13/07/2026

 De incendios y bomberos: 
2 efemérides de Quibdó y el Chocó  

*Arriba: área del barrio Pablo Sexto, de Quibdó (Chocó), destruida por un incendio en la madrugada del viernes 10 de julio de 2026. FOTO: Alcaldía de Quibdó. Abajo: área de la ciudad de Quibdó destruida por el incendio del 26 de octubre de 1966. FOTOS. Archivo Fotográfico y Fílmico del Chocó.

Las llamas de las conflagraciones —así le dicen a los incendios en los noticieros— son voraces en sentido literal. Por definición, si nada se los impide, arrasan con desmesura y en un santiamén lo que a su paso encuentran. Consumen por igual las tablas de piso y de pared de las casas, los caballetes, parapetos y cerchas de sus techos de zinc, las puertas y las ventanas de madera. Ahúman, queman y tiznan, como la fragua de una maldición, el hierro o aluminio de ventanas, varillas, láminas, puertas y rejas, cerraduras y candados; y el cemento y los ladrillos de las estructuras de concreto. Y junto a todo ello, más las pertenencias —pocas o muchas— de los habitantes de cada casa quemada que se convierte en cenizas y rescoldos, las llamas de los incendios queman también alegrías presentes, tristezas pasadas y primicias por venir; abrasan esperanzas antiguas e ilusiones recientes; calcinan recuerdos y chamuscan olvidos. En fin, además de lo material, incineran todo aquello intangible que formó parte del origen, la construcción progresiva y la ocupación o morada de cada una de aquellas casas, calles y barrios que sucumben a la inevitable devastación del fuego, que en ciudades como la capital del Chocó toda la vida ha ardido a tutiplén, ante la eterna ausencia de la infraestructura necesaria y de un cuerpo de bomberos suficientemente dotado para conjurar y mitigar a tiempo este tipo de tragedias.

El primer cuerpo de bomberos de Quibdó fue creado hace cien años, en 1926, cuando la ciudad crecía en medio de sueños de modernidad, gracias a su próspero intercambio comercial con Cartagena, y desde allí con el mundo, a través del mar Caribe y el río Atrato; y gracias a la institucionalidad municipal e intendencial, que con denuedo trabajaban en pro de una urbe donde se gozara de infraestructura, comodidades y servicios. Según datos del Archivo Fotográfico y Fílmico del Chocó, los primeros bomberos de Quibdó fueron Arcindo Arriaga, Ramón Lozano, Basilio Caicedo (quien era el Personero Municipal), Manuel A. Porras, Miguel Rengifo (conocido como “Cambarala”), Catalino Córdoba y Luis Ernesto Hidalgo.[1]

Integrantes del primer cuerpo de bomberos de Quibdó, en 1926, posan con sus equipos para el control de incendios, en la carrera Primera, en el centro de la ciudad, un área que cuarenta años después sería arrasado por un mayúsculo incendio. FOTO: Archivo Fotográfico y Fílmico del Chocó / Cortesía: Familia Scarpetta Quintana, Cali. / Tatica Ayala, Quibdó.
En 1966, cuarenta años después de su creación, al Cuerpo de Bomberos de Quibdó le resultó imposible —con el personal y los recursos de los que disponía— conjurar o mitigar la enorme catástrofe que marcó para siempre la historia local y regional de Quibdó y el Chocó, y se convirtió en un hito a partir del cual la espiral del progreso de la región pareció detenerse y devino en decadente bucle de estancamiento y retroceso. Aquel incendio, del cual se cumplen 60 años en octubre próximo, consumió a Quibdó de sur a norte durante más de ocho horas continuas, desde las 9 de la noche del 26 de octubre de 1966, comenzando en la cabecera del pueblo y extendiéndose hasta las inmediaciones del templo parroquial, que en ese entonces aún no había sido consagrado como catedral. El periodista Carlos Díaz Carrasco resumió así el devastador recorrido del incendio y la visión que a los ojos del aterrado caminante ofrecía Quibdó en las primeras horas del otro día: «Las llamas iniciaron su avasallador paso por el almacén de Crescencio Maturana, ubicado en la parte sur de la Carrera Primera (Cabecera) y consumieron todo lo que encontraron hacia las carreras Segunda, Tercera y Cuarta (Yesquita) hasta la esquina de la Calle 25 con la Carrera Primera. El incendio duró hasta las 7 de la mañana del día 27. El espectáculo era dantesco, solo escombros humeantes alteraban el triste panorama y unas personas apostadas en la zona miraban con tristeza en lo que habían quedado sus patrimonios después de tantos años de trabajo honesto».[2] La ciudad entera era presa de la desolación y el desconcierto. Hermanos en la desdicha, los quibdoseños aún lloraban, con lágrimas o sin ellas, cuando amaneció el otro día, mientras contemplaban las ruinas que todavía humeaban después de que las llamas habían terminado extinguiéndose por sí solas, cuando no encontraron a su paso nada más por consumir y una leve llovizna en la madrugada aplacó un poco la temperatura ambiente.[3]

Sesenta años después, tampoco fue posible para los bomberos de Quibdó conjurar el nuevo desastre ocasionado por otro incendio, aunque obviamente fue valioso su trabajo posterior. Según datos de las autoridades, 36 viviendas, medio centenar de familias, centenar y medio de personas, además de una abuela y su nieto de 5 años pavorosamente muertos en el desastre, conforman el triste conjunto de daños y perjuicios directos producidos por el incendio ocurrido durante toda la madrugada del viernes 10 de julio en el barrio Pablo Sexto, en Quibdó; un sector de la ciudad cuyo poblamiento data de hace un poco más de medio siglo, a orillas de la cuenca baja de la quebrada La Yesca, antes de su desembocadura en el río Atrato; en un área inundable ubicada en límites entre el antiguo y tradicional barrio de La Yesquita, el ribereño barrio de San Vicente y la última etapa de urbanización del barrio Niño Jesús, que es el plan de vivienda social de carácter estatal más grande y de mayor cobertura construido en Quibdó a finales de los años 60 y comienzos de los 70, con posterioridad al gran incendio del 26 de octubre de 1966.

Al amanecer del 10 de julio de 2026, cuando la consternación y la tristeza invadían incluso a la chocoanidad en la diáspora, Yeison Córdoba Moreno —habitante del barrio Pablo Sexto— le contó con detalles a una corresponsal local de un telenoticiero nacional cuán vanos fueron los intentos de los habitantes del barrio para tratar de contener las llamas. Las cadenas humanas para aventar agua manualmente fueron infructuosas y más bien se dedicaron a salvar del fuego todos los enseres y pertenencias de las viviendas que les fue posible retirar a tiempo y sin riesgos para su integridad física. Intentaron recurrir a las tuberías del acueducto que pasan por debajo de las casas, para tratar —aunque fuera mínimamente— de detener o aplacar las llamas; pero, no había suministro de agua. Y cuando los bomberos llegaron, a destiempo según el relato de Córdoba Moreno a la periodista Andrea Estrella, sus mangueras no tenían la extensión necesaria para llegar hasta el sitio donde el incendio había comenzado.[4] Nuevamente, como en cada incendio de todos los que en un siglo ha sido imposible mitigar, conjurar, apagar, las llamas ardieron hasta que no encontraron más alimento.

1-Escena del incendio del 10 de julio de 2026, en el barrio Pablo Sexto de Quibdó. FOTO: Alcaldía. 2-Escena del incendio del 26 de octubre de 2026, en la carrera 1a. de Quibdó. FOTO: Archivo Fotográfico y Fílmico del Chocó / © Atribuida a Raúl Vásquez.

Además de concitar a la ciudadanía, en nombre de la solidaridad, la compasión y el paisanaje, para que ejerza abundante caridad mediante donaciones de todo tipo de elementos y enseres indispensables para las víctimas y aportes en dinero que permitan atender urgencias y casos especiales; es de esperar que las autoridades locales y regionales ya estén haciendo uso de las herramientas institucionales a su alcance, para garantizar efectivamente y en el menor tiempo posible la reconstrucción material de las condiciones de vida de toda esa gente que, como lo dijo la presidenta de la Junta de Acción Comunal del barrio Pablo Sexto, lo perdieron todo y lo único que les quedó fue la piyama que llevaban puesta. Así mismo, entidades como la Diócesis de Quibdó deberán extender sus acciones más allá del socorro y la limosna, para contribuir con algún proyecto de pastoral social que aporte al bienestar duradero de la población damnificada. Y la ciudadanía, organizaciones sociales y étnicas, oenegés, que admirablemente desplegaron todas sus capacidades para ayudar a los paisanos del barrio víctimas de la tragedia, deberán usar esas mismas capacidades para impulsar y apoyar a las autoridades en la proyección y materialización de un futuro halagüeño y pronto para quienes quedaron «sin donde echarse un sueño»... Aunque es una admirable forma de solidaridad, que en lo inmediato siempre será grata y bienvenida, la caridad no es sostenible, como sí lo son las acciones institucionales rigurosamente planificadas y ejecutadas para superar los estragos materiales de los desastres. 

Un siglo después de creado el primer cuerpo de bomberos de Quibdó, incendio tras incendio, hasta llegar al que hace 60 años devastó la ciudad y al que 60 años después de este arrasó un sector de un barrio popular; las autoridades e instituciones públicas de los ámbitos nacional, departamental y municipal de Colombia, el Chocó y Quibdó, tienen el ineludible deber de tomarse en serio tan grave y antiguo problema y trabajar conjuntamente en su solución. En una ciudad y un departamento en donde gran parte de la vida institucional ha terminado resolviéndose en una sucesión interminable de eventos a lo largo del año, que demandan altos costos de logística, y en donde se convirtió en obligatoria la financiación pública de conciertos multitudinarios y enormemente costosos, en todas y cada una de las fiestas patronales; quizás fuera posible destinar parte de esos recursos para empezar a solventar tan antiguo como trascendental problema. Esa sería una conmemoración significativa de las efemérides mencionadas y una contribución histórica al bienestar local y regional.



[2] Carlos Díaz Carrasco. Monerías. Hechos y personajes. CD sin fecha. Corte 6: El incendio de Quibdó.

[3] Entre otras publicaciones de El Guarengue-Relatos del Chocó profundo sobre el incendio de 1966 en Quibdó, puede leerse “Recuerdos del incendio”, en: https://miguarengue.blogspot.com/2022/10/recuerdos-del-incendio-asi-era-la.html

2 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo con el contenido de esta crónica y la forma casi cinematográfica como la describe el Maestro Julio César Uribe Hermosillo. Tengo sesenta años de estar escuchando sobre la necesidad de crear en Quibdó un cuerpo bomberil entrenado en la prevención y control de estos desastres sin vislumbrar nada en el horizonte . Mucha decidia durante tanto tiempo, mucha habladuría y nada de acción para crear algo tan necesario como un cuartel de bomberos. Organización y lucha ante la incompetencia de unos dirigentes locales que no ven más allá de sus narices lo que en realidad requiere la ciudad. Mucha falta que hace el espíritu cívico de don Pedro Abdo Garcia, quien esa noche de octubre y poniendo en riesgo su vida, pudo hacer con lo poco que tenía en sus manos incluido un jeep Willis de su propiedad con el que daba instrucciones a la ciudadania.de como huir de las llamas.
    Hemos asistido al flash back de la pelicula , es decir,r regresamos al comienzo y volvemos súbita y repetidas veces al presente con muertos y daños materiales. Solo nos falta esperar el advenimiento de otra tragedia anunciada en la que miremos en lontananza a una multitud escuchando y bailando a "Papaito" con su canción " Fuego en el cuartel de bomberos".
    Como decía el poeta Emil Naufal Dualiby: Y Quibdo sigue su marcha, frase a la que le incorporo: su marcha inexorable hacia el abismo.

    PEDRO ROMERO ARRIAGA

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