09/03/2026

 “Free Angela Davis” 

Cada vez que os digan que el feminismo ya no es necesario o que hemos ido demasiado lejos, recordad a Angela Davis diciendo que “el feminismo es la idea radical que sostiene que las mujeres somos personas”. Irene Montero, El País, 7 de marzo 2026.[1]

FOTOS: National Museum of American History.

Aquella calcomanía perfectamente impresa en blanco y negro era de un tamaño quizá un poco más grande que el de una postal: 10 cm por 15 cm, se me ocurre ahora; pero, en todo caso, como mandada a hacer para pegarla en el espacio interior de la portada del fólder o pasta argollada de tamaño media carta, donde se acomodaban —unos con hojas rayadas, otros con hojas cuadriculadas— los cuadernos de once de las catorce materias que nos tocaba cursar aquel año: Educación Religiosa y Moral, Filosofía e Historia de la Educación, Comportamiento y Salud, Español, Inglés, Química, Física, Análisis Matemático, Historia del Arte y Artes Plásticas, Antropología, y Psicología Educativa… Ya que Prácticas Docentes tenía su cuaderno aparte, un cuaderno argollado y grande, de los llamados catedráticos o académicos, que era el famoso Preparador de Clases, el cual nos revisaban, corregían, calificaban y firmaban semanalmente los maestros consejeros de la Anexa a la Normal y otras escuelas, como la de Cabí o la de Medrano, en donde hacíamos dichas prácticas; Educación Física no necesitaba cuaderno; y para Taller de Ayudas Educativas usábamos todos un cuaderno de dibujo, en el cual realizábamos los ejercicios sobre perspectiva, línea del horizonte, punto de fuga y otra serie de conceptos que, para nuestro propio infortunio creativo, no supimos aprovechar en ese momento, con todo y la sabiduría del profesor Jorge I. Moreno, un artista académicamente formado, que hizo todo lo que estuvo a su alcance para que entendiéramos la importancia práctica que para los maestros tenían aquellos conceptos y el valor de la historia del arte, materia que también él nos enseñaba.

Empezábamos Sexto, que era nuestro último año o curso en la Normal Superior de Quibdó, donde nos graduaríamos un 2 de diciembre de 1977 con el título de Maestros Bachilleres; cuando decidí pegar en el fólder aquella calcomanía, luego de tres años de mirarla y mirarla todos los días, y de leer y releer la revista que la había traído inserta; una revista enviada desde Radio Habana Cuba, emisora adonde yo había escrito atendiendo una invitación recurrente de sus promociones matutinas y nocturnas, en la que se pregonaba que a quien quisiera saber más de “mujeres de la revolución” le bastaba escribir diciéndolo, y a vuelta de correo recibiría una revista sobre el tema; como en efecto ocurrió casi dos meses después de haber enviado mi carta desde la oficina del correo aéreo de Quibdó.

Aquella calcomanía, una especie de bonus de la publicación cubana, era perfecta en su impresión mate y en la alta definición de la fotografía; brillante en cuanto a la contundencia de su mensaje; inspiradora por la inagotable profundidad de la mirada y el semblante de aquella mujer de cuya joven y fructuosa vida informaba un conciso artículo de la revista, que también traía poemas de Dulce María Loynaz y una semblanza de la famosa Yeyé, Haydée Santamaría. Supe entonces los detalles de aquel acontecimiento de 1972, cuando aquella mujer afroamericana, intelectual, profesora universitaria, de menos de treinta años, había hecho temblar los cimientos del poder estatal de un país lejano que posaba de gran democracia, pero que no solamente perseguía a sus ciudadanos negros, sino que además —imperialista y violador de todo tipo de derechos— había instalado dictaduras criminales (valga la redundancia) como la chilena y un elenco de tiranos de bolsillo en toda Centroamérica y Suramérica.

Pin Free Angela Davis (ETSY), Haydée Santamaría (Adelante.cu), Dulce María Loynaz (Ciespal)

Angela Davis aparecía retratada con aquel peinado majestuoso que por aquellos años conocíamos en Quibdó como Afro; un peinado que los periodistas deportivos y de farándula llamaban African Look y que gente negra famosa, como el futbolista caleño Diego Edison Umaña y la cantante bugueña Amparito (Amparo Escobar), habían popularizado y posicionado en Colombia; y que en Quibdó engalanaría las cabezas de los muchachos y las muchachas durante un buen tiempo, con la misma profusión con la que después se extendería el uso de las cremas de aliser en las mujeres y de las calvas, rasuradas o al rape, en los hombres.

Sobre su afro perfecto estaba impresa la consigna que exigía su liberación: Free Angela Davis, pues había sido cínicamente entrampada por las autoridades gringas para vincularla a un delito y así encarcelarla, como lo hicieron entre 1972 y 1973; luego de vilipendiarla de todas las maneras posibles por su militancia en el Partido Comunista y por sus discursos públicos y académicos, innovadores y revolucionarios, en escenarios políticos y académicos como el de la UCLA, donde era profesora y había sido también alumna de filosofía de Marcuse, quien en reemplazo de Adorno había dirigo su tesis de grado

Esa imagen y ese texto conformarían una pieza antológica, del mismo alcance que la icónica imagen del Che Guevara fotografiado por Alberto Korda o la de Marx retratado por John Mayall, en Londres, en 1875; con la diferencia de que la de Angela Davis fue una de las primeras piezas de activismo antirracial y propaganda en defensa de los derechos humanos, que se reproduciría también en afiches, pines y botones, estampados de camisetas y pancartas para las decenas de marchas de protesta que se llevaron a cabo en todo el mundo y presionaron su liberación después de un año de cárcel y de la demostración en juicio de su total inocencia.

Angela Davis llegó, pues, al Quibdó de mi adolescencia a través de aquella imagen bella, diciente y significativa de la calcomanía que, sin desprenderla de su pegante ni adherirla a ninguna parte, mantuve siempre a mano entre 1974 (cuando recibí la revista y la calcomanía) y 1977, cuando finalmente encontré el lugar en el que pensé que merecía ser fijada: mi fólder de estudiante del último año de la Normal Superior de Quibdó. A partir de ahí, y de saber por esa revista cubana cómo y por qué había sido agraviada, Angela Davis se convirtió en la mujer de mis sueños: de mis sueños de libertad, de mis sueños de igualdad, de mis sueños de justicia, de mis sueños de equidad. A los quince años no se sabe más, como bien lo dice Paraules d'amor, de Serrat; pero, supe entonces lo suficiente: que Angela Davis pasaría a ser una insignia intelectual del norte de las luchas por la extinción del racismo, el machismo y el clasismo y por la vigencia y garantía de los derechos humanos… e iluminaría el camino del feminismo desde la perspectiva racial y de clase, y como una ética de perspectiva histórica aplicable en toda sociedad.

Portada de la primera edición del libro clásico de Angela Davis (1981) y autógrafo suyo de 1984. FOTOS: Bauman Rare Books.

Cuatro décadas antes de la entronización de la imagen de Angela Davis en mi cuaderno de maestro a punto de graduarme, el 8 de marzo de 1934 —cuando aún no estaba institucionalizado este día del calendario anual como el Día Internacional de la Mujer—, el Consejo Administrativo de la Intendencia Nacional del Chocó había expedido el Acuerdo Nº 7 de 1934, creando los primeros colegios públicos para mujeres, en las ciudades de Quibdó e Istmina. Adán Arriaga Andrade, como Intendente Nacional del Chocó, Diego Torrijos como Secretario, y el Director de Educación Pública, Vicente Barrios Ferrer, firmaron el histórico acuerdo, a partir del cual fueron nombradas las educadoras Clementina Rodríguez, en Quibdó, y Carmelita Arriaga, en Istmina, como primeras directoras de los colegios acabados de crear.

Con el patrocinio estatal de la formación pedagógica de maestras y la apertura de aquellos dos colegios para mujeres, se empezaba a escribir una nueva y trascendental página de la historia de la mujer en el Chocó; que cuarenta años después —cuando ya Angela Davis formaba parte de la cotidianidad de mi vida de colegial, por lo menos en una foto—, sería nuevamente enriquecida cuando decenas de mujeres, todas ellas maestras, contribuirían a institucionalizar en la región el acceso a la educación superior, a través de la hoy desvencijada y maltrecha Universidad Tecnológica del Chocó Diego Luis Córdoba, UTCH.

De este modo, paradójicamente, las excluidas históricas de la educación en el Chocó terminarían convirtiéndose en pioneras de la misma, pues como maestras rurales recorrieron la región y en pocos años redujeron significativamente la cantidad de población iletrada; y posteriormente abanderaron el proceso de promoción, inscripciones, ingreso y matrícula de las primeras generaciones de mujeres estudiantes de la UTCH, en su mayoría maestras, que encontrarían allí la oportunidad de profesionalizarse para cualificar el ejercicio de su magisterio. Gracias a ellas, en menos de un siglo, el acceso de las mujeres a la educación dejó de ser una rareza, un hecho aislado o un privilegio extraordinario en el Chocó. Parte de los sueños de Angela Davis se estaban cumpliendo por estos lares, tan lejanos de los suyos.[2]



[2] Un resumen de la vida y trayectoria de Angela Davis puede leerse en: https://es.wikipedia.org/wiki/Angela_Davis

Una sinopsis de su obra clásica: Women, Race & Class / Mujeres, Raza y Clase, se encuentra en: https://en.wikipedia.org/wiki/Women,_Race_and_Class; o en https://es.wikipedia.org/wiki/Mujeres,_raza_y_clase

1 comentario:

  1. Los maestros, Julio, merecen un altar. Aun aquellos que en su momento llegamos a descalificar, porque siempre, sin excepción, todos tiene algo por enseñar. Lamentablemente eso lo enseñara la vida, quizas cuando ya sea muy tarde para reconocerlo. Francisco L Valderrama A

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