Terremoto cultural (2ª Parte)
—Literatura y reconstrucción—
Don Rogerio
«¿Hay instrucción en nuestro pueblo?», pregunta con su agudeza característica y su talante visionario, en un artículo publicado en el periódico ABC, de Quibdó, el 21 de diciembre de 1929, el escritor e intelectual chocoano Rogerio Velásquez Murillo (Sipí, 1908-Quibdó, 1965), uno de los más grandes intelectuales de la chocoanidad, pionero y precursor en diversos campos del desarrollo de las ciencias sociales y humanas en Colombia, como la etnohistoria y la antropología de comunidades negras del Chocó y del Pacífico colombiano, cuyo universo cultural él documentó con tino, riqueza y versatilidad etnográfica y literaria. Y expresa sin rodeos: «La poca introducción de libros en el territorio chocoano es la causa de la ignorancia que impera en nuestro pueblo. La muchedumbre no lee, no investiga, porque no tiene en dónde […] Los gobiernos seccionales no se han preocupado. Han enseñado con su silencio al pueblo que el libro no se necesita. Han tenido a las masas en la noche de su propia estulticia, sin preocuparse en darles la luz de la civilización».[1]
Licona
Publicado en 1980, “El Chocó por dentro” es una especie de compendio del pensamiento de quien indudablemente es uno de los más memorables escritores del siglo XX en el Chocó: Carlos Arturo Caicedo Licona (Quibdó, 1945-1923), sobre el desarrollo del territorio y de la gente negra de la que entonces él llamó la Nación Afrochocoana y reivindicó como una nación dentro del Estado colombiano. En el texto introductorio a su aleccionador libro, el propio Licona expresó bellamente un sueño de pensador, dirigente y escritor: «Este escrito no va para los eruditos; va para los de nuestra condición. Puede ser leído en cualquiera de nuestros ranchos y guardado detrás de la lamparita que ilumina el chisporroteo quejoso ofrendado a los dioses para que detengan los martillazos lacerantes en nuestros estómagos vacíos».[2]
Don Rogerio y Licona
La clamorosa reivindicación de Don Rogerio en 1929, sobre la apremiante necesidad de que el pueblo chocoano tuviera acceso expedito a libros, ha encontrado respuesta entre la última década del siglo XX y el cuarto de siglo que ya hemos recorrido del XXI, lapso en el cual el número y la cobertura geográfica de las bibliotecas públicas municipales se incrementó sustancialmente; de modo que en la actualidad hay por lo menos una biblioteca en cada municipio del departamento, además de la biblioteca departamental y de la biblioteca del Banco de la República en Quibdó, próxima a cumplir 40 años, cuya apertura llenó literalmente un vacío de muchos años y poco a poco, junto al auditorio de eventos, se convirtió en motor del área cultural del banco, que hoy —para bien del pueblo chocoano— ha devenido en Agencia Cultural, con una rica y variada oferta de saberes, tradiciones, artes y conocimientos de la ciudad y la región, del país y el mundo.
Lo que sí no ha encontrado respuesta es el sueño de Carlos Arturo Caicedo Licona acerca de que “El Chocó por dentro” formara parte de la cotidianidad de los ranchos ribereños de la manigua chocoana. Aunque contamos con bibliotecas públicas que ponen al alcance de la población importantes y valiosas colecciones de libros, estas incluyen una cantidad bastante limitada de títulos y libros de autores chocoanos. Y no porque no quieran incluirlos, sino porque los ejemplares existentes de dichos títulos y libros son tan pero tan escasos que solamente se encuentran dispersos en bibliotecas y colecciones personales y particulares; con excepción, claro está, de títulos incluidos en colecciones como la Biblioteca del Darién (Colcultura, 1994), la Biblioteca de Literatura Afrocolombiana (2008-2010) y la Biblioteca de Escritoras Colombianas (2022), ambas del Ministerio de Cultura.
En estas circunstancias, hemos llegado a un punto en el que, aunque se pregona un justo orgullo regional por la producción intelectual, literaria, poética, de una serie de autores y autoras del Chocó, casi nadie realmente ha leído sus obras, debido precisamente a la escasez o inexistencia de las publicaciones, entre otros factores; de manera que en la práctica son bastante mencionados, pero muy poco leídos.
Deber cultural, urgencia patrimonial
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| Foto: Julio César U. H. |
Es posible, incluso, que de algunos títulos publicados no queden ejemplares o, por lo menos, no sepamos dónde podría encontrarse alguno. Las inclemencias del tiempo, del clima, del entorno, de la falta de curaduría, han puesto también su cuota de devastación en esta especie de desastre cultural, literario, bibliográfico y patrimonial del Chocó, ignorado sistemáticamente por las instituciones y autoridades locales, regionales y nacionales; y por las entidades culturales y de cooperación internacional, que han excluido de sus intereses y presupuestos a la literatura chocoana, pues privilegian el patrocinio de otras manifestaciones artísticas en las que prácticamente han encasillado en los últimos años al arte y a la cultura de la región.
Biblioteca de la Chocoanidad
Por lo menos un centenar de títulos, de una treintena de autores y autoras del Chocó, serían la base para la constitución y puesta en marcha de un fondo o colección editorial de autores chocoanos: una Biblioteca de la Chocoanidad, a través de la cual se reediten y rescaten, se resguarden y preserven, obras hoy desperdigadas, poco conocidas e ignotas, de tantos autores de la región que siguen siendo más mentados que leídos; y cuya identificación y listado, ad hoc y ad honorem, hemos adelantado desde hace una década y hemos difundido y promocionado reiterativamente en diversos escenarios culturales y a través de El Guarengue-Relatos del Chocó profundo; y lo vamos a seguir haciendo como un deber grande de patria chica y un imperativo patrimonial de la chocoanidad.
A través de una Biblioteca de la Chocoanidad, las nuevas generaciones del Chocó —a las que tantas veces sus maestros y adultos responsables reconvienen por el desconocimiento de la tradición y de la historia de la región— podrán disponer de fuentes literarias y documentales en donde nutrir su intelecto, su gusto y su alma en relación con dicha tradición y podrán acceder a la multiplicidad de perspectivas y voces de un conjunto representativo de autores y autoras, cuyas obras serían reeditadas y reimpresas en una colección de excelencia editorial; con una presentación, unos formatos y una identidad gráfica bien logrados, memorables, a la altura de la importancia histórica y cultural de los textos; en ediciones dignas y asequibles... Todo ello bajo una curaduría rigurosa, seria, alejada de intereses individuales y de lucros particulares, comprometida con las letras y el talento de la región.
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| Collage: JCUH / El Guarengue |
Los escritores y las escritoras del Chocó no pueden seguir siendo más mentados que leídos. La creación de una Biblioteca de la Chocoanidad, con el auspicio económico y el apoyo técnico de las instituciones públicas del sector cultural, las autoridades regionales y la cooperación internacional; debe ser parte sustancial de la recuperación, restauración y reconstrucción de los bienes culturales y del patrimonio material e inmaterial de la región, en el marco de la dinamización de sus procesos de desarrollo. El pueblo chocoano tiene pleno derecho a acceder de modo expedito y cualificado a la tradición literaria de su tierra, a las historias y los relatos de sus autores y autoras, de sus narradores, narradoras y poetas.
Igualmente, la gestión cultural regional demanda procesos continuos, consistentes, colectivos y comunitarios de lectura y escritura, oralitura e historia local, a partir de la consolidación de una red regional de bibliotecas públicas, que en conjunto con las instituciones educativas locales y grupos culturales, promuevan espacios de encuentro y gestión comunitaria del patrimonio cultural. Estos y otros temas relacionados, como el mejoramiento, revalorización y resignificación de espacios públicos, conjuntos históricos y monumentales, bienes de interés cultural reconocidos o no; así como la documentación y preservación de manifestaciones del acervo musical y coreográfico regional, forman parte de próximas entregas de El Guarengue en esta serie sobre el terremoto cultural en el Chocó.
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| Quibdó. Foto: Julio César U. H. |
[1] Rogerio Velásquez Murillo. ¿Hay instrucción en nuestro pueblo? Periódico ABC, Quibdó, 21 de diciembre de1929.
[2] Caicedo
Licona, Carlos Arturo. El Chocó por dentro. Medellín, diciembre de 1980.
Editorial Lealon. 118 pp. Pág. 20 (Introducción).
[3] Rogerio
Velásquez Murillo. ¿Hay instrucción en nuestro pueblo? Periódico ABC, Quibdó,
21 de diciembre de1929.





Excelente. Es un trabajo que hace falta.1- Colección de los poetas. 2-los novelistas. 3- los cuentistas. 4- los ensayistas. En la lista se pueden incluir también Gregorio Sánchez Gómez, Oscar Collazos, Alfonso Meluk Salge, Sergio Abadía Arango, Inocencio Cucalón y Marino Abadía Valencia.
ResponderBorrarJosé E. Mosquera
Gracias por tus aportes, ese loable empeño de la Biblioteca de la Choconidad, es ya imperativo. Saludos.
ResponderBorrarJorge Valencia Valencia
Propuestas como estas engrandecen al Chocó y deberian ser acogidas por las entidades pública o el sector privado y las agencias de ayuda internacional
ResponderBorrarJEPV
Agradezco su dedicación al estudio de la chocoanidad. El trabajo literario debe pasar a las nuevas generaciones de chocoanos, la historia, la identidad, la cultura no pueden quedar en el olvido. Son tareas urgentes publicación y divulgación.
ResponderBorrarGracias Julio por su compromiso con El Choco. Siempre propositivo, siempre con opciones y propuestas a la mano. Sobre todo, gracias por resaltar y hacer conocer el entorno cultural y la produccion intelectual de nuestro hermoso, abnegado y olvidado pueblo. Francisco L Valderrama A.
ResponderBorrarMi apreciado Julio Cesar, gracias por permitirme ahondar, con este artículo, ahondar en la temática de la DESCONTEXTUALIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN EN NUESTRO DEPARTAMENTO.
ResponderBorrarComo siempre, sigo admirando su pluma, que, entre otros detalles, es productora de análisis profundos respecto a la chocoanidad.
A la pregunta, ya añeja, que plasmó nuestro gran personaje ROGERIO VELÁSQUEZ MURILLO: ¿Hay instrucción en nuestro pueblo?
Yo respondería, NO. Actualmente, NO.
Se perdió, en nuestros claustros escolares, a todo nivel, la alimentación psicológica de grandes líderes y lideresas; se perdió la implementación de los valores étnicos; no se observa AUTOESTIMA, SENTIDO DE PERTENENCIA, UNIDAD, AMOR POR LO NUESTRO, PROTECCIÓN DE NUESTRAS RIQUEZAS NATURALES...cómo resultado, tenemos la hecatombe que se puede palpar en todas nuestras instituciones gubernamentales...
Con base en esta dolorosa observación, en el año 2018 presenté un proyecto titulado REVOLUCIÓN EDUCATIVA Y GERENCIAL DEL DEPARTAMENTO DEL CHOCÓ. Muy aplaudida... Pero como dijo un funcionario de la Secretaria de Educación departamental del Chocó: "Eso sin *"Tajada"* no lo tramitan."
Emilia Caicedo Osorio.
ResponderBorrarRecuperar, historiografiar, revivir y poner en escena la vida cultural debería ser urgente en las instituciones educativas del Chocó. Es una manera de mejorar emocionalmente la percepción de lo que necesitan las nuevas generaciones. Mejores niveles de ciudadanía y empatía social con los más desfavorecidos.
ResponderBorrarJesús Alito Mena Ortiz
Florencia (Caquetá)
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderBorrarExcelente llamado, del que destaco esta afirmación: “En estas circunstancias, hemos llegado a un punto en el que, aunque se pregona un justo orgullo regional por la producción intelectual, literaria, poética, de una serie de autores y autoras del Chocó, casi nadie realmente ha leído sus obras, debido precisamente a la escasez o inexistencia de las publicaciones; de manera que en la práctica son bastante mencionados, pero muy poco leídos”.
ResponderBorrarSin el ánimo de controvertir lo afirmado; solo con el propósito de aportar al análisis, pregunto, si la escasez o inexistencia de las publicaciones, es la verdadera razón por la cual no se lee la producción local, y surge una inquietud:
¿Qué tanto se lee la producción intelectual, existente y al alcance de potenciales lectores y lectoras?
Por ejemplo, la obra de Sergio Mosquera, Luis Fernando González, Néstor Emílio Mosquera, Ana Gima Ayala, Velia Vidal; y la suya, por mencionar unas pocas referencias, que no sufren el castigo de la escasez; mucho menos el de la inexistencia.
Gracias por su pregunta, muy válida, Maestro Elías. Como quedó escrita la afirmación pareciera que esa fuera la única razón para no leer a esos autores; cuando en realidad es una entre otras. Toca matizar la redacción.
BorrarNos falta tener mayor lectura de nuestros escritores.
ResponderBorrarY eso debe apoyarse desde las escuelas, lamentablemente no lo estamos haciendo.
Jesús Wagner Lemos Córdoba.