas, Virgilio estuvo también vinculado directamente a los trabajos pastorales del Vicariato y posterior Diócesis de Quibdó. Trabajó en Pastoral Juvenil; y en Pastoral Urbana, como animador de las llamadas CEB, Comunidades Eclesiales de Base; en muchas ocasiones simultáneamente con su labor como docente, de la cual derivaba los ingresos para subsistir y sostener a su familia. Hasta que la reorganización del Vicariato hecha por el Obispo Jorge Iván Castaño Rubio, a partir de 1983, y la estructura pastoral de la Diócesis, categoría a la cual fue elevado el Vicariato en 1990, hicieron posible que el trabajo pastoral de Virgilio, como el de todos los evangelizadores populares de aquel entonces, fuera reconocido dignamente a través de un contrato y un salario ajustados a la ley. Una labor en la que mucho tuvo que ver quien administraba la Pastoral Social del Vicariato y la Diócesis, el entonces misionero claretiano Jaime Salazar, quien también promovió la potenciación del trabajo creativo de Virgilio en la imprenta Gráficas La Aurora.

Virgilio fue uno de los más aventajados agentes de pastoral de Quibdó en cuanto a la comprensión y puesta en marcha del Plan de Pastoral del Vicariato y de la Diócesis, promulgado en el episcopado de Monseñor Castaño Rubio; plan en el cual se proclamó que todo el trabajo debería girar en torno a la opción fundamental por la vida en todas sus expresiones, preferencialmente en el trabajo con los pobres y oprimidos, mediante una evangelización liberadora que contribuyera a su organización en las CEB y en las formas organizativas sociales y étnicas, en defensa de la identidad cultural y del territorio y los recursos naturales, como sustentos de la vida.

De allí que no sorprendiera su posterior vinculación al Centro Bíblico Camino, de los Misioneros Claretianos, el cual era dirigido por el biblista Gonzalo María de la Torre Guerrero y fue semilla de la Universidad Claretiana. Allí, como lo narra Justy Sánchez Caballero, quien lo vivió directamente y fue testiga de su papel, a mediados de la década de los 90, Virgilio se convirtió en alma artística de otro proyecto teológicamente revolucionario del Maestro Gonzalo: la Muestra Bíblica, que entre decisiones acertadas, burocracias académicas y más de una indulgencia ganada con padrenuestros ajenos, terminó trasladada a Medellín hace unos años y convertida en el Museo Bíblico Claretiano.

En un texto escrito especialmente para este homenaje de El Guarengue a Virgilio Bueno Rubio, Justy Sánchez relata:

«Fue en este entonces cuando Virgilio apareció mostrando su potencial artístico. Cuando Gonzalo propuso hacer algunas maquetas más significativas de la Biblia, como el Templo de Jerusalén, la Torre de Babel, la casa de Belén, entre muchas con las que se quería mostrar con más claridad el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, para que así fuera más pedagógica o comprensible su lectura para las personas que se fueron inscribiendo al estudio en el reciente “Centro Camino”.

 

Virgilio, como creativo, para Gonzalo de la Torre, nuestro Maestro, fue la persona indicada que se dispuso para la construcción de las maquetas, que dan testimonio de su paso en la Muestra Bíblica, hoy Museo Bíblico Claretiano en Medellín (en la Web, MUBIC: https://museobiblico.uniclaretiana.edu.co/mubic/). Virgilio se convirtió en profesor, igual que todas las personas que intervinimos en la construcción de las maquetas, ya que nos tocaba estudiar duro cada una de las maquetas que iba sugiriendo el estudio contextualizado de la Biblia. El estudio fue muy exigente y con mucho detalle para luego enseñarle a los potenciales alumnos.

 

Con la “Muestra Bíblica” y Virgilio como creativo, sin que fuera este el objetivo, nació la Fundación Universitaria Claretiana (Uniclaretiana), a la que Virgilio dedicó mucho tiempo como profesor, y donde demostró sus grandes valores de compañero, amigo y evangelizador, desde la Academia. ¡Gracias, Virgilio, por todas tus enseñanzas!».[3]

El talento artístico de Virgilio Bueno Rubio sería también definitivo para la materialización de una idea original del pintor Gustavo López, entonces presbítero de la Diócesis de Quibdó, de una puesta en escena sobre el saqueo sistemático del Chocó durante los 500 años que de la colonización europea se cumplieron en 1992. Bajo la dirección de Gustavo y con el talento escultórico de Virgilio y su ingenio para la preparación adecuada de materiales, se construyó una carroza de protesta de las que en las Fiestas de San Pacho en Quibdó son llamadas disfraces. En el desfile que cada año congrega las carrozas o disfraces de todos los denominados barrios franciscanos de Quibdó, el 3 de octubre de 1992, la carroza fue situada al final del recorrido y acompañada por un nutrido grupo de líderes indígenas y afrochocoanos, así como por personal del equipo de la Diócesis. Finalizado el desfile, al lado de una pequeña glorieta, al frente del edificio de la Gobernación del Chocó, donde reposaba el monumento original en honor al patricio liberal Benjamín Herrera, la carroza con la alegoría de protesta por los cinco siglos de ignominia transcurridos fue incinerada en señal de protesta. Gustavo López y Virgilio Bueno Rubio, en compañía de una pequeña multitud que coreaba consignas, fueron testigos de cómo su arte desaparecía consumido por las llamas.

Etnoeducador

«Hoy, el Consejo Comunitario General del San Juan, ACADESAN, rinde tributo a un hombre que hizo de la enseñanza un acto de fe y resistencia. El Licenciado Virgilio Bueno Rubio no solo fue un docente de secundaria y universidad; fue un arquitecto de la Etnoeducación Intercultural. Con más de 18 años de entrega, Virgilio nos enseñó que el aprendizaje autónomo es la herramienta más poderosa para la libertad de nuestros pueblos. Su huella en la formación de docentes y en la construcción de nuestros modelos educativos (PEI-PEC) es, y será, una guía ineludible para el Chocó. Como experto en diagramación y didáctica, supo darle forma y orden a nuestros sueños como comunidad. Hoy, nos corresponde a nosotros seguir diagramando ese futuro que él tanto proyectó. Desde ACADESAN, enviamos un mensaje de fortaleza a sus familiares y allegados. Su nombre queda grabado en la memoria viva del San Juan».[4]

Este diciente mensaje de ACADESAN, una de las organizaciones étnicas y territoriales históricas del Pacífico y del Chocó, resume el rol que Virgilio desempeñó durante dos décadas como impulsor de la educación propia o etnoeducación en la región. Para ACADESAN, específicamente, Virgilio trabajó como apoyo pedagógico y asesor en su estratégico PEC, Proyecto Etnoeducativo Comunitario, concebido para sustentar en materia étnica, histórica y cultural los planes educativos institucionales (PEI) de los establecimientos educativos que funcionan en el territorio colectivo de ACADESAN. «Magende Suto Prieto: la voz viva de nuestra gente negra en el San Juan», es el nombre del proyecto, inspirado en una expresión de la lengua palenquera. El 15 de abril de 2026, a las 9 de la mañana, Virgilio tenía planeado participar de una reunión virtual con sus compañeros/as de trabajo en este entrañable proceso; a la cual no pudo asistir porque murió en la madrugada.

Legado y herencia

En un mensaje publicado el día de su muerte, uno de sus amigos, Jairo Valoyes Martínez, se refirió a Virgilio como «un ser humano excepcional, […] ejemplo de responsabilidad, vocación y entrega. […] Hoy su partida enluta nuestros corazones, pero también nos invita a recordar con gratitud su vida, sus enseñanzas y los momentos compartidos. Su legado permanecerá vivo en cada recuerdo y en cada persona que fue tocada por su nobleza».

En su funeral, otro de sus amigos, Jesús Médicis Leudo Muriel, expresó: «Uno de mis amigos entrañables es Virgilio Bueno Rubio, que hoy se va. Virgilio fue mi amigo desde el año 85, que trabajamos en el Carrasquilla, luego renunciamos, pensamos que era mejor trabajar independientes, teníamos sus ideales… Virgilio fue un hombre referente, honesto, transparente, trabajador, filántropo; nunca se le negaba a nadie para decir: puedo hacerle este favor o darle esta enseñanza, porque fue un gran maestro. Virgilio vive, su espíritu vive y va a estar en nuestras mentes y corazones, porque lo vamos a recordar siempre en lo que fue: un valiente, un maestro».

Y la reconocida educadora y escritora, investigadora y gestora cultural Ana Gilma Ayala Santos escribió: «Apreciado Virgilio, gracias por las enseñanzas que me dejas; gracias por hacer parte de mi proyecto editorial. Vuela alto, que tu sencillez y capacidad académica sean baluartes para las nuevas generaciones y pilares de resistencia. Descansa en paz, amigo».

Luz de Luna, su hija menor, escribió para El Guarengue: «Virgilio desde su juventud encaminó su vida al servicio de los demás, ejerció un gran liderazgo en procesos con comunidades afrodescendientes e indígenas. Su compromiso con una educación propia, pertinente y transformadora, orientada a la paz, la justicia social y el fortalecimiento cultural de los territorios étnicos, es innegable. La entrega que tuvo hasta su último día de vida, orientando, guiando y apoyando a las personas, comunidades e instituciones, incluso estando afectado en su salud y/o hospitalizado, merecía más reconocimiento, tanto en vida, como de manera póstuma». Y en la misa de exequias finalizó la despedida de su papá con estas palabras: «Su legado nunca morirá, estará vivo siempre en mí y en cada una de las personas a quienes formó. ¡Te amaré por siempre, Padre!».

La sonrisa con la que Virgilio Bueno Rubio se despidió de Gladys su pareja en la noche del 14 de abril, antes de quedarse dormido para siempre, es una parte de su herencia con la que uno también podría quedarse. Virgilio era zurdo. Y los zurdos suelen caminar por el mundo con una sonrisa hecha de genuina bondad y un talento tan enorme que a veces les cuesta saber qué hacer con él… ¡Gracias por todo, amigo Virgilio!



[1] Los testimonios de Luz de Luna Bueno Córdoba que aparecen citados en esta publicación de El Guarengue son tomados de un texto en el que la hija menor de Virgilio Bueno Rubio, generosamente, se refirió a todos los aspectos que le fueron consultados acerca de la vida y la trayectoria de su padre. Igualmente, las fotografías utilizadas fueron cedidas por Luz de Luna para esta publicación. El presbítero Alirio Ortiz, de la Diócesis de Quibdó y amigo de Virgilio, y Efraín Ferrer de la Torre, Coordinador de la Editorial Uniclaretiana, apoyaron también la realización de este homenaje.

[2] Los textos de condolencia por la muerte de Virgilio Bueno Rubio fueron tomados de diversas publicaciones de Facebook, y en todos los casos se les hizo corrección de estilo, básicamente puntuación y ortografía.

[3] Justy Sánchez Caballero. VIRGILIO BUENO RUBIO - Un gran creativo, Soñador y Maestro, con estudios bíblicos que ayudaron a todos a hacer posible el “Sueño” propuesto por Gonzalo de la Torre CMF. Quibdó, 23 de mayo de 2026. Especial para El Guarengue.

[4] ACADESAN en Facebook, 15 de abril de 2026:

https://www.facebook.com/reel/1702054750962123


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