lunes, 27 de mayo de 2024

Rogerio Velásquez, luz para la posteridad 
3ª edición de Las memorias del odio 
Universidad del Cauca

*Carátulas de las ediciones de 1953 (Alianza de Escritores Colombianos), 1993 (Colcultura-Biblioteca del Darién) y 2024 (Universidad del Cauca 200 Años) de Las memorias del odio, del intelectual afrochocoano Rogerio Velásquez. FOTOS: Archivo El Guarengue y Universidad del Cauca.

Cien títulos conforman la colección Posteris Lvmen, del sello editorial Universidad del Cauca, una biblioteca conmemorativa de los 200 años que esta importante institución colombiana de educación superior cumple en el 2027. En estos dos siglos de vida institucional, desde todas las vertientes del conocimiento, esta universidad ha sido epicentro y testigo del pensamiento y de la historia del país, una buena parte del cual conformó -desde la primera república hasta principios del siglo XX- el territorio que hoy conocemos como el Gran Cauca; al cual, hasta 1907, cuando fue constituida como Intendencia Nacional, perteneció como provincia la región del Chocó.

El nombre de la colección Posteris Lvmen, proviene del lema de la Universidad del Cauca: Posteris Lvmen moritvrvs edat: quien ha de morir deje su luz a la posteridad. Son “100 libros para reconocernos”, como reza el eslogan de esta trascendental biblioteca, cuya publicación comenzó en 2022 y se prolongará hasta el año del bicentenario de la Universidad y hasta completar el centenar de títulos que abarca.

Supliendo un vacío

Hace cuatro días, el jueves 23 de agosto de 2024, en el Paraninfo de la Universidad del Cauca, fue presentado el título número 12 de esta biblioteca conmemorativa: Las memorias del odio, de Rogerio Velásquez Murillo[1], el talentoso intelectual chocoano que en 1946 se graduó como Etnólogo allí en esa misma universidad que ahora reedita este libro de trascendental importancia en el conjunto fecundo e invaluable de su maravillosa obra.

En los claustros de ese escenario académico de significativa contribución al nacimiento y consolidación de la Antropología y al desarrollo epistemológico, metodológico y pedagógico de las Ciencias Sociales y Humanas en Colombia; se rememora y reconoce la prodigiosa figura de Rogerio Velásquez Murillo, quien formó parte de los primeros graduados del Instituto Etnológico Nacional, que a la sazón dirigía el profesor Gregorio Hernández de Alba, quien lo había fundado junto a Paul Rivet. Un instituto que también contó entre sus primeros profesores a Wolfgang Scottelius, Gerardo Reichel-Dolmatoff, Pau Vila y José de Recasens. Y entre sus primeros alumnos a Luis Duque Gómez, Eliecer Silva Celis y Alicia Dussán Maldonado.

En hora buena publica la Universidad del Cauca una nueva edición de Las memorias del odio, supliendo de este modo el vacío absurdo y notorio de la casi imposibilidad de acceder a esta y otras obras de la afrochocoanidad intelectual del siglo XX; las cuales no se consiguen muchas veces ni siquiera en las bibliotecas familiares de los herederos de los escritores que las escribieron. Motivo por el cual, desde El Guarengue, hemos insistido en la urgencia patrimonial de configurar y publicar una Biblioteca de la Chocoanidad.

Un prólogo, un epílogo y una cátedra

Dos talentos de las nuevas generaciones de intelectuales afrocolombianos, ambos afropacíficos, que han seguido las huellas que dejó marcadas Don Rogerio en el camino de la negredumbre intelectual, son los autores del prólogo y del epílogo de esta edición de Las memorias del odio, acertadamente incluida en la biblioteca conmemorativa del bicentenario de la Universidad del Cauca. José Antonio Caicedo Ortiz (Cali, 1974) escribe el prólogo del libro y Carlos Alberto Valderrama Rentería (Cali, 1978) escribe el epílogo. Junto a ellos dos tuve el honor de hacer la presentación del libro, el 23 de mayo, en una amena, fraterna y copiosa conversación, ante un auditorio concitado para asistir ese día y el 24 de mayo a la Décima Cátedra Afrocolombiana Rogerio Velásquez Murillo, una experiencia hasta hace poco única en el ámbito de la educación superior en Colombia.

La Cátedra, creada en el 2014 por la Universidad del Cauca, es coordinada e impulsada por el profesor José Antonio Caicedo y la profesora Elizabeth Castillo, como parte de un equipo admirable de profesionales de las Ciencias Sociales y Humanas, que desde Popayán han irradiado, durante ya una década, luminosos aportes a los procesos educativos propios de las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras de Colombia, desde la voz de hombres y mujeres, maestras y maestros, líderes y lideresas, de las regiones del Cauca y del país, que cada año llegan hasta la propia “ciudad blanca”, como “un desfile de melaza en flor” a cuyo paso “se alegra de su negrura todo el corazón”.

Un eslabón perdido del pasado de Quibdó

Los 300 ejemplares de Las memorias del odio, de Rogerio Velásquez, publicados por la Universidad del Cauca como parte de su colección bicentenaria Posteris Lvmen son una contribución invaluable a la difusión de este relato literario de género histórico sobre la vida y la muerte de Manuel Saturio Valencia, escrito a modo de autobiografía; en el cual quedan retratados con todo detalle los rasgos lacerantes de una sociedad excluyente, racista y desigual, presa aún del colonialismo, como era la sociedad quibdoseña y chocoana de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX; una sociedad cuya injusticia sistemática y cuya crueldad social, económica, racial, sexual, lesionan de tal modo la humanidad de Manuel Saturio Valencia que lo conducen a la múltiple maldad y al desvarío del odio, que a su vez lo conducirán a la pena de muerte. “Con esta novela, Quibdó recuperó un eslabón perdido de su pasado”, anota el profesor Caicedo Ortiz en su prólogo[2].

“Yo nací bueno, puedo asegurarlo. Vine al mundo limpio, con el alma vacía de cosas que me trajeran al patíbulo”[3], declara en su relato de infancia, en el que hace un completo repaso de todas y cada una de las múltiples expresiones de la ruindad del poder dominante. Y cuando se aproxima la hora del cadalso, enjuta su alma hasta la aridez, proclama con pesadumbre existencial: “¿Por qué ahora me hablan de deber, de patria, de humanidad, de familia, si conmigo no hubo obligaciones, ni familia, ni patria, ni nada en los comienzos de mi carrera?”[4] Es la voz del reo M.S.V., iniciales con las que firma la dedicatoria de sus “Papeles del último fusilado de Colombia”, que al igual que el título del libro -Las memorias del odio- resume en pocas palabras el sentido profundo del relato: “A mi hija Rosa y a los que nacen procesados”. Es también la voz de todo un pueblo, hablando a través de él y, como él, al pie de su propio corazón, queriendo decir la verdad, solo la verdad[5], como si se tratara de una comparecencia ante la justicia transicional y no ante aquel consejo de guerra acomodaticio cuyo veredicto ya estaba escrito antes del juicio.

Edición digna, lamentable errata

Con excepción de la portada, que no despierta mayor entusiasmo y en la cual tienden a perderse detalles de los logos de la colección y de la editorial; la edición de Las memorias del odio hecha por la Universidad del Cauca es una edición digna, a la altura de la importancia de la obra en la historia y en la literatura afrocolombiana, y en el conjunto de la obra de su autor. El papel, la tipografía y la maqueta de diseño contribuyen a ello y facilitan la lectura, tanto por la generosidad en el manejo del espacio, como por los tamaños usados, las viñetas y las portadillas de capítulos.

Llama gratamente la atención la preciosa reproducción de la carátula de la primera edición del libro, de 1953, incluida en la página 25 de esta edición de 2024 como portadilla interna, previa al comienzo del contenido propiamente dicho del trabajo de Don Rogerio, que empieza en la página 29. El valioso detalle de ese elemento gráfico lleva a pensar que habría sido bueno incluir una foto del autor en alguna parte del libro, también en calidad de ingrediente histórico.

Lo que sí sorprende, ingratamente, es que la curaduría de la colección y el trabajo específico de edición de este libro no hayan notado el irónico error que salió publicado en la página 123, donde se afirma que Rogerio Velásquez “inició sus estudios de secundaria en el Colegio Tomás Carrasquilla”, en referencia al famoso y centenario Colegio Carrasquilla, de Quibdó, que en realidad se llama Ricardo Carrasquilla, por razones obvias de homenaje a un educador y escritor nacido en Quibdó, y no a un escritor de la más rancia tradición de Antioquia. Aunque es lamentable esta errata, que debería advertirse mediante la inclusión de una fe, ello no le quita a la publicación de este libro su valor como aporte a la reivindicación de la intelectualidad negra del medio siglo XX y a su significativa labor de documentación de la propia historia de una región tan ignota e ignorada como el Chocó.

Rogerio Velásquez corresponde admirablemente al lema de la Universidad del Cauca, grabado en la divisa de su bicentenario escudo. Su luz intelectual nos sigue iluminando cada vez que lo leemos. Gracias a la Universidad por esta reedición de Las memorias del odio. Y por esa joya invaluable que es la Cátedra Afrocolombiana que lleva su nombre.


[1] Velásquez Murillo, Rogerio. Las memorias del odio. Tercera edición, Popayán: Editorial Universidad del Cauca, 2024. 126 páginas. (Posteris Lvmen; 12)

[2] Caicedo Ortiz, José Antonio. Prólogo a Las memorias del odio, de Rogerio Velásquez, Universidad del Cauca, 2024. Pág. 10. Obra citada.

[3] Velásquez Murillo, Rogerio. Las memorias del odio. Obra citada, pág. 43

[4] Ibidem. Pág. 87.

[5] Ibidem. Pág.37

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Sus comentarios son siempre bienvenidos. Gracias.