30/03/2026

Hugo Salazar Valdés:
 Una voz chocoana en la poesía colombiana

●FOTOS: Archivo Fotográfico y Fílmico del Chocó,
Centro Virtual Isaacs y archivo El Guarengue.

Se cumplen, en este marzo de 2026 que ahora termina, ciento cuatro años del nacimiento en Condoto del poeta chocoano Hugo Salazar Valdés; así como en febrero se cumplieron 29 años de su muerte. Once antologías: cinco de poesía colombiana, cuatro de poesía afroamericana y dos de poesía afrocolombiana, han incluido poemas de Salazar Valdés, de quien el profesor Fabio Martínez, uno de sus más acertados estudiosos, ha dicho que es «un escritor de conocimiento obligatorio para construir el panorama de la poesía colombiana y latinoamericana»;[1] y a quien la crítica literaria nacional de mediados del siglo XX elogió y no dudó en reconocerle un lugar en el panorama de la poética colombiana. Javier Arango Ferrer lo consideró como uno de los poetas afrocolombianos que daba lustre a la poesía colombiana; y Jaime Mejía Duque afirmó que Salazar Valdés «constituye hoy por hoy en Colombia el representante de la poesía chocoana».[2]

11 poemarios y una antología íntima

Archivo El Guarengue

Antes de su fallecimiento, Hugo Salazar Valdés publicó once libros de poemas: Sal y Lluvia (1948); Carbones en el alba (1951); Dimensión de la tierra (1952); Casi la luz (1954); La patria convocada (1955); El héroe cantado (1956); Toda la voz (1958); Pleamar (1975); Las raíces sonoras (1976); Rostro iluminado del Chocó (1980); y Poemas amorosos (1991).

Antología Íntima es su duodécimo poemario, publicado en el 2010, trece años después de su muerte, como parte de la Biblioteca de Literatura Afrocolombiana, del Ministerio de Cultura.[3] Se trata de una selección cuidadosa y significativa de poemas de las diversas etapas y facetas del conjunto de su obra, que fue realizada por el propio autor; quien al respecto manifestó: «De mis precipitadas publicaciones he revisado y corregido los poemas que componen esta antología, y, como lo he hecho ante mí y para mí, agradeceré al posible lector que por alguna circunstancia desee referirse a mis escritos, hacerlo afirmándose preferentemente en los textos que aparecen aquí».[4]

Búsquedas e itinerancias

Hugo Salazar Valdés nació en Condoto en marzo de 1922, y murió en Cali en febrero de 1997. Hijo de Jorge Salazar y Marciana Valdés. Hermano de Reinaldo, Vicente, Mercedes, Iván, Jorge, Guillermo, Elizabeth y Luis. Padre de Alba y Carmen Salazar Paz, y de Gladys, Hugo y Jorge Salazar Idrobo.

Sobre esa época, el poeta escribió: «Yo nací un día de marzo, en Condoto, población del Chocó, en el corazón de la selva. Mis años iniciales transcurrieron sin importancia, como los del hijo de un comerciante de pueblo. De mi padre heredé el culto por el espíritu, que contrasta en el fondo de mi ser con el temperamento un tanto despreocupado de mi madre».[5] De modo que, rápidamente, el joven poeta es consciente de la necesidad de seguir el camino al que lo conduzcan sus búsquedas existenciales y artísticas; y por ello, «ante las escasas posibilidades culturales que le brinda una pequeña ciudad minera y tropical, como es su ciudad natal, decide vagabundear por las ciudades del sur del país y anclar, finalmente, en Popayán, la antigua capital del Estado del Cauca, donde realiza sus estudios literarios y se nutre de la atmósfera literaria reinante de la época».[6]

A partir de 1948, trabaja como periodista en Popayán y como profesor de literatura en varios colegios del Cauca y el Valle del Cauca; mientras escribe y publica su primer libro de poemas. En 1953, se traslada a Bogotá y con el apoyo del poeta Rafael Maya, a quien admiraba y había conocido en Popayán, es nombrado como coordinador de la revista del Teatro Colón. Posteriormente, cuando el intelectual chocoano Daniel Valois Arce —escritor, abogado, político y diplomático— es el director de la Biblioteca Nacional de Colombia, Hugo Salazar Valdés es nombrado en la subdirección; cargo del cual pasará a la Secretaría General de Extensión Cultural Nacional del Ministerio de Educación. Tanto en el Colón, como en la Biblioteca y en el Ministerio, Salazar Valdés se relacionará e interactuará provechosamente con grandes intelectuales de la época, algunos de ellos también del Caribe y del Pacífico; de modo que en ese lapso logra incursionar en círculos intelectuales y artísticos, y empezar a ser reconocido como poeta.

Popayán, Bogotá, periodismo, cultura y poesía

Este periplo vital e intelectual es resumido por el poeta Hugo Salazar Valdés en un artículo de homenaje al poeta Rafael Maya, que es publicado en 1982 en el Boletín Cultural y Bibliográfico, una de las publicaciones de mayor calidad y prestigio en su género, de la biblioteca pública más importante del país: la Biblioteca Luis Ángel Arango, del Banco de la República.

«En 1948 me veía en Popayán haciendo pinitos en el periódico que orientaba Jaime Paredes Pardo. Por ese tiempo llegó de visita el maestro Rafael Maya, y un grupo de jóvenes fuimos a saludarlo. Para 1953 me hallaba en Bogotá. Había dejado mi refugio en el barrio Bolívar y me había embarcado en la aventura de residir en la capital. Allá estaba el maestro. Bajo su égida conseguí un hueco en el presupuesto oficial, y me encargaron de la revista del Teatro Colón. Casi un año permanecí registrando el acontecer artístico de la vieja casona. A desempeñarme con acierto ayudaron la nobleza del historiador Guillermo Hernández de Alba; del maestro en asuntos musicales Otto de Greiff; del melómano y comentarista, Hernando Caro; del maestro Andrés Pardo Tovar; del hoy crítico de literatura, Jaime Mejía, y de otros conocidos y amigos como Carmelina Soto, Félix Raffán, Efraín Rojas, Constante Bolaños y Eduardo Santa, quienes contribuyeron con sus colaboraciones al interés de la revista».

«Corría 1955. En la calle 24 con carrera 8ª, funcionaba la Extensión Cultural Nacional con todas sus dependencias, y yo como secretario de la misma. En ese mismo local quedaba la dirección de la revista "Bolívar" en las buenas manos del maestro Maya. Igualmente funcionaban allí los departamentos de folclor, a cargo del poeta Helcías Martán Góngora; de bellas artes, que dirigía Héctor Rojas Herazo, y Fernando Arbeláez, quien había merecido el premio al mejor canto a la ciudad de Manizales, se hallaba al frente del Colón en jornada continua».[7]

Maestro inolvidable

Habiendo cumplido aquellos trascendentales encargos culturales, Hugo Salazar Valdés obtiene reconocimiento en ámbitos intelectuales y culturales capitalinos, pues también ha publicado ya sus primeros libros de poesía. Se radica entonces en Cali, donde trabaja en una segunda etapa como docente. "Mis experiencias en la pedagogía fueron pocas. Hui apresuradamente de su mundo, por ser uno de sus imperativos el orden, y yo no he podido ser, nunca, ordenado. Mis versos fueron escritos al azar, entre la muerte y la blasfemia, que Dios me perdonó, en la pechera de la camisa muchas veces.

De esa época lo recuerda quien entonces fuera su alumno: Fabio Martínez, escritor, investigador y profesor titular de la Universidad del Valle, quien se convertirá a la postre en uno de los más destacados estudiosos de su antiguo maestro de colegio.

«Conocí a Hugo Salazar Valdés cuando a finales de 1960 cursaba mis estudios de bachillerato en el Instituto Politécnico Municipal. El colegio se jactó durante esos seis años académicos de tener entre sus profesores a tres escritores de la región que se ocupaban en aquel entonces de la enseñanza del Español y la Literatura: el escritor y periodista de Sevilla (Valle), Lino Gil Jaramillo; el poeta de Supía (Caldas), Gilberto Garrido; y el poeta de Condoto (Chocó), Hugo Salazar Valdés. El más conocido de los tres bardos era Lino Gil Jaramillo, a quien veíamos cada domingo en las páginas de El País y El Espectador con su melena revuelta, su pipa de caoba y su impecable vestido entero. El más desconocido era Hugo Salazar Valdés, que como Lino Gil vestía de una manera pulcra e intachable, con la pequeña diferencia de que, en vez de usar corbata, tenía una colección de corbatines que combinaba cada día de la semana. Hugo Salazar era un mulato elegante, alto y espigado, que comenzó a tener un aprecio especial entre sus alumnos por la forma como dictaba los cursos sobre el Quijote, la poesía de origen árabe y la poesía latinoamericana. El profesor, en vez de hacer una exposición formal sobre Cervantes, el poema de origen árabe “Abenámar”, los Poemas humanos de César Vallejo o la poesía negra del cubano Nicolás Guillén, sacaba a relucir sus capacidades histriónicas y los interpretaba en clase. Era un performance rítmico y sincopado que seducía hasta al más lento de la clase, una especie de poética pedagógica que rompía con los moldes de la escolástica tradicional tan en boga por aquellos años».[8]

Un mundo poético propio y soberano

Elegía suplicante, Elegía azul, Dimensión de la Tierra, El mar bifronte, entre otros poemas, constituyen los hitos poéticos de la época en la que Salazar Valdés ha empezado a consolidar su propia voz. En ellos, el poeta «encuentra las primeras claves de su poesía, que lo llevarán a inventar un universo poético único y singular: el mundo marino y selvático con sus negros y negras ancestrales traídos a la fuerza desde África».[9] Aunque, como lo explica el profesor Fabio Martínez, «es en los poemas “Baila negro”, “La negra María Teresa” e “Historia de Mary Bann” donde el poeta, después de beber de los vasos comunicantes dados por la cultura de Occidente, vuelve a su origen, a sus raíces de negro mulato y transterrado, y le canta a su raza, ya no con el sufrimiento que imponía la rigidez del lenguaje de los gramáticos de la lengua, sino con la libertad que impone el lenguaje rítmico y sincopado de los pueblos afroamericanos».[10]

Cuando los tumultuosos años 60 ya se han enseñoreado en la historia del mundo, la fidelidad de Hugo Salazar Valdés al movimiento de Piedra y Cielo, que al decir de sus críticos fue un recurso de mímesis para acceder al canon hegemónico, ha llegado a su fin. Alejado de las influencias de Eduardo Carranza y cercano a las resonantes voces de Candelario Obeso, Nicolás Guillén, Luis Palés Matos y Helcías Martán Góngora, su amigo, colega y Pacífico coterráneo; después de destinar a la poesía una buena parte de su vida, Hugo Salazar Valdés ha logrado construir su propio y soberano mundo poético y enunciarlo con su propia y legítima voz, que es la voz de un poeta consumado, la voz del poeta chocoano de mayor y más merecido reconocimiento en la literatura colombiana y latinoamericana, afrocolombiana y afroamericana. 

Nihil obstat, ni siquiera el olvido y el desconocimiento con el que es arropado por su propia tierra, como institucionalmente se acostumbra con cuanto escritor o poeta haya parido este suelo, cuyos nombres salen a relucir únicamente cuando son funcionales a los discursos vacuos de las turbias lides de la politiquería.

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[1] Fabio Martínez. Escritor y profesor titular Universidad del Valle. Hugo Salazar Valdés: una poética olvidada. Prólogo, en: Hugo Salazar Valdés. ANTOLOGÍA ÍNTIMA. Biblioteca de Autores Afrocolombianos. Tomo 12. Ministerio de Cultura, 2010. 112 pp. Págs. 11-26.

[2] Citados en: Laurence Prescott. Voces del litoral recóndito: tres poetas de la costa colombiana del Pacifico. The Pennsylvania State University. Asociación de Colombianistas https://colombianistas.org/wordpress/wp-content/themes/pleasant/REC/REC%2029/Art%C3%ADculos/7.REC_29_LawrencePrescott.pdf

[3] Hugo Salazar Valdés. ANTOLOGÍA ÍNTIMA. Biblioteca de Autores Afrocolombianos. Tomo 12. Ministerio de Cultura, 2010. 112 pp.

https://babel.banrepcultural.org/digital/collection/p17054coll7/id/11/

[4] Hugo Salazar Valdés. ANTOLOGÍA ÍNTIMA. Biblioteca de Autores Afrocolombianos. Tomo 12. Ministerio de Cultura, 2010. 112 pp. Pág. 25

[5] Hugo Salazar Valdés. Un poco de mí mismo. En: TODA LA VOZ. Imprenta Nacional. Bogotá D. E., 1958.

[6] Fabio Martínez. Escritor y profesor titular Universidad del Valle. Hugo Salazar Valdés: una poética olvidada. Prólogo, en: Hugo Salazar Valdés. ANTOLOGÍA ÍNTIMA. Op. Cit.

[7] Hugo Salazar Valdés. Mi maestro Rafael Maya. Boletín Cultural y Bibliográfico. Vol. 19 Núm. 01 (1982).

[8] Fabio Martínez. Escritor y profesor titular Universidad del Valle. Hugo Salazar Valdés: una poética olvidada. Prólogo, en: Hugo Salazar Valdés. ANTOLOGÍA ÍNTIMA. Op. Cit.

[9] Ibidem.

[10] Ibidem.

N.B. En la mayor parte de las notas biográficas sobre Hugo Salazar Valdés, incluida la de su Antología Íntima publicada por el Ministerio de Cultura (2010), se da como fecha de su fallecimiento el año 1977. No obstante, aquí hemos preferido el dato de febrero de 1997, incluido en un texto que fue elaborado con apoyo de su hijo Hugo Salazar Idrobo; el cual puede leerse en el siguiente enlace:

https://historiapersonajesafro.blogspot.com/2011/07/hugo-salzar-valdes-1922-1997.html


1 comentario:

  1. Excelente. En mi criterio, el poeta chocoano más importante en el siglo XX y uno de los grandes poetas colombianos.... José E. Mosquera

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