Elecciones, intuiciones, decisiones...
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| *Portada de Buscando mi madredediós, edición colombiana 2019. Arnoldo Palacios en Francia. Enrique Olaya Herrera, 1910. FOTOS: El Guarengue, MinCultura, Benjamín de la Calle/Wikipedia. |
Una decisión clara
En la Intendencia Nacional del Chocó, el liberal Olaya Herrera barrió también con sus contendores, ya que obtuvo 5.381 votos (76.1 %), contra 830 del General y 505 del poeta payanés. Únicamente en dos municipios no triunfó el candidato liberal: en El Carmen de Atrato, donde ganó Valencia con 107 votos, contra 32 de Olaya y 12 de Vásquez; y en Tadó, donde el triunfo fue para Vásquez Cobo, con 634 votos, seguido de Olaya Herrera con 462 y Valencia con 20 votos.[2] En Quibdó, 1.187 votantes eligieron a Olaya Herrera; mientras que Valencia solamente llegó a 93 votos y el General Vásquez Cobo a 173. En Nóvita y Sipí, Valencia obtuvo cero votos, al igual que en el municipio de Baudó, donde la mayoría de Olaya Herrera fue tan aplastante que obtuvo 442 votos de los 443 depositados; en Bagadó, 212 de 257; en Istmina, 1.616 de 1.705; y en Riosucio, 99 de 111.
Acceso a derechos
Después de más de tres décadas de Hegemonía Conservadora, incluyendo la Guerra de los Mil días; Enrique Olaya Herrera se convirtió en el primer presidente del periodo conocido como la República Liberal, que llega para la región chocoana en el intermedio de su vida institucional, entre su condición de Intendencia a partir de 1907 y su creación como departamento en noviembre de 1947. De modo que los gobiernos liberales, empezando con Olaya Herrera, los dos periodos de Alfonso López Pumarejo y los gobiernos de Eduardo Santos y Alberto Lleras Camargo, contribuirán en gran medida al propósito de consolidar la institucionalidad pública en el Chocó y propiciar de modo sistemático avances significativos en cuanto al acceso masivo a derechos y servicios por parte de la población chocoana en diversos campos.
Así, por ejemplo, el acceso universal y gratuito a educación pública —que los primeros profesionales chocoanos proclamaban como una necesidad prioritaria de su gente— se concretó con la creación masiva de escuelas rurales y urbanas; la formación de maestras y maestros en Bogotá, Tunja y Popayán; la creación de colegios intendenciales para mujeres y de escuelas normales para la formación in situ del magisterio; y el refuerzo del programa intendencial de becas universitarias; entre otras acciones. Igual que el desarrollo de infraestructura, en cuanto a caminos vecinales y las primeras vías secundarias, el comienzo de la construcción de la carretera de Quibdó hacia Antioquia; y la consolidación del transporte fluvial de carga y pasajeros entre Cartagena y Quibdó. La inauguración del primer hospital público en Quibdó y la organización de un servicio público de Higiene fueron fundamentales para el desarrollo de campañas intensivas contra epidemias como el pian, el paludismo, la tuberculosis, la anemia tropical, y para combatir la desnutrición generalizada en áreas rurales. El fomento de la agricultura regional, con la introducción masiva del arroz, el cacao, la caña de azúcar y el plátano, el montaje de molinos y trilladoras, la creación de mecanismos de apoyo oficial a la venta y comercialización de productos agrícolas, pecuarios y pesqueros; al igual que el fomento a establecimientos industriales en las ciudades de Quibdó e Istmina; contribuirían significativamente a la dinamización económica de la región y al ingreso del campesinado y la emergente clase obrera en el mercado laboral. Así mismo, no de poca monta fue el apoyo de los gobiernos liberales a iniciativas culturales en los campos de la música, la danza, la literatura, la prensa y la radio pública.
Intuiciones de un liberal
La trascendencia para el Chocó de la República Liberal fue vislumbrada en la entonces pequeña población de Cértegui, que era corregimiento del municipio de Tadó. Allí, un visionario capitán político liberal, de gran ascendiente sobre la población, apasionado y culto, fervoroso y entusiasta, barruntó con gran acierto el significado de la candidatura de Olaya Herrera para la comunidad negra del Chocó y lo que en materia de derechos y reconocimientos traería consigo un gobierno liberal. Se trataba de Venancio Palacios, el papá del gran escritor Arnoldo Palacios, quien junto a la señora Magdalena Mosquera, su madre, ejercerían grande influencia en aquel niño, cuya inteligencia era para ellos signo de que en algún punto de su vida a su hijo lo estaba esperando la gloria.
En los relatos XXXVII al XLII de los ciento cinco que componen las trescientas cincuenta páginas de su libro Buscando mi madredediós, Arnoldo Palacios dejó narrados para la posteridad los hechos previos y posteriores de aquella jornada electoral en su aldea natal, ocurridos cuando él apenas estaba cumpliendo 6 años de edad. En el relato XXXVII-La batalla electoral, Venancio Palacios, en ejercicio de sus funciones de capitanía política liberal reparte propaganda con la imagen de Olaya Herrera: «Evidente, el hombre, a través de su rostro manifiesta un interés inusitado por la conversación. Mi papá le enseñó unas hojitas grandes de papel que ostentaban la cara y medio cuerpo de un personaje blanco, elegante, de corbatín. El visitante observaba la hoja, sosteniéndola arriba y abajo entre los dedos de ambas manos, con sumo acato; estremecido de emoción contemplaba él y sonreía. Mi papá volvió a tomar la hoja y junto con muchas otras hizo un rollo, que amarró con un pedacito de cáñamo y se lo entregó al señor».[3] Arnoldo Palacios, niño, se queda con la intriga de saber quién será el señor de la imagen en el afiche.
José Laó pinta a Olaya Herrera
En el relato XXXVIII-El Mago del pincel, Arnoldo Palacios nos relata bellamente la escena en la cual no solamente descubre quién es el hombre cuya imagen anda repartiendo su papá, sino que, además, aparece en todo su esplendor artístico su primo José Laó Moreno Palacios, talentoso joven que dos años después recibiría una beca de la Intendencia del Chocó para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Bogotá, y se convertiría en pintor y escultor… Venancio Palacios le ha encargado a su sobrino un retrato de Olaya Herrera y su estupefacción no tiene límites cuando ve el resultado de su pedido…: «Y como las cosas son así, de pronto advierte uno por allí el nudo que ata a un asunto con otro. Un día, después del desayuno, resulta José Laó con un cuadro: ¡He! El retrato del hombre blanco de corbatín, de medio cuerpo, pegado sobre una tabla, igualito a los santos de la iglesia, con un marco pintado de caoba; pero sin dorado; alrededor, una cinta con los colores de la bandera colombiana, amarillo, azul y rojo. “Mire a ver, tío Venancio, si así era como usted lo quería” —balbuceó José Laó, entregándoselo. Mi papá se abisma. Recula un pie, echa el busto y la cabeza atrás, alza el cuadro, permanece boquiabierto, ya contemplando la obra, ya mirando a José Laó. Estábamos en el salón. Yo me había acurrucado a los pies de Laó. Al fin: “¡Magdalena!... ¡Mis hijos!... ¡Vengan a ver!... Este José Laó no debe malograrse en el Chocó. Cueste lo que cueste irá a la Escuela de Bellas Artes de Bogotá” —prometió mi papá. Mi mamá, Ernestina, Rosa, Elba, Escila. Todas se fueron presentando asustadas, mucho más Escila, de cuatro años. Bueno, se calmaron ante ese gigante que quería salirse del cuadro. Mi papá se dirige al balcón; contra el espaldar de una silla coloca el retrato frente a la calle e inmediatamente se baja. Nosotros estamos arriba. Cértegui está como adormecido. Nadie por esos pedazos. Mi papá en medio de la calle contempla la efigie.»
«De un momento a otro estalla un grito: “¡Viva el partido liberal!”. Del fondo de una casa contestó otra voz, imponente: “¡Viva!”. De repente las esquinas se sintieron animadas por grupitos que no se sabía de dónde brotaban. Mi papá con las manos en la espalda se paseaba en su andén. Y no fue cuento, sino que el piso de abajo, su sastrería, se llenó de gente. Él era el capitán. Para homenajear a sus copartidarios mi papá mandó a José Laó le comprara unas botellas de aguardiente y cerveza. Como no había asientos suficientes, se sentaba el que podía; el que no, permanecía de pie. Ya el cuadro había descendido de la silla del balcón para ser colgado en sitio de honor».
«Liberalismo es libertad. Conservatismo es
tiranía»
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| Rafael Uribe Uribe, JM Vargas Vila y Benajmín Herrera. FOTOS: Museo de Antioquia, Wikipedia, Biblioteca Luis Ángel Arango. |
Y así sucesivamente, en los relatos XXXIX al XLII de Buscando mi madredediós, Arnoldo Palacios narra los acontecimientos que rodearon la elección presidencial en Cértegui, en aquel febrero de 1930. «El triunfo estaba asegurado, pero había que activar, moverse. Todos los liberales de Cértegui y alrededores tendrían que presentarse a votar. […] Naturalmente, a veces, mi papá dejaba escapar cierta sospecha a medida que se avecinaban las elecciones. Los conservadores podían crear problemas. Había que estar alerta en caso de ataque, de guerra».[5] De modo que Venancio reúne a sus hijos y los instruye sobre lo que deben hacer si esto llegare a suceder.
«Al fin las elecciones. La víspera, día de mercado, llegó mucha gente a Cértegui. Escondido, algo que no se sabía bien qué era, mantenía tenso el aire de regocijo. Nuestra casa se parecía a la iglesia: entraba gente, salía gente; mi papá leía papeles, explicaba. Servía aguardiente, se ofrecía café. Con algunos, a quienes se hacía subir al piso alto, mi papá hablaba en tono confidencial. Mucha de aquella gente casi nunca venía al pueblo, ni a las fiestas, y había acudido desde la víspera de los comicios, movilizada por mi papá».[6]
«Rotundo triunfo liberal»
Venancio llama a un carnicero para que sacrifique uno de sus puercos y lo organice para alimentar a la multitud de parientes y amigos que han venido al pueblo para la votación. La tensión y la expectativa crecen. Ha llegado la hora y con ella la victoria. Arnoldo Palacios nos lo cuenta así: «A las cuatro en punto de la tarde requinta la requinta, va Arnovio González con el redoblante. El aire tenso: “¡Viva el partido liberal!” —estalla la multitud. Se cerró el jurado. En ese momento el telegrafista pasó a ser el centro número uno de la atención: ¿El país estaría en calma? ¿Habría habido muertos en alguna parte? En Cértegui, rotundo triunfo liberal. Cinco o seis conservadores. Y eso fue felicitar y felicitar a mi papá, capitán, a sus eminentes colaboradores, Licosiome, Mario Arriaga, Luis Felipe Vivas, el joven Carlos Moreno, en fin... A las siete de la noche, quizá, se sabría el resultado. “Si los godos no entregan el poder, por lo menos en Cértegui lo mantendremos por la fuerza”, fue el mensaje de mi papá a sus fieles, quienes ya se habían embarcado rumbo a sus orillas…». Y entre los que quedaron —una pequeña multitud— se va desgranando una charla salpicada de nostalgias, de sonrisas, de gracejos, de buenos y malos recuerdos: todos recuerdan lo duro que ha sido ser liberal en el país, la atrocidad de las persecuciones de los conservadores y su desprecio por los derechos de la gente, las crueldades de la Guerra de los Mil días, la zozobra permanente... Se rememoran hazañas y prodigios como la del paisano Domingo Londoño esquivando las balas godas, y la proeza del doctor Heliodoro Rodríguez en su asombrosa toma de Tadó; y de paso se pondera la eficacia de las oraciones y los conjuros secretos para eludir y confundir al enemigo y vencerlo en las batallas... Se cultiva la esperanza de que el liberalismo llegue al poder, a ver si por fin este pueblo y todo el Chocó —que han votado claramente por la libertad y los derechos, la paz y el bienestar— obtienen un lugar digno en la sociedad nacional…
[2] Todos
los datos del Chocó fueron tomados del periódico ABC, de Quibdó, del 19 de marzo
de 1930, edición N° 2.158.
[3] Arnoldo
Palacios. Buscando mi madredediós. Octubre de 2009. Universidad del Valle,
Ministerio de Cultura. ISBN 978-958-670-753-4. 345 páginas. Pág. 154.
[4] Ibidem, pp. 155-156.
[5] Ibidem, pág. 157.
[6] Ibidem, pág. 158.


El grito" Viva el partido liberal", mas que una arenga, era una expresion de valentia, dignidad y rebeldia, porque significaba casi una sentencia de muerte en gran parte del pais. Francisco L. Valderrama
ResponderBorrarQuizas para ese momento historico, 1930, todavia era posible gritarlo, pero mas adelante, a partir de 1946, se convirtio en una sentencia de destierro y muerte, de cuenta de un fanatico que llenó de sangre a Colombia. F. Valderrama
ResponderBorrarA pesar de la violencia que ha padecido el Carmen sigue siendo godo, como lo demostro en las elecciones del 31 de mayo
ResponderBorrarjrm