“Balance mensual de un maestro chocoano” (1955)
No obstante, dos décadas después del comienzo de aquella especie de revolución educativa, las normales de la región comenzaron a exceder con su oferta de maestros y maestras la demanda del sistema escolar público del recién creado Departamento del Chocó. A ello se sumaron fenómenos como las primeras impuntualidades en el pago de sueldos y prestaciones a los maestros, al igual que la falta de incentivos que en condiciones similares sí existían y se reconocían en otras regiones del país; la creciente manipulación de nombramientos, traslados y ascensos por parte de administradores del sector educativo y dirigentes de los movimientos políticos regionales; y el manejo poco eficiente de los recursos, hasta el punto de que a finales de la década de 1960 hubo periodos en los que se convirtió en algo común el pago de la nómina en especie, con cajas de aguardiente Platino de la Fábrica de Licores del Chocó; y, hacia finales de los años 70 y la década de los 80, fue corriente la situación de un magisterio trabajando a debe, con tantos meses acumulados sin recibir su paga que los comerciantes les cerraban los créditos y los agiotistas —muchos de ellos adscritos al poder político que había permeado el sector— hicieron su agosto durante todos los meses del año, durante largos años.
Este conjunto de fenómenos contribuiría a que se generalizaran y se convirtieran en hecho corriente año tras año, desde mediados de la década de 1970, las migraciones masivas de maestras y maestros del Chocó recién graduados hacia múltiples regiones de Colombia; en muchas de las cuales protagonizarían significativos e incluso heroicos procesos de “colonización” educativa, llegando a lugares donde ni siquiera los maestros egresados de las normales de las propias regiones aceptaban llegar; una historia esta que aún está por contar, pero de algunos de cuyos aspectos centrales nos ocuparemos durante este año en El Guarengue, a propósito del nonagésimo aniversario de fundación de la Normal Superior de Quibdó, de donde nos graduamos como parte de la primera promoción de Maestros Bachilleres.
Por ahora, como una muestra significativa de los comienzos de la crisis a la cual nos acabamos de referir, les ofrecemos el testimonio de un maestro acerca de la problemática económica que el magisterio chocoano ya empezaba a vivir. Bajo el título de “Balance mensual de un maestro chocoano”, el texto fue publicado el 13 de febrero de 1955, en el periódico La Crítica —Un vocero del pueblo al servicio del Chocó, de la libertad y de la democracia—, fundado y publicado en Quibdó por Balbino Arriaga Castro (director) y Cosme Damián Moreno P. (administrador), impreso en mimeógrafo. Luego de presentar con cifras la relación de gastos de su sueldo, el maestro autor del texto anota como constancia y premonición: “…este cúmulo de problemas tan serios […] está obligando a mis colegas a emigrar en busca de mejoras económicas y garantías sociales”...
Las condiciones han cambiado radicalmente, en gran parte gracias a los maestros y las maestras que contribuyeron a abrir el camino que hoy el magisterio chocoano transita, comparativamente, con innegable comodidad. Leer este testimonio es un detalle de mínima memoria histórica con quienes contribuyeron a abrir y a hacer más expedito ese camino.
Julio César U. H.
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Balance mensual de un
maestro chocoano
(Periódico La Crítica. Quibdó, febrero 13 de 1955. 2ª Época, N° 31, 8 páginas, pág. 2)
Esta angustiosa y miserable vida que llevamos me obliga en este instante a decir la verdad y nada más que la verdad; antes de entrar en materia, me introspecciono y recuerdo que tanto mis primeros educadores como los textos de urbanidad me han enseñado que todo cuanto sucede en la casa y en la escuela no tiene por qué llevarse a la calle; pero, ya en esta apremiante ocasión, voy a enterrar esos consejos tan indispensables para toda persona y ceñirme a la pura y santa verdad.
Un maestro de la primera categoría y al servicio del Departamento del Chocó gana mensualmente el fabuloso sueldo -según enemigos del magisterio- de la irrisoria suma de $170,00, de los cuales necesaria e imperiosamente tiene que gastar:
1-En alimentación, como
barata………………$ 90
2-Arreglo de
ropa……………………………........$ 10
3-Arrendamiento de pieza
para vivir………..$ 10
4-Cuota para la Caja de
previsión social……$ 5,10
5-Cuota para la Cooperativa
del magisterio.$ 5,20
6-Para
estampillas……………………………….....$ 0,20
7-Para cuatro nóminas
empleados…………….$ 0,20
Total……………………………………………….........$120,50
Sin lugar a ninguna clase de duda, esto es cuanto gasta el maestro, abnegado educador chocoano, mensualmente, no dejando de advertir, sí, que la alimentación, arreglo de ropa y pieza para vivir aparecen a estos módicos precios porque se trata del maestro Fulano de tal, hijo o sobrino de la comadre de mi abuela y que vino de tan lejos a trabajar por acá. Tampoco se debe dejar pasar por lo alto que única y exclusivamente me estoy refiriendo a un maestro que sea soltero. ¿Qué os diré de los casados y con cuatro o más hijos?
Ahora bien, deduciendo los costos anteriores a la nómina del perseverante y mesurado maestro ($170 menos $120,50), le viene a quedar un saldo de $49,50, dizque para mandar a hacer un vestido, hacer remontar sus zapatos para poder asistir a las clases, comprar útiles y textos de consulta, comprar parte del material para la casita que ha pensado construir, y ayudar a sus padres. Todavía no he incluido los gastos por concepto de jabón de baño, desodorante, pasta dentífrica y las drogas que tiene que comprar a precios alterados cuando enferma en esos lugares, porque hasta allá no se extiende el servicio de la Caja de previsión social.
¿Qué le podrá quedar al humilde apóstol de la educación, para ahorrar en la prestigiosa Caja Colombiana de Ahorros? ¿Qué diremos entonces de los maestros de categorías inferiores y que devengan menos? Respóndase, amable lector.

Hola Julio César! Gracias por tratar temas que atañen directamente a nuestra población y más a los hijos de maestros que padecimos esas penurias. Saludos.
ResponderBorrarJorge Valencia Valencia
Precaria y poco digna la la vida de los maestros chocoanos de entonces.
ResponderBorrarMuy buen artículo hermano Julio César, en el está presente el espíritu de libertad sintetizado en el pensamiento de los obreros de la inteligencia universal ( léase Masones), quienes al paso de estos hechos históricos, hacían seguimiento a la labor gerencial de construir una educación de calidad, todo en aras del progreso del Chocó de la época.
ResponderBorrarDionisio y Ricardo Echeverry Ferrer eran hombres libres y de buenas costumbres como así se definen los miembros de esta Augusta institucion.
Buenas tardes. PEDRO ROMERO ARRIAGA
Julio César, mi hermano, me alegra saludarte y saber que sigues con esa chispa más vigente que nunca.
ResponderBorrarTrabajé 12 años en el departamento de Antioquia, años 1988 hasta 1999 y también algunas primas a cargo del departamento las pagaban con aguardiente Antioqueño o con ron Medellín.
¿Cómo te parece?
Jairo Lorenzo Arias Chaverra
A los educadores de la época en esta bella región, mis respetos por resistir y sacar adelante tan invaluable labor aunque su pago no fuera el merecido....
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