11/05/2026

 En el Día del Maestro 

*Escudo de la Normal de Quibdó y Mosaico de graduados del curso 6°A del año 1977. Fotos: Julio César U. H. / El Guarengue.

Se conmemora y celebra este 15 de mayo, como cada año, el Día del Maestro. Una fecha en la que siempre será grato recordar a quienes guiaron los primeros pasos escolares de nuestras vidas, el descubrimiento de las primeras letras y el acceso a los primeros conocimientos formales y sistemáticos sobre diversas materias. Cómo no recordar, por ejemplo, a mi maestra de primeras letras, María Olga Mena de Calimeño, la Seño Olaya; y a su hermana, la Seño Bibiana Mena, quien fue mi maestra en segundo y tercero de primaria. Igualmente, al profesor Roger Hinestroza Moreno, con quien aprendimos, en los cursos 4° B y 5° B, que el oro es tenaz, dúctil y maleable; que el agua en estado puro es «inodora, incolora e insabora»; que la tierra gira sobre sí misma como un trompo gira sobre su herrón; y que todos los seres vivos nacen, crecen, se reproducen y mueren, incluso si son seres humanos tan buenos y maestros tan excelsos como él.

Con la Seño Olaya en primero, la Seño Bibiana en segundo y tercero, y el Profesor Roger en cuarto y quinto, transcurrió nuestra educación primaria en la Escuela Anexa a la Normal Superior de Quibdó, dirigida entonces por otro maestro insigne, tan serio como afable: don Arnulfo Herrera Lenis, de quien siempre tuvimos un saludo atento y su preocupación por nuestro bienestar, que sentía como parte sustancial de su trabajo de Director. De sus manos recibimos el diploma de 5º de Primaria, que a la mayoría nos dio paso a continuar los estudios en la Escuela Normal Superior de Quibdó.

Allí en la Normal, que en el 2026 cumple 90 años de existencia, nos encontramos también con maestros memorables, como Gonzalo Moreno Lemos (Historia Moderna y Contemporánea de América), Plinio Palacios Muriel (Castellano, Redacción y Ortografía; Español), Luz Amparo Mosquera (Introducción a las Ciencias; Biología; Química), Edgar Moreno (Aritmética, Álgebra, Geometría), Tirso Quesada Martínez (Inglés), Jorge I. Moreno (Dibujo, Taller de Material Didáctico, Historia del Arte y Taller de Ayudas Educativas), Imelba Valencia de Valencia (Coordinadora de Prácticas Pedagógicas), Francisco Caicedo Matute (Fundamentos y Técnicas de la Educación, Coordinador de Prácticas), Héctor Moya Guerrero (Comportamiento y Salud), Jesús Cuesta Porras (Física, Análisis Matemático) y el Padre Rodrigo Maya Yepes, quien en sus entretenidas clases de Religión, haciendo uso de materiales didácticos de vanguardia, como los radiodramas de la serie «El Padre Vicente, Diario de un cura de barrio», original de Mario Kaplún (1923-1998), famoso maestro, escritor y teórico de las Ciencias de la Comunicación en América Latina, nos mostró las novedades de la cuestión social y el humanismo que a la iglesia católica habían llegado con el Concilio Vaticano II. Todo ello bajo la magnífica rectoría de don Jorge Valencia Díaz, cuya presencia en la Normal incluyó los seis años que cursamos ahí hasta graduarnos.

El profesor Gonzalo Moreno Lemos y su esposa. 
Foto cedida por Rose Mary Moreno Castillo. s.f.

GOLEM
Capítulo aparte en nuestra memoria normalista ocupa Gonzalo Moreno Lemos (GOMOLEMOS o GOLEM), quien fue nuestro inolvidable director de grupo de 3° a 6°. Cuatro años en los que se tomó seriamente su labor, orientada a que nosotros fuéramos buenos compañeros, solidarios y fraternos (la Hermandad de Golem, nos llama ahora uno de los guasones del salón); a que fuéramos buenos estudiantes y no nos metiéramos en problemas disciplinarios; y a que desde cuatro años atrás hiciéramos lo necesario para que llegado el momento tuviéramos con qué celebrar nuestro grado y adelantar algunas acciones conmemorativas.

Así, gracias al sentido común y al pragmatismo del profesor Gonzalo, fue posible que, al llegar al último año de estudios, contáramos con un fondo económico común, suficiente para pagar la elaboración de un bonito mosaico de graduados, que fue tan diestramente diseñado y ejecutado por uno de los artistas del salón: José Mosley Tréllez Moreno (JOMOSTREMO), como inopinadamente extraviado años después por nuestra querida Normal, seguramente como parte de algún lote de trebejos o cachivaches estorbosos o entre los escombros de una de sus tantas reparaciones locativas, previas a su megaestructura actual. Gracias a la idea de GOLEM, a los 24 estudiantes de 6° A 1977 nos quedaron fotos individuales en blanco y negro, tamaño documento, de las mismas que fueron utilizadas para el mosaico, y una copia fotográfica de bolsillo, plastificada, de los diplomas y del propio mosaico; todas ellas con esa calidad inobjetable de revelado y copia que permite su conservación en buen estado casi medio siglo después.

Con recursos de ese mismo fondo y una pequeña cuota adicional, recogida mes a mes, antes de graduarnos fuimos de paseo a Tadó, en donde nos hospedaron en los dormitorios del internado de la Escuela Vocacional Agropecuaria, en la que el profesor Gonzalo había trabajado antes de la Normal de Quibdó. Baños de río, torneos deportivos, juego de billar, bailadero, regreso a oscuras por la carretera a media noche desde el pueblo hasta la Vocacional, muchas risas y una sensación de estar empezando a descubrir el mundo, nos quedaron en la memoria de aquel paseo.

El profesor Gonzalo Moreno Lemos
el día de su grado como Licenciado
en Sociales, en la UTCH.
Foto cedida por Rose Mary
Moreno Castillo. s.f.
Nacido en Bagadó–Chocó, el 5 de abril de 1.936 y fallecido en Cali el 6 de diciembre del 2000; Gonzalo Moreno Lemos, quien este año habría cumplido 90, formó parte de las primeras cohortes de estudiantes de la Universidad Tecnológica del Chocó Diego Luis Córdoba, UTCH, donde recibió en 1978 su título de Licenciado Ciencias Sociales y Económicas. Antes de llegar a la Normal de Quibdó, donde se había graduado como Maestro Superior, el profesor Gonzalo Moreno Lemos trabajó en escuelas primarias de Unguía (Darién chocoano) y Lloró (alto Atrato); de donde pasó a la famosa Escuela Vocacional Agropecuaria de Tadó, EVA, que para entonces contaba con un internado para alojar a los jóvenes de las zonas rurales. De allí pasó a la Escuela Normal Nacional para Varones de Quibdó, que fue donde lo dejamos cuando nos graduamos y nos despedimos de él como nuestro querido Director de Grupo. Lo volveríamos a ver en dos o tres ocasiones, en los años subsiguientes, cuando muchos de nosotros ya no vivíamos en Quibdó e íbamos a saludarlo en vacaciones en su casa del barrio Niño Jesús, vecina de los antiguos predios de la Normal, donde vivía con su esposa Argentina Castillo Obregón, oriunda de Lloró, de cuyo matrimonio nacieron 6 hijos, 2 hombres y cuatro mujeres: Gonzalo Zenón, Rose Mary, Elvia Nery, Nancy Argentina, Jhon Gonzalo y Orly Sugey Moreno Castillo.

Gonzalo Moreno Lemos fue un erudito profesor de Geografía y de Historia. Su curso de Historia Moderna y Contemporánea de América, que nos impartió cuando estábamos en tercer grado en la Normal, fue un significativo recorrido por los caminos del continente entre la segunda mitad del siglo XIX y lo que iba transcurrido del siglo XX. Además de los datos canónicos sobre independencias y repúblicas, partidos y guerras civiles, el profesor Gonzalo nos habló de la prepotencia antidemocrática de los Estados Unidos, de sus violaciones internas de derechos humanos y civiles; nos habló de Cuba y su naciente socialismo, de Chile y la violenta dictadura de Pinochet; y de la existencia y el papel de la OEA, cuyo Secretario General de aquel momento era el ecuatoriano Galo Plaza; entre otros tópicos y datos que resultaban bastante atractivos, pues no era frecuente que los cursos oficiales de Historia de los colegios incluyeran datos inteligibles del presente, ya que la enseñanza escolar de la historia se asociaba por lo general a pasados que entre más remotos fueran más históricos se consideraban. En ese sentido, fue genial estudiar Historia con Gonzalo.

Su voz de tribuno se iba entonando a medida que avanzaban los minutos de sus exposiciones en clase, hasta alcanzar volúmenes tales que podía oírse en los claustros del segundo piso, donde quedaba aquella aula y en un poco más de medio edificio de la antigua Normal. Verbos como remembrar y barruntar, sustantivos como barrunto, remembranza y trasunto, y adjetivos como epónimo, que parecían sacados de un crucigrama dominical de los que Bolaños y yo aún no éramos capaces de resolver; se los oímos por primera vez al profesor Gonzalo, quien no solamente los usaba en sus clases, sino también en las charlas con el grupo o en conversaciones individuales sobre disciplina o rendimiento escolar, momentos estos en los que el tribuno se transformaba en consejero y su voz tenía otro tono y un acento indescifrable, que al difunto CAJA y a mí nos divertía mucho imitar.

6°A 1977 cuarenta años después (28 de diciembre de 2017). Encuentro conmemorativo en Quibdó. Los dos primeros de la fila de abajo, de derecha a izquierda son Jesús Erwin Mosquera (JEMA), fallecido el 23 de mayo de 2021; y Jhon Alberto Córdoba Ampudia (CAJA), fallecido el 6 de enero de 2026. FOTO: Archivo El Guarengue

Fueron buenos esos once años de nuestras vidas, que pasamos en la Escuela Normal Superior de Quibdó: cinco de ellos en su Escuela Anexa y como normalistas los otros seis. Perenne gratitud con quienes lo hicieron posible desde su magisterio, como Roger y Golem. Gracias a  los compañeros con quienes la camaradería original nacida en los pupitres y recreos escolares se ha conservado y cultivado a lo largo de nuestras vidas, desde la última vez que cantamos oficialmente el Himno de la Normal, aquel primer viernes de ese diciembre inolvidable, cuando vimos por última vez a Gonzalo Moreno Lemos vestido con un pantalón azul rey, un saco gris, una camisa blanca y una corbata negra, sentado en uno de los extremos de la mesa principal, sonriente, satisfecho, feliz de estrechar nuestras manos en el momento en el que nos hacían entrega de nuestro diploma de Maestros Bachilleres.

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