lunes, 30 de enero de 2023

 Neguá

*César Conto Ferrer, Andrés Fernando Villa (Aristo Velarde), Diego Luis Córdoba y Alfonso Meluk Salge, Cuatro neguaseños ilustres que dieron brillo a su tierra en el panorama intelectual y político de Colombia. FOTOS: Archivo fotográfico y fílmico del Chocó. Archivo El Guarengue

Hace 120 años, un lunes 26 de enero de 1903, nació en Neguá Alfonso Meluk Salge, uno de los más preclaros líderes del proceso de transformación en departamento de la Intendencia Nacional del Chocó, que se concretó mediante la Ley 13 del 3 de noviembre de 1947. Cuatro años y medio después de Meluk, el 21 de junio de 1907, igualmente en Neguá, nacería Diego Luis Córdoba, otro de los adalides de ese proceso que puso en la escena intelectual y política de Colombia a las primeras generaciones de profesionales chocoanos, cuya irrupción en la vida institucional del país marcó un hito gracias a su evidente inteligencia y a la novedad de sus planteamientos; pues fueron ellos quienes introdujeron o reforzaron debates contemporáneos y originales sobre las inequidades basadas en condiciones de clase y de raza, en una sociedad colombiana en donde despuntaban las ideas obreras y socialistas, y las primeras reivindicaciones feministas.

Cuando Meluk y Córdoba nacieron, comenzando el siglo XX, Neguá -corregimiento del municipio de Quibdó al que desde la ciudad se accede aguas abajo por el Atrato, entrando por la desembocadura del río de su mismo nombre, a la margen derecha- era El Dorado del Chocó. Más de la mitad del oro que salía de la región chocoana hacia Colombia, Estados Unidos y Europa, procedía de sus minas, como había ocurrido desde comienzos de la colonia española en la región. Las provincias del San Juan y del Atrato, con Istmina y Quibdó como sus poblaciones representativas, serían desprendidas del Cauca grande para convertirlas en la Intendencia Nacional del Chocó, hecho político que inaugura la construcción de presencia institucional moderna en la región y el apogeo de Quibdó como capital y ciudad de referencia para el mundo, del mismo modo que Neguá resonaba por su enorme producción de oro desde inmemoriales tiempos.

En ese momento, prácticamente no había comerciante o empresario de Quibdó que no tuviera algo que ver con Neguá. Cual más cual menos, aunque fuera una mina pequeña explotada a través de terceros nativos de la población, todos tenían algo que ver con aquel poblado que -en medio de la selva, a orillas de un río torrentoso, rodeado de quebradas y de cascadas y de más y más ríos, aledaño a colinas, cercano a montañas, suficientemente lejos de Quibdó como para no tener que preocuparse por sus problemas, pero tan cercano como para llegar pronto si era necesario- proveía día a día, semana a semana, mes a mes, ganancias pingües, que se reinvertían en mercancías y nuevas empresas, que sustentaban una ciudad de la cual sabían más en Cartagena o Nueva York que en Bogotá.

También las aguas frescas de aquel río, de aquellos ríos, las maderas y milagros de sus montes, los frutos de sus huertos, los plátanos de sus orillas y la dignidad de sus familias, eran de fama en Quibdó; desde donde españoles transidos y recios, turcos tercos y agalludos, caucanos y caribes ambiciosos viajaban en canoas ranchadas a darle vuelta a los negocios y en el trayecto se cruzaban con diligentes barquetonas enviadas a llevar y traer cosas de Neguá desde los buques a vapor procedentes de Cartagena con destino Quibdó, que recalaban ahí en las goteras de la ciudad -horas antes de llegar a puerto- mientras se finiquitaba el intercambio con aquella pródiga aldea en donde el oro parecía ser todo, menos finito.

También en Neguá había nacido, el 29 de enero de 1900, otro intelectual de aquella generación prodigiosa de chocoanos que transformaron la historia de la región durante la primera mitad del siglo XX: Andrés Fernando Villa, ampliamente conocido por su seudónimo de escritor y periodista: Aristo Velarde; quien trabajó durante más de dos décadas en el periódico ABC, de Quibdó, con cuyo fundador, director y propietario, Reinaldo Valencia Lozano, sostuvo una polémica memorable acerca del lugar de nacimiento del patricio liberal César Conto Ferrer, a raíz de un artículo publicado por Valencia Lozano, a finales de 1935, titulado “Conto, quibdoseño”.

Fechada el 27 de diciembre y publicada por Reinaldo Valencia Lozano cuatro días después, en la edición 3111 del periódico ABC, bajo el título “Más sobre César Conto”; Aristo Velarde expresó en una muy bien escrita carta su desacuerdo con el punto de vista de don Reinaldo acerca de la cuna de Conto. “Acabo de leer en el número de ABC un ligero apunte sobre el nacimiento de César Conto, intitulado “Conto, quibdoseño”. Quiero creer que usted escribió eso -como vulgarmente se dice- por no dejar, porque no de otra manera me explicaría la anémica argumentación con que su pluma -vigorosa para donde naciera Isaacs-, pretende ahora arrebatarle a Neguá la gloria de haberle dado a Colombia uno de los hijos más ilustres y al liberalismo su defensor epónimo”[1].

Entre gracejos y sarcasmos, haciendo gala de sus dotes de buen contradictor y de ameno escritor, Aristo Velarde deja claro que César Conto también nació en Neguá, como él, y no en Quibdó. Al igual que, según los detalles de su epístola, son asimismo neguaseños los hermanos Hugo y Raúl Ferrer Denis, Luis Felipe Díaz Perea, Alfonso, Armando y Emilio Meluk Salge, todos los cuales, más César Conto, “abrieron los ojos en ese dulce y triste pueblo en donde vagó mi infancia”, como escribe Velarde, que remata su carta reafirmando: “conste —de una vez por todas— que nací en Neguá, la tierra de Conto”.

Perdida entre el cascajo de las crisis económicas mundiales y los cambios en el mercado internacional de metales preciosos, que influyeron para que Andagoya y Condoto se erigieran como el nuevo Dorado en el Chocó, la gloria de oro de Neguá empezó a menguar desde la segunda década del siglo XX, hasta perderse entre areniscas y oropeles, opacada por el brillo universal del platino de la provincia del San Juan.

Sin embargo, entre las brumas de su ocaso, nacidos en su suelo y al abrigo de sus montes, arrullados por su río y nutridos por su selva, dos de sus hijos destellaban ya ante la faz intelectual y política de Colombia: Alfonso Meluk Salge y Diego Luis Córdoba. Neguá no era, pues, únicamente oro.


[1] La carta completa de Aristo Velarde a Reinaldo Valencia puede leerse en El Guarengue, en Reclamo memorable, publicado el 3 de agosto de 2020: 

https://miguarengue.blogspot.com/2020/08/reclamomemorable-quibdo-1925.html

1 comentario:

  1. Gracias Julio por esta labor, por devolvernos un poco de lo que fue la Gloria de nuestro Departamento, hoy tan olvidada y poco valorada.

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