El
universo literario de Zully Murillo
Además de su enorme valor musical, las composiciones de Zully Murillo alcanzan un prominente rango de calidad y riqueza literaria, de modo que, además del lugar que ya tienen en el cancionero nacional y regional, tienen un puesto bien ganado en las antologías de la literatura chocoana. Zully Murillo cuenta cuentos con la fluidez de los ríos en cuyas orillas creció, inmortalizando en cada relato, con la fidelidad de una instantánea, momentos y escenarios, personajes y costumbres, acontecimientos y prácticas de la cotidianidad, de la sociedad, de la historia, de la gente toda del Chocó.
Bernabela, la que un día le dijo que fueran a covar la batata, blanca o morada… Lino, que fue el que le enseñó a pescar con una varita de pichindé… Anaís Mayoral, la niña bonita a la que le fascinaba el chupaflor que todos los días iba a su balcón a besar las flores… Cecilia Machado, la que contaba la historia de la Banda; Concha Pino, la de la casa en donde organizaron la fiesta del 20 de julio con la Banda, en donde tocaban los mejores músicos del pueblo: Abraham Rentería Key, Abel y Marquitos Blandón, Carlos Borromeo y Juan Bautista Cuesta, Pedro Serna… Victorianito, el loco soñador que se enamoró de la hija mayor de Doña Leonor… La niña que juega a la carbonerita, a la sortijita y al ratón de espina, al quemao, a la gallina ciega, al compadre chamuscao, al arrancayuca y al mirón mirón; aquella niña que doña Mayí viste para que vaya a visitar a la tía Teresita, aunque ella solamente quiere es salir a jugar con sus amigas, Zully entre ellas… Los novios que llegan en la balsa a casarse en el pueblo, a quienes saludan y ovacionan con mil pañuelos blancos y cuya llegada anuncian los niños felices, corriendo… Los personajes de los relatos de Zully Murillo, de los cuales ella misma hace parte, son reales: hablan, caminan, bailan, juegan, pescan, covan, ríen, sueñan, se bañan, se espantan, se casan y aman, como lo hace la gente de las orillas y de los pueblos, de las casas y de las parentelas a las que pertenecen… Así como son reales -en tanto forman parte del fabulario mágico regional- los guacos que cantan y los chimbilacos que vuelan, mientras agoniza la abuela a la que sus parientes y vecinos acompañan a bien morir. La Madre de agua, la Madremonte, la Patasola, el mismísimo Mohán de Ichó, la Entaconada y el Duende con su sombrero son también tan reales que hay que correr y correr, para que no te alcancen ni te agarren, mientras persigues una guagua o corres tras un venado allá en el monte.
Los textos de Zully Murillo en sus trabajos Cuentos contados cantados; Los pregones de mi tierra; Ella, otro cuento; Son de Amores (Veinte canciones de amor y una Vida), además de letras de canciones, son relatos, cuentos, crónicas literarias, fábulas y narraciones documentales, prosa poética. Estos más de 50 textos son un conjunto significativo de aproximaciones al sentido y al significado de los sistemas culturales de la región chocoana, a partir de las vivencias, las miradas, los sentires, las percepciones y la exquisita juglaría de Zully Murillo y su inspiración como narradora, poeta y escritora,.
Con esa misma magia narrativa y poética, envuelta en en el manto de la fe y la sacralidad de su gente, Zully Murillo compendia los rasgos fundamentales de la religiosidad popular afrochocoana en un completo conjunto coral para misa completa, que evoca trabajos inmortales del género, como la misa campesina nicaragüense de Ernesto Cardenal, Carlos Mejía Godoy y los campesinos de Solentiname... Hermosos alabaos, santodioses, salves, romances, villancicos y hasta un torbellino extremo complementan este trabajo de 2019: Misa inculturada y más cantares.
Las creaciones de Zully Murillo en el conjunto de su obra lo transportan a uno –en champa, en potrillo, en canoa y en balsa– a través de la historia cotidiana de las aldeas negras, de los caseríos orilleros en los cuales la vida ha nacido miles de veces durante miles de noches de la fertilidad de las mujeres y de la simiente de los hombres, en las manos sabias de las parteras que con la luz de una vela y la de sus propios ojos han aluzado los alumbramientos que han contribuido a perpetuar las estirpes de las que Zully Murillo cuenta y canta con esa voz que cautiva por su cadencia de marea suave, por su frescura de quebrada repentina en la mitad del monte, por su colorido abundante de flor de marañón tapizando las orillas del Atrato.
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FOTO: Lina Botero |
Son más de setenta los textos publicados por Zully Murillo hasta el momento, como canciones. Con los que aún tiene inéditos, bien podríamos llegar a un centenar de relatos. Un compendio o antología de los mismos, con una edición cuidadosa -a la altura de la excelsitud del arte literario, narrativo y poético de su autora- deberá formar parte de la Biblioteca de la Chocoanidad, que algún día la luz del mundo verá. Mientras tanto, un homenaje sincero a su calidad humana y a su talento excepcional.
Es un fenómeno de la narración cantada, alimentada con mucho amor por nuestras más sagradas tradiciones.
ResponderBorrarFue mi profesora de Matemáticas y física, en mi bachillerato y desde entonces su muestra de inmensa ensibilidad me ha impactado.
Por la calidad de sus canciones, amarradas a nuestra rica biodiversidad debió ser una invitada especial en la COP16. ME EXTRANÓ EL HECHO DE NO VERLA ENTRE LOS INVITADOS.
ENTRE LOS INVITADOS ESPECIALES. (Aclaro)
ResponderBorrarEscribió Emilia Caicedo Osorio.
ResponderBorrarZully de pies a cabeza.
ResponderBorrarZully Murillo ha logrado lo que pocos artistas pueden: capturar la esencia misma del Chocó en sus relatos y canciones, tejiendo una rica narrativa llena de historia, magia y vivencias cotidianas. Su obra es de altísima calidad, que con cada palabra transporta a las orillas del Atrato, Un legado invaluable de la literatura y música chocoana, que merece ser eternamente celebrado y preservado.
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