12/10/2026

 «Teresa, en cuya frente el cielo empieza» 

*FOTO: Julio César U. H. Quibdó, octubre 2017. 

Estaba comenzando 4° de primaria, en la Anexa a la Normal de Quibdó, cuando mi mamá, al final de una de nuestras charlas periódicas, que habían comenzado antes de que yo aprendiera a hablar, me contó quiénes eran los hermanos Castro Torrijos y cuál era su importancia para la música chocoana, la tradición y el folclor de la región.[1] En Ecos del Atrato acababa de sonar «El rey del río», en una interpretación de Bovea y sus vallenatos;[2] que la inspiró para la explicación y para que, previo a la misma, me diera una serenata minimalista y didáctica, cual potpurrí hecho de coros y fragmentos de cada canción, con voz afinada y bonita. «El rey del río», «María La O», «Juana Blandón», «Barujo y la pelotera», «Maximina»  y «Amira Waldo» son las que recuerdo que cantó y tarareó.

Al finalizar, cayó en la cuenta de que le faltaban dos o tres cosas para el almuerzo que estaba preparando, y yo —que desde que tuve uso de razón fui su mandadero oficial— salí a comprarlas en la plaza de mercado. Al regresar, la encontré cantando «Noche criolla», un bolero bonito de Agustín Lara, que mi mamá conocía de memoria en la bonita versión de Toña La Negra.[3] Terminado el bolero, una promoción en la emisora invitaba a un programa de Emil Nauffal Dualiby que pasaban los sábados por la noche, en el que, con agradable voz y gran talento, Emil interpretaba poesía colombiana con una bien lograda mezcla de lectura correcta, medida y bien entonada, y un poco de dramatismo en la declamación. 

Así como la canción de Bovea la había inspirado para hablarme de los Castro Torrijos, la promoción del programa poético —que tenía de fondo un poema de Dora Castellanos— hizo que mi mamá recordara y recitara con naturalidad y belleza: «Teresa, en cuya frente el cielo empieza…»; y después sonriera, fingiéndose vanidosa con los gestos de su expresiva cara y la luminosa risa de sus ojos verdes, y me dijera que ese era el primer verso de una poesía que había sido escrita pensando en ella… Enseguida, sin más rodeos, mientras lavaba un manojo de hierbas frescas, recitó completo el poema…

Soneto a Teresa
Eduardo Carranza

Teresa, en cuya frente el cielo empieza,
como el aroma en la sien de la flor.
Teresa, la del suave desamor
y el arroyuelo azul en la cabeza.

Teresa, en espiral de ligereza,
y uva, y rosa, y trigo surtidor;
tu cuerpo es todo el río del amor
que nunca acaba de pasar. Teresa.

Niña por quien el día se levanta,
por quien la noche se levanta y canta,
en pie sobre los sueños, su canción.

Teresa, en fin, por quien ausente vivo,
por quien con mano enamorada escribo,
por quien de nuevo existe el corazón.

Al finalizar, mi mamá hizo una divertida venia, al mejor estilo de los declamadores de oficio, para indicar que "eso era todo"... Riéndose, con una risa que le llenaba completamente la cara, me contó que esa poesía se llamaba "Soneto a Teresa" y que la había escrito —quién sabe para quién— uno de los poetas más importantes del país: Eduardo Carranza. Me reí con ella y guardé en mi cabeza para siempre el primer verso del soneto.

Llegados los tristes días en los que la lumbre de su memoria se fue apagando y del prodigio que fuera no quedaron más que míseros rescoldos, que se extinguían con la misma fugacidad con la que chisporroteaban por un instante en su alma o en su mente; en ocasiones, a mi mamá alcanzaban a brillarle los ojos cuando yo la miraba sonriente y le decía sutilmente: «Teresa, en cuya frente el cielo empieza…»; después de lo cual le leía todo el soneto, mientras su atención y su mirada navegaban a la deriva por aquellas mares del tiempo tan lejanas y nubladas, a veces tempestuosas, que ni ella misma alcanzaba a percatarse de los rumbos que en ese momento transitaba.

Mi mamá nació en Quibdó un sábado. Era 15 de octubre. Cumpliría 94 años de vida este jueves. Su partida de bautismo —en donde consta que Leonardo Garrido fue su padrino y Cándida Mosquera fue su madrina— la asentó el padre Nicolás Medrano, misionero y músico, fundador de la Banda de San Francisco. A propósito de su cumpleaños, he pensado especialmente en ella, y he remorado escenas como las de las canciones de los Castro Torrijos y el Soneto a Teresa; y he recordado algo que me dijo varias veces sobre la preservación del patrimonio regional, sin usar ninguna de las dos palabras: ni preservación, ni patrimonio. 

Y pensando en los dos meses transcurridos después del terremoto de magnitud 7.4, que el pasado 10 de agosto hirió y segó vidas chocoanas, conturbó espíritus y quebrantó corazones, lesionó esperanzas y destrozó sueños; recordé también que ella, como la mayoría de sus amigas de infancia y una buena parte de los adultos de los vecindarios quibdoseños en los que vivíamos cuando ocurrió lo que aquí he rememorado, era de las que creían —y eso le daba mucho miedo— que cuando hacía tanto calor que el agua almacenada en los tanques de hierro de 55 galones que había en casi todas las casas de Quibdó parecía acabada de hervir; mientras el sol reverberaba en los techos de zinc, en las aguas del Atrato, Quito y Cabí, La Aurora, La Yesca y El Caraño, e incluso en el café con leche de los charcos de las calles; y las tablas de los pisos y paredes de las casas crujían y crujían, y ni siquiera las nubes se movían...era porque iba a temblar.

Pensando en que los terremotos también resquebrajan, agrietan y fragmentan el alma de los pueblos, su cultura, su ser común y su identidad compartida; recordé que mi mamá, hace un poco más de medio siglo, decía firmemente que había obras que alguien debería tomarse el trabajo de grabarlas y guardarlas, para que siempre estuvieran disponibles, y publicarlas para que todo el mundo las conociera y las mantuviera presentes. En su lista, que era bastante prolija, incluía las canciones de los Castro Torrijos, Miguel Vicente Garrido y Víctor Dueñas; las músicas de chirimía de clarineteros de la época, como Mario Becerra, Oscar Salamandra, Daniel Rodríguez y Antero Agualimpia, entre otros; las guitarras y voces del Trío Atrato, los sones, boleros y guarachas de Los Negritos del Ritmo, las retretas de los domingos con la Banda de San Francisco; así como antiguas coplas y poesías vernáculas que ella había oído desde niña en las casas y calles de Quibdó; los cuentos que contábamos, las adivinanzas que echábamos y los juegos que jugábamos en las noches de luna; las rondas, los romances y los cantos chocoanos que nos enseñaban en la escuela o aprendíamos en los andenes y esquinas de los vecindarios; los bailes típicos que se bailaban en las fiestas y en los actos culturales; los rezos y jaculatorias, los ritos y los cantos de los velorios y los sepelios…porque si no, decía firme y seria, se iban a resultar perdiendo con el paso de los años. Inclusive, habría que pensar en hacer algo con la lengua y las tradiciones de los "cholos", añadía enfáticamente.


[1] Sobre la trayectoria y la obra musical de los hermanos Castro Torrijos, recomendamos la lectura de: Alejandro Tobón Restrepo y otros (2005). Entre Sones y Abozaos. Aproximación etnomusicológica a la obra de tres músicos de la tradición popular chocoana. Universidad de Antioquia, Grupo de Investigación Valores Musicales Regionales, Colección premios nacionales de cultura.

[2] El rey del río, Bovea y sus Vallenatos:

https://youtu.be/c1OWRnTpAHU?si=WdcnKu7PGDo-0q-0

17 comentarios:

  1. Qué bonito texto, recuerdos bellos de la señora Teresa. Un abrazo.
    Omar Quiñones

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  2. Súper. Hermoso homenaje.
    Luz Amparo Jiménez Zapata

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  3. Tan linda doña Tere 😍
    Angela Gaitán

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  4. Muy bonito. Buena pluma y gran corazón.
    Yebraíl Alvarez

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  5. Bello homenaje a la mamá que tuve la fortuna de conocer, como también de recibir sus cariños y atenciones.
    Gloria Zuluaga

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  6. Hola, mi líder precioso. Es delicioso, para mí, leer esta referencia a doña Teresa, su queridísima progenitora; una excepcional mujer. Agradezco a mi Dios, por haberme dado la oportunidad de tenerla cerca como vecina y amiga.

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  7. siempre grande e inteligente doña Tere. Gracias por compartir estos recuerdos tan valiosos
    JEPV

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  8. Jumm.., ni pa’ lla’ voa mirá.!
    Porque lo que decía mamá “Tere”, sobre los autores, las canciones y las obras importantes que se construían, se llama reconocimiento y lo que advertía a cerca de los antecedentes de los terremotos, su propósito era impedir que se olviden, ya sea por indiferencia, ignorancia o que empiece a nublarse también, nuestro propio horizonte, ya que esas referencias informan que hubo personas interesadas en el bienestar común, cada uno desde sus capacidades, que siguen vigentes por sus aportes y constituyen un ejemplo inspirador, que mueva los cimientos de la conciencia de los líderes de hoy, para inscribirse también en esa lista, de la que hablaba tu mamá. Yo los tuve cerca a todos. A ella, a don Arturo, a Gloria, Julio, Teresita, carherhe, Oscar y Mery, al parecer, debido a que Dios sabe y puede más que yo, y la ventaja de las influencias saludables, es que están ahí para ser usadas en su momento, y vuestro hogar no fue perfecto, pero yo sí aprendí mucho en tu casa, cuya cabeza era tu mamá!

    “El Rey de Francia”…, según Jesús Alito.

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  9. Muchas gracias por compartir con su público momentos de recuerdos tan suyos e inolvidables. Muy bonito y significativo artículo. Gracias.
    Mary Grueso Romero

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  10. CONTAMOS CON UN ÁNGEL MÁS QUE, CANTANDO ALELUYAS, NOS PROTEGE. ¡FELIZ CUMPLEAÑOS, TERESITA. CÓMO TE RECUERDO...!

    Justy Sánchez

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  11. Un Escrito de manera sutil y espontánea en el que Julio César Uribe Hermosillo convierte las vivencias de de su madre en un episodio universal .
    Adelante Julio que la nostalgia como apéndice del amor, revive en nuestras mentes.
    Lascario Alberto Barboza Diaz

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  12. Excelente, mi estimado; importante con los 60 años de ocurrido el incendio que dividió nuestra historia, poder recordar ese Quibdo' del cual seguimos enamorados, feliz día y un fuerte abrazo.

    Florentino Blandón

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  13. Demuestras ser uno de los mejores cronistas más allá del Chocó, un narrador arraigado en el universo mágico de ríos, biodiversidad, madera, zinc y ancestros, pero también de dificultades para los pobladores que lo habitan. Mándale de mi parte un saludo a doña Teresa, con quien aún conversas.
    JDurán

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  14. Que bonito, Julio, lo cotidiano lo vuelves poesía, una crónica, una vivencia compartida y más sentida cuando se conoce a la protagonista, la señora Teresa, mi respeto.
    Teresa, es un nombre que viene desde mi abuela materna, mi hermana, mi prima... Un abrazo, estimado Julio.

    David Peña C.

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  15. Hola Julio César! Gracias por evocar esa época florida de nuestro pueblo y homenajear finalmente a tu madre, una fiel Chocoana con mucho sentimiento. Un abrazo.
    Jorge Valencia V.

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Sus comentarios son siempre bienvenidos. Gracias.