11/11/2024

 Cómo mueren los ojos de nutria
-Un relato de Arnoldo Palacios-

Cabecera municipal de Río Iró e imagen del Señor de Iró (Fotos: Alcaldía Municipal), Arnoldo y Buscando mi madredediós (Fotos: Archivo El Guarengue).

Ciento cinco relatos de Arnoldo Palacios componen las trescientas cincuenta páginas de su libro Buscando mi madredediós. Son el testimonio de los primeros años de su vida en Ibordó, Cértegui y Quibdó, y un collage de historia de aquellos tiempos en todo el Chocó. La memoria de Arnoldo discurre, fluye, en cada relato, con la misma naturalidad de los ríos y quebradas en los que transcurrió su infancia: a veces mansos y tranquilos, como lagos andantes; otras veces impetuosos como mares de agua dulce y azarosas olas.

Como el oro de su tierra convertido en memorable alhaja por la filigrana del joyero, la memoria portentosa de Arnoldo es transformada en relato fresco y espontáneo por su enorme capacidad narrativa, vivaz y sincera como su carcajada, rica como la selva donde se crio, inconmensurable como la imaginación con la que creció; de modo que cada vez que uno lee un relato de este libro es como si él mismo, el propio Arnoldo, estuviera ahí volviéndoselo a contar a uno por primera vez.

Así que, esta semana, a propósito de la memoria de los difuntos y de todos los santos, del noveno aniversario de su muerte en Bogotá y de los últimos días del 2024 como el Año Arnoldo Palacios (Cértegui, Chocó, 20 de enero de 1924 - Bogotá, 12 de noviembre de 2015); les ofrecemos en El Guarengue una de aquellas piezas memorables de la historia personal de Arnoldo Palacios contada por él mismo en su siempre maravillosa autobiografía, Buscando mi madredediós: el relato de cómo un escultor fue contratado por una junta parroquial para retirar de los ojos del Señor de Iró, un icónico santo de la tradición católica afrochocoana, la vivacidad y la vida. Bienvenidos. No dejen finalizar el año dedicado a esta gloria de la literatura chocoana y colombiana sin leer algo de este paisano insigne, por ejemplo, un par de relatos de sus espléndidas memorias personales.

Julio César U. H.
11.11.2024

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De Arnoldo Palacios, en Buscando mi madredediós...

XLVI • CÓMO MUEREN LOS OJOS DE NUTRIA

Vivíamos pletóricos de esperanza. Jugábamos tranquilos. Si alguien de la familia enfermaba, sabíamos que no moriría. Si a alguien le cala un dolor fuerte, de repente, como solía suceder, sabíamos que se alentarla rápido. Estaban allí, para protegemos. nuestro querido San Antonio de Padua y nuestra Virgen de la Candelaria. Y si ellos no podían, entonces, el Señor Ecce Horno llegaba de Raspadura o desde donde se hallara en ese momento, recorriendo el mundo, a socorrer a sus hijos.

No. No estábamos solos, en ningún momento. Los seres de la familia fallecidos: mi abuelo Miguel de los Santos y nuestra abuela, la finada Eloísa, su esposa; mi abuelo Tomás de Villanueva; el finado Gabino Figueroa, papá de mama Fide, no nos preocupaban. Enterrados desde hacía mucho tiempo, esas muertes eran algo normal en nuestra imaginación; ni siquiera los habíamos conocido; además, estaban en el cielo. Lo único en perturbar nuestra dicha era el asaltarnos el terror de que se nos apareciera el diablo o el Ánima sola.

A menudo, oíamos también mucho, en la casa, hablar del Señor de Iró, un Santo Cristo de bulto, tamaño de un hombre, crucificado en la capilla de Santa Rita, pueblecito de las cabeceras del río Iró, muchísimo más lejos que Raspadura. Ese río era peligrosísimo cuando crecía; no pasaba semana sin que hubiese ahogados. Ese Santo Cristo lo habían encontrado, pequeñito como la cruz de una medalla, igualmente en una mina. Cuando él no deseaba ir en la procesión se ponía pesado, de suerte que ninguna fuerza humana lo movía de su sitio en el altar; desencadenaba él una tronamenta, con relámpagos, y hacía caer rayos y centellas. Tenía vivas las niñas de los ojos, por cuya razón los peregrinos se asustaban. Una junta parroquial resolvió hacerle modificar la vista. «Y fue justamente el escultor Lorenzo Meneses quien le bajó los ojos, que le quedaron desanimados como los tiene actualmente» -decía mi papá con el tono de pesadumbre de quien, queriéndolo, no volverá a ver lo que vio.


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