«Tranquilidad
viene de tranca»
La expulsión de
Diego Luis Córdoba
de la
Universidad de Antioquia en 1928
Vidas
paralelas
Durante la mayor parte de su existencia, en su ejercicio político y en su vida pública, los abogados, parlamentarios y políticos chocoanos Diego Luis Córdoba y Adán Arriaga Andrade vivieron vidas paralelas, que comenzaron con su propio nacimiento, en el mismo año y con una diferencia de un mes largo. El año, 1907: Diego Luis el 21 de julio y Arriaga Andrade el 24 de agosto. Natalicio que también compartían con otro de sus coetáneos y contemporáneos: Manuel Mosquera Garcés, quien nació el 22 de junio de 1907, y cuyo paralelismo vital con los liberales Arriaga y Córdoba se rompió cuando abrazó las ideas conservadoras y la militancia en dicho partido; aunque en la amistad y en asuntos de interés común para el Chocó mantuviera afectos e ideales compartidos tanto con Arriaga como con Córdoba. «Es una lástima, Manuel, que tú, siendo negro, seas conservador; un liberal, José Hilario López, libertó a nuestros antepasados», dicen que le dijo un día en Quibdó Diego Luis a Manuel. «Entre tú y yo hay una gran diferencia: es que tú eres un manumiso de José Hilario López y yo soy un redimido de San Pedro Claver», fue la respuesta de Mosquera.[1]
En
Quibdó y en Medellín
El paralelismo de las vidas de Adán Arriaga Andrade y Diego Luis Córdoba continúa durante su época de estudiantes. En una lista del curso Cuarto del Colegio Carrasquilla de Quibdó, de 1923, ambos figuran como condiscípulos y comparten salón con Manuel Mosquera Garcés.[2] Posteriormente, ambos completarán su bachillerato en el Colegio San José, de Medellín; e ingresarán a formarse como abogados en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia; donde comparten aulas, ideas y sueños con estudiantes antioqueños que, como ellos, brillarán en los ámbitos políticos, jurídicos e institucionales de sus respectivas regiones y del país. Y juntos estarán en aquellos claustros universitarios cuando, a raíz de la huelga de estudiantes en protesta por la cerrazón ideológica de la universidad y la cuestionable calidad de algunos profesores, Diego Luis Córdoba sea eufemísticamente expulsado de la Universidad, y Adán Arriaga Andrade reivindique y resalte su calidad y su valía como estudiante, desde las páginas de la revista Estudios de Derecho, que empezará a dirigir tiempo después de la huelga.
La
huelga universitaria de 1928
El Maestro Gerardo Molina, uno de los intelectuales más lúcidos en el campo de la construcción de las ideas liberales en Colombia, y quien —desde su encuentro con él en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia— construyó una sólida amistad con Diego Luis Córdoba; lo recordó de la siguiente manera hace 40 años en su prólogo al libro que sobre Córdoba publicara el escritor chocoano César E. Rivas Lara: «Una de las mejores etapas de mi vida estuvo marcada por mi amistad con Diego Luis Córdoba. Nos conocimos en Medellín, al comienzo de 1927, cuando iniciamos estudios de Derecho en la Universidad de Antioquia. Era la época en que cada cual trataba de completar el descubrimiento del mundo y de buscar la manera de realizarse. Pronto hallé en el condiscípulo lo que buscaba. Él era inquieto mentalmente hablando, es decir, inconforme. Por eso no tardamos en encontrarnos en posiciones de rechazo a la Universidad imperante. La veíamos autoritaria, cerrada a la crítica, o sea, conventual. Diego Luis era incisivo y penetrante, y por eso me hizo ver cosas que yo no sospechaba en la enseñanza que recibíamos».[3]
Sometimiento o “emigración”Y a renglón seguido rememoró el desarrollo de la huelga universitaria de la cual él mismo y Diego Luis Córdoba serían artífices y promotores, junto a compañeros de carrera que, al igual que ellos, serían expulsados de la Universidad de Antioquia y viajarían a Bogotá para culminar sus estudios y graduarse como abogados en la Universidad Nacional de Colombia. Escribió el Maestro Gerardo Molina en el mencionado prólogo al libro del profesor Rivas Lara: «Luego vino la prueba de fuego: en los salones de clase cundió la protesta por los malos profesores, y pronto vimos que no quedaba otro recurso que cerrar los libros y cruzarnos de brazos. Fue la famosa huelga universitaria de 1928. Diego Luis fue uno de los adalides. Queríamos una cátedra que le diera entrada a todo género de conocimientos, donde hubiera controversia; donde no estuviera prohibido pensar. Pero no tardamos en estrellarnos contra el muro: las directivas del plantel rechazaron nuestras peticiones a nombre del orden, y se proclamó el principio de autoridad; fue entonces cuando se nos dijo que “tranquilidad viene de tranca”. Se nos puso ante la alternativa: o nos sometíamos sin condiciones, o emigrábamos. Nuestro camino quedaba trazado: Diego Luis Córdoba, Mario Aramburo, Julián Uribe Cadavid, Emilio Robledo Uribe, Francisco Barrera, el que esto escribe y otros buscamos el alero protector de la Universidad Nacional de Bogotá».[4]
No
al vino viejo en odres nuevos
«La inauguración de locales, el remozamiento de fachadas, la mejora de los laboratorios, el incremento de las bibliotecas (cosas que no por secundarias son menos plausibles) de nada servirán si el espíritu de la Universidad caduca permanece inmutable. No queremos que se nos sirva “el viejo vino en odres nuevos”; es preferible que la negruzca y fea y agrietada vasija de otros tiempos rebose del licor vivificante y generoso de los nuevos idearios», escribió al respecto Adán Arriaga Andrade, en su primer texto de las Notas Editoriales de la revista Estudios de Derecho, como nuevo director de la publicación a partir de ese número, editado con posterioridad a los sucesos de la huelga.[5] Su comentario, socarronamente, aludía a la inauguración de la nueva sede de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia, un año antes, el 29 de junio de 1927; en cuya ceremonia el propio Arriaga Andrade había pronunciado un discurso formal en nombre de los estudiantes, a petición de los directivos de la Facultad.
Los
emigrantes
Y en la sección de la revista denominada con la palabra latina VARIA (Varios), Arriaga Andrade registró la salida de sus compañeros de estudios expulsados de la Universidad, usando con sarcasmo el epíteto de emigrantes para referirse a ellos, en alusión al eufemismo del decano Miguel Moreno Jaramillo y demás directivos universitarios cuando, invocando el principio de autoridad, les exigieron elegir entre dos posibilidades: aceptar la situación que allí se vivía sin ninguna condición ni crítica, o “emigrar”, es decir, abandonar la universidad; pues, como se los manifestaron: “tranquilidad viene de tranca” y con la tranca ideológica buscaban cerrarle el paso a quienes, como Diego Luis Córdoba, Gerardo Molina y Mario Aramburo, habían perturbado el orden con su impulso a la huelga… «Para Bogotá, a continuar sus estudios de Derecho, siguieron nuestros condiscípulos Ramón O. Arcila, Luis Guillermo Insignares, Francisco Barrera, Mario Aramburo, Diego Luis Córdoba, Jesús María Arias, Julián Uribe y Francisco Monsalve, miembros los cinco últimos del Centro Jurídico. Lamentamos profundamente que los recientes acontecimientos universitarios hubieran obligado a los distinguidos amigos a emigrar, en busca de un ambiente menos asfixiante y de mayor tolerancia, y les auguramos (a ellos, cuyas luces, talento y consagración honraban a la Escuela) éxitos copiosos en la altiplanicie muisca».[6]
Los
suavecitos
Las notas de Arriaga Andrade en la sección VARIA de la revista Estudios de Derecho se refirieron también a la necesidad de renovar los cargos directivos que en el Centro Jurídico ocupaban los estudiantes expulsados, entre ellos la presidencia, que estaba a cargo de Diego Luis Córdoba. Igualmente, Arriaga dedica un texto a explicar específicamente el problema que han venido viviendo con la cátedra de Criminología, y critica frontalmente el favorecimiento de las directivas de la Escuela de Derecho a estudiantes contrarios a la huelga: «a los dos o tres suavecitos se les ha premiado su adhesión a la causa del Principio de Autoridad con una concesión desmesurada»,[7] que no era otra que facilitarles a tal punto su preparación para el examen de esta materia, que resultaba imposible que llegaren a reprobarlo.
Juntos por el Chocó
Diego Luis Córdoba, uno de los más fogosos, inteligentes y fructíferos parlamentarios que ha pasado por el Congreso de Colombia; “padre del departamento del Chocó y faro de la raza”, como se le proclama en el descuidado y deteriorado monumento a su memoria en el Parque Centenario de Quibdó; fue, pues, expulsado de la Universidad de Antioquia en 1928 a causa de sus ideas, con base en las cuales rápidamente alcanzaría reconocimiento nacional como genuino liberal —más allá del partido—, por sus ideas progresistas, su apoyo a la causa obrera y estudiantil, su envidiable erudición y la brillantez de su cátedra universitaria. Adán Arriaga Andrade, su homólogo vital y durante mucho tiempo su aliado político, quien lo enalteció y lo defendió ante la universidad que había prescindido de él como estudiante, sería también juicioso parlamentario, acertado gobernante, magistrado probo e histórico ministro del Trabajo, desde el cual se convertiría en padre del Derecho Laboral en Colombia. Juntos, Córdoba y Arriaga, abrirían caminos de justicia social y garantía de derechos para sectores marginales de todo el país y con especial devoción para su gente del Chocó... No siempre los institutores aciertan en sus decisiones, no siempre las instituciones eligen a los mejores.
[1] Entrevista de Pietro Pisano a Libardo Arriaga Copete, 27 de agosto de 2008. En: Pisano, Pietro. Liderazgo político “negro” en Colombia 1943-1964. Bogotá, Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Ciencias Humanas. Departamento de Historia. 2012. 260 pp. (Biblioteca Abierta. Historia). ISBN: 978-958761-157-1. Pág. 121.
[2] Ramón
Mosquera Rivas. Recuerdos de un hijo de mineros. Medellín-Colombia, 1985.
Editorial Difusión. 229 pp. Pág. 32.
[3] Gerardo Molina. Prólogo a Perfiles de Diego Luis Córdoba, de César E. Rivas Lara. 1ª Edición, 1986. 466 pp. Pág. 13.
[4] Ibidem. Pág. 14.
[5] Estudios
de Derecho. Revista mensual del Centro Jurídico. Facultad de Derecho,
Universidad de Antioquia. Vol. 14 N° 147. Medellín, junio de 1928. Pág. 917.
[6] Ibidem. Pág. 946.
[7] Ibidem.
Pp. 946-947.


Ya casi un siglo después de los movimientos revolucionarios de Diego Luis en Antioquia, por los que lo conocieron en Colombia, sus descendientes siguen aprovechándose de su cosecha, pero muy lejos de sus ideales y conquistas. Ahora los mueve el egocentrismo crónico que fijan en el dinero a como dé lugar, como su realización personal, en detrimento de las reinvindicaciones comunes qué ese líder perseguía para la comarca.
ResponderBorrarLa redención del Chocó, que menciona su desueto himno, es cada vez más lejana, porque la avaricia seduce más que la trascendencia, que la integridad.
Valentín Enoc Guerrero Córdoba.
Gracias, Julio C. por relatar de modo agradable este acontecimiento que a veces pasa desapercibido en las biografías de Diego Luis.
ResponderBorrarFPM