12/01/2026

 “¡Quítate tú, pa’ ponerme yo...!” 
Un tributo al amigo CAJA

Jhon Alberto Córdoba Ampudia (CAJA), noviembre 2023 (fotos 2 y 3) y 2024 (foto 1). FOTOS: JCUH / El Guarengue.

Córdoba Ampudia Jhon Alberto era su nombre oficial en el registro escolar. Conformado con las iniciales de sus apellidos y nombres, CAJA era su acrónimo; con el cual —por lo menos en la última década se autonombraba y lo nombrábamos nosotros, sus compañeros de la escuela primaria y del colegio, época de la cual data aquella costumbre que se nos quedó de llamarnos con dichos apelativos, los mismos con los que en su momento marcábamos los cuadernos y los pupitres; sobre todo cuando en la escasez típica de nuestra época llegaba mobiliario escolar nuevo y nos encargaban cuidarlo como si cada silla le perteneciera a cada uno y no al colegio.

CAJA era el número 3 de la lista de 6° A 1977, primera promoción con título de Maestros-Bachilleres de la Escuela Normal Superior de Quibdó. WAS y RABOHE eran los números 1 y 2. El resto de la lista del salón la integraban, en su orden: ADICHA, JHAFIRE, DAFLOCU, LUFEGO, SAGONTA, WIGOTA, VEGUECO, JEWALEC, VIJUMA, SEMEMU, JAMOR, DUBEMOMO, MEMOMO, JEALMORSE, JEMA, JAMOGA, FIPARO, JORRAMO, JAREPA, JOMOSTREMO, JUCEUH y CALVAMO…[1] En aquella época de normalistas nunca se nos ocurrió pensar que aprendernos estos acrónimos, y usarlos con inusitada frecuencia para nombrar a los compañeros, terminaría siendo de carambola un artificio de mnemotecnia: una manera fortuitamente fácil de recordar para siempre sus nombres completos, incluyendo los dos apellidos.

En la casa de CAJA —la misma donde encontró su absurda muerte en la noche del 5 al 6 de enero de 2026—, en el barrio Nicolás Medrano, de Quibdó, se llevaron a cabo muchos de los primeros y más felices bailes caseros de nuestra colegial adolescencia. Siempre amenizados con la mejor salsa del momento, indiscutiblemente encabezada por las Estrellas de Fania, a quienes, además de conocer en las carátulas de los elepés, habíamos visto en la película Nuestra Cosa Latina, en el Teatro César Conto; estos bailes eran una especie de celebración periódica de la alegría.

La versión en vivo de “Quítate tú, pa’ ponerme yo”, con duración de casi veinte minutos y grabada para la película en un concierto de 1971, en Nueva York, marcaba uno de los clímax de aquellos bailes. Invariablemente, incluyendo el soneo de versos improvisados, el goce dicharachero y la coreografía, en cada noche de baile nosotros la interpretábamos como grupo en nuestra propia y juvenil versión. Reunidos en el centro de la sala de la casa, sudando de felicidad, bailando como la gente de la Fania, con el volumen del equipo de sonido al máximo, tocando imaginariamente con las manos a toda velocidad las congas de Ray Barreto y punteando con la imaginación el tres de Yomo Toro en su inolvidable solo; nos sentíamos el Maestro Pacheco dirigiendo alternadamente a los compañeros por instantes, para luego, cantando a voz en cuello, ser Pete “Conde” Rodríguez: “Cualquiera puede cantar cuando se copia de otros / el cantar original lo ejecutan muy pocos / Por eso estoy orgulloso /  cuando me pongo a versar / No es que quiera criticar ni que sea alabancioso  / te lo digo, camará, este negro sí es sabroso… ¡Quítate tú, pa’ ponerme yo… Quítate tú! /"... ¡Pan-para pa-pa-pán!

Cual cenicientos, pasadas las doce de la noche, el baile finalizaba y nosotros emprendíamos el regreso a nuestras casas, en patota, charlando y riendo por las calles de Quibdó. CAJA, la señora Agustina (su mamá) y su hermanita Victoria, se paraban en la entrada de su casa, en la reja del antejardín, junto al poste de cemento que marcaba el kilómetro 2 de la carretera hacia Istmina, para despedirnos; y solamente volvían a entrar cuando nos perdíamos de vista en la curva que nos conduciría al descenso hacia La Ye, de ahí a la Loma de Las Brisas, rumbo al puente de García Gómez, de donde empezaríamos a desperdigarnos por las rutas más expeditas y convenientes para cada quien.

Así era CAJA, así fue CAJA, siempre compinche, el mejor compinche que uno pudiera conseguir, con el que a todo tuntún sí se iba. Siempre cambambero, así no figurara en la lista oficial de la cambambería quibdoseña. Siempre efusivo y dicharachero, siempre siempre hermano y amigo y compañero… Con su aguaje de medraneño neto, el que siempre lo caracterizó para bailar, para caminar, para mamar gallo y hasta para jugar fútbol en aquellos años escolares en los que era una especie de Henry “La Mosca” Caicedo en la defensa de los equipos del salón o del barrio o del colegio.

CAJA fue uno los quince compañeros de nuestro histórico grupo de veinticinco que abrazó el magisterio como la profesión de su vida. Y en ejercicio del mismo, al servicio del departamento de Antioquia, dejó su impronta como educador en los municipios de Vigía del Fuerte, Salgar y Cisneros. En estos lugares siempre se le recordará no solamente por su seriedad, firmeza y severidad, características de CAJA y propias de su concepción disciplinaria, sino también por su comprensión, por su capacidad de servicio comunitario y por su disponibilidad permanente para aportar al bienestar de las comunidades en los ámbitos deportivo, espiritual, festivo y de progreso material. De hecho, durante mucho tiempo, en la comunidad agrícola y pesquera de Paloblanco, en el Atrato medio, CAJA como maestro fue el promotor de una celebración litúrgica que, a falta de cura para la misa dominical, él se inventó para reunir a la gente domingo a domingo hasta conseguir que todo el pueblo confluyera allí e hiciera costumbre aquel ritual. Del mismo modo que durante toda su vida magisterial promovió cuanto campeonato deportivo se le atravesó y participó como deportista en cuanto torneo le fue posible, incluyendo su participación como voleibolista en un equipo de maestros con el que viajó por toda Antioquia en no sé qué competiciones.

En los últimos nueve años, desde que nos reunimos todos en Quibdó para celebrar los cuarenta años de nuestra graduación en la Normal, hemos estado sagradamente reencontrándonos un grupo de compañeros de aquella época para celebrar la vida, la fraternidad, el compañerismo, la amistad. Invariablemente, CAJA fue parte sustancial del alma de estos encuentros y de la fiesta que siempre han entrañado. Con esa cara de Ibrahim Ferrer que se le fue acrecentando con la edad, su capacidad de disfrutar la salsa también se aumentó. No hubo un número de nuestra época que él no recordara y que no bailara como en los tiempos de los bailes estudiantiles en su casa.

Yuto (Chocó), 28 de diciembre de 2025. Los últimos compañeros de nuestro histórico grupo de 6°A / 1977 de la Normal Superior de Quibdó que  compartieron con CAJA: Jesús Alito Mena Ortiz, Segundo Mena Murillo, Jesús Alexis Moya Gamboa y Valentín Enoc Guerrero Córdoba. FOTO: Cortesía.

Ante la inminencia de su muerte, si alguno de nosotros o todos en coro le hubiéramos alcanzado a gritar: “¡CAJA, quítate tú, pa’ ponerme yo!”, de modo que no fuera él quien se marchara, seguramente nos habría respondido que “Dios es bonito, muy bonito”, una proclama con la que comenzaba o finalizaba los saludos, aderezaba las conversaciones o redondeaba las ideas; y que —pronunciada por él— no sonaba a una de esas consignas automáticas y “bendecidas” que tanto abundan por estos días, sino a corolario lógico de la inmensa fe con la que andaba por la vida; una fe que por igual le hacía posible rezar en las dificultades; agradecer cada día por el hecho de estar vivo; jugar y ganar chance; celebrarle la Navidad y darle regalos a un grupo de niños de su vecindario cada año; y lucir con regocijo y devoción la imagen de un Cristo en un collar tejido de chaquiras, que portaba como si fuera su propia y exclusiva hierofanía.

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Un abrazo sincero a la Familia Córdoba Ampudia: Doña Agustina, el Maestro César Augusto, Victoria, Víctor y Santiago; a los hijos y nietos de CAJA y a todos sus demás parientes y familiares; al igual que a sus amigos del barrio Medrano, de todo Quibdó, del Chocó y de Antioquia. 


[1] Los nombres completos correspondientes a estos acrónimos pueden leerse en: “Viva por siempre la Normal, madre de los institutores”. El Guarengue, 7 de septiembre de 2020:

https://miguarengue.blogspot.com/2020/09/viva-por-siempre-la-normal-madre-de-los_7.html

6 comentarios:

  1. Parece un bello cuento Julio César de amigos entrañables y cómplices de vida, gran memoria para recordar esos acrónimos. Un sentido saludo a su familia.

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  2. Julio, qué producción tan elegante y rememomoratoria de la vida en contexto de CAJA nuestro compañero. Es un documento que para su familia y para nosotros en particular reconstruye la historia que hemos vivido, una historia de la lucha en la brega por la iniciativa de salir adelante en el marco de unas circunstancias como las del Chocó, en las que supo contribuir la Normal al formarnos como personas diligentes con motivos para recordar como los que expresas en el texto.
    Gracias hermano por esta publicación.

    Jesús Alito Mena Ortiz, 6° A 1977 - Florencia (Caquetá)

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  3. Qué hermoso es recordar a los que en nuestra infancia dejaron grabados momentos inolvidables. Eso sí es una verdadera amistad

    María Elena Valderrama

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  4. Entiendo que no haces mención de la empresa de giros porque no pagarían los créditos. Pero ella, al parecer, tenía una buena galería que inspiraba a CAJA a arrimarse a ella con doble propósito.

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  5. Hay que quitarse el sombrero no solo ante la admirable labor de manener viva la memoria de nuestra entrañable tierra, sino por la amena manera de recrearla. Gracias Julio.

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  6. "La vida es un sueño": Pedro Calderón de la Barca; ciertamente vivimos y morimos en ese sueño, los recuerdos para quienes quedamos en el mundo nos traen momentos de añoranza y tristeza, pero bueno esa es la realidad de la vida y del ser humano, saber compartir y aprender de la dignidad de lo más puro de la voluntad del ser supremo, es lo que hace a las almas grandes y puras; me quedé con un pequeño sinsabor y nostalgia porque tenía un breve discurrir con CAJA, por cosas que la vida depara y en momentos suceden; de todas maneras la bondad, la misericordia todo lo admite dentro de su infinito amor, sabrá que somos Seres que en el camino caer y levantarnos nos permitirá en todo éste tránsito llegar a la meta final la corona del triunfo.
    CAJA, fuisteis un verdadero parcero mi más sincera gratitud y aprecio.
    JEWALEC.

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