28/07/2025

 Entre el fuego y el agua: 
La Historia de Istmina 
en La Voz del Chocó (1938)

*Istmina 1907 (Archivo fotográfico y fílmico del Chocó). Calle principal de Istmina antes del incendio de 1923 (Misioneros Claretianos, 1929 / El Guarengue).

El 27 de noviembre de 1938, La Voz del Chocó, emisora pública de propiedad de la Intendencia Nacional, dedicó una transmisión especial -de una hora de duración- a la Provincia del San Juan. Dicha producción formaba parte de una serie de programas concebidos para dar a conocer la geografía humana, la historia y la cultura de los distintos lugares del territorio regional, y promover así la integración y la unidad del Chocó como región; dos factores estratégicamente claves para el proyecto político de la generación chocoanista, que para entonces se reunía en torno al interés común del proceso de departamentalización o elevación de la Intendencia a la categoría de departamento.

El núcleo original de aquel grupo promotor de la departamentalización contaba entre sus miembros principales a Reinaldo Valencia Lozano, Emiliano Rey Barbosa, Gregorio Sánchez, Heliodoro Rodríguez, Gonzalo Zúñiga, Delfino Díaz Ruiz, Alfonso Meluk Salge, Dionisio Ferrer, Francisco Córdoba, Armando Meluk, Julio Perea Quesada, Jorge Valencia Lozano, Adán Arriaga Andrade, Guillermo Henry Cuesta y Salomón Salazar; este último autor del texto monográfico sobre Istmina, que ocupó la parte central de aquella histórica emisión radial de La Voz del Chocó, emitida el domingo 27 de noviembre de 1938; y que contó con una copiosa audiencia tanto en Quibdó como en Istmina, en tiempos en los que -por la novedad de este medio- la gente se reunía en torno a la radio, tanto en las pocas residencias que contaban con aparato receptor, como en los salones sociales de ambas ciudades, que promocionaban la audición de emisiones radiales como uno de sus atractivos, en el mismo nivel de la distinción y elegancia de sus bebidas importadas y sus comidas de lujo.

Mediante el Plan Educativo, con su programa de becas y la ampliación de cobertura de la educación pública, el apoyo a la creación de bandas de música, las celebraciones culturales de efemérides y la publicación de una revista cultural e informativa de la región (la Revista del Chocó), desde principios del siglo XX, la Intendencia Nacional desplegó una intensa labor de promoción educativa y cultural; que encontró en La Voz del Chocó un canal privilegiado, moderno y atractivo, que sería  fundamental para aquellos propósitos cuyo cumplimiento transformaría para siempre al Chocó, lo proyectaría como región y lo dotaría de un proyecto sociopolítico de alcance regional en el que, por primera vez en su historia, el pueblo raso era sujeto de derechos, a través de su identidad de clase (el campesinado y el naciente obrerismo) y de su identidad racial (la gente negra se convertiría para los primeros políticos nativos en "su gente de uno").

Por su enorme importancia como hito cultural (la historia de la región empezaba a ser contada por gente de la región) y por su indiscutible valor histórico y documental como esfuerzo de síntesis sobre la historia de la capital de la entonces Provincia del San Juan, que junto a la del Atrato fue pilar de la constitución territorial, política y social del Chocó como unidad administrativa y como región con identidad en el escenario nacional; reproducimos -en El Guarengue-Relatos del Chocó profundo- el magnífico ensayo escrito por don Salomón Salazar G. y leído por él mismo en aquella noche fresca de domingo; que fue publicado por el periódico ABC, de Quibdó, en su Edición Extraordinaria del sábado 17 de diciembre de 1938, en conmemoración de sus 25 años de existencia.

***********************

Istmina
Por Salomón Salazar G.
(Ensayo monográfico radiodifundido por los micrófonos de la Voz del Chocó, en transmisión dedicada a la Provincia del San Juan). 27 de noviembre de 1938).[1]

Saludo con toda la emoción de mi espíritu al conglomerado social de la Provincia del San Juan, en cuyo honor la colonia de sus hijos que se agita y convive en esta acogedora y fraterna ciudad de Quibdó, ha organizado el acto lírico-musical que se radio-expande en medio del más cálido de los entusiasmos.

A la provincia amada y a la ciudad maternal

La voluntad benévola de los protagonistas me asignó el encargo de disertar, dentro de la brevedad que impone el compromiso del micrófono de llevar la palabra de otros comisionados a sus pueblos de origen, y dentro de la angustia del espacio de una hora de transmisión, acerca de la ciudad de Istmina, y me fue dado balbucir los nombres para mí imperecederos de mis progenitores. Unido a éstos se conserva en forma perdurable, en la intimidad de mi ser, el grato y venerado de mi predio nativo; de ahí que no haya eludido aceptar la invitación a participar en esta demostración, tan sincera como cordial, de hondo cariño y de singular simpatía, que se tributa ahora a la provincia amada y a mi cara ciudad maternal.

Del pueblecito de Cubis a la Boca de San Pablo

La escasa crónica tradicional que me ha sido fácil consultar, apenas suministra la imprecisa noticia de que por allá en las postrimerías del siglo diez y siete, fue establecido por doña Rosalía Urrutia, mujer de origen español y patrona de numerosos esclavos, un laboreo de minas, que ella denominó Istmina, en terrenos situados a la margen izquierda del río San Juan, terrenos que, sin duda por el riachuelo que los cruza, recibieron el nombre de Cubis.

Istmo de San Pablo. FOTO: Misioneros 
Claretianos, 1929 / El Guarengue.

El campamento minero de la patrona Rosalía, como la nombraron sus siervos, adquirió algún incremento y sirvió luego de núcleo a una pequeña población destinada a cambiar de sitio más tarde. Los habitantes del poblado se proveían de víveres y hacían su pequeño comercio especialmente con la Provincia del Atrato, de donde trasladaban las cargas pasándolas por el Istmo de San Pablo, que terminaba en la ribera derecha del San Juan, en la confluencia de éste con el riachuelo de aquel nombre y al frente de Cubis. Pero, como quiera que entre la terminación del istmo y la pequeña población se interponían las tormentosas corrientes del gran río, era necesario transportar los cargamentos para doña Rosalía, y para otros menudeadores que allí se habían localizado con su permiso, en canoas que manejaban hombres dedicados al oficio. No era fácil tarea ésta, ni estaba exento de peligro de naufragio quien se aventurara a comerciar por allí, lo que hacía pensar a los moradores y viandantes, generalmente malos nadadores, en la conveniencia del traslado del caserío a las cercanías del Istmo, que llamaban también “Arrastradero”. Por aquel tiempo, el gobierno monopolizó el consumo del tabaco y dispuso crear un estanco del artículo al pie del istmo. Por estas circunstancias, y llevados por las dificultades que ofrecía el paso del río San Juan, los mercadantes de mayor volumen determinaron construir depósitos para la custodia y realización de sus negocios, en la hoya de la quebrada de San Pablo, cosa que implicaba el abandono del pueblecito de Cubis. En torno a la casa del estanco, edificada por un teniente Astudillo, así como de los depósitos, y porque en la hoya indicada daba buen resultado el mazamorreo o trabajo rudimentario de minas, aquellos pobladores plantaron definitivamente sus viviendas en el sitio en que ellos denominaron Boca de San Pablo, pues allí rendía sus aguas al San Juan el riachuelo ya nombrado. La producción de oro y el consumo de víveres y mercaderías, fueron dando incremento a San Pablo, nombre que se adoptó en últimas para la nueva población. De reducido número de habitantes se componía el real de minas colocado en el estrecho vallecito que forman dos colinas alzadas al oriente y occidente del riachuelo. Alcanzó la distinción de cabecera de corregimiento, dependiente de la jefatura municipal de Nóvita, capital del Cantón.

El Distrito de San Pablo

Tranquilos convivían allí los sampableños; pero ocurrió que esos terrenos habían sido adquiridos durante la Colonia por la linajuda familia Arboleda, de Popayán, de la cual descendía don Julio, el poeta-soldado, y al noticiarse este del desarrollo de la poblacioncita, vino a ella a hacer valer sus derechos. Don Julio trabó estrechas relaciones con doña María Josefa Guerra, a quien, al regresar al Cauca, hizo regalía de esa parte de sus tierras. La Chepa Guerra, ya propietaria, señora semi-feudal, comenzó a vender lotes, y los primeros compradores, entre los cuales se contaron los señores Pedro José Rojas, Segundo María Mosquera, Ciriaco Asprilla y Dominga Guzmán, pudieron edificar habitaciones de mayor valor y comodidades. Posteriormente construyeron los señores Manuel María Abadía, José Antonio Guzmán, Luis Ayala y otros caballeros que con su prestancia aprestigiaron la fundación. En avance el caserío, llegó el año de 1853 y fue creado el Distrito de San Pablo con cabecera en la población del mismo nombre. De esa manera, y sin que la historia regional se preocupara por perpetuar los nombres de sus fundadores, comenzó el núcleo urbano de que me ocupo a figurar en el mapa del territorio del Chocó. Halagüeño desarrollo hizo que allí se avecindaran comerciantes de mayor monta, familias y ciudadanos de distinción que propendieron por su mejoría moral y material. La Arquidiócesis de Popayán erigió luego dicha capital de Distrito en cabecera de parroquia,

Dos incendios sucesivos

En el año de 1860, como consecuencia de la revolución armada que azotó entonces el país, fue incendiada San Pablo por tropas de uno de los partidos políticos militantes. No tardó el esfuerzo de sus vecinos en reconstruirla con mayor esmero y entusiasmo. Pero el 31 de enero de 1898, a pleno día, volvió a desatarse sobre la población la voracidad de las llamas, destruyendo lo mejor y más valioso de su estructura. Nuevamente se rehabilitó a la vida con más cómodas y grandes construcciones el pueblo aniquilado.

Istmina, capital de la Provincia del San Juan

En 1904, casi a raíz de la espantosa guerra civil de los mil días, la Legislatura del gran Cauca dispuso el traslado de la capital de la Provincia del San Juan, que hasta ese año había residido en Nóvita, a la población de San Pablo, restituyéndole el nombre de Istmina, para que conservara, quizás, los términos de su origen etimológico que, como ya hemos visto, puede enunciarse “istmo de mina” o “mina de istmo”. Elevada a la categoría de capital, la población acarició mejor porvenir y se asentaron en ella los poderes del gobierno; se intensificó su comercio y comenzaron a establecerse los servicios públicos que caracterizan la vida urbana. A partir de esta época, y a lo largo de cerca de veinte años, presentó Istmina verdadero florecimiento en los distintos órdenes de sus actividades: excelente y seleccionada sociedad; comercio abundante y rico; magníficos establecimientos educativos; armónica y honesta expansión espiritual; cultura esmerada y gentil, le dieron fisonomía de centro accesible a la civilización.

“Ciudad amable, rica y comercial”: la visita del presidente Suárez

El 8 de marzo de 1920 recibió Istmina la visita honrosa y expresa del presidente Suárez, acompañado de los generales Ignacio Rengifo y Vicente Micolta. La ciudad hizo a los ilustres visitantes espléndida recepción, obsequiando al presidente con un valioso grano de platino de 76 castellanos de peso y algunas puntas de oro. El platino se cotizaba entonces a $18,00 oro colombiano el castellano. Agradecido el mandatario favoreció a mi pueblo con el dictado de “ciudad amable, rica y comercial”,

Cabe recordar ahora, como muestra de la potencialidad económica de Istmina, que, en el lapso de 1924 a 1928, el valor de la exportación de platino a los mercados de Estados Unidos y Europa, efectuada por las honorables casas comerciales de Rumié Hermanos, Antonio Asprilla Arango, Juri & Cobo, A & T Meluk y Cía., Rito E. Flórez, Ayala & Cía., Ángel, Piñeres & Cía., Z. Cassab & Cía., K. & Meluk, Lucindo Posso, Manuel J. Guzmán, Trifón Cook, Chagüí Hermanos, y otras, como producto del mazamorreo de los nativos, montó a más de veinte millones de dólares, pues aunque la mayor extracción del metal se obtenía en los municipios de Condoto y Tadó, especialmente, en Istmina se financiaba semana a semana el producido de dicha extracción.

El incendio de 1923

Istmina en reconstrucción. 
FOTO: Misioneros Claretianos, 1929.
/ El Guarengue.

El 30 de abril de 1923, la mano fatídica de un destino adverso tornó a soltar sobre la ciudad, confiada e indefensa, la voraz ola roja de la tragedia, y fue así como, en las cortas horas de la madrugada, vimos con dolor y con espanto los infortunados hijos de Istmina, reducirse a pavesas las construcciones que fueran albergue cariñoso de hogares distinguidos; de respetables entidades del comercio; de centros culturales de la juventud, de preciosos archivos oficiales, de estrados severos de la autoridad. Porque debe saberse que en aquel tiempo la capital del San Juan reunía factores que le daban dilatada fama de importancia. La catástrofe referida, de magnitud extraordinariamente superior a las dos anteriores, bien hubiera podido determinar la total extinción de la ciudad martirizada, si la tesonera constancia y la fe profunda de los istmineños no hubieran reaccionado para hacerla surgir, como el Fénix, de sus cenizas. Con el corazón y con el brazo, los damnificados reemprendieron la lucha por la reconstrucción, y en el momento actual, tras supremos sacrificios, exhiben cuando menos señales de consoladora aspiración al progreso. El Congreso Nacional decretó entonces un pequeño auxilio, que se agradeció, pero que se distribuyó sin ser notado entre los innúmeros perjudicados.

Más de 20.000 habitantes y aceptables edificaciones

Es Istmina a la vez capital del municipio de su nombre, el cual cuenta con una población que pasa de 20.000 habitantes, según el último censo, y tiene aceptables edificaciones de propiedad particular. Entre las construcciones oficiales figuran la de la Escuela Normal de Señoritas, que por sus comodidades y capacidad se estima como una de las mejores en su género en la Intendencia; la de la Escuela de varones; la de la Casa Consistorial, en construcción, y para la cual votó el Congreso, en las últimas legislaturas, un auxilio nacional de $100,00; la de la plaza de mercado, que requiere mejor acondicionamiento; la de la Fábrica de Licores; un cementerio católico, en construcción, y que el actual gobierno se propone terminar con fondos del erario público; un templo católico, administrado por los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, en construcción hace treinta años.

Vistas de Istmina. FOTOS: Misioneros Claretianos, 1929 / El Guarengue. 1. Panorámica desde el otro lado del río San Juan. 2. Imagen de Nuestra Señora de Las Mercedes en la iglesia de Istmina. 3. Iglesia. 4. Casa cural. 

Carece de los servicios de acueducto y alcantarillado, pero tiene buen alumbrado eléctrico. Funcionan los requeridos establecimientos de educación, entre los cuales merece citarse como principal la Escuela Normal de Señoritas, convenientemente dirigida por la hábil institutora señora doña Débora Asprilla de Cariuty. Su condición de capital de provincia proporciona a Istmina los servicios de las demás entidades oficiales que el Estado determina. Su clima fluctúa entre 26 y 27 grados de temperatura. Se halla situada a 2 grados 5 minutos 26 segundos de longitud Occidental y a 38 minutos 45 segundos de latitud Norte, a 110 metros sobre el nivel del mar. Dista de Bogotá 72 miriámetros 5 kilómetros.

La visita del presidente López Pumarejo

El 22 de noviembre de 1934 fue favorecida Istmina con la grata visita del presidente López; a éste, como a Suárez, regaló con otro tronco de platino de 110 castellanos de peso y cuanto ya se cotizaba este metal a $8.00 moneda corriente el castellano. El doctor López agradeció el obsequio y permaneció allí dos horas. Lo acompañaba, entre otros destacados personajes, el ministro de Gobierno, doctor Darío Echandía.

“Ha menester Istmina de la protección del Estado…”

No obstante el empeño de sus habitantes, la vida de Istmina es hoy de precarismo, muy diferente de la que se advertía hasta la tragedia de 1923; ésta y la general crisis económica por la que se atraviesa, la han deprimido notablemente. Como todo pueblo, y más cuando ha sido tan implacablemente flagelada por el fuego, ha menester Istmina de la protección del Estado para su resurgimiento. Un buen hospital; un bien construido edificio para cárcel pública; acueducto, alcantarillado, matadero e higienización vendrían a complementar de manera eficacísima las hasta hoy iniciadas y esperadas mejoras urbanas de la población. A este respecto, sabemos que el actual gobierno seccional, presidido por el distinguido ciudadana Dr. Dionisio Echeverry Ferrer, hará cuanto permitan las posibilidades fiscales, el tiempo y las oportunidades administrativas. Esto es bastante, y la confianza en esos patrióticos propósitos debe ser de absoluta firmeza.

El busto del General Uribe Uribe y el periódico El Heraldo

Entre las obras de ornato y de cultura ofrece Istmina un busto en bronce, erigido en su plaza principal, a iniciativa de don Emiliano Rey B., y costeado por el liberalismo local y de la provincia, a la memoria del máximo conductor y repúblico General Rafael Uribe Uribe, en 1922; una hoja periódica de aliento y de prestigio, EL HERALDO, fundada y dirigida, en 1928, por el doctor Sergio Abadía Arango, con la colaboración modesta, por varios años, de quien escribe este ensayo.

El Camellón de la República

No solamente el fuego ha supliciado a Istmina; también el agua, las mismas aguas del amado río San Juan, contribuyen a su aniquilamiento. Con alarmante frecuencia sus avenidas inundan la población, causando perjuicios, y actualmente el más populoso de sus barrios, “el Camellón de la República”, se halla seriamente amenazado de ser arrastrado por la corriente. Los vecinos claman, y ello es preciso atenderlo, por una muralla de defensa hacia la parte superior de esa alameda. Confían en la previsión del gobierno.

Fin

He aquí un sencillo bosquejo de lo que ha sido y es la capital del San Juan, bosquejo que ha de servir para rectificar, al menos, la impertinente afirmación de espíritus demasiado exigentes de que en aquella provincia únicamente existen proyectos de caseríos.


[1] Periódico ABC, N° 3444-Edición Extraordinaria. Quibdó, diciembre 17 de 1938. 16 páginas, página 2. Digitalizado por la Hemeroteca del Chocó. 

N. B. Los intertítulos en el texto monográfico sobre Istmina no pertenecen al original publicado por el ABC. Fueron introducidos para facilitar y orientar la lectura del mismo. 

Las fotografías de los Misioneros Claretianos fueron reproducidas de su informe de 1929 para la Exposición Misional Mundial, en el marco de la Feria Exposición Universal de Barcelona. Su fecha no necesariamente coincide con la de la publicación, aunque se presume cercana.

21/07/2025

 Contra el comercio corsario 
Los comienzos de la Cámara de Comercio del Chocó

*Publicidad en el periódico ABC, de Quibdó, 1935-1938. Imágenes: El Guarengue, con material digitalizado de la Hemeroteca del Chocó.
En la noche del lunes 25 de marzo de 1935, “se verificó una reunión de comerciantes, industriales y agricultores, en la casa de Eladio Ángel, para estudiar la insinuación del Ministerio de Agricultura y Comercio, en relación con el propósito del gobierno de fundar una Cámara de Comercio en el Chocó”;  informa el periódico ABC, de Quibdó, al otro día, en su edición N° 2975, del martes 26 de marzo de 1935.

Los fundadores

De acuerdo con el relato de ABC, a dicha reunión “asistieron los señores Bichyr Meluk, Mario Ferrer, Manuel F. Barcha, Musa Uechec, Eladio, Miguel y Julio Ángel, Elías Yurgaqui, Antonio E. Bechara, Amín Meluk, Julián Meléndez, Tiberio Restrepo, Delfino Díaz R., Abdo Abuchar, Alejandro Fierro B., Juan Garcés, Juan Zaher, José Bechara, Miguel Kardus, Esteban de Vargas, Jr., Alberto Reutlinger y Teodoro David”. Así como “los señores, doctor Jaime Arango V., y don Reinaldo Valencia, promotores de la reunión a nombre del Ministerio”.[1]

El gestor

Reinaldo Valencia, el famoso intelectual, escritor, periodista, abogado y político quibdoseño, fundador del periódico más importante de la historia del Chocó y único diario que ha existido en la región, el ABC (1913-1944), y que, entre otros establecimientos comerciales, era propietario de los Talleres Gráficos de ABC; coordinó aquella reunión e ilustró a los presentes acerca de la ley sobre cámaras de comercio, al igual que dio a conocer a la concurrencia “los despachos cruzados” entre él y el doctor Arango, como gestores ad hoc de la iniciativa, y el respectivo ministerio, que los había designado para tal fin.

La decisión

La reunión cumplió su cometido. En palabras de Víctor García A., el cronista del periódico ABC que firmaba la nota: “Durante largo rato se cambiaron ideas y, por unanimidad, se acordó elevar al Ministerio la solicitud correspondiente, enviándosele, además, una lista de los miembros del Comercio y de los industriales del Chocó a fin de que el Ministerio haga la designación de miembros de la Cámara. Se comisionó al señor Valencia para elaborar el respectivo memorial aduciendo las razones que militan para pedir la constitución de la Cámara, y para solicitar el ‘envío’ de los reglamentos de las diversas Cámaras del país, para hacer un estudio más atento de la cuestión antes de la próxima reunión”.[2]

Cumpliendo de modo diligente el encargo que le fuera hecho en la reunión, en el sentido de solicitar documentación y “consultar si los individuos o firmas de comercio que no sean afiliados se sujetarán a los estatutos y medidas que adopte la corporación”[3]; el miércoles 27 de marzo de 1935, Reinaldo Valencia envió comunicación al Ministerio planteando las materias acordadas. El 3 de abril de 1935, el propio ministro le respondió: “La Cámara de Comercio allá tiende naturalmente a moralizar, y por lo mismo a impedir el comercio corsario de que usted habla. A Jaime Arango, se le remitirán por avión los reglamentos. El Ministerio se complace con las noticias de sus interesantes labores. Servidor. Cristóbal Bossa”.[4]

La creación

Así las cosas, luego de dos semanas de conversaciones y trámites, la Cámara de Comercio de Quibdó, con jurisdicción en la Intendencia Nacional del Chocó, fue creada mediante el decreto 662, del 8 de abril de 1935,[5] firmado por el presidente de la república Alfonso López Pumarejo y su entonces ministro de Agricultura y Comercio, Cristóbal Bossa, quien permanecería no más de una semana en el cargo.

El funcionamiento y la composición de esta cámara deberían sujetarse a lo establecido en la vigente ley de cámaras de comercio, Ley 28 del 18 de febrero de 1931, y su decreto reglamentario: Decreto 1890 del 24 de octubre de 1931; por lo cual, como todas las cámaras de comercio del país, la de Quibdó tendría como objeto general “propender al desarrollo de los intereses colectivos del comercio, de las industrias y de la agricultura en las regiones de su jurisdicción, fomentar el turismo en beneficio del país y procurar la prosperidad de dichas regiones”[6]; y una de sus tareas inmediatas sería adelantar “el Registro Público de Comercio”, fijado por la ley (artículo 29) y el decreto reglamentario (artículo 16); registro que sería inaugurado por la mayor parte de los asistentes a la reunión de aquel lunes.

El posicionamiento

De allí en adelante, bajo la conducción de Manuel F. Barcha como presidente y Alberto Reutlinger como secretario, la Cámara de Comercio de Quibdó, con jurisdicción en la Intendencia Nacional del Chocó asumió sus labores de representación gremial, conformación de directorios de comerciantes, industriales y agricultores, promoción de encuentros y conferencias, vocería y representación ante las instituciones estatales, tanto en asuntos gremiales como en lo referente al desarrollo de la región chocoana.

Así, por ejemplo, a menos de un año de su fundación, la Cámara de Comercio le plantea al gobierno nacional -mediante comunicación telegráfica- la necesidad de atender a la regularización de la navegación por el río Atrato, que hace posible su relación con el Caribe y su conexión con el país y el mundo; condiciones estas que le han permitido al Quibdó de entonces convertirse en una especie de metrópoli en un claro de la selva.

República de Colombia. Intendencia Nacional del Chocó. Cámara de Comercio de Quibdó con jurisdicción en la Intendencia.

 

Quibdó, enero 16 de 1936

Presidente López o Minagricultura

Minobras sección navegación

Bogotá

 

Alarmante expectativa reina esta ciudad, con motivo no haber entrado ningún barco al Atrato, en presente año. Hace seis días hállase varada bocas río moto-nave Simón Bolívar, y víveres comienzan a escasear, con natural espanto habitantes esta región, que súrtese alimentos principales Costa Atlántica. Además, como es natural, propietarios naves veránse obligados suspender despachos éstas, ante peligro perderlas o por crecido aumento en gastos al no hacer el viaje en tiempo que ellas está fijado. Chocó, hace muchos años, viene pidiendo ahincadamente a todos los gobiernos un poco de atención para este problema, que veíase llegar, y que hoy llega sin que la solución háyase encontrado. Comercio, habitantes comarca, por conducto de esta Cámara, piden, respetuosamente, inmediata solución esta cuestión de vital importancia. Servidores. CÁMARA DE COMERCIO.

ABC N° 3119-Quibdó, enero 18 de 1936. Pág. 2.

Quibdó a principios de la década de 1930.
FOTOS: Misioneros Claretianos.
Archivo El Guarengue

Y así, sucesivamente, en coordinación con el gobierno intendencial y con la participación activa y los aportes, incluso económicos, de los propios comerciantes que la integran, la Cámara de Comercio de Quibdó emerge como vocera regional, en apoyo a la ciudadanía del Chocó y a sus autoridades. De hecho, ante la permanencia, y en algunos casos agravamiento, de problemáticas recurrentes en la Intendencia Nacional del Chocó, la Cámara de Comercio solicita respuestas al gobierno de la Revolución en marcha, que le responde punto por punto, en una comunicación que publica el periódico ABC en la primera página de su edición 3324, del 19 de febrero de 1938.

Con fecha 17 de febrero de 1938, el presidente Alfonso López Pumarejo dirige una carta al secretario de la Cámara de Comercio, Alberto  Reutlinger, donde le manifiesta: “por intermedio suyo deseo informar a esa Cámara de Comercio que hemos estado tratando de dar a la Intendencia,  y que esperamos lograrlo en breve, un gobernante que, por su equidistancia de los grupos políticos, y por su preparación administrativa, esté en capacidad de atender con eficacia inmediata aquellos asuntos que atañen decisivamente a la situación económica y social del Chocó…”;[7] ello en referencia a la situación del cargo entre marzo de 1937 y marzo de 1938, cuando Delfino Díaz Ruiz durante diez días, César Arriaga y Emilio Meluk, durante 6 meses cada uno; dieron paso a un nuevo Intendente foráneo, el cual, ante la presión de dirigentes chocoanos como Adán Arriaga Andrade, daría paso a Dionisio Echeverry Ferrer, quien asumiría el cargo entre octubre de 1938 y septiembre de 1942.

Del mismo modo, en su comunicación a la Cámara de Comercio de Quibdó, el presidente López Pumarejo anuncia que en agosto quedará establecida "la navegación oficial en el Atrato"; que ha dado instrucciones al Ministerio de Obras Públicas “para que se apresuren los estudios del acueducto de Quibdó; a la Dirección Nacional de Higiene para que traslade inmediatamente al Chocó un ingeniero sanitario; al Ministerio de Correos y Telégrafos para terminar, a la mayor brevedad posible, la instalación de las estaciones radiotelegráficas de Acandí, Juradó e Istmina, y la reparación de la de Quibdó; al Ministerio de Agricultura para el envío de insumos y equipos agrícolas; al Ministerio de Educación para intensificar los trabajos y estudios de la Escuela Normal de Quibdó y la de Artes y Oficios de Istmina; a la Biblioteca Nacional para que haga una donación de libros a la Biblioteca de la Sociedad de Mejoras Públicas; y, finalmente, al Ministerio de Industrias para que conceda a esa Cámara de Comercio el auxilio autorizado por la ley… “Muchas de estas órdenes se están cumpliendo actualmente y en breve término se ejecutarán todas”, concluye el presidente.[8]

La comunicación finaliza aludiendo a los próximos pasos institucionales que, en ese entonces, dará la Cámara de Comercio de Quibdó: “Tengo especial interés en la celebración de la junta de Comerciantes de las provincias de Atrato y San Juan que deberá realizar el primero de marzo y confío en que sus conclusiones servirán eficazmente al gobierno en los propósitos que la animan… Lo saludo atentamente, Presidente López”.[9]

1938: Asamblea y nuevos dignatarios

Efectivamente, como lo mencionó el presidente de la república en su comunicación a la Cámara de Comercio de Quibdó, a las 8 de la noche del 8 de marzo de 1938, en el Salón del Consejo Administrativo de la Intendencia Nacional del Chocó, fue instalada la Asamblea general de comerciantes del Chocó, que había sido convocada por Emilio Meluk, encargado del Despacho de la Intendencia, y Manuel F. Barcha, presidente de la Cámara de Comercio. “Para asistir a la asamblea, llegaron los señores Jorge Salazar G., Agustín Rey, representantes del comercio de Condoto; y los señores Antonio Agudelo y Pedro María Agudelo, por El Carmen. Por Istmina fueron nombrados los señores Roque J. Peñate y el doctor Barrera Ortiz; y por Tadó el mismo señor Peñate… La Intendencia dio viáticos a los delegados de Condoto y El Carmen”.[10]

Presidida por Emilio Meluk, secretario de gobierno e Intendente encargado, y Alberto Reutlinger como secretario, y con la participación de 72 miembros del comercio importador, mayorista y detallista de Quibdó, más los delegados del San Juan y de El Carmen; el 9 de marzo de 1938, la asamblea eligió una nueva junta directiva. “Principales: Antonio Asprilla A., Jorge Salazar G., Mario Ferrer, Juan Garcés, Antonio Bechara, Musa Uechec, Epifanio Álvarez, Juan Pío Perea, Manuel F. Barcha. Suplentes personales: Miguel Ángel, Raúl Cañadas V., Pedro Luis Vázquez, Pedro Manuel Mosquera P., Alfredo Curi, Juan Zaher, Gabriel Escobar, Juan E. Dueñas, Jorge E. Díaz”.[11] El 10 de marzo sería oficialmente instalada la directiva y procedería a elegir a sus dignatarios.

Publicidad en el periódico ABC, de Quibdó, 1935-1938. Imágenes: El Guarengue, con material digitalizado de la Hemeroteca del Chocó.
Nuevos tiempos

En una nueva sede, situada en la planta baja de una casa en la calle sexta y con su recién creada sección de Información y Propaganda comercial, dos asuntos que informó profusamente mediante un aviso sucesivamente publicado en el periódico ABC; la Cámara de Comercio de Quibdó siguió adelante, buscando consolidar su liderazgo gremial en un sector tan amplio, variable y diverso como era el comercio quibdoseño de la época. Dicho escenario, como puede verse en la publicidad del periódico ABC a través de los años transcurridos entre su creación en 1935 y su asamblea de 1938, será significativamente modificado cuando, al tradicional intercambio fluvial con el Caribe, mediante el transporte en las históricas motonaves y barcos de carga y pasajeros, se vaya sumando progresivamente la presencia de productos, manufacturas, servicios, distribuidores y comerciantes de la región antioqueña. Además de barcos e hidroaviones, de transporte aéreo y fluvial, el antiguo camino hacia Antioquia llegará a Quibdó convertido en trocha por donde camiones y buses traerán nuevos acentos, nuevas mercancías, nuevas formas y estrategias de comercio, nuevas ambiciones... El antiguo puerto aéreo devendrá en aeropuerto y la antigua Intendencia en Departamento... Aunque don Reinaldo Valencia ya no estaría para verlo, en este nuevo escenario será más difícil el control del comercio corsario, que a él tanto le preocupaba.


[1] Periódico ABC, Quibdó, N° 2975. 26 de marzo de 1935.

[2] Ibidem.

[3] Periódico ABC, Quibdó, N° 2979. Abril 6 de 1935

[4] Ibidem.

[5] El decreto 662 de 1935 (abril 8) puede consultarse en:

https://www.suin-juriscol.gov.co/viewDocument.asp?id=1141822

[6] Ley 28 de 1931 (febrero 18), artículo 1°.

En: https://www.suin-juriscol.gov.co/viewDocument.asp?id=1584095#

[7] Periódico ABC, N° 3324. Quibdó, 19 de febrero de 1938.

[8] Ibidem.

[9] Ibidem.

[10] Periódico ABC, N° 330. Quibdó, marzo 8 de 1938, pág. 4ª.

[11] Ibidem.

14/07/2025

 Reflexiones de ayer para el colegio de hoy: 
A propósito de los 120 años
del Colegio Carrasquilla, de Quibdó 

Grupo de estudiantes y profesores del Colegio Carrasquilla (ca. 1935 ). Sentado de primero a la derecha, Jorge Valencia Lozano, quien sería Rector de la institución en 1938. FOTOS: Archivo fotográfico y fílmico del Chocó y archivo El Guarengue.
El Colegio Carrasquilla, de Quibdó, considerado Alma Máter de la educación en el Chocó, celebra 120 años de existencia en el presente 2025; aunque hay quienes defienden la idea de que la conmemoración sería de los 110 años, pues se debería tomar como referencia el año 1915, que es cuando el antiguo Colegio Público (1905), Instituto Pedagógico (1907) y Escuela Superior (1914), pasa a ser llamado Colegio de Carrasquilla, en homenaje al insigne humanista, pedagogo, educador y poeta colombiano Ricardo Carrasquilla, nacido en Quibdó el 22 de agosto de 1827.[1]

Por lo menos unos cuarenta y cinco rectores han estado a cargo de la dirección del Colegio Carrasquilla, por cuyas aulas transitó la “Generación ilustre del Chocó”[2] o “Generación de la dignidad”[3], llamada también la Generación chocoanista o la Generación del Carrasquilla[4]; varios de cuyos integrantes serían profesores y rectores de la institución.

El intelectual y abogado quibdoseño Jorge Valencia Lozano, quien fuera Intendente Nacional del Chocó entre enero y abril de 1923, febrero a mayo de 1924 y febrero de 1927 a septiembre de 1930, fue uno de los integrantes de aquella brillante generación, que pondría al Chocó en la escena intelectual y política de Colombia y consagraría sus esfuerzos comunes a obtener para la región el paso de Intendencia a Departamento, como símbolo de autonomía y reivindicación sociopolítica, territorial, económica y racial.[5] Ampliamente considerado como uno de los mejores gobernantes del Chocó en toda su historia, tanto por su pulcritud y honestidad, como por su eficacia y visión estratégica, Jorge Valencia Lozano fue también Rector del Colegio Carrasquilla, cargo que ostentaba en 1938, cuando dio cierre a las actividades escolares de aquel año lectivo.

El discurso del Rector Jorge Valencia Lozano ante el estudiantado y el profesorado del Colegio Carrasquilla, en diciembre de 1938, va más allá de una admonición disciplinaria o un balance de lo actuado en el año. El centro de su reflexión es el llamado al compromiso ético en boga en la Colombia de entonces: el amor a la Patria. Y, para el caso regional, el amor a la Patria como adscripción del territorio chocoano al proyecto de nacionalidad colombiana y como compromiso, responsabilidad y deber de la juventud chocoana de sacar adelante a su tierra; así como fuente inspiradora y misión del Colegio Carrasquilla. Un diagnóstico panorámico de los problemas que en la época impedían u obstaculizaban el progreso del Chocó -muchos de los cuales persisten- es el telón de fondo de la invitación que el Rector Valencia Lozano hace a los jóvenes carrasquilleros de entonces para que asuman su compromiso con la región chocoana, como una muestra de civismo, amor a la tierra y a la patria.

Por considerarlo un documento histórico, valioso para las reflexiones que pudiera suscitar la conmemoración del 120° aniversario del Colegio Carrasquilla, en el Guarengue-Relatos del Chocó profundo, hemos transcrito y editado el discurso, que reproducimos a continuación y que está tomado de la Edición Extraordinario del periódico ABC,[6] de Quibdó, publicada con motivo de los 25 años de circulación de este medio, cuya vida se prolongaría hasta 1942 y en cuyas páginas quedó consignada gran parte de la historia regional durante la primera mitad del siglo XX.[7]

Julio César Uribe Hermocillo, 13.07.2025

*******************

El Colegio de Carrasquilla 
y los rumbos del Chocó
(Discurso de su Rector, al clausurar estudios en 1938)

Jorge Valencia Lozano
Quibdó, diciembre 18 de 1938

Detalles del periódico ABC, de Quibdó, Edición Extraordinaria, 17 de diciembre de 1938. Colegio Carrasquilla (ca. 1945) y Jorge Valencia Lozano. FOTOS: recortes de imagen edición ABC Hemeroteca del Chocó. Archivo fotográfico y fílmico del Chocó. Edición: El Guarengue.
Las palabras del Rector del Colegio de Carrasquilla frente a los alumnos del plantel, en esta última jornada, en que como las tradicionales golondrinas, al cambio de la estación, se preparan para dejar el abrigo protector, no pueden vislumbrar otra serena y grata perspectiva ni otro encendido ideal que el del amor a esta tierra nativa dentro del horizonte dilatado y pleno de heroísmo de Colombia, la madre nuestra, que encarna para nosotros, los suyos, los hijos suyos, el ápice de la belleza ideal.

Dicen que cuando el enorme acorazado Hood de Su Majestad Británica se mueve de un mar a otro, es Inglaterra la que se moviliza. Y llego en mi amor al Chocó hasta el delirio y quisiera en mis ensueños que cuando el pueblo del Chocó se agitase, toda la tierra colombiana se estremeciera. Pero ello supone una ampliación y una intensificación de nuestras modalidades y circunstancias; un enriquecimiento social vigoroso; un progreso material que abrillante nuestra vida; una cultura que eleve nuestros espíritus; el crecimiento de nuestra población para colmar estos ámbitos verdes, silenciosos, improductivos por la inactividad.

Y así debe ser, porque como parte integrante de la nación somos una afirmación, una vida organizada. Pero la nación no puede quedarse quieta o paralítica, porque ella, para cumplir su destino histórico, no debe limitarse a vivir, sino que debe elevarse, superarse, cuajarse de civilización. Esta función biológica de perdurar no puede cumplirse en la nación al acaso, como al acaso es así mismo imposible en el individuo. Esta prolongación y este engrandecimiento social implican por fuerza la solución de uno de los más trascendentales problemas, como que es obtenido entre circunstancias tan opuestas como los polos de la Tierra: entre el hombre y el Estado y entre la libertad y el orden. La solución de este problema, cuando se efectúa al amparo de normas jurídicas, se traduce en la formación y el esplendor del espíritu cívico de los ciudadanos, que es orden y eficacia en el amor y en el servicio a la patria inmortal.

Este espíritu cívico no es solo obediencia a las leyes y a los magistrados, de parte del pueblo, ni equidad y justicia de parte de los magistrados: es también, en ambos casos, un conocimiento tan exacto como sea posible de las íntimas maneras de ser una sociedad y de las medidas encaminadas a realizar aquella prolongación del pueblo hacia las playas misteriosas del Destino. Por lo que hace al Chocó, exige de sus hijos un espíritu cívico más intenso que el que se impone a otros vástagos de Colombia, porque más dilatados y más agobiadores que los otros son los problemas que como desfiladeros escarpados nos recortan la luz de los horizontes y nos siembran de obstáculos la senda del progreso: la despoblación, el aislamiento, la carencia de vías de transporte, la desvinculación vial entre las diversas partes de la comarca, la carencia de industrias, la nula producción de riqueza agrícola, la pobreza de todos nosotros, la ausencia de un comercio poderoso, las barras de las bocas del San Juan y el Atrato, la desconexión de sus valles con las costas, el caciquismo, el consumo de víveres extranjeros o forasteros, el altísimo y desconcertante precio de la vida, que hace imposible todo ahorro, la absoluta carencia de créditos que fomenten la creación y la movilización de riquezas, y la deficiencia en la explotación agrícola, que ha sido y sigue siendo para nuestros patriotas empresarios como el infernal tonel de las hijas de Dánao.

He aquí pues la más intensa labor, digna de Hércules, que se ofrece a las nuevas generaciones del Chocó. Cada uno de estos temas es por sí solo un vasto programa de acción y de gobierno, que incita las energías, remueve el pensamiento, exalta la imaginación y empuja a las gentes hacia las aguas lustrales del patriotismo.

Todos son de urgente y diversa solución, porque el problema de la redención chocoana no se resuelve en uno solo de sus aspectos, sino en la simultaneidad de ellos. Pero ninguno me ha parecido tan capital como el de las vías de comunicación, porque ellas, en verdad, serán la base para la realización de todos los demás. Las carreteras traducirán en la vida lo que la naturaleza le ha brindado a manos llenas al Chocó y lo que los hombres le hemos negado: una intensa unidad territorial. Y más se aquilata este criterio si pensamos que las carreteras nos llevarán a las costas del Pacífico y del Atlántico. La anexión de la Costa del Darién, en donde el oro no se encuentra ya en las entrañas de la tierra, sino en los almibarados frutos bananeros que vienen brotando como un milagro, a las caricias de las brisas y al arrullo del mar azul en la ribera californiana de Acandí; la vinculación, muy estrecha y útil desde luego, de las tierras feraces que parten de las orillas del Río Napipí hacia las cabeceras de los ríos Salaquí, Cacarica y Juradó, pasando por la espléndida y oculta comarca de Unguía, que es ya una intensa huerta, donde los frutos rojos del cacao alternan con los plumajes del arroz, para llegar por Acandí a la frontera con Panamá, comporta la solución racional, práctica, del problema de la desvinculación de aquel ángulo del suelo colombiano, con resultados tan maravillosos que a los ojos de la misma imaginación aparecerían como un cortejo de ensueños irrealizables.

Y en el campo social y político, nada es tan necesario a la región como la grande perspectiva de acentuar sinceramente la fraternidad del Atrato y del San Juan. La naturaleza nos ha unido, aunque una de esas gigantescas corrientes lleva el aporte de sus aguas al Océano Pacífico y la otra concurre con el suyo al mar de las Antillas, porque, precisamente, esa diversidad de rumbos, engalanados por las florestas más bellas de la América nuestra, en oposición a su cercano nacimiento en faldas gemelas de los Andes enhiestos, es lo que da al Chocó toda la magnitud de su destino supremo, que nosotros ¡ay! hemos sido incapaces de comprender y fomentar.

[…]

En el colegio experimentan por primera vez los jóvenes el sentido de la comunidad, sienten que no son solos, que forman parte de una gran sociedad, cuyos hábitos llegan hasta ellos en las páginas inmarcesibles de la Historia; perciben los primeros llamamientos del alma hacia la vida nacional y se ven atraídos a la ruta de los hombres grandes e ilustres, que de ese mismo colegio se dispersaron al servicio de la Patria. Dijérase que en el colegio están protocolizados los anhelos colectivos y que solo allí pueden los adolescentes mirar, desde las esbeltas y ágiles ojivales, hacia las playas luminosas que enaltecen las heroicas visiones del pasado. En el colegio surgirán en sus almas los primeros anhelos y los impulsos hacia la lucha por el bien común.

El Colegio de Carrasquilla, por tanto, debe ser en el Chocó el supremo guion de las aspiraciones regionales; de aquí, y solo de aquí, deben surgir las palabras y las fórmulas normativas de un civismo acendrado y puro que encauce estas generaciones y las futuras hacia un prospecto de bienaventuranza comarcana. De aquí debemos divisar los barrancos y las cavernas del error y el egoísmo, y las tendidas y azulosas llanuras del civismo. Estas aulas deben ser granero de patriotas, porque los buenos ciudadanos no se improvisan. Prepararlos para el mañana, dignos, aguerridos, celosos del cumplimiento del deber y del bien regional, altivos señores de su propio yo, de tal manera que parodiando a los espartanos puedan decir: “Somos los muros del Chocó”; tal es la misión que el colegio debe realizar sobre la distinguida y adorada sociedad de los chocoanos.

Colegio Carrasquilla, Quibdó, ca. 1960
FOTO: Archivo fotográfico y fílmico
del Chocó.
Siempre amé estos claustros y estuvo mi espíritu resueltamente al lado de sus anhelos y reivindicaciones. Traído aquí por el cariño de estos estudiantes y por la benévola confianza del anterior jefe de gobierno, nada podría ser más grato a mi vida interior como vincularme, más hondamente, en esta ocasión, al servicio de una generación chocoana de jóvenes exaltados y patriotas. Les traje todo mi fervor por la Patria y por el Chocó, y toda mi experiencia en las luchas políticas. Y convencido de que sin disciplina no hay jerarquía eficaz y eficiente ni coordinación fecunda, que eviten la anarquía en las funciones, desde el primer instante establecí una disciplina que en un día salvó al colegio del triste rumbo en que naufragaba, y que le permitió reincorporarse a una vida mejor y hacer un año provechoso, en que el estudio enalteció estas aulas, el silencio las hizo fecundas, la cultura las emancipó de la ignorancia, el amor al Chocó las hizo abrigo de un civismo que pronto dará leales servidores a la comarca y en que el patriotismo encendió las luces de sus heroicas visiones.

Al despedirme con viva efusión, repito a los estudiantes, a quienes me esmeré de la manera más viva en ahorrar la más pequeña injusticia, las palabras de estímulo que diariamente les decía con toda unión. No vais a la vida con miedo, porque, aunque la vida no nos ofrece siempre la felicidad en copas rebosantes, al menos es buena y consoladora si transitamos sus sendas con lealtad a los supremos valores espirituales y con sanas y elevadas intenciones.

Y os renuevo el consejo que tantas veces os di: no busquéis la vida cómoda y no conozcáis ni la molicie ni el miedo. No olvidéis que aunque no brilló sobre la frente de Esparta el laurel que ciñó las sienes de Atenas, llegó a ser su rival en la hegemonía de la Hélade en todo el decurso de esa admirable y agitada vida griega, conmovida por todas las angustias del patriotismo y todas las torturas de la desesperación nacional, porque en Esparta la sencillez de las costumbres, la austeridad de la vida, la incomodidad y las privaciones permitieron a los lacedemonios el supremo orgullo de ser dueño de una Patria casi siempre intangible. Rechazad, pues, de vuestro espíritu, las malas pasiones y los vicios, que son los enemigos del espíritu, para que podáis compartir aquel orgullo de los lacedemonios, que se vanagloriaban de que ningún enemigo extranjero alcanzó a columbrar, ni siquiera desde las lejanías, el humo de los hogares espartanos.


[1] Los datos son tomados de: César E. Rivas Lara. Reseña histórica del Colegio Carrasquilla, Alma Máter de la cultura chocoana. 115 años:1905-2020. Léanlo Editores, 2020. 360 pp. Pág. 46-48.

Sobre el Maestro Carrasquilla, puede leerse en El Guarengue-Relatos del Chocó profundo: Ricardo Carrasquilla: pedagogo y maestro, poeta y humanista, publicado el 5 de agosto de 2024. https://miguarengue.blogspot.com/2024/08/ricardo-carrasquilla-pedagogo-y-maestro.html

[2] César E. Rivas Lara. Obra citada. Pág. 29.

[3] Ver en El Guarengue-Relatos del Chocó profundo, La Generación de la dignidad (13.05.2024): https://miguarengue.blogspot.com/2024/05/la-generacion-de-la-dignidad-ramon.html

[4] González Escobar, Luis Fernando. Quibdó, contexto histórico, desarrollo urbano y patrimonio arquitectónico. Centro de publicaciones Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín, febrero 2003. 362 pp. Pág. 177. “Es importante destacar que el Colegio Carrasquilla alcanzó uno de sus periodos más esplendorosos, cuando surge de sus aulas la denominada “Generación del Carrasquilla”, los cuales posteriormente asumieron el manejo del plantel".

[5] Sobre la vida y obra de Jorge Valencia Lozano, incluyendo datos sobre su familia, Américo Murillo Londoño publicó dos artículos en El Manduco, disponibles en:

https://elmanduco.com.co/vida-y-obra-de-jorge-valencia-lozano-i-parte-por-americo-murillo-londono-mis-memorias/ y https://elmanduco.com.co/vida-y-obra-de-jorge-valencia-lozano-el-intendente-del-siglo-ii-parte-por-americo-murillo-londono-mis-memorias/

[6] Periódico ABC, Quibdó. Edición Extraordinaria. Sábado 17 de diciembre de 1938. Edición N° 3444, pág. 10.

[7] Sobre la trayectoria y el significado del periódico ABC en la historia del Chocó, pueden leerse en El Guarengue-Relatos del Chocó profundo varios artículos, entre ellos: 1) Reinaldo Valencia y su ABC (10.02.2020): https://miguarengue.blogspot.com/2020/02/reinaldo-valencia-y-su-abc-1-reinaldo.html, 2) Las lecciones del ABC (06.05.2019): https://miguarengue.blogspot.com/2019/05/laslecciones-del-abc-primera-pagina-del.html


07/07/2025

 Afrofuturismos Diaspóricos
Imaginar otros mundos 
como práctica política 
(2ª Parte) 
Luisa Uribe[*]

"Noche de baile en Drexciya. La vida en Drexciya es más que guerra y ciencia. Los drexciyanos también aman la música y el baile, y lo hacen siempre que pueden". The Book of Drexciya. Novela Gráfica (Berlín, 2019). Idea original y pinturas de Abu Qadim Haqq. https://www.roots-routes.org/ 
AFROFUTURISMO: NARRAR EL FUTURO PARA HABITAR EL PRESENTE

El término «afrofuturismo» fue acuñado por el crítico cultural Mark Dery en 1994, quien lo definió como una forma de «ficción especulativa que aborda temas y preocupaciones de la comunidad afroamericana en el contexto de la tecnocultura del siglo XX». Desde entonces, el concepto ha evolucionado y hoy se entiende como un movimiento artístico, cultural y político multidisciplinario que va más allá de la estética o la literatura para convertirse en una herramienta de imaginación radical desde las experiencias de la diáspora africana.

En este ensayo, el afrofuturismo funciona como una bisagra conceptual que permite observar las contranarrativas políticas y simbólicas que han nutrido las múltiples luchas antirracistas en América Latina. ¿Qué posibilidades ofrece para interpretar las luchas afro en el continente? ¿Cómo nos ayuda a entender la comunicación política de estos movimientos, su forma de habitar el presente y su apuesta por otros futuros posibles?

En su ensayo original, Dery planteaba una pregunta clave: ¿cómo puede una comunidad cuya historia ha sido sistemáticamente borrada imaginar futuros posibles? ¿Y cómo disputar ese porvenir si ha sido colonizado por tecnócratas, diseñadores de sistemas –hombres blancos del norte global– que han moldeado nuestras fantasías colectivas? En esa pregunta radica el potencial político del afrofuturismo: en su capacidad de disputar el monopolio de la imaginación y de construir, desde la memoria, la resistencia y otras ontologías del tiempo, nuevas formas de existencia.

Este enfoque se vuelve especialmente pertinente en América Latina, donde las luchas afrodescendientes, más allá de los avances institucionales logrados en el marco del multiculturalismo de los años noventa, han planteado alternativas políticas, culturales y espirituales que rebasan los marcos estatales y académicos. Desde prácticas de autonomía, expresión artística, espiritualidades de matriz africana y formas colectivas de organización, se han configurado verdaderos laboratorios de futuros posibles.

El afrofuturismo también ha experimentado una transformación significativa desde su origen. Si en los años noventa estaba centrado principalmente en la experiencia afroamericana y la brecha digital, su versión contemporánea –ampliada por las redes sociales y las tecnologías digitales– ha adquirido un carácter más global y panafricano. Esta nueva ola ha abierto espacio para que voces afrodescendientes de distintas regiones del mundo construyan sus propios imaginarios futuristas, desde contextos y estéticas locales, y con un fuerte anclaje en la memoria histórica.

¿Por qué recurrir al afrofuturismo para analizar las luchas afrodescendientes en América Latina? Porque permite interrogar no solo las formas de exclusión impuestas con la consolidación de los Estados nacionales –bajo los discursos del liberalismo y el cientificismo del siglo XIX– sino también las formas en que los movimientos afro han respondido, resistido y reimaginado esos modelos. A través del afrofuturismo es posible percibir y hacer notar la tensión entre el relato hegemónico y las contranarrativas tejidas por los pueblos afrodescendientes, que no solo buscan reconocimiento sino también transformación radical.

Desde una mirada descolonial y antirracista, se cuestiona además la linealidad del tiempo como fundamento del pensamiento moderno. Como afirma la antropóloga y activista dominicana Ochy Curiel, retomando a compañeras activistas mayas: «el futuro ya fue». Esta afirmación no es una paradoja, sino una invitación a comprender el tiempo desde una lógica cíclica, según la que el pasado, el presente y el futuro se entrelazan en una misma continuidad de lucha, memoria y creación colectiva.

Yo creo que una cuestión fundamental es cuestionar esta lógica del tiempo lineal. Por ejemplo, hay compañeras mayas que han dicho «el futuro ya fue», y a mí me encanta esa sentencia porque, frente a estas lógicas de extractivismo, a este mundo tan horroroso, más o menos tenemos la idea de lo que viene en el futuro, que es destrucción, que es guerra, etc. Y lo que dicen muchas comunidades es que tenemos que otra vez ver hacia atrás, los aprendizajes, las experiencias de nuestros ancestros y ancestras que vivían mejor, en el sentido de la relación con la naturaleza, en el sentido de la conectividad, etcétera, y en ese sentido hay un movimiento casi en espiral (Ochy Curiel, entrevista por la autora, marzo de 2025).

Es un planteamiento que nos permite pensar también en las múltiples posibilidades desde la diversidad y el pensamiento popular que ya vienen trazando los movimientos afro de la región. Sobre esas disputas también señala Curiel:

(...) Pero al mismo tiempo, ha habido un cambio importante: con la entrada de personas afrodescendientes a las escuelas y universidades, con el acceso a espacios de producción de conocimiento que antes les estaban vedados, comienza también a transformarse la forma en que se narran nuestras historias (...) El cimarronaje, por ejemplo, pero no solo como hechos o personajes destacados, sino como expresiones de otras lógicas del mundo: en la espiritualidad, en las formas de vida, en las formas de producir conocimiento.

 

(...) Hay, entonces, una disputa entre dos tipos de relatos: por un lado, los hegemónicos, coloniales, y por otro, los que estamos construyendo desde las resistencias, pero también desde las producciones de mundos posibles. Lo hacemos desde el canto, desde la música, desde otras ontologías, desde el pensamiento, desde el teatro, desde una prensa distinta… Esto ha pasado en muchos lugares de América Latina (Ochy Curiel, entrevista realizada por la autora, marzo de 2025).

Por otro lado, frente al reto de pensar en una sola identidad o narrativa afrolatinoamericana y afrocaribeña, una identidad drexciyana que en conjunto nos permita rastrear las resistencias subacuáticas, Curiel explica:

Yo creo que cualquier identidad, sea una identidad política colectiva o individual, tenemos que verla en torno al contexto. Por ejemplo, lo afrobrasileño o lo afrocolombiano está definido por los límites del Estado nación, es decir, como si la gente que nace en Colombia, la gente afro que nace ahí, o que nace en República Dominicana, tuviera características distintas. Y eso es así en el sentido de que hay un contexto particular que las hace distintas, pero quien marca esta categoría es el Estado nación. Por eso decimos afrocolombianas, afrodominicanas, etc. Por otro lado, cuando estamos hablando de lo afrolatino y de lo afrocaribeño –porque yo nunca separo esas dos experiencias–, estamos hablando también de una particularidad regional, y eso significa retomar historias que, si bien en los contextos son un poco distintas, también comparten lógicas en términos de la situación histórica. (...) Ahora bien, cuando estamos hablando de lo afrolatinoamericano y de lo afrocaribeño, estamos hablando de unas lógicas que sí se repitieron en la región. (...) Otro concepto que me parece muy importante es la diáspora. Es decir, una de las cosas que los movimientos sociales y antirracistas –y particularmente el movimiento negro y afro– han querido reivindicar es el tema de la diáspora, porque nos permite entender esas continuidades históricas desde el mismo momento en que sacan de África a nuestros ancestros y ancestras hasta el día de hoy. Pero, además, nos permite articularnos regional e incluso mundialmente (Ochy Curiel, entrevista realizada por la autora, marzo de 2025).

DES-MEDIOS MASIVOS Y DIGITALES

La reflexión de Ochy Curiel sobre las identidades afrolatinoamericanas y afrocaribeñas como construcciones situadas –atravesadas por el Estado nación, pero también por la historia compartida de la diáspora– resuena con la lógica expansiva y transfronteriza del universo de Drexciya. Ambas narrativas rechazan los esencialismos y plantean una articulación política desde la diferencia y la memoria compartida. En este sentido, los medios masivos y, sobre todo, las redes digitales han abierto un nuevo territorio simbólico en el que estas narrativas se multiplican, se disputan y se reconfiguran. Drexciya, aunque nacida en un contexto afroamericano, circula globalmente como un archivo abierto de posibilidades afrofuturistas que inspira movimientos antirracistas en distintos territorios, incluido América Latina. Las redes digitales permiten que este mito sea reinterpretado y resignificado desde los contextos locales, lo que hace que se establezcan conexiones entre la experiencia afrodiaspórica y las luchas concretas en territorios marcados por la exclusión estructural.

Así, al igual que Curiel señala la importancia de etnografiar cada contexto para entender cómo se vive lo afro en los márgenes de los Estados nación, los movimientos actuales utilizan lo digital para conectar lo local con lo global, articular memorias con futuros posibles, y generar una comunicación política que no dependa del reconocimiento institucional, sino que se construye desde el arte, la estética, el performance y la imaginación radical. En este espacio expandido, Drexciya se vuelve una metáfora navegable, una red de significados que se actualiza en memes, visualidades digitales, performances y archivos colaborativos que desafían las lógicas coloniales del saber y del poder mediático.

Las narrativas afrofuturistas y la reapropiación de imaginarios como Drexciya se convierten en herramientas para disputar no solo visibilidad, sino también poder simbólico y político frente a los límites del reconocimiento estatal. Los movimientos afro han sido especialmente incisivos en cuestionar el mestizaje como ideología fundante de los Estados nación latinoamericanos. Bajo la promesa de una armonía racial ficticia, el mestizaje borró sistemáticamente las identidades negras e indígenas, construyendo un relato nacional homogéneo que invisibilizó las jerarquías raciales y las formas estructurales de exclusión. Frente a esto, las propuestas afrofuturistas no solo denuncian esas omisiones históricas, sino que imaginan futuros en los que la negritud no es un resto del pasado colonial, sino un eje vital para construir mundos por venir. En este sentido, el uso de lo digital permite a los movimientos afrodescendientes intervenir en la narrativa oficial del mestizaje desde la estética, la memoria y la imaginación, desplazando el relato estatal y proponiendo una historia situada en el trauma, pero también en la potencia de la comunidad, el deseo y la autonomía.

La autora del artículo y algunas de sus fuentes. Luisa Uribe (Instagram: _luisafernando), Ochy Curiel (Negrx / Página 12), LoMaasBello (Cortesía / El Espectador), Carolina Rodríguez Mayo (Instagram: caritomayo), Astrid Milena González (Cortesía / El Espectador).
LA LUCHA ESTÉTICA

Desde este horizonte, la estética se vuelve una forma concreta de acción política. Lejos de ser un simple ornamento, la creación artística afrodescendiente en América Latina articula saberes ancestrales, memoria colectiva y proyección de futuros posibles. En sus formas expresivas –ya sea en la música, la literatura, la performance o el audiovisual– se activan nuevas narrativas que desbordan el relato mestizo de la nación e interpelan los regímenes de representación colonial. La imaginación, entonces, se convierte en estrategia de resistencia y en motor para la construcción de comunidad. Aquí es que el afrofuturismo se vuelve especialmente potente: no solo como categoría de análisis, sino como práctica viva de creación situada.

En entrevista con la artista de Buenaventura, LoMaasBello, su exploración sonora y visual da cuenta de este impulso imaginativo que rompe con los márgenes impuestos a los cuerpos negros: «Mi obra tiene que ver con mostrar lo que no nos dejan ver, con sonar como sonamos sin tener que pedir permiso. Lo que hago es ponerle imágenes a lo que mi abuela me contaba, a los sueños raros que tengo, a las músicas que suenan en la esquina de mi barrio, pero también al futuro que quiero ver. No el que nos prometieron, sino el que armamos entre nosotras» (LoMaasBello, entrevista por la autora, marzo de 2025). A través de su trabajo, no solo imagina otros mundos, sino que crea fisuras en el discurso dominante, abriendo paso a otras formas de sensibilidad y conocimiento.

Por su parte, la escritora bogotana Carolina Rodríguez Mayo se refiere al pasado, el presente y el futuro en su obra:

Dentro de mi escritura busco mucho el diálogo con las ranuras, con los lugares en los que supuestamente no estamos o no hemos estado. En ese sentido, cuando escribo sobre el pasado, busco mucho formas sutiles y también radicales de cimarronaje, desobediencia y rebeldía para hablar de personas que fueron esclavizadas y escaparon de dicha condición o bien para inventar escenarios donde colonos reciban justicia de lugares inesperados y que contradigan el relato de que la gente negra fue pasiva frente a la deshumanización del colonialismo y el secuestro europeo. Respecto al presente, busco hablar de la negritud desde lugares que me atraviesan, como el relato urbano de la gente negra y cómo habitamos ciudades, espacios donde la gran mayoría de personas son blanco-mestizas (Rodríguez Mayo, entrevista por la autora, marzo de 2025).

Su obra propone un ejercicio de reescritura de la historia que no se conforma con disputar el pasado, sino que lo reimagina desde la raíz, hilando memorias negras que no encajan en el relato nacional pero que son fundamentales para pensar otros futuros.

Así, tanto LoMaasBello como Rodríguez Mayo encarnan con sus prácticas creativas ese entrelazamiento de arte, política y memoria que caracteriza las estéticas afrofuturistas en clave latinoamericana. Sus obras dialogan con los cuestionamientos al mestizaje, interpelan los límites del reconocimiento estatal y despliegan, desde lo cotidiano, una poética de la imaginación radical. En ellas, la estética no es solo una forma de representación, sino una apuesta por vivir –y hacer visible– otros mundos posibles.

En conclusión, el afrofuturismo y las estéticas afrodescendientes en América Latina no solo se presentan como una resistencia al relato oficial y colonial, sino como una reconfiguración radical de las posibilidades de existencia y creación en el continente. La pregunta sobre cómo imaginar otros futuros, planteada por Mark Dery, resuena fuertemente en los movimientos afrodescendientes, que a través de sus prácticas artísticas y políticas cuestionan la historia y los imaginarios impuestos. Estos movimientos, lejos de buscar una homogeneización identitaria, celebran las particularidades locales mientras reconocen sus conexiones transnacionales a través de la diáspora. La música, la literatura, el arte visual y otras formas de expresión afrodescendientes se convierten en el terreno en el que se materializan las luchas por el reconocimiento, la justicia social y la dignidad.

Carolina Rodríguez Mayo, en su reflexión sobre la relación entre estética y mensaje político, sintetiza perfectamente esta conexión cuando dice: «Creo que la relación entre la estética y el mensaje político va en dos vías: uno es que deseo a través de las letras y la forma de emplearlas, mostrar lo grandioso del lenguaje en términos de acentos, en cuestión también de elementos muy coloquiales que usamos las personas negras, en cuestión de tradiciones y cómo estas también se cuelan en la manera en que usamos la lengua; la segunda vía es apostarle a una mirada cimarrona, que choque, que no necesariamente sea lineal o que tenga finales cerrados. Ahí también hay una apuesta política que busca romper con nociones blancas y eurocentradas de cómo debe escribirse un texto y cómo debe verse una historia» (Rodríguez Mayo, entrevista por la autora, marzo de 2025). Este planteamiento no solo desafía las estructuras narrativas establecidas, sino que ofrece una visión del arte y la literatura como espacios de resistencia activa, en los que la forma y el contenido se interrelacionan para subvertir las jerarquías de poder y narrar otras historias posibles.

Así, las narrativas afrodescendientes en América Latina, tanto en su dimensión estética como política, no buscan solo la reparación histórica, sino la creación de futuros diversos, inclusivos y, sobre todo, libres de las ataduras impuestas por las estructuras coloniales y la ideología del mestizaje.

Bibliografía

Agudelo, C. (2010). Movilizaciones afrodescendientes en América Latina: Una visión panorámica de algunas experiencias contra la exclusión y por el derecho a la identidad. Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (CEMCA).

Buffa, D., & Becerra, M. J. (2012). La población afrodescendiente en América Latina y el Caribe: Estado, sociedad civil y derechos humanos. CLACSO.

Curiel, O., & Galindo, M. (2016). Descolonización y despatriarcalización de y desde los feminismos de Abya Yala. ACSUR Catalunya / SUDS.

El Arca. (2022, marzo 31). Drexciya, techno y afrofuturismo. Blog El Arca. https://blogelarca.com/drexciyatechno-y-afrofuturismo/

González, A. (2002). Procesos de inclusión/exclusión de las poblaciones afrocolombianas en el sistema educativo: Una lectura desde la etnoeducación. Revista Colombiana de Educación, (42), 10–31.

Hooker, J. (2009). Race and the Politics of Solidarity. Oxford University Press.

Paschel, T. B. (2016). Becoming Black Political Subjects: Movements and Ethno-Racial Rights in Colombia and Brazil. Princeton University Press.

Restrepo, E., & Rojas, A. (2010). Inflexión afrodescendiente: hacia un giro descolonial en los estudios étnico-raciales en Colombia y América Latina. Universidad del Cauca.


[*] Luisa Uribe es antropóloga y socióloga. Tesista de Maestría en Estudios Culturales (PUJ). Coordinadora de Proyectos en el Centro Regional de Comunicaciones de la Friedrich Ebert Stiftung en América Latina y encargada de las comunicaciones de la FES en Colombia. luisaftz@gmail.com 

El artículo completo forma parte del libro: LOS YO NARRATIVOS. Relatos de poder en LATAM-CARIBE. Omar Rincón, Daiana Bruzzone y Luisa Uribe (EDITORES), CLACSO-Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Friedrich Ebert Stiftung, FES Comunicación. ISBN: 978-958-8677-95-8. Bogotá, Junio de 2025. © 2025 Friedrich–Ebert–Stiftung FES (Fundación Friedrich Ebert). 289 pp. Pág. 261-274.