Incendio en Istmina, 1923
“Tenacidad, fortaleza, valor y espíritu público es
cuanto parece que pidiera Istmina
en cada aniversario de su incendio. ¿Por qué no
prometer y procurar rehabilitarla?”.
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| Istmina antes (calle principal) y después (reconstrucción) del incendio del 30 de abril de 1923. Fotos: Misioneros Claretianos 1923 y 1929 / El Guarengue. |
Para la memoria histórica regional y a propósito de aquel incendio, reproducimos en El Guarengue un texto publicado en uno de los grandes periódicos de la ciudad de Istmina y de la Intendencia Nacional del Chocó en la primera mitad del siglo XX, El Heraldo, fundado en 1928 por el intelectual y político istmineño Sergio Abadía Arango, el mismo que como Contralor General de la República haría posible la publicación de la Geografía Económica del Chocó, en 1943.
14 años después de aquel incendio, verdaderamente pavoroso, El Heraldo, en su edición N° 482, del 30 de abril de 1937, en la sección La Hora Actual-Un capítulo de historia, hizo remembranza del infausto acontecimiento, de la valentía y la entereza con las que el pueblo istmineño asumió la reconstrucción de su vida y de su ciudad, y de cómo en ese entonces “después de la tragedia a la que se refiere este breve capítulo de historia, ha continuado Istmina correspondiendo a su civismo y a su generosidad, lo mismo que a su patriotismo del pasado”.[2] El mutuo aprecio entre Istmina y el presidente colombiano Marco Fidel Suárez, que llevó a que este la distinguiera como la Ciudad Amable, está presente en la sentida y sucinta publicación de El Heraldo.
Julio César U. H.
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Un
capítulo de historia (Sobre el incendio de Istmina en abril de 1923)
No solamente núcleo comercial, sino apacible remanso de cordialidad, de hospitalaria generosidad al propio y al extraño, fue este solar flagelado por el fuego. Aquí encontró sincera acogida el humilde hombre de trabajo como el opulento industrial ansioso de explotar los tesoros de las entrañas de esta tierra; el perspicaz político y el eximio letrado o el gobernante ilustre que con celo vigilante visitase el país con ánimo de imprimirle progreso. Aquí ha habido comprensión de los problemas comarcanos y el patriotismo ha inspirado señaladas acciones. En esta hora de dolientes recordaciones, es confortable y reparador para los espíritus que no se decepcionan, abrevar en las fuentes del pasado para hacerse grandes y fuertes en el porvenir.
Huésped excepcionalmente ilustre de esta ciudad, el 8 de marzo de 1920, se expresó después, en 1923, respecto de ella, don Marco Fidel Suárez, en su clásico estilo de su “Sueño del Muelle”, en los gentiles términos que copiamos: “Al llegar a Istmina, los habitantes, de distintas opiniones políticas, propusiéronse, a cuál más y a porfía, llevar grata impresión de amistad al corazón que cansado y anciano había ido a saludarlos y a mostrar su interés por el Chocó. Istmina, puesta en un vallecito prolongado y angosto, a orillas de un arroyo que descarga en el San Juan, estaba compuesta entonces de una sola calle, que en su parte inferior presentaba habitaciones pobres, pero que en la superior ostentaba buenos edificios domésticos y comerciales, a la sombra de una buena iglesia, servida por celosos misioneros. Esa prosperidad, ese bienestar fueron interrumpidos hace poco por voraz incendio, que consumió lo mejor de Istmina y arruinó en un momento a sus principales vecinos. La invalidez moral del visitante de Istmina ha convertido los recuerdos del viajero en la simpatía actual más triste, porque al pensar, v. gr., en don Antonio Asprilla, ¿qué pudiera hacer por ese amigo el hoy aislado y cancelado visitante?”.
Al narrar en su “Sueño de la armonía bolivariana” y en el “Sueño de la unión” su viaje por estas regiones, el señor Suárez, grato y bondadoso, vuelve a aludir a esta ciudad en frases de expresivo sentimiento, así: “En el centro del Chocó pudimos conocer a Istmina, entonces rica y comercial, ciudad siempre amada, ayer próspera y hoy por desgracia convertida en ruinas”.
En realidad, Istmina era rica y generosa y sus habitantes hicieron al Presidente Suárez una de las mayores atenciones que quizás recibiera en aquellos tiempos el eminente mandatario. Fue el obsequio de voluminoso grano de platino extraído del lecho del río Iró, de muy cerca de 77 castellanos de peso, cuyo importe de $1.522,50, oro colombiano, se recolectó entre los siguientes caballeros y comerciantes de la época, quienes espontáneamente emularon en la cuantía de sus cuotas. Helos aquí:
A. & T.
Meluk y Co. $ 200
Rumié Hermanos 200
Rito E. Flórez 200
Antonio
Asprilla A. 200
Juan B.
Malfitano 100
Z. Casab & Cia. 100
Juri & Cobo 100
A. Abadía T.
& Co. 50
Francisco de B.
Carrasco 50
Malluk Hermanos
& Co. 50
Ángel, Piñeres
& Co. 50
Rey &
Torrijos 25
Luis Hurtado C. 25
Francisco L.
Orozco 25
K & B Meluk
25
Gorgonio Guerrero
Rojas 25
Simeón Gómez y
Jacob Prado 25
Carlos Mario
Lozano 25
Trifón Cook 25
Manuel J.
Guzmán 10
Abraham Cudsy 12,50
Suma $ 1.522,50
(Datos tomados
de archivo particular de Salomón Salazar G.)
Y después de la tragedia a la que se refiere este breve capítulo de historia, ha continuado Istmina correspondiendo a su civismo y a su generosidad, lo mismo que a su patriotismo del pasado. Los días de zozobra que hizo vivir al país el por fortuna solucionado conflicto con el Perú, la visita con que por demás la honró el Presidente López en noviembre de 1934 y otros importantes sucesos dirán con elocuencia cuál ha sido su actitud, a pesar de la molestia que la ha obligado a vivir la precaria situación por la que atraviesa. Al fondo de la defensa nacional aportó apreciable contingente, y al Presidente López dedicó esta capital del San Juan, con el concurso de sus municipios, un precioso grano de platino de 110 castellanos de peso y de subido costo.
La acción oficial, que en los últimos tiempos ciertamente no ha sido solícita, y la acción de los vecinos en patriótica cooperación, bien pudieran contribuir a reconstruir y a hacer más grande lo que la tragedia amenguara. Tenacidad, fortaleza, valor y espíritu público es cuanto parece que pidiera Istmina en cada aniversario de su incendio. ¿Por qué no prometer y procurar rehabilitarla?
El Heraldo, N° 482. Istmina-Chocó, 30 de abril de 1937, pp. 3-4
[1] Salomón Salazar G. Istmina. Ensayo monográfico radiodifundido por los micrófonos de la Voz del Chocó, en transmisión dedicada a la Provincia del San Juan. 27 de noviembre de 1938. En: Periódico ABC, N° 3444-Edición Extraordinaria. Quibdó, diciembre 17 de 1938. 16 páginas, página 2. Hemeroteca del Chocó. Reproducido en: Entre el fuego y el agua: La Historia de Istmina en La Voz del Chocó (1938). El Guarengue, 28 de julio de 2025: https://miguarengue.blogspot.com/2025/07/entre-el-fuego-y-el-agua-la-historia-de.html
[2] El
Heraldo. Bisemanario independiente. Año VIII, N° 482. República de Colombia.
Istmina. Abril 30 de 1937. 6 pp. Pág. 3-4. Consultado en: Hemeroteca del Chocó.
https://hemeroteca.utch.edu.co/el-heraldo-1928/
N.B. Como punto de comparación sobre los aportes monetarios incluidos en el texto, puede tenerse en cuenta que el salario mensual del Intendente Nacional del Chocó era entonces de $300 aproximadamente.


Gracias, Julio César. No conocía del incendio de Istmina. Quizás de igual magnitud al de Quibdó. Saludos.
ResponderBorrarJorge Valencia V.
Hubo un incendio en Tadó, en julio de 1946, que quemó casi toda la población y no se entendió en su momento cómo se salvó la iglesia, teniendo en cuenta que la casas todas de madera ubicadas a su alrededor se incineraron. La conflagración ocasionó un éxodo de familias a Istmina, como la de Ignacio Hinestroza, la de Chagualo, y otras, en su mayoría para Andagoya.
ResponderBorrarAmérico Murillo Londoño
Qué buena memoria histórica!
ResponderBorrarAlfonso Carvajal
Los incendios siempre causaban mucha tristeza y muchas veces dejaban en la ruina a la gente
ResponderBorrar¿"Causaban"?, ¿"dejaban"?...
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